Éterverso


Eran las 4 de la tarde en Lima, Perú; y en una sala de reuniones dentro de un set de rodaje usado para superproducciones de cine, televisión, publicidad, videoclips nacionales e internacionales producidas por Tondero Producciones, la productora más poderosa del país, ubicada en Santiago de Surco, habían 12 actores cuidadosamente escogidos: uno era un joven de 24 conocido por el nombre de Dylan proveniente de Pozuzo, la única colonia austro-alemana en el mundo, ubicada en la selva central de Perú, algo que lo llenaba de orgullo, cuya apariencia le hacían imposible pasar desapercibido. Al poseer una piel extremadamente pálida, casi como porcelana fina, donde cada matiz de luz lo hacían reflejar con suavidad, al igual que su cabello que era rubio y claro, de un tono casi plateado, ondulado y algo rebelde; con mechones que se agitaban con naturalidad, como si nunca se mantuvieran completamente quietos y en orden. La textura del cabello parecía suave, liviano, con un brillo casi etéreo que contrasta con la sombra que caía sobre su mirada. Sus ojos eran hipnotizantes: fuertes e intensos, de un verde vivaz que destaca formidablemente contra la blancura de su piel. El iris parecía tener leves variaciones de tonos, como si guardara un brillo interno, y la expresión fija, seria, transmitía una inteligencia aguda y cierta sensibilidad escondida. Acompañadas por unas cejas oscuras que, en comparación a su cabello, estaban bien definidas y ligeramente arqueadas, enmarcadas con una mirada llena de una fuerza casi desafiante y una nariz totalmente recta, proporcionada, y labios curvados en una línea firme, sin sonrisa, pero con la tensión de alguien acostumbrado a soportar más de lo que dice, con ligeras tonalidades rojizas entre sus mejillas que le daban un aspecto vivo, humano y emocional, incluso si intenta contenerlo tras un semblante serio, sumado a un cuello largo y elegante, que mostraba una anatomía marcada y juvenil. Todo en un conjunto, que transmitía una mezcla de delicadeza y fortaleza, como si en su interior convivieran vulnerabilidad y determinación. Acompañados por un aire de ser alguien prudente y reservado, como si sus pensamientos fueran profundos y estuviera acostumbrado a observar antes de actuar; la siguiente era una muy bella joven afroperuana de aproximadamente 21 años, de una belleza tan única como magnética de nombre Valeria de facciones tan suaves como armoniosas: una nariz fina y recta, pómulos delicados y bien definidos, acompañados por unos labios de un tono tan cálidos y agradables que enamoraban, sumado a una piel, intensa y oscura, brillante y profunda, como el carbón más pulido, de una superficie cálida, radiante y uniforme que resaltaba cada sutil expresión de su rostro. Acompañada por un cabello negro que se deslizaba en mechones ondulados alrededor de su cabeza, ligeramente despeinados de forma natural, otorgándole un aire espontáneo y contemporáneo. No largo ni corto, sino el de una larga melena que le caía hasta los hombros moviéndose con total libertad; con mechones azulados o grisáceos que le aportaban un aire de contraste y misterio. Pero lo que realmente la hacían resaltan: eran esos hermosos y bellísimos ojos violetas, que brillaban como gemas de una forma tan intensa, que le otorgaban una mirada profunda, analítica y enigmática, dando la impresión que podía ver más allá de las palabras de cualquier persona gracias a una sonrisa serena pero segura que transmitía tanto calma como también la apasionada determinación de una persona de acción e inteligente y perceptiva, que sabe exactamente quién era y hacia dónde iba. Algo natural al ser nieta del mismísimo Arturo «Zambo» Cavero, por lo que no era de extrañar que, además de actuar, fuera una extraordinaria cantante; el tercero, era un joven de unos 27 años de energía desbordante y una sonrisa amplia y desbordante, casi infantil, que le otorgan un aire mucho más juvenil, como el de un joven lobo que todavía disfruta de las bromas del mundo, con una piel de un tono cálido, como el de un durazno maduro bajo el sol: tersa, suave y saludable de nombre Emiliano. De mejillas enrojecidas, no por vergüenza, sino por la energía que siempre fluía en él, con un cabello castaño oscuro, rebelde y ondulado, cayéndole en mechones despeinados que enmarcan un rostro de una naturalidad despreocupada y burlona, dándole la apariencia de ser la clase de persona que jamás se peinaba, al tener un estilo que siempre le funcionaba. Y lo más llamativo en él eran esos ojos color ámbar: tan vivos y anaranjados, que