QUIMERAS VISIONARIAS — Tercera Parte — Capítulo 2 (Prototipo): Pausa + Relato 1

—Con que esa fue la primera vez. —dijo Rayen tras escuchar el relato de Dika— Esa si que fue una historia, ¿aunque era necesario que incluyeras la escenas de sexo?

—Es porque quería ponerte cachondo.

Amos se pusieron a reír con ganas.

—Pero, ya … —comenzó Rayen adoptando una postura algo más seria— …si esa es la primera vez y la de los juegos la tercera, entonces… —Dika lo miro con aprensión— …la guerra con Chile es la segunda.

—Correcto. Ellos fueron siempre los actores detrás del telón.

—¿Cómo es eso posible?

—Bueno para empezar, fueron ellos quienes le contaron a Ferol sobre las tabillas y lo convencieron de seguir con su loca campaña, por eso aceptó ser parte de complot de Állitos.

—Pero no comprendo, ¿es solo a nosotros o atacan a todo el mundo?

—Hasta el momento ha sido solo a nosotros y es porque desde la tercera guerra mundial se dieron cuenta que en el Perú existen las únicas personas que pueden detenerlos y evitar que lleven a cabo sus planes.

—Desde a tercera guerra mundial, ¿no?

—Donde Loan luchó, ¿quieres que te cuente la historia?

—Por favor, y no omitas nada. —le giño el ojo— Absolutamente nada.

Dika volvió a sonreír y comenzó con el segundo relato de los Hellmute.

***

Dentro un fuerte militar ubicado en las costas del Perú, había tres jóvenes individuos sentados en una habitación ubicada arriba del edifico apoyados contra el muro de una gran ventana de la que sobresalía tres grandes y potentes ametralladoras láser cuyo propósito era el disparar a los enemigos que se aproximaran a dicha ubicación. Naturalmente, no eran los únicos en la base ni los únicos con semejante encargo. Pero eso no evitaba que, pese que estarían apoyados por sus camaradas cuando llegara el enemigo, se sintieran nerviosos y la mejor forma de tranquilizarse era o fumando o hablando de si mismos; cosa que hicieron.

—¿Zirot? ¿Zirot, me escuchas? —le pregunto Resper sacándolo de sus pensamientos—. ¿Oye, en que estás pensando?

—En nada —se apresuró tratando de evadir el tema.

—Ha, de seguro estaba pensando en la novia que dejo en Lima. —acertó Telma mirándolo con burla—. ¿No es así, novelero?

—¡Claro que no! —negó avergonzado ya que en efecto había estado pensando en Naira y en cómo se despidieron físicamente antes de que él se fuera a la guerra.

—Mientras más lo niegas, más se te nota. —afirmó Telma riéndose al igual que Resper.

—Ya basta, los dos —dijo tajantemente Zirot—. ¿Y qué es lo que querías preguntarme Resper?

—¿Qué sabes sobre la guerra? ¿sabes cómo se inició?

—¿Cómo? ¿no lo sabes?

—No paran de contarme un sinnúmero de versiones diferentes y como tú pareces bien informado… tal vez puedas aclararme algunas cosas.

—Muy bien, te lo contaré de forma resumida. —dijo Zirot aclarándose la garganta— En la cuna del mundo, ósea África, surgió un movimiento ideológico que combinaba a la perfección todas las corrientes socialistas y comunistas que existen, el nombre de dicho movimiento es… ha, no me acuerdo; pero el punto es que de esto salió un grupo de extremistas radicales autodenominados los “Herederos” que comenzaron a invadir país tras país, conquistándolo todo. Se apoderaron de Asia, Europa, Oceanía y ahora van por toda América. Y, antes de que me preguntes cómo es que han logrado todo esto, es porque al parecer son capaces de clonar a sus hombres. Por eso nos enfrentamos a oleadas de ellos.

—Eso tiene sentido. —dijo Resper con ironía—. ¿Por qué no usamos armas nucleares?

—¿Y arriesgarnos a matar a cientos de inocentes?

—¿Qué tal ellos?

—Tierras contaminadas con radiación no le sirven a nadie.

—Ya veo, ¿y que hay de la AST? ¿Por qué no está luchando con nosotros?

—Por qué es la última línea de defensa de la armada peruana.

—Creo que eso ya deja todo claro, ¿no, Resper? —le preguntó Telma mirándolo fijamente.

