Éterverso
Eran
las 4 de la tarde en Lima, Perú; y en una sala de reuniones dentro de un set de
rodaje usado para superproducciones de cine, televisión, publicidad, videoclips
nacionales e internacionales producidas por Tondero Producciones, la productora
más poderosa del país, ubicada en Santiago de Surco, habían 12 actores
cuidadosamente escogidos: uno era un joven de 24 conocido por el nombre de
Dylan proveniente de Pozuzo, la única colonia austro-alemana en el mundo,
ubicada en la selva central de Perú, algo que lo llenaba de orgullo, cuya
apariencia le hacían imposible pasar desapercibido. Al poseer una piel
extremadamente pálida, casi como porcelana fina, donde cada matiz de luz lo
hacían reflejar con suavidad, al igual que su cabello que era rubio y claro, de
un tono casi plateado, ondulado y algo rebelde; con mechones que se agitaban
con naturalidad, como si nunca se mantuvieran completamente quietos y en orden.
La textura del cabello parecía suave, liviano, con un brillo casi etéreo que
contrasta con la sombra que caía sobre su mirada. Sus ojos eran hipnotizantes:
fuertes e intensos, de un verde vivaz que destaca formidablemente contra la
blancura de su piel. El iris parecía tener leves variaciones de tonos, como si
guardara un brillo interno, y la expresión fija, seria, transmitía una
inteligencia aguda y cierta sensibilidad escondida. Acompañadas por unas cejas
oscuras que, en comparación a su cabello, estaban bien definidas y ligeramente
arqueadas, enmarcadas con una mirada llena de una fuerza casi desafiante y una
nariz totalmente recta, proporcionada, y labios curvados en una línea firme,
sin sonrisa, pero con la tensión de alguien acostumbrado a soportar más de lo
que dice, con ligeras tonalidades rojizas entre sus mejillas que le daban un
aspecto vivo, humano y emocional, incluso si intenta contenerlo tras un
semblante serio, sumado a un cuello largo y elegante, que mostraba una anatomía
marcada y juvenil. Todo en un conjunto, que transmitía una mezcla de delicadeza
y fortaleza, como si en su interior convivieran vulnerabilidad y determinación.
Acompañados por un aire de ser alguien prudente y reservado, como si sus
pensamientos fueran profundos y estuviera acostumbrado a observar antes de
actuar; la siguiente era una muy bella joven afroperuana de aproximadamente 21
años, de una belleza tan única como magnética de nombre Valeria de facciones
tan suaves como armoniosas: una nariz fina y recta, pómulos delicados y bien
definidos, acompañados por unos labios de un tono tan cálidos y agradables que
enamoraban, sumado a una piel, intensa y oscura, brillante y profunda, como el
carbón más pulido, de una superficie cálida, radiante y uniforme que resaltaba
cada sutil expresión de su rostro. Acompañada por un cabello negro que se
deslizaba en mechones ondulados alrededor de su cabeza, ligeramente despeinados
de forma natural, otorgándole un aire espontáneo y contemporáneo. No largo ni
corto, sino el de una larga melena que le caía hasta los hombros moviéndose con
total libertad; con mechones azulados o grisáceos que le aportaban un aire de
contraste y misterio. Pero lo que realmente la hacían resaltan: eran esos
hermosos y bellísimos ojos violetas, que brillaban como gemas de una forma tan
intensa, que le otorgaban una mirada profunda, analítica y enigmática, dando la
impresión que podía ver más allá de las palabras de cualquier persona gracias a
una sonrisa serena pero segura que transmitía tanto calma como también la