parecían contener pequeñas chispas de fuego en su interior. Irradiando picardía, curiosidad y una intensidad eléctrica. Al ser el tipo de persona que iluminaba una habitación con solo entrar, siempre con comentarios sarcásticos, pero nunca con mala intención, lleno de un carisma natural, el cual, pese a ser educado en las calles, obtuvo su gran oportunidad cuando, por azares del destino, conoció, en una entrevista de trabajo, a un alto ejecutivo de América Televisión, Fernando Muñiz Betancurt, quien, con solo verlo, vio algo especial en Emiliano, y le ofreció un puesto de asistente dentro de la televisora y, como Emiliano no era ningún tonto, acepto sin dudarlo, para muy pronto, tanto él como los demás, dentro de la cadena, ver que lo suyo era la actuación, y tras algunos papeles menores en telenovelas, como varios de los jóvenes actores que estaban ahí reunidos, había sido invitado a esa reunión, en la que también estaban prometedoras promesas como: Arián, un joven adulto de 28 años, cuya presencia destacaba por un equilibrio perfecto entre elegancia y frialdad contenida. Su piel, suave y clara, como avainillada, le daban un brillo sutil que resalta sus rasgos finos y perfectamente alineados, con un cabello negro, ligeramente ondulado y despeinado cayendo en mechones rebeldes que enmarcaban su rostro de forma natural, sin forzar su apariencia, pero dándole un impecable estilo de pura intuición estética, acompañado por unos labios delgados pero muy bien definidos, con un toque rosado que suaviza su expresión seria y lo hacían inesperadamente atractivo, y unos cautivadores ojos grises que eran, sin duda, la parte más cautivadora de su rostro: fríos, analíticos, con un brillo metálico que sugerían una mente observadora, calculadora y práctica, como una neblina intensa que oculta más de lo que revela. Mirando a cada individuo no por encima ni por debajo, sino a través, como si evaluara cada pensamiento no dicho, antes de atreverse a decirle cualquier cosa a alguien; Yoel, un joven de 26 años, cuyo porte irradiaba una mezcla entre encanto natural y astucia innata, algo palpable por aquel rostro anguloso, con facciones bien definidas y un mentón firme, que le daban un aire de seguridad y confianza, de labios de tonos suaves que solían curvarse en una media sonrisa cargada de mucha intención: la de alguien que sabia más de lo que decía a simple vista. Destacando mucho por un cabello, de un rojo intenso y despeinado, que parecían moverse con vida propia: mechones rebeldes que capturaban la luz y que enmarcaban aún más aquel rostro suyo con un brillo cálido, casi incendiario, junto a un rojo vibrante, más parecido al cobre pulido que al fuego, con cada hebra reflejando la energía que llevaba contenía ahí dentro. Poseyendo una piel olivácea, con matices dorados que contrastaban con su cabello, dándole un aire exótico y atractivo. Al no ser la piel pálida de un soñador ni la curtida de un guerrero, sino la de alguien con el tono exacto que vive entre la acción y la reflexión, adaptándose a cualquier entorno con soltura. Todo resaltado por unos ojos avellanos que eran su rasgo más expresivo: en un equilibrio perfecto entre marrón y ámbar, capaces de parecer dulcemente tiernos en un instante y peligrosamente analíticos al siguiente, brillando con los pensamientos de alguien que era rápidamente calculador y muy pícaro, que disfrutaba de los riesgos de la vida, no sin antes anticiparse de los posibles peligros de ser sincero, mentiroso, o convencer de una forma o de otra, al ser alguien que solía moverse entre la luz y las sombras; Regina, una joven de 23 años cuya presencia ilumina el entorno como si su sola existencia fuera una pequeña celebración, por aquella aura de encanto efervescente natural en ella. Tenía una piel, de un tono beige claro y radiante, que reflejaba la calidez del sol y parecía suavizarse aún más con el rubor natural que se encendía en sus mejillas cada vez que sonríe. Un cabello rubio, lacio y sedoso, que se le caía en mechones perfectamente cuidados a los lados de su rostro. Dorados y cálidos, sin artificios, con reflejos que capturan la luz y le dan un brillo tan fuerte como el oro más puro, como si una brisa constante los mantuviera en movimiento, casi como si la melena dijera: soy libre y llena de energía. De ojos ambarinos muy expresivos: preciosos, luminosos y vivos, del color del caramelo fundido con destellos dorados. En ellos brillaba una chispa de entusiasmo, curiosidad y dramatismo, como si cada emoción en su interior se reflejara sin filtro