—Si, creo que si —contesto Resper acomodándose—. Pero, ¿saben? He oído rumores de que están buscando a un nuevo AST para que luche activamente en esta guerra. Dime, Zirot, ¿Qué harías si te eligieran a ti?

—¿Yo? Simplemente usaría ese poder para proteger a mi país, eso es todo.

—Que simple eres, ¿y tú Telma?

No pudo contestar por que sonó la alarma, las luces cambiaron a rojo y la voz de Arol, el comandante, salió de los parlantes informándoles que el enemigo había llegado. Zirot miró a Resper a su derecha y a Telma a su izquierda y cada uno afirmó con la cabeza; estaban listos. Por eso se pusieron de pie, agarraron la ametralladora que les correspondía y, tras abrirse la ventana, bloqueada por una puerta levadiza de metal, y ver como los “Herederos” llegaban a la costa por medio de vehículos acuáticos, comenzaron a dispararles sin cesar, masacrando a muchos de ellos. Pero estos también contratacaban usando incluso misiles, uno de los que por desgracia estalló justo frente a Resper lanzándolo contra el muro de la habitación.

—¡No vayas donde él, Zirot! —le advirtió Telma adivinando sus intenciones—. Sé que es doloroso, pero tenemos que seguir atacando.

Zirot maldijo en silencio y continuó disparando a todo el que no fuera aliado, dejando toda una hilera de cadáveres ensangrentados. Hasta que las ametralladoras dejaron de disparar y la ventana fue bloqueada de nuevo por la puerta levadiza. Momento que aprovechó para ir junto con Telma a ver a su amigo caído.

—Está muerto. —afirmó con tristeza tras tomarle el pulso usando su GIN.

—Al menos ahora está en un lugar mejor. —mencionó Telma igualmente triste.

—Si, al menos eso.

De nuevo la voz de Arol salió de los parlantes y en esa ocasión les dijo que los sobrevivientes del ataque debían de ir a la puerta principal para reunirse con los demás y enfrentarse con los “Herederos” que intentaban cruzar la puerta en ultimo combate. Fueron y, estando ahí, en formación defensiva con sus escudos y armas preparadas escucharos de primera mano las palabras del comandante, mientras que la puerta era golpeada continuadamente por el enemigo del exterior.

—¡Firmes! ¡Firmes! ¡Por su país y por sus seres queridos! ¡Firmes! —se puso entre ellos y la puerta que estaba a punto de colapsar—. Sin importar lo que entre tras esas puertas, no olviden porque luchemos. Recuérdenlo y así vivirán para luchar otro día. ¡Por el Perú y por el mundo libre!

Todos vitorearon al tiempo en que la puerta caía al suelo dejando entrar a una oleada de enemigos vestidos con su respectiva armadura distintiva de color verde y negro que sin mediar palabra se pusieron a combatir con todos ellos en una feroz batalla en la que los intestinos, miembros y la sangre se esparcía por todo el suelo y las paredes, dejando cadáveres mutilados en abundancia. Solo dos personas sobrevivieron a esa carnicería: Zirot que perdió el conocimiento momentáneamente tras recibir un golpe en la nuca y Telma, que estaba gravemente herida.

—¡Telma! —dijo Zirot yendo hacia ella para tratar de salvarle la vida—. ¿Estás bien? ¿Cómo te encuentras? ¿Tu…?

—Estoy bien, Zirot —dijo Telma sellándole los labios con el dedo índice—. No te preocupes por mí, mejor preocúpate por ti. Tú también estas herido.

—Esto no es nada. —dijo tocándose el brazo— Llamaré a la base sentar por ayuda.

—Ya lo hice. —aseguró Telma sonriendo y un hilo de sangre salió de sus labios— Deben de estar por llegar.

—Que bien, entonces los esperaremos.

— Zirot, ¿puedes sacarme afuera?

—¿Afuera?

—Quisiera ver el cielo.

—Pero…

—Por favor, hazlo.

Zirot dudó sabía que no era buena idea mover el cuerpo de Telma en el estado en el que se encontraba; pero, por otro lado, tal vez, esa podría ser su última voluntad, ¿quién era él para negársela?

—De acuerdo.

La tomó en brazos y la alzó con sumo cuidado, y en ello ella tosió sangre.

—Lo siento.

—No te preocupes, Zirot. Nada de esto es culpa tuya.

