QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 10 (Prototipo):Asuntos pendientes


Dalos, un hombre de ojos negros, barba y pelo canoso, acompañado por dos guardaespaldas que nunca se separaban de él, le seguían el paso en dirección hacia el despacho del presidente Ferol, en el Palacio de La Moneda, ubicado en la capital de Chile, Santiago. No obstante, se quedaron afuera en el momento en que él ingresó, sabiendo que no se les permitiría entrar. Y, en cuanto al científico, en el momento que entró, al instante se fijó en el gobernante que estaba viendo las tablillas que contenía la caja metálica robada con tanto esfuerzo del banco peruano. Aunque a simple vista parecían ser 12 Tablet muy modernas, de la época actual, en cuyas pantallas había inscripciones en un lenguaje muy difícil de comprender. Pero, una persona con los suficientes conocimientos era capaz de desentrañar sus secretos. Justamente lo que hizo el que las descubrió, quien, tras encontrarlas en una cueva olvidada por el tiempo, optó por esconderlas y no hacerlas públicas al saber de lo que éstas eran capaces. Mas nunca imaginó que, al morir, uno de sus parientes lejanos, al saber de la existencia de aquellas reliquias, trataría de venderlas sin éxito, ya que nadie se creyó la historia que contaba sobre las mismas. No obstante, tanto Állitos como Ferol, que escucharon sobre aquello, tomaron interés, sobre todo el presidente de Chile y planearon matar dos pájaros de un tiro. Razón de sobra para manejar eso con mucho cuidado.

—Por favor, señor. No se precipite con eso. —le pidió llamándole la atención— No olvide que necesitamos la información de esas tablillas para crear a su ejército de agentes, o algo mejor.

—¿En verdad? ¿Solo con esto? —pregunto Ferol mirándole con sus ojos negros que iban a juego con su pelo marrón oscuro— ¿No será que le habrás contado algo parecido a Enera para luego defraudarla y robarle todo su dinero?

—Por favor, ambos sabemos que usé a esa mujer para probar a mis criaturas en suelo peruano sobre los AST. Y, en caso de tener éxito, se las hubiera dado a usted, sin coste extra. Ese fue el acuerdo desde el principio.

—A cambio de fondos ilimitados para tu investigación en base a estas “tablillas” que, según me contaste, pertenecen a los antiguos astronautas.

—Correcto, es tecnología antigua.

—Tecnología que me servirá para derrotar a todos mis enemigos —remarco el presidente.

—Así es, y yo le ayudaré a hacer eso realidad.

—Eso espero.

—No debería de desconfiar de mí.

—Desconfío de todos, eso es lo que me ha mantenido en el poder hasta ahora. Pero, dejémonos de tonterías y vayamos al grano. ¿Que necesitas para hacer que esto funcione?

—Solo necesito un lugar apartado y todos los fondos para realizar los experimentos pertinentes.

—Dalo por hecho… y… Dalos.

—¿Sí?

—No me defraudes.

—¿Alguna vez lo he hecho?

—Los siete criminales que usted eligió de las letrinas del mundo, no estuvieron a la altura. Ninguno sobrevivió y todos fueron vencidos por un solo agente de TRONES. Y no se suponía que fuera así. Debían de ganar. Por no decir que sus mutantes también fueron un completo fracaso.

—Solo eran conejillos de indias, nada más. Y, con los datos que he obtenido, puedo crear a los seres que usted tanto desea.

—Eso espero. Ya puede retirarse.

Salió del despacho, con las tablillas en la caja de metal y se puso en marcha hacia su nuevo proyecto. Pensando en los fácil que era manipular a los tontos en el poder y más aún cuan la visión de los mismos les impedía ver más allá de lo obvio: eran simples peones en un juego mucho más grande y peligroso. Una artimaña en la que solo él y los suyos saldrían ganando. Ya que ellos eran los verdaderos “Antiguos Astronautas” y no compartirían ni su tecnología o intelecto con criaturas tan mediocres como esas.  No, solo las utilizarían para sus fines y, cuando ya no les fueran de utilidad, se desharían de todas y cada una de ellas. Porque ese era el verdadero objetivo de los Hellmute, la total y completa aniquilación de la raza humana.