alguno. Cuando hablaba o reía, sus pupilas parecían bailar, acompañando el ritmo de sus gestos teatrales. Gracias a una sonrisa amplia, sincera y muy contagiosa; de inocencia y carisma, haciéndola genuinamente encantadora gracias a una voz clara y melódica llena de una alegría que hacía que cualquiera bajase la guardia a su alrededor, quien, como muchos ahí reunidos, había demostrado un gran potencial tanto en la pequeña como en la gran pantalla; pero claro, no eran los únicos, había una pequeña niña de 9 años, con un encanto tan tierno y dulce, que parecía pertenecer más a un cuento de hadas que a la vida real de nombre Silvana, cuya piel tenía un tono carne claro, suave y uniforme, con un rubor constante en las mejillas que le daban un aire saludable y vivaz. De cabello castaño, espeso y perfectamente cuidado, caído en dos trenzas que descansaban sobre sus hombros. Con cada hebra reflejando luces con matices cálidos, como si el sol se hubiera quedado atrapado entre los mechones. Era el tipo de peinado que revela tanto su carácter ordenado como elegante, al igual que su gusto por la estética: sencillo, pero impecable y natural. Por no hablar de esos bellos ojos verdes y luminosos, de verde cristalino y reflejos dorados que cambiaban con la luz. Siempre llenos de curiosidad y ternura, escondiendo una serenidad poco común para alguien de su edad. Llena de inteligencia y observación, como si viera más de lo que deja ver su cariñosa sonrisa, pero distinguida; sonreía con gracia, mostrando una educación muy alta y detallista que se percibía en cada gesto. No es una niña inquieta ni ruidosa, sino más bien refinada y delicada, con movimientos suaves, medidos, casi teatrales por con mucha precisión. Su elegancia no proviene solo del lujo, sino de una sensibilidad innata y una forma de comportarse que inspira respeto sin perder simpatía, razones por las cuales debió de haber sido escogida para estar ahí, entre todo ellos, en el primer y el más importante papel interpretativo que había tenido hasta la fecha; junto a una mujer adulta propiamente dicha, llena de facciones delicadas: una nariz fina, atractivos labios sonrientes, una piel bronceada con tonos cálidos, mejillas sonrosadas, cabello pelirrojo largo sin sujetador cayéndole con suavidad sobre sus hombros brillando con matices cobrizos que se encendían con la luz del ambiente, unos coloridos ojos castaños que poseían la profundidad de una dama destacada que buscaba entender incansablemente los misterios de la vida, bautizada bajo el nombre de Zenaida. Una actriz inteligente y observadora que, con tan solo 34 años, ya había demostrado un gran talento todo gracias a ese enorme carisma innato en ella, que le permitió participar en varias películas y series de renombre; al igual que Lorenzo, un hombre afrodescendiente adulto de 38 cuya sola presencia imponía respeto. Poseyendo una piel oscura y brillante, como el ébano pulido, que resalta con los juegos de luces y sombras sobre su rostro anguloso y definido. Cada rasgo suyo parecía tallado con precisión: la mandíbula firme, los pómulos altos y el ceño fruncido que rara vez se suaviza. Su mirada profunda y penetrante, de un tono marrón tan oscuro que casi parece negro, proyecta autoridad y control absoluto. Su cabello era, además de oscuro, espeso y ligeramente ondulado peinado con descuido calculado, lo que le daba un aire salvaje pero elegante. Tratándose de un hombre que domina cada espacio que pisaba trasmitiendo un aire de autoridad, determinación y un temperamento que no tolera la desobediencia, al ser una persona que había aprendido a controlar sus emociones para ejercer poder sobre los demás, forjado por las duras experiencias de la vida que lo convirtieron en un gran actor profesional; pero no tanto como los tres veteranos de la industria que estaban en esa misma sala: Nahir, un hombre adulto de 42 años cuya presencia irradia, sin tener que decir nada, una fuerza silenciosa. Su rostro, de piel crema ligeramente bronceada, estaba definido por unos rasgos angulosos y una expresión que rara vez se relaja: un ceño fruncido, una mirada que podía atravesar a quien solo se atreviera a sostenérsela y unos ojos azules, intensamente fríos como el hielo, que eran su rasgo más llamativo. En los que se podía percibir tanto su disciplina, como la de alguien de mente calculadora y espíritu indomable. Embellecido con un cabello que, aunque era totalmente blanco, conserva un brillo plateado que lo hacían resaltar como un hombre firme que no le temía al paso del tiempo y lo asumía como un