La llevo al exterior y, estando afuera, vieron que el panorama era desolador: había cadáveres por todos lados, agujeros de balas y humo causado por las explosiones; pero miraron hacia el horizonte y vieron un cielo limpio y puro y eso los calmó.

—Zirot, ¿recuerdas aquella vez que te dije que lamentaba que no estuvieras disponible?

—¿Cuándo te dije que tenía novia? Si, ¿Por qué?

—Lo decía en serio.

—Telma… —dijo Zirot sin saber que decir hasta que escuchó y vio al helicóptero de rescate aproximándose— …por fin, Telma. Ya están aquí, ellos te podrán…

—Lo decía en serio, Zirot… —dijo Telma cerrando los ojos— …en verdad lo decía en serio.

Tras esas palabras él la miro fijamente y supo que ya se había ido. Se arrodilló y la abrazó, viendo como el helicóptero de rescate seguía su curso de descenso. Y por una vez, solo por una vez, deseo haber estado disponible para ella.

***

 — …y murió en mis brazos. —terminó de contarle Zirot a Naira estando echado en la cama del hospital de militares de Lima con ella sentada a su costado— Pero lo que más me duele de todo es que no pude hacer nada más por ella, ni por Resper.

—No, Zirot. Estuviste con ellos hasta el final. —le contradijo Naira tomándolo de la mano y dándole amigable sonrisa— Y eso es más que suficiente.

—Así es hijo, no deberías culparte. —afirmó su padre que también estaba ahí junto a ellos— Además, esas cosas pasan en la guerra.

—¿Por qué no mejor cambiamos de tema? —sugirió la madre de Zirot igualmente presente—. Dinos, Naira, ¿Cómo te está yendo en el partido Aprista?

—Bastante bien, de hecho…

Los tres conversaron de diferentes asuntos no referentes a la guerra para no deprimir a Zirot hasta que alguien toco la puerta de la habitación.

—Disculpen, ¿se puede pasar? —preguntó una enfermera hablando por medio del pequeño parlante adherido a la puerta.

—Sí, adelante. —contestó la madre de Zirot.

La enfermera abrió la puerta y dejo pasar a una mujer pelirroja de ojos color violeta, que al instante todos reconocieron como Dika, la primera AST, dejándolos sin habla.

—Perdonen la intromisión —dijo la enfermera claramente cohibida por la mujer que estaba a su lado—, pero esta dama desea hablar con su hijo. Los dejo ahora.

La enfermera cerró la puerta y la agente fue hacia ellos.

—Buenas tardes, me presentaría, pero al juzgar por sus miradas creo que ya saben quién soy, ¿no?

—Sí, señora Dika, sabemos quién es usted y es un honor conocerla personalmente. —dijo la madre de Zirot escogiendo cuidadosamente sus palabras— Por favor díganos que asuntos tiene que tratar con mi hijo.

—Uno muy sencillo. —miró a Zirot— Él ha sido seleccionado para ser el AST que luchará en la guerra contra los Herederos. —Zirot le miro con un rostro de incredulidad— Felicidades. —todos miraron a Zirot con alegría y júbilo, pero Dika los detuvo— Alto, no se pongan a festejar tan pronto, y tú tampoco Zirot. Esto tiene precio y es este: Zirot tendrás que renunciar a tu identidad y te volverás estéril como yo.

—¿Por qué? —preguntó Naira extrañada—. ¿Por qué es eso?

—Lo primero es para proteger a sus conocidos y familiares y lo segundo es para evitar que nazcan personas que se crean dioses que decidan esclavizar a los que no sean como ellos. Ya han visto de lo que soy capaz. Ahora imagínense a cien como yo que estén del bando incorrecto, ¿ven a donde quiero llegar?

—Sí, lo entendemos. —dijo el padre de Zirot mirando, como los demás, a su hijo con preocupación.

—Y, bien, ¿qué decides, Zirot? —le preguntó Dika con seriedad—. ¿Te unes o prefieres que me vaya y te un tiempo para pensarlo mejor?

—No, ya tomé mi decisión. —tomó la mano de Naira— No creo que lo sepa, señora Dika, pero cuando conocí a Naira en la escuela al instante supe que era con ella con quien quería tener una familia. —Naira se sonrojó y sonrió— Y cuando estalló la guerra no dude en enlistarme para poder defender ese futuro; pero se, desde el fondo de mi ser, que prefiero un futuro en el que somos libres y sin hijos en vez de unos en el que somos esclavos y con hijos, porque ellos también serán esclavos. Así que está bien, conviértame en un AST.