***

Los escombros del edificio Zures comenzaron a ser removidos por las máquinas de limpieza y en ellos resaltó una gran forma cuadrada que fue abordada por Kein que hizo un hueco en la misma. Y, estando ahí dentro, se encontró con Medardo, quien se asustó y alteró al ver entrar al AST. Pero se recompuso.

—Tu, no puedes hacerme daño, no tienes nada contra mí.

—De hecho, si, estuve presente cuando ordenaste el asesinato de tus subordinados. —sacó la aguja— Eso es un crimen de tipo A y por ello puedo proceder a absorberte la memoria en busca de información.

—¡Espera! Puedo darte todo, nombres, fechas…

—Pues empieza a hablar. —el mafioso le contó todo lo referente al caso en cuestión, dándole también la información guardada en la GIN— Gracias, pero aún así debo de confirmar tus datos.

Dicho esto, le introdujo la aguja en el cerebro para ese fin. Matándolo en el proceso.

***

Naira, Presidenta del Perú, caminaba con paso firme hacia el despacho del Ministro de Defensa Állitos acompañada por cuatro guardaespaldas; dos se quedaron en la puerta de la oficina y los otros entraron con ella. Le habían informado sobro todo lo ocurrido y, aunque Loan le sugirió permitirle a él encargarse del asunto, Naira quería lidiarlo personalmente. Luego le comunicaría, a su exmarido y amante constante, del resultado de dicho debate.

—Buenas tardes, Naira. ¿En qué te puedo ayudar?

—Lo sé todo, Állitos. Sé del papel que jugaste en la conspiración para realizar esos falsos atentados terroristas, y quiero darte la oportunidad de explicarme tus acciones.

—¿Qué hay que explicar? Me conoces y sabes que amo a mi país —dijo él, poniéndose de pie.

—Si lo amas, ¿por qué lo atacaste?

—Porque teníamos una mancha y yo quería quitarla. —Naira lo miró extrañada—. Tu sabes toda la historia de nuestro país. Sabes que fuimos conquistados una vez y que luego perdimos una guerra para la que no estábamos preparados. Y eso es algo muy vergonzoso. Nosotros, que en nuestros orígenes formamos un gran imperio que se expandió por toda América Latina y que muchos años después nos convertimos en la principal potencia tecnológica del mundo, no podíamos dejar pasar esas dos grandes ofensas. Mucho más al tratarse de un país que año tras año celebra una victoria injusta sobre nosotros, pese a todos los favores que les hemos hecho en el pasado. Teníamos que enseñarles a respetarnos a la fuerza y hacerles entender que si viven en paz es gracias a nuestra benevolencia. Por eso lo hice y no me arrepiento de nada. Además, debes admitir que esta guerra ha sido, a lo largo de los años, muy beneficiosa para el país. Nuestra economía se mueve como nunca y nuestros aliados no dejan de darnos dinero.

—¿Cómo lo hiciste?

—¿Cómo lo hice? Primero me puse en contacto con Čénuke …

—¿Čénuke?

—Ese fue el nombre en clave que elegí para Ferol. Verás, yo descubrí que él quería mantenerse en el poder, pero no contaba con los recursos como para dar un golpe de Estado o algo similar, ¿y cuál es la mejor manera de que un presidente se quede al mando democráticamente?

—Con una guerra.

—Tal y como dices, y él no tuvo problemas en proporcionarme a agentes chilenos que nos ayudarían a esparcir la enfermedad, después del intento fallido de invasión.

—Entonces, es cierto, tú creaste la infección gris.

—Para ser más exactos, lo hizo un científico de nombre Dalos que trabajaba para FECEDI. Yo solo hablé con Enera y le ofrecí mucho dinero si podía crear una enfermedad que pudiera ayudarnos a subir los ánimos de la guerra y ser controlada a tiempo. Y ella aceptó, porque ganaría aún más si era la única que podía curarla.