apasionada determinación de una persona de acción e inteligente y perceptiva,
que sabe exactamente quién era y hacia dónde iba. Algo natural al ser nieta del
mismísimo Arturo «Zambo» Cavero, por lo que no era de extrañar que, además de
actuar, fuera una extraordinaria cantante; el tercero, era un joven de unos 27
años de energía desbordante y una sonrisa amplia y desbordante, casi infantil,
que le otorgan un aire mucho más juvenil, como el de un joven lobo que todavía
disfruta de las bromas del mundo, con una piel de un tono cálido, como el de un
durazno maduro bajo el sol: tersa, suave y saludable de nombre Emiliano. De
mejillas enrojecidas, no por vergüenza, sino por la energía que siempre fluía
en él, con un cabello castaño oscuro, rebelde y ondulado, cayéndole en mechones
despeinados que enmarcan un rostro de una naturalidad despreocupada y burlona,
dándole la apariencia de ser la clase de persona que jamás se peinaba, al tener
un estilo que siempre le funcionaba. Y lo más llamativo en él eran esos ojos
color ámbar: tan vivos y anaranjados, que parecían contener pequeñas chispas de
fuego en su interior. Irradiando picardía, curiosidad y una intensidad
eléctrica. Al ser el tipo de persona que iluminaba una habitación con solo
entrar, siempre con comentarios sarcásticos, pero nunca con mala intención,
lleno de un carisma natural, el cual, pese a ser educado en las calles, obtuvo
su gran oportunidad cuando, por azares del destino, conoció, en una entrevista
de trabajo, a un alto ejecutivo de América Televisión, Fernando Muñiz
Betancurt, quien, con solo verlo, vio algo especial en Emiliano, y le ofreció
un puesto de asistente dentro de la televisora y, como Emiliano no era ningún
tonto, acepto sin dudarlo, para muy pronto, tanto él como los demás, dentro de
la cadena, ver que lo suyo era la actuación, y tras algunos papeles menores en
telenovelas, como varios de los jóvenes actores que estaban ahí reunidos, había
sido invitado a esa reunión, en la que también estaban prometedoras promesas
como: Arián, un joven adulto de 28 años, cuya presencia destacaba por un
equilibrio perfecto entre elegancia y frialdad contenida. Su piel, suave y
clara, como avainillada, le daban un brillo sutil que resalta sus rasgos finos
y perfectamente alineados, con un cabello negro, ligeramente ondulado y
despeinado cayendo en mechones rebeldes que enmarcaban su rostro de forma
natural, sin forzar su apariencia, pero dándole un impecable estilo de pura
intuición estética, acompañado por unos labios delgados pero muy bien
definidos, con un toque rosado que suaviza su expresión seria y lo hacían
inesperadamente atractivo, y unos cautivadores ojos grises que eran, sin duda,
la parte más cautivadora de su rostro: fríos, analíticos, con un brillo
metálico que sugerían una mente observadora, calculadora y práctica, como una
neblina intensa que oculta más de lo que revela. Mirando a cada individuo no
por encima ni por debajo, sino a través, como si evaluara cada pensamiento no
dicho, antes de atreverse a decirle cualquier cosa a alguien; Yoel, un joven de
26 años, cuyo porte irradiaba una mezcla entre encanto natural y astucia
innata, algo palpable por aquel rostro anguloso, con facciones bien definidas y
un mentón firme, que le daban un aire de seguridad y confianza, de labios de
tonos suaves que solían curvarse en una media sonrisa cargada de mucha
intención: la de alguien que sabia más de lo que decía a simple vista.