símbolo de sabiduría y experiencia, además era corto y estaba perfectamente cuidado, junto con una barba del mismo tono, tipo candado, que le otorgan una apariencia distinguida y madura. Tratándose de un hombre de pocas palabras, al no necesitarlas para imponer respeto, y cuando las daba, cada una de ellas tenían peso; Tatiana, una mujer mayor de 68 años, de presencia serena y una mirada llena de profundidad emocional, palpable gracias a un cabello blanqueado por la edad que se le caía en ondas que enmarcaban un rostro naturalmente elegante y cautivador, uno que transmitía tanto sabiduría como nostalgia, reflejando años y años de experiencias de todo tipo, mediante ese par de ojos azules, tan intensos y penetrantes, ocultos detrás de unas gafas de montura delgada que se apoyan delicadamente sobre su nariz, de un tono de piel de porcelana pálido, dándole un aire intelectual y amable, como todo el resto de su cuerpo, surcado por finas arrugas que no le restaban belleza, sino que la realzaban de forma digna y de carácter sincero, llena de silencios profundos y melancolía interior. Poseyendo el temple tranquilo de una persona que ha aceptado la vida con sus claros y oscuros, sin dejar de sonreír con empatía genuina. Mirando el mundo con comprensión y afecto, hablando con una voz pausada y serena, llena de sabiduría y una profunda sensación de humanidad; y Osvaldo, un hombre mayor barbudo de 77 años, de porte imponente y mirada firme, que conserva una presencia poderosa pese al paso del tiempo. Su piel color marfil, surcada por profundas arrugas y líneas de expresión, narra una vida de disciplina, decisiones difíciles y experiencias que han dejado huella tanto en su rostro como en su carácter. Su cabello canoso, espeso y algo rebelde, contrasta con la intensidad de sus ojos negros, extremadamente penetrantes, capaces de evaluar y analizar con una rapidez casi calculadora. No hay ternura en su mirada, sino una serenidad fría, propia de quien observa el mundo con juicio racional antes que con emoción. La barba y el bigote, igualmente canosos, están prolijamente cuidados, dándole un aire de autoridad clásica, casi de sabio o estratega veterano. Las cejas pobladas y oscuras, que no han perdido su fuerza, refuerzan la severidad natural de su expresión. Cuando frunce el ceño, su semblante se vuelve casi escultórico, digno de respeto y cautela. Su voz, grave y pausada, tiene el peso de la experiencia y el tono de quien está acostumbrado a ser escuchado. Habla poco, pero cuando lo hace, sus palabras son claras, precisas y directas, evitando rodeos o sentimentalismos. Todo en él transmite control, orden y razonamiento lógico, incluso en sus gestos: su postura erguida, las manos cruzadas sobre el estómago o la mirada fija cuando reflexiona. En pocas palabras es un hombre racional y metódico, cuyo mayor orgullo radica en su mente analítica y en su capacidad de mantenerse firme frente a las emociones. Sin embargo, bajo esa coraza de intelecto y autocontrol, parece habitar un espíritu cansado, que alguna vez conoció la pasión, pero que aprendió a confiar únicamente en la razón, muy probablemente por una tragedia muy personal; todos veteranos en la industria del entretenimiento que, además de actuar, impartían clases de actuación. ¿Y qué era lo que los unía a todos por igual? Ser actores peruanos nacionales, vestidos con ropa cómoda para la ocasión y acorde a la edad de cada uno, en un muy buen estado físico, seleccionados minuciosamente para un gran proyecto fílmico, cuyos detalles, el mismo director y guionista del proyecto, Facundo, un hombre adulto y regordete de 52 años, de complexión grande y robusta, con un rostro redondeado que transmitía una falsa sensación de calidez y confianza, de piel bronceada y desgastada por los años de una vida activa, pero mal cuidada. Tanto como el cabello negro y desordenado que poseía, al igual que esos ojos castaños brillantes y perspicaces, que parecían observarlo todo con una mezcla de astucia calculada. Dándoles a todos, los ahí presentes, su expresión habitual: una amplia y amistosa sonrisa, que ocultaba unos aires de segundos propósitos. Los cuales pensaba hacer realidad, al tener una actitud que denotaba seguridad y dominio absoluto. Moviéndose con la calma de quien sabe manejar las situaciones a su favor, usando la simpatía como herramienta y la palabra como un arma estratégica. Usando esa voz suya perfecta para persuadir y manipular, según el momento adecuado, y justo ahora ese momento había llegado, el de las explicaciones y convencimientos:

—Multiverso, todo se trata de hacer nuestro propio multiverso cinematográfico, igual a los de Estados Unidos.

—¿Cómo los de DC y Marvel? —preguntó Tatiana quien, al igual que los demás, ya estaba enterada de antemano de que iba el asunto, salvo por los detalles, sin dar crédito a las palabras de Facundo.

—Correcto, o parecido al MonsterVerse.

—Pero, dejando de lado a Godzilla vs. Kong, el MCU y DCU son universos que mueven a millones de fanáticos a lo largo de todo el mundo. —explicó Osvaldo que sabía muy bien lo poderosa que era la industria hollywoodense— Por no decir, que ya están muy bien establecidos. Por más fallas que tengan con sus nuevas series y películas de la actualidad.

—Eso es cierto. —corroboró Tatiana quitándose los lentes para limpiarlos tras exhalar sobre ellos para luego volvérselos poner— Esto que está proponiéndonos, sería como una batalla entre David contra Goliat. Y no creo que tengamos suficientes piedras para derribar no a uno, sino a dos gigantes de la industria del entretenimiento.

—Estoy de acuerdo. —afirmó Nahir cruzando los brazos— No se equivoque, me gustan los retos. Pero no me gustan las batallas en donde ya sabes de antemano qué vas a perder, por más que te esfuerces.

—Estoy de acuerdo con los tres: ellos son gigantes, en comparación con nuestra industria; pero se equivocan en algo. Nosotros tenemos algo que ellos no tienen y eso lo pueden encontrar debajo de sus asientos —dijo Facundo sonriendo mientras los 12 se ponían a buscar lo que estaba escondido debajo de cada una de las sillas en donde estaban sentados, y con más ganas al ver la expresión en el rostro de cada uno de ellos— ¿Les es familiar el libro que tienen entre las manos?

—Para mí sí, lo he leído muchas veces. Es más, es mi libro favorito —comentó Regina mirando a Facundo con un rostro de sorpresa y anhelo—. ¿No me diga que consiguió los derechos? El autor, Benjamin Berenguel Tijero, dijo que nunca permitiría que su obra fuera adaptada a menos que fuera una adaptación fiel, en donde se respetara el espíritu de sus historias.

—Y así será, según lo acordado en el contrato que le hice firmar. —le aseveró Facundo que no dejaba de sonreír— Uno en el que se estipula que, no solo se respetara lo que él escribió, tal y como esta, sino que, además, se mejorara en todo lo posible, cada una de las historias escritas por él, porque una buena adaptación no solo es fiel al espíritu de la obra original, sino que además la perfecciona, y eso es justo lo que vamos hacer, creando nuestro Éterverso.

—¿Éterverso? —preguntó Yoel, que no había entendido del todo el concepto—. ¿Qué se supone que nos quiere decir el autor con eso?

—Simple, es una combinación de palabras, al sinnúmero de realidades distintas, donde los protagonistas siempre son los mismos, al estar atrapados por siempre en un bucle infinito de reencarnaciones, sin ninguna posibilidad de escape. —le explicó Lorenzo a Yoel con una voz fuerte y profunda— Lo primero hace ilusión a la eternidad y, en cuanto al segundo término, a todo lo multiversal, es así de simple.

—¿En serio? ¿Así de simple? ¿Y qué tiene de especial este simple libro? Además de su extraño nombre: Quimeras Visionarias. Que, déjeme adivinar: quimeras es por ser muy imaginativo y visionarias es por ser algo adelantado a su tiempo. Por lo que el título vendría a significar, algo así como: fantasías venidas del futuro. Un título muy arrogante, si me lo preguntas a mí.