—Las píldoras MACO. ¿Realmente curarían la enfermedad o convertirían a quienes la sufrieran en humanoides?

—Lo harían si la guerra terminaba y, por lo que veo, no va a suceder.

—¿En qué iba a terminar todo esto?

—En la rendición de Chile, la devolución de Arica, un muy buen pago por todos los daños infligidos y el exilio de Ferol a un sitio tropical en donde pasaría el resto de su vida en paz. Pero hubo complicaciones.

—¿Qué complicaciones?

—Que los dos éramos hombres muy ambiciosos. Yo, con el pasar del tiempo, ya no quise solo eso; me propuse pisotear a Chile y destruirlo. Y a Ferol le gustó tanto seguir en el poder, que ya no quiso irse, y comenzó a ambicionar derrotarnos de verdad. Y la guerra nos daba demasiados beneficios como para querer detenerla.

—¿Planeaban continuarla hasta el fin de los tiempos?

—No, tan solo hasta que uno de los dos se rindiera o se hartara, pero fue ahí cuando tú moviste la balanza.

—¿Y exactamente cómo hice eso?

—Fue de hecho cuando propusiste la paz si Ferol era encerrado y ejecutado, algo muy astuto de tu parte; sabías que mucha gente de su Gobierno estaba ya cansada de la guerra y harta de estar bajo su poder, y que tratarían de entregarlo si con eso se terminaba la guerra.

—¿Y por qué no dejaste que eso ocurriera?

—Porque, como te dije, soy un hombre ambicioso y no quería una paz con ellos, quería conquistarlos y destruirlos. En fin, reunimos a siete reclusos de diferentes partes del mundo que nadie echaría de menos y los entrenamos para esto; nos hicimos llamar Temáukel, Kenos, Xalpen, etcétera. Y ya sabes el resto de la historia…

—Sí, la sé. Pero no sé cómo va a acabar.

—Yo te diré cómo va acabar. —Creó una pistola, los guardaespaldas de la presidenta le apuntaron y él se la puso en la cabeza—. No me puedes arrestar porque si le revelo esto al mundo, todo lo que hemos construido con tanto esfuerzo se desmoronaría y perderíamos la guerra sin haberla peleado hasta el final. Tú ejecutarás a Enera bajo el cargo de traición a la patria para que no hable, no sin antes asegurarte de que las píldoras efectivamente curen a los enfermos de la infección gris. En cuanto a mí, caí víctima de un atentado perpetuado por los últimos miembros de los Selknams, que fueron eliminados cuando trataron de escapar. Seré enterrado con honores, ¿verdad?

—Sí, lo serás, pero antes de que presiones el gatillo dime qué hiciste con las tablillas que estaban guardadas dentro de la caja metálica que robaron del banco.

—Sobre eso, en el momento en que planeamos toda esta operación, uno de los requisitos que Ferol exigió que cumpliera fue que, cuando se encontrara alguno de esos objetos milenarios y muy “avanzados” que estaba buscando, tenía que mandárselo. Y soy un hombre de palabra.

—No. No. No me digas que lo hiciste. ¿Tienes siquiera la menor idea de lo que has hecho al dárselas?

—Naira, por favor, ¿realmente te crees esa historia de ciencia ficción? ¿Que todos los humanos somos descendientes de una raza espacial que destruyó su propio mundo y migraron al nuestro por medio de una gran arca? ¡Por favor! No puedes ser tan ingenua.

—Állitos, uno de esos restos sirvió para crear las GIN y los CS, y el que descubrió aquellas tablillas sabía que podían ser muy peligrosas si caían en las manos equivocadas, por eso las guardó en secreto en ese banco.

—No, Naira, lo siento, pero no me creo éso. Yo pienso que Dika sencillamente no quería que se supiera como creó esos aparatos. Pero hay algo que sí me gustaría saber: ¿cómo nos descubrieron?

—Gracias a Medardo, o como ustedes le llamaban Kwányip, sobrevivió al atentado que le hicieron y en su GIN estaba toda la información que necesitábamos, audios, videos y más.