Destacando mucho por un cabello, de un rojo intenso y despeinado, que parecían
moverse con vida propia: mechones rebeldes que capturaban la luz y que
enmarcaban aún más aquel rostro suyo con un brillo cálido, casi incendiario,
junto a un rojo vibrante, más parecido al cobre pulido que al fuego, con cada
hebra reflejando la energía que llevaba contenía ahí dentro. Poseyendo una piel
olivácea, con matices dorados que contrastaban con su cabello, dándole un aire
exótico y atractivo. Al no ser la piel pálida de un soñador ni la curtida de un
guerrero, sino la de alguien con el tono exacto que vive entre la acción y la
reflexión, adaptándose a cualquier entorno con soltura. Todo resaltado por unos
ojos avellanos que eran su rasgo más expresivo: en un equilibrio perfecto entre
marrón y ámbar, capaces de parecer dulcemente tiernos en un instante y
peligrosamente analíticos al siguiente, brillando con los pensamientos de
alguien que era rápidamente calculador y muy pícaro, que disfrutaba de los riesgos
de la vida, no sin antes anticiparse de los posibles peligros de ser sincero,
mentiroso, o convencer de una forma o de otra, al ser alguien que solía moverse
entre la luz y las sombras; Regina, una joven de 23 años cuya presencia ilumina
el entorno como si su sola existencia fuera una pequeña celebración, por
aquella aura de encanto efervescente natural en ella. Tenía una piel, de un
tono beige claro y radiante, que reflejaba la calidez del sol y parecía
suavizarse aún más con el rubor natural que se encendía en sus mejillas cada
vez que sonríe. Un cabello rubio, lacio y sedoso, que se le caía en mechones
perfectamente cuidados a los lados de su rostro. Dorados y cálidos, sin
artificios, con reflejos que capturan la luz y le dan un brillo tan fuerte como
el oro más puro, como si una brisa constante los mantuviera en movimiento, casi
como si la melena dijera: soy libre y llena de energía. De ojos ambarinos muy
expresivos: preciosos, luminosos y vivos, del color del caramelo fundido con
destellos dorados. En ellos brillaba una chispa de entusiasmo, curiosidad y
dramatismo, como si cada emoción en su interior se reflejara sin filtro alguno.
Cuando hablaba o reía, sus pupilas parecían bailar, acompañando el ritmo de sus
gestos teatrales. Gracias a una sonrisa amplia, sincera y muy contagiosa; de
inocencia y carisma, haciéndola genuinamente encantadora gracias a una voz
clara y melódica llena de una alegría que hacía que cualquiera bajase la
guardia a su alrededor, quien, como muchos ahí reunidos, había demostrado un
gran potencial tanto en la pequeña como en la gran pantalla; pero claro, no
eran los únicos, había una pequeña niña de 9 años, con un encanto tan tierno y
dulce, que parecía pertenecer más a un cuento de hadas que a la vida real de
nombre Silvana, cuya piel tenía un tono carne claro, suave y uniforme, con un
rubor constante en las mejillas que le daban un aire saludable y vivaz. De
cabello castaño, espeso y perfectamente cuidado, caído en dos trenzas que
descansaban sobre sus hombros. Con cada hebra reflejando luces con matices
cálidos, como si el sol se hubiera quedado atrapado entre los mechones. Era el
tipo de peinado que revela tanto su carácter ordenado como elegante, al igual
que su gusto por la estética: sencillo, pero impecable y natural. Por no hablar
de esos bellos ojos verdes y luminosos, de verde cristalino y reflejos dorados
que cambiaban con la luz. Siempre llenos de curiosidad y ternura, escondiendo
una serenidad poco común para alguien de su edad. Llena de inteligencia y
observación, como si viera más de lo que deja ver su cariñosa sonrisa, pero
distinguida; sonreía con gracia, mostrando una educación muy alta y detallista
que se percibía en cada gesto. No es una niña inquieta ni ruidosa, sino más
bien refinada y delicada, con movimientos suaves, medidos, casi teatrales por
con mucha precisión. Su elegancia no proviene solo del lujo, sino de una
sensibilidad innata y una forma de comportarse que inspira respeto sin perder
simpatía, razones por las cuales debió de haber sido escogida para estar ahí,
entre todo ellos, en el primer y el más importante papel interpretativo que
había tenido hasta la fecha; junto a una mujer adulta propiamente dicha, llena
de facciones delicadas: una nariz fina, atractivos labios sonrientes, una piel
bronceada con tonos cálidos, mejillas sonrosadas, cabello pelirrojo largo sin
sujetador cayéndole con suavidad sobre sus hombros brillando con matices
cobrizos que se encendían con la luz del ambiente, unos coloridos ojos castaños
que poseían la profundidad de una dama destacada que buscaba entender
incansablemente los misterios de la vida, bautizada bajo el nombre de Zenaida.