—Muy bien, Loan —dijo Dika con una sonrisa.

—¿Loan? —preguntó Zirot completamente extrañado ante la misteriosa sonrisa de Dika que ocultaba más de lo que podía imaginarse.

***

Canadá ya había caído y Estados Unidos estaba a punto de caer en las manos de los “Herederos” que marchaban por las calles de esa nación impunemente matando a los últimos vestigios del ejército americano que desesperadamente trataban de resisten a las oleadas de enemigos que no paraban de llegar, sin saber que la ayuda venia en camino. Porque en diferentes partes del cielo se abrieron varios portales morados de los que salieron un sinnúmero de esferas oscuras que cayeron en las calles de Nueva York, menos una que descendió y se quedó levitando justo en la punta del rascacielos One World Trade Center sin dañarse o abrirse, mientras que las otras si lo hacían revelando a una copia perfecta de un AST vestido al completo con su armadura oscura que empleando diferentes armas comenzaron a atacar sin piedad a todos los “Herederos” de la zona hasta eliminarlos por completo, bajo la supervisión de Loan, el AST de la tierra representado por el símbolo Nazca de la ballena, que los dirigía desde la esfera en la que se encontraba. Con lo que marcó el principio de la liberación de ese país y de muchos otros; luchando en muchas batallas a lo largo de los tres años que duró ese conflicto hasta que por fin, luego de una larga y dura odisea, llego junto con varios soldados a la fuente del problema: un gran y ancho edifico cuadrado en el que por medio de una maquina muy avanzada clonaban a los “Herederos” y que era custodiada por cinco misteriosos individuos que no escaparon como los otros. Vestían armaduras que los diferenciaban de los “Herederos” (al ser marrones y oscuras), pero el quinto era el más llamativo de todos ya que le engalanaba una robusta indumentaria adornada con símbolos y tenía entre las manos un gran y de seguro pesado martillo de guerra.

—Por fin llegas —le dijo con una voz muy dura el quinto—. Ya estaba cansado de esperarte.

—¿Quiénes son? —les preguntó Loan sabiendo al instante que él y los suyos eran diferentes—. No parecen ser parte de los Herederos.

—Oh, por favor. No nos compares con esos títeres. Ellos no eran nada hasta que les dimos el poder. Nada más que un grupo de resentidos sociales.

—¿Les dimos? Explícate, ¿Quién eres tú? ¿Quiénes son los tuyos? ¿Y cuál ha sido su papel en esta guerra?

—Yo y los míos somos los Hellmute y nosotros somos los verdaderos herederos de la tierra. Después de todo venimos de la que estuvo antes que esta y por eso nos pertenece por derecho, pero ustedes son un cáncer que debe de ser eliminado si queremos comenzar de nuevo, esa es la razón por la que hicimos todo esto. Ahora ven, yo, la serpiente marina, Leviatán, deseo enfrente, AST de la ballena, veamos quien es el más fuerte. Pero antes pelearás con mis lacayos: Amon, Cerbere, Flavros y Garuda, ¿Crees que puedas contra ellos?

—Claro que si. —se fijó en sus compañeros— Todos retírense. —le miraron consternados y a punto de protestar— Hagan lo que les digo, no podré luchar libremente si tengo que estar pendiente de ustedes. Déjenme solo, estaré bien. —se fueron y solo quedo él y los Hellmute—. Comencemos.

Los cuatro fueron hacia él y Loan hizo lo mismo, y sin problemas, durante el camino hacia Leviatán, les causó profundas heridas con un hacha doble que creó y que usó para cortar en dos la enorme burbuja de agua que le lanzó leviatán, cuyo contenido resultó ser en realidad un potente acido corrosivo que se esparció sobre los cuatro lacayos del líder Hellmute que no se inmutó al ver como estos se disolvían entre alaridos de dolor, estando tendidos en el suelo por los cortes hechos por Loan quien dando un salto trató de darle un hachazo a Leviatan; sin éxito, al ser repelido por el martillo del mismo, obligándolo a retroceder unos cuantos pasos.

—Has matado a tus propios compañeros. —le recriminó Loan a Leviatán mirando que ya no quedaba nada de ellos.