—Conque así fue. Nos hizo la misma jugarreta que Montesinos le hizo a Fujimori tantos años atrás. —dijo Állitos, sonriendo y suicidándose al presionar el gatillo. Y, como lo prometió Naira, en su funeral recibió todos los honores que correspondían a un ministro de Estado.

***

Enera, la jefa de la corporación farmacéutica fundada por su padre, y uno de los miembros de la conspiración del ministro que usaba el nombre en clave Kenos, se sentía como toda una tonta. Había invertido mucho en ese proyecto. Y lo único que recibió fue un video en donde vió como esas monstruosidades eran asesinadas por el AST al que se suponía que debían de vencer. Fue a pedirle explicaciones a Dalos y resultó que éste no era más que un maniquí controlado a distancia que dejó de funcionar. Pero las cosas fueron a peor cuando el chófer de su limusina se detuvo abruptamente camino al trabajo.

—¿Qué ocurre? —le preguntó, al conductor.

—Una barrera policial acaba de aparecer en frente del camino —le explicó el chófer que dio una ojeada al espejo retrovisor—. Y ahora ha aparecido otra atrás de nosotros. No puedo…

Nunca terminó la frase. Una bala anti-blindaje atravesó tanto el auto como el pecho del conductor. Espantando a Enera, que no supo que hacer. Salvo gritar, cuando un AST arrancó la puerta y la arrastró hacia fuera para, sin una palabra, taparle la boca con una mano y ponerle la otra en la nuca. De la que salió una aguja que penetró el cráneo de la empresaria, que desesperadamente trataba de escapar, hasta llegar al cerebro de la misma. Acto seguido ésta comenzó a absorber las memorias de Enera de la última hasta la primera, un doloroso y mortal proceso de 5 minutos, que terminó con la vida de aquella mujer que en su avaricia había causado la muerte de tantos.

***

Kein llegó al hospital Viden, entró en el cuarto y encontró a los dos sentados alrededor de la cama de Ailen, en medio de una conversación muy seria. Afortunadamente la subjefa se estaba recuperando sin complicaciones de su estadía en la máquina que la mantuvo en animación suspendida y que la alimentó con suero, durante tanto tiempo en su hogar. Debido a la seriedad del asunto habían insonorizado la habitacion usando las gemas.

—Mira, Valeria…

—No, ya lo decidí y... ¡Kein! —dijo Valeria dejando de hablarles para ir a abrazarlo—. ¿Cómo estás? ¿Todo ha ido bien?

—Sí, y pude ocuparme de él sin más contratiempo.

—Menos mal, una sabandija menos —comentó Damián sentado desde su silla—. ¿Y qué hay de los otros?

—De eso se están ocupando mis jefes —le explico Kein—. De seguro muy pronto oiremos de ellos en las noticias.

—Estaremos al tanto.

—Aún me cuesta creer que Állitos haya estado detrás de todo esto —comentó Ailen pensativa. A ella le relataron todos los acontecimientos que ocurrieron durante el tiempo que estuvo en animación suspendida. Los cuales la dejaron sorprendida— Pensar que nuestro ministro de defensa nos haya hecho tanto daño solo por sus caprichos personales…

—Lo que a mi realmente me molesta de esto, Ailen. —comenzó a decir Damián algo triste—, es no haberme dado cuenta de que te habían suplantado con una copia tuya. No sé cómo es que no me di cuenta. Debí de hacerlo y ayudarte.

—No se culpe —dijo Kein tratando de animarlo—. Ese robot era uno de tipo A, que sustraía las memorias la señorita Ailen, por lo que era prácticamente imposible diferenciarlas una de la otra, incluso para mí, un AST. Hubiera sido necesario haberla hecho pasar por un escáner molecular para descubrir si era un robot o no. Además, se trataba de un robot suplantador, esa es su especialidad.

—Es cierto, Damián —afirmó Ailen mirando al jefe de la policía con aprecio—. No te culpes.

Ambos se sonrieron, ante las miradas de Kein y Valeria que, pese a estar felices por los dos, sus rostros decían otra cosa.