Una actriz inteligente y observadora que, con tan solo 34 años, ya había
demostrado un gran talento todo gracias a ese enorme carisma innato en ella,
que le permitió participar en varias películas y series de renombre; al igual
que Lorenzo, un hombre afrodescendiente adulto de 38 cuya sola presencia
imponía respeto. Poseyendo una piel oscura y brillante, como el ébano pulido,
que resalta con los juegos de luces y sombras sobre su rostro anguloso y
definido. Cada rasgo suyo parecía tallado con precisión: la mandíbula firme,
los pómulos altos y el ceño fruncido que rara vez se suaviza. Su mirada
profunda y penetrante, de un tono marrón tan oscuro que casi parece negro,
proyecta autoridad y control absoluto. Su cabello era, además de oscuro, espeso
y ligeramente ondulado peinado con descuido calculado, lo que le daba un aire
salvaje pero elegante. Tratándose de un hombre que domina cada espacio que
pisaba trasmitiendo un aire de autoridad, determinación y un temperamento que
no tolera la desobediencia, al ser una persona que había aprendido a controlar
sus emociones para ejercer poder sobre los demás, forjado por las duras
experiencias de la vida que lo convirtieron en un gran actor profesional; pero
no tanto como los tres veteranos de la industria que estaban en esa misma sala:
Nahir, un hombre adulto de 42 años cuya presencia irradia, sin tener que decir
nada, una fuerza silenciosa. Su rostro, de piel crema ligeramente bronceada,
estaba definido por unos rasgos angulosos y una expresión que rara vez se
relaja: un ceño fruncido, una mirada que podía atravesar a quien solo se
atreviera a sostenérsela y unos ojos azules, intensamente fríos como el hielo,
que eran su rasgo más llamativo. En los que se podía percibir tanto su
disciplina, como la de alguien de mente calculadora y espíritu indomable.
Embellecido con un cabello que, aunque era totalmente blanco, conserva un
brillo plateado que lo hacían resaltar como un hombre firme que no le temía al
paso del tiempo y lo asumía como un símbolo de sabiduría y experiencia, además
era corto y estaba perfectamente cuidado, junto con una barba del mismo tono,
tipo candado, que le otorgan una apariencia distinguida y madura. Tratándose de
un hombre de pocas palabras, al no necesitarlas para imponer respeto, y cuando
las daba, cada una de ellas tenían peso; Tatiana, una mujer mayor de 68 años,
de presencia serena y una mirada llena de profundidad emocional, palpable
gracias a un cabello blanqueado por la edad que se le caía en ondas que
enmarcaban un rostro naturalmente elegante y cautivador, uno que transmitía
tanto sabiduría como nostalgia, reflejando años y años de experiencias de todo
tipo, mediante ese par de ojos azules, tan intensos y penetrantes, ocultos
detrás de unas gafas de montura delgada que se apoyan delicadamente sobre su
nariz, de un tono de piel de porcelana pálido, dándole un aire intelectual y
amable, como todo el resto de su cuerpo, surcado por finas arrugas que no le
restaban belleza, sino que la realzaban de forma digna y de carácter sincero,
llena de silencios profundos y melancolía interior. Poseyendo el temple
tranquilo de una persona que ha aceptado la vida con sus claros y oscuros, sin
dejar de sonreír con empatía genuina. Mirando el mundo con comprensión y
afecto, hablando con una voz pausada y serena, llena de sabiduría y una
profunda sensación de humanidad; y Osvaldo, un hombre mayor barbudo de 77 años,
de porte imponente y mirada firme, que conserva una presencia poderosa pese al
paso del tiempo. Su piel color marfil, surcada por profundas arrugas y líneas
de expresión, narra una vida de disciplina, decisiones difíciles y experiencias
que han dejado huella tanto en su rostro como en su carácter. Su cabello
canoso, espeso y algo rebelde, contrasta con la intensidad de sus ojos negros,
extremadamente penetrantes, capaces de evaluar y analizar con una rapidez casi