—Tal vez, pero fue un rotundo éxito. —intervino Arián, impresionado por lo poco informado que estaba Yoel sobre el mundo editorial, probablemente porque leía muy poco como la gran mayoría de peruanos—. Convirtiéndose en uno de los mejores y más importantes libros antológicos de ciencia ficción y fantasía de los últimos tiempos que sean escritos, precisamente aquí, en el Perú, por un autor peruano, que se pasó casi la mitad de su vida en terminarlo, por no decir la otra en publicarlo, siendo un superventas instantáneo, que se vendió como pan caliente, alrededor de todo el mundo.

—¿Y esto de Drores y los Lonks? —insistió Yoel sin estar aun del todo convencido.

—No, genio. Links y TRONES —le explicó entre risas Emiliano, sonriendo de oreja a oreja—. El segundo es el nombre de una entidad que varia en cada universo: una persona, una corporación, un objeto de gran valor, etcétera; y, el primero, no es más que la tecnología usada en cada uno de los cuentos, uno que, por medio de nanotecnología y magia, puede crear lo que sea, siguiendo las ordenes de su dueño.

—Ni yo mismo lo hubiera dicho mejor. —afirmó Facundo con orgullo.

—¿Y nosotros interpretaremos a los personajes principales de las historias de esta antología? —preguntó muy emocionada Silvana sin perder la calma—. ¿A cada uno de ellos? ¿De la misma forma en como son presentados en los relatos? ¿Con toda esa aura de misterio, acción, romance y terror? ¿En esos mundos imposibles de civilizaciones olvidadas representando a héroes que luchan contra el destino? ¿Dónde cada decisión puede alterar el curso de innumerables dimensiones dando pie a que los límites entre la realidad y lo irreal se desdibujen? ¿Creando así un vasto multiverso de Tecno-fantasía? ¿Tal y como está escrito en el libro?

—Así es pequeña. —contestó Facundo sonriendo todo radiante al ver la gran alegría en la cara de la joven actriz— Y por eso fueron seleccionados muy cuidadosamente para este gran proyecto cinematográfico. No solo mediante audiciones cerradas y pruebas de guion en las cuales participaron para comprobar la química que había entre cada uno, sino también porque, al hacer eso, pudimos ver y comprobar que, en efecto, nacieron para interpretar a estos personajes, en decir, incluso se llaman como ellos, al igual que yo. En cuanto a mí, yo fui elegido para dirigir todo este multiverso por los mandamases de la producción, por mi amplia trayectoria, misma trayectoria con la que convencía al señor Berenguel para que me otorgara los derechos para adaptar su obra a la gran pantalla, todo a cambio de una buena cantidad de soles. Y, en caso de que se estén preguntando, ¿dónde están el tercer protagonista de los cuentos? Bueno, lo tiene justo frente a ustedes, porque yo no solo dirigiré las películas, voy a actuar en ellas. ¿La razón? Por el simple hecho de que necesito tener el control total creativo de este proyecto para que funcione, y créame que va a funcionar. Pero también porque, como ya se los dice, me llamo Facundo, y eso fue un punto importante, durante toda la ecuación para mi selección como director, tanto para los ejecutivos de Tondero Producciones, como para los inversionistas que no son otros más que los dueños de todo YouTube, Google. Bajo un acuerdo único y exclusivo de distribución global por película por año; formando después parte del catálogo de Originales Premium de YouTube. ¿Quieren saber la razón? Por culpa de Netflix, Amazon, Disney, HBO, Apple, Paramount y todos los demás canales de contenido digital que, en su absurda guerra de precios, no se dieron cuenta de que al fragmentar el contenido que ofrecían, quitando títulos o impidiéndolo por el país de uno, no solo hicieron resurgir a la piratería, sino que además causaron que la gente fuera a buscarlo a YouTube, en donde sí podían encontrarlo, totalmente gratis, dejando de lado los molestos anuncios. Todo en un solo lugar. A menos claro que, por una pequeña suma, pagarás para no ver esos molestos anuncios y pudieras disfrutar de las producciones originales de la plataforma. Una de las cuales vamos a realizar, aquí y ahora. Así que espero que se den cuenta de lo importante que es esto para todos los involucrados. Y que la primera película, de esta larga franquicia cinematográfica que vamos a realizar, debe de ser un rotundo éxito asegurado. Ahora, ¿tienen alguna duda o pregunta que quieran hacerme?