—Cambiando de tema… —comenzó a decir Valeria, toda seria— …o, mejor dicho, regresando a lo que hablábamos, ya tomé mi decisión, y es la definitiva.

—¿No hay nada que pueda hacer para hacerte cambiar de opinión?

—No, no la hay.

—Está bien, pero dime ¿Me odias?

—No, pero me has decepcionado. Tú, Ailen y todo el sistema al que pertenecen y representan. Y es por eso que hago esto. Porque ya no puedo verlos con los mismos ojos y sentirme cómoda con lo que hacen.

—De acuerdo, solo te diré esto, hagas lo que hagas ve hacia adelante y no te arrepientas.

—Nunca lo hago. Adiós, a ambos, les deseo lo mejor.

Dichas estas palabras salió de la habitación dejándolos solo con el AST, que también tenía algo que decirles.

—Señor, Damián, antes de irme, quiero que sepa, que la razón por la que aún conserva su puesto y no ha sido arrestado ni nada, es gracias a Valeria. Pero no se equivoque, cuando me encargué de Medardo obtuve todas las pruebas que lo incriminaban y ella me pidió que hablara con mis jefes para que no lo castigaran, porque pese a todo Valeria cree en usted y sabe que es una buena persona; que pese a todas sus faltas hacía el bien cada vez que podía, por no decir que siempre se comportó como un verdadero padre con ella. Buscando incluso que sea una mejor persona de la que es usted. Y es por eso que le brinda la oportunidad de corregir todo el mal que hizo, ahora que ya no está en manos del Hampa. Así que hágalo por ella y, sobre todo, por usted para que cada vez que se vea en el espejo se enorgullezca de su imagen. Lo mismo va para usted, señorita Ailen.

—Kein. —le dijo Damián al verlo marcharse— Cuídala mucho.

—Por eso no se preocupe. —afirmó el AST saliendo de la habitación dejándolos solos.

—¿Crees que estarán bien? —le pregunto Ailen.

—Sí, de eso estoy seguro. Mientras estén juntos, lo estarán.

—¿Y nosotros?

—Bueno… —Damián tomó la mano de Ailen y en su dedo formó un anillo de bodas, ella se sonrojo; llena de dicha— …con el bebé en camino creo que haremos algo más que pública nuestra relación.

Hicieron planes y se comprometieron, no solo a estar juntos, sino a ser mejores personas, por la hija que se fue y por el hijo que venía.

***

—¿Segura que tienes todo? —le pregunto Kein a Valeria mientras estaban esperando el tren que los llevaría a Lima

—Sí, todo lo que necesito está en mi GIN y en esta maleta. —respondió para luego mirar el panorama— He vivido toda mi vida en esta ciudad y la verdad no creo que vuelva.

—Yo creo que sí.

—¿Por qué?

—Porque, aunque no lo creas, todos nuestros caminos, por más largos que sean, nos terminan reconduciendo a casa. —en eso vieron que llegó el moderno trasporte— Ya es la hora. ¿Lista?

—Lista, andando.

Subieron y se sentaron en un compartimiento previamente reservado para ellos.

—Por cierto, te alegrará saber que cuando absorví la memoria de Medardo, también me enteré que los criminales que mandó para matar a tu verdadero padre, que por cierto eran cinco, se encontraban precisamente en el edifico que se desplomó, por lo que, en cierta manera, se ha cumplido tu deseo. ¿Te sientes mejor?

—Sí, mucho mejor —afirmó Valeria sonriendo— Más de lo que crees.

El tren se puso en marcha, sin que ella pudiera evitar recordar aquella conversación que tuvieron los tres en el metro: 

— ...Kein, antes de que continúes con tu teoría, hay algo que quisiera preguntarte, algo que de hecho me ha estado molestando desde que todo esto ocurrió. —Damián, de pie, lo miró a los ojos—. ¿Tú sabías que esto iba a pasar? ¿Por eso viniste al Cusco? ¿Para tratar de evitarlo? No te ofendas, pero recordemos que Loan me dijo que me ibas a decir algo muy importante y creo que ahora sería un buen momento para hacerlo.