—No hay lugar para la debilidad en el ejercito de Satán. —respondió Leviatán con sencillez.

—¿Satán? —pregunto Loan extrañado—. ¿Pero de que estás hablando?

—No necesitas saberlo. —le contesto Leviatán señalándolo con el martillo— Ahora ven y enfréntame.

Una vez más, ambos contendientes se enfrentaron, el hacha de doble filo de Loan contra el mazo de guerra de Leviatán que, al chocar entre si, provocaron un enorme impacto de aire que hubiera tirado a cualquier que estuviera cerca. Repetidamente, hasta que Loan se las ingenió para causarle a Leviatán dos profundas y sangrantes heridas, una en el estómago y la otra en la espalda; pero él vio como estas se cerraban por si solas, fijándose también que las runas del martillo de Leviatán brillan cuando éstas se curaban. Lo que significaba que tenía que destruirlo para ganarle y eso no sería fácil, más cuando Leviatán le lanzó un torrente de agua oscura que era en realidad ácido corrosivo del que se protegió por medio de un gran y grueso escudo de tierra que formó levantando el piso para luego concentrarse y hacer salir de él toda su energía que adoptó la forma de una gran ballena que regresó a su cuerpo llenándolo de poder con lo que saltó, agrietando el suelo, y cayó sobre Leviatán que le atacó con su maza al igual que él hizo con su hacha y esta terminó por partir en dos el arma de Leviatán quien, al estar desarmado, no pudo evitar que Loan le diera un potente corte de abajo para arriba por todo el pecho rompiéndole la GIN en el proceso y tirándolo boca arriba al suelo. Dando por concluida la pelea.

—Me has vencido. —dijo Leviatán dándose la vuelta para mirarlo de frente— Pero no creas que este es el fin y que soy el único. No, esto no ha terminado AST, apenas y ha empezado.

Una vez dicho esto, Leviatán se desintegro sin dejar rastro y Loan le prestó toda la atención a la máquina clonadora. Era circular y tenía tres apéndices que al parecer giraban alrededor del artilugio cuando este comenzaba con el procedimiento de clonación y se detenían cuando el objeto o la persona elegida ya había sido duplicada la cual salía de una esfera de luz formada por los apéndices. Por lo que respecta a cómo construirla, le bastó con escanearla con los ojos para descubrir el secreto de eso y de cómo destruirla. La activó y, cuando la esfera de luz apareció, creo una escopeta doble que usó para dispararle varias balas que al impactar y penetrar en la esfera causaron una reacción en cadena que terminaron por destruir el artefacto clonador. De ahí salió a reunirse con sus compañeros que lo esperaban afuera y juntos alzaron la bandera peruana en señal de victoria. 

***

—¿Por qué celebramos, Naira? —le pregunto Loan estando los dos en un cuarto privado dentro del palacio de gobierno.

—Déjame ver… —comenzó Naira terminando de echar el champan en las copas de cristal— …porque ganamos la guerra, porque te condecoraron con la orden del sol, porque me he convertido en una de las dirigentes del APRA a mi corta edad y por qué ahora serás la cabeza de TRONES.

—Sí, aún no puedo creerlo. Es decir, no esperaba menos de ti, Naira. Pero que Dika decidiera dejarme su empresa, eso realmente no lo veía venir.

—Es como te dijo Loan. Necesita que alguien sea la cara pública de la empresa que dirige a los AST, mientras que ella realiza sus asuntos en paz; y quien mejor que tú. Un héroe AST condecorado.

—No lo se, Naira. ¿Y si no estoy a la altura?

—Loan, ¿Acaso crees que Dika te hubira nombrado como su sucesor de no poder con el cargo? Ella sabe que puedes porque, como yo, ve todo el potencial que tienes.

—¿En mi? ¿Un simple soldado? 

—En el tiempo que te conozco, Loan, me has demostrado que eres capaz de hacer cualquier cosa y estoy segura que esto no será la excepción. Ahora brindemos. —choraron las copas y tomaron el champan con gusto— ¿Sabes? Creo que ya es hora de tu recompensa.

—¿Mi recompensa?

—Sí —dijo Naira sonriendo y ordenándole a la GIN que la desnudara revelando el cuerpo esbelto y bien formado que tenía—, tu recompensa.

Loan solo sonrió y no se hizo de rogar.

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