—Yo no tengo ninguna para mí persona. —explicó Dylan con calma, mirando seriamente a la pequeña niña de 9 años, sentada a su lado— Pero, sin ánimos de ofender a Silvana aquí presente, ¿acaso no es demasiado joven e inexperta para un proyecto cinematográfico de tal exigencia?

—Concuerdo. —dijo Valeria mirando a Silvana con cariño y afecto, sentada justo a su costado— Aún no he participado en algo tan grande como esto, pero sé cómo Hollywood trata a los niños y niñas que han participado en producciones así de demandantes y, por todo lo que he oído y visto, siempre terminan con las vidas destruidas. Es decir, yo ya desde muy niña, participaba en proyectos de menor escala, como películas independientes o telenovelas e incluso en musicales en vivo, que me dejaban exhausta y muy estresada, y no se equivoque, tal y como dice, hay muy buena química entre todos nosotros, no hay ni una sola persona aquí que me desagrade, pero me odiaría a mí misma si no hablara y no dijera que la vida de esta pequeña se puede volver un infierno, si le permitimos participar en algo como esto.

—Espera un momento, Valeria. —intervino Zenaida queriendo ver cómo se desarrollaban los acontecimientos— Puede ser que tengas razón, pero creo que también Silvana tiene el derecho de dar su opinión sobre el tema, ¿no lo crees?

—Es cierto. —dijo Silvana mirando tanto a Valeria como a Dylan con mucho aprecio— Les agradezco mucho a ambos la preocupación que han demostrado hacia mí, pero esta es una oportunidad única en la vida que, si la dejó pasar, estoy bien segura de que la lamentaré por siempre. Pero créame que, si en algún momento, durante los rodajes, me siento exhausta o estresada, recurriré a los dos para que consuelen y alienten.

—Y ya creo que lo harán. —dijo Facundo sonriendo al ver cómo Valeria tomaba de la mano a Silvana, mientras que Dylan le acariciaba la cabeza causando que la pequeña se sonrojara— Porque en muchas de esas historias ellos son los protagonistas y tus padres, unos padres que han demostrado tener una muy buena química entre ambos, tanto dentro como fuera del set.

Todos, al escuchar eso, aplaudieron y victorearon a la joven pareja que sonrieron con las caras rojas de vergüenza, hasta que Facundo dio por finalizado el momento de las risas:  

—Bien, ya fue suficiente. Ahora, por favor, todos préstenme atención: esta es, tal y como dijo Silvana, una oportunidad única en la vida. Sé que algunos de entre ustedes, sobre todos los más veteranos, piensan que no vale la pena involucrarse en un proyecto de semejantes dimensiones, porque como muchos peruanos, se nos ha metido en la cabeza desde muy pequeños, que lo extranjero siempre será mejor que lo nuestro. Pero, ¿saben qué? Eso es basura y todos los que estamos aquí reunidos lo sabemos mejor que nadie. Porque somos actores peruanos y, como tales, no podemos ni olvidaremos o permitiremos dejar pasar toda nuestra gran trayectoria fílmica. ¿Quién hizo la teta asustada? Nosotros, ¿Quién hizo el destino no tiene favoritos? Nosotros, ¿Quién hizo paloma de papel y un largo? Nosotros, ¿Y quién hará un nuevo multiverso? Nosotros, y nadie más. Además, ¿qué tienen que perder? Si esto resulta ser un fracaso, bueno lo fue, pero al menos hicimos algo que muy pocos tienen el valor de atreverse a intentar; y por el otro, si resulta ser un éxito, uno tan grande que sea capaz de codearse cara a cara contra MCU y DCU, ganaran más fama y fortuna de la que podrían obtener que participando en más de mil películas, y ya conocen el dicho: “no hay peor gestión, de la que no se hace” Así que, ¿cuál es su respuesta? ¿Se quedan o se van?

Al terminar la reunión, con cada actor retirándose con su correspondiente libreto, Facundo no podía dejar de sonreír. Las filmaciones comenzarían por la mañana a primera hora.

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