—Eso es cierto. Kein, por favor, dinos por qué viniste.

—Vine porque tú, Valeria, has sido seleccionada para ser una de nosotros —explicó, asegurándose de que nadie pudiera oírlos e insonorizando el área con la gema—. Verás, posees una sangre que es compatible con las nanomáquinas que usamos en nuestras GIN, y ese es un requisito indispensable para pertenecer a nuestra organización; además tienes un historial más que impecable. Por eso es que vine, y lo de reunirme con tu padre no era más que una excusa para venir a verte y decirte esto. Esa es la razón.

—¿Y no hubiera sido más sencillo llamarnos para informarnos de todo esto con anticipación? —preguntó Damián, algo confundido—. ¿Por qué todo este secretismo?

—Por seguridad y porque Loan prefiere que esto se lo diga en persona un miembro de los AST a un posible candidato que esté interesado en ser parte de nosotros. Esa es la razón.

—¿Y te eligieron a ti para decírmelo por la relación que mantuvimos en el pasado? —pregunto Valeria viendo a donde iba el asunto.

—Correcto. Loan pensó que eso te incentivaría aún más a unírtenos.

—Bueno, aprecio la oferta, pero…

—Espera, Valeria. Antes de que tomes cualquier decisión, déjame decirte de que va todo el asunto. Para empezar, vamos por los puntos negativos, ya que esto tiene un precio y es elevado.

—Como todo en la vida —mencionó Damián.

—Al igual que los otros AST, tendrás que renunciar a tu antiguo yo. Valeria dejará de existir y en su lugar nacerá otra persona completamente diferente. Además, como nosotros, te volverás estéril. Ese es el precio que debes de pagar si quieres unírtenos.

—¿Y cuáles son los puntos positivos?

—Para empezar, serás unas de las personas más poderosas del planeta, tendrás total acceso a cientos de recursos que como policía no tendrías y un mejor sueldo. Además, si eres una de nosotros, podrás proteger y servir al país como nunca antes podrías hacerlo.

—¿Eso es todo?

—Sí… eso es todo.

—Kein respeto a los AST, yo te respeto, te aprecio y te quiero mucho, sabes que si. Pero no puedo ser parte de un grupo que actúa afuera del sistema porque, tal y como ya te dije, eso sería botar por la borda todo lo que mi padre me enseñó. Así que ni puedo ni voy aceptar. Lo siento, pero la respuesta es no.

—Muy bien, pero, si te parece, me gustaría que hablemos más del asunto una vez que terminemos con este caso.

—Está bien, eso no me molesta.

—Y, por cierto, voy a pedirles que no le digan nada de esto a nadie, por el momento.

—Estoy de acuerdo, y con eso ya resuelto, prosigamos —dijo Damián—. Me estabas diciendo que crees que Joro…

...en ese entonces habia dicho que no, y ahora iba en rumbo a convertir en una Pishtaco. Era curioso como la vida daba giros y giros. Se animaron y hablaron de muchas cosas durante el camino; en tanto, los fuertes rayos del sol de la ciudad milenaria del Machu Picchu los iluminaba.

***

Se hicieron los preparativos y las ceremonias correspondientes, para luego dar cabida a la edificación de un gran monumento a los caídos en el hospital Baldin. Un día que viviría por siempre en la infamia del país. Pero que motivaría el espíritu combativo de la nación. Antes desalentada. Mas ahora dispuesta a todo con tal de ganar la segunda guerra del pacífico.

***

En unas instalaciones secretas de una zona restringida de una enorme y salvaje selva, unos científicos observaban maravillados como el feto que habían creado, siguiendo las instrucciones de las tablillas arcanas que fueron robadas del MIRU, crecía rápidamente en forma y tamaño dentro del cilindro de vidrio, con la idea de que ése sería el primer homúnculo que usarían para ganar la guerra contra Perú. Pero lo que no sabían era que, pese a ser muy joven, aquel embrión, gracias a sus habilidades psíquicas, ya estaba al tanto de sus planes y que no tenía pensado ser la herramienta de esos superdesarrollados y pestilentes… simios.

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