calculadora. No hay ternura en su mirada, sino una serenidad fría, propia de quien
observa el mundo con juicio racional antes que con emoción. La barba y el
bigote, igualmente canosos, están prolijamente cuidados, dándole un aire de
autoridad clásica, casi de sabio o estratega veterano. Las cejas pobladas y
oscuras, que no han perdido su fuerza, refuerzan la severidad natural de su
expresión. Cuando frunce el ceño, su semblante se vuelve casi escultórico,
digno de respeto y cautela. Su voz, grave y pausada, tiene el peso de la
experiencia y el tono de quien está acostumbrado a ser escuchado. Habla poco,
pero cuando lo hace, sus palabras son claras, precisas y directas, evitando
rodeos o sentimentalismos. Todo en él transmite control, orden y razonamiento
lógico, incluso en sus gestos: su postura erguida, las manos cruzadas sobre el
estómago o la mirada fija cuando reflexiona. En pocas palabras es un hombre
racional y metódico, cuyo mayor orgullo radica en su mente analítica y en su
capacidad de mantenerse firme frente a las emociones. Sin embargo, bajo esa
coraza de intelecto y autocontrol, parece habitar un espíritu cansado, que
alguna vez conoció la pasión, pero que aprendió a confiar únicamente en la
razón, muy probablemente por una tragedia muy personal; todos veteranos en la
industria del entretenimiento que, además de actuar, impartían clases de
actuación. ¿Y qué era lo que los unía a todos por igual? Ser actores peruanos
nacionales, vestidos con ropa cómoda para la ocasión y acorde a la edad de cada
uno, en un muy buen estado físico, seleccionados minuciosamente para un gran
proyecto fílmico, cuyos detalles, el mismo director y guionista del proyecto,
Facundo, un hombre adulto y regordete de 52 años, de complexión grande y
robusta, con un rostro redondeado que transmitía una falsa sensación de calidez
y confianza, de piel bronceada y desgastada por los años de una vida activa,
pero mal cuidada. Tanto como el cabello negro y desordenado que poseía, al
igual que esos ojos castaños brillantes y perspicaces, que parecían observarlo
todo con una mezcla de astucia calculada. Dándoles a todos, los ahí presentes,
su expresión habitual: una amplia y amistosa sonrisa, que ocultaba unos aires
de segundos propósitos. Los cuales pensaba hacer realidad, al tener una actitud
que denotaba seguridad y dominio absoluto. Moviéndose con la calma de quien sabe
manejar las situaciones a su favor, usando la simpatía como herramienta y la
palabra como un arma estratégica. Usando esa voz suya perfecta para persuadir y
manipular, según el momento adecuado, y justo ahora ese momento había llegado,
el de las explicaciones y convencimientos:
—Multiverso,
todo se trata de hacer nuestro propio multiverso cinematográfico, igual a los
de Estados Unidos.
—¿Cómo
los de DC y Marvel? —preguntó Tatiana quien, al igual que los demás, ya estaba
enterada de antemano de que iba el asunto, salvo por los detalles, sin dar
crédito a las palabras de Facundo.
—Correcto,
o parecido al MonsterVerse.
—Pero,
dejando de lado a Godzilla vs. Kong, el MCU y DCU son universos que mueven a
millones de fanáticos a lo largo de todo el mundo. —explicó Osvaldo que sabía
muy bien lo poderosa que era la industria hollywoodense— Por no decir, que ya
están muy bien establecidos. Por más fallas que tengan con sus nuevas series y
películas de la actualidad.
—Eso
es cierto. —corroboró Tatiana quitándose los lentes para limpiarlos tras
exhalar sobre ellos para luego volvérselos poner— Esto que está proponiéndonos,
sería como una batalla entre David contra Goliat. Y no creo que tengamos
suficientes piedras para derribar no a uno, sino a dos gigantes de la industria
del entretenimiento.
—Estoy
de acuerdo. —afirmó Nahir cruzando los brazos— No se equivoque, me gustan los
retos. Pero no me gustan las batallas en donde ya sabes de antemano qué vas a
perder, por más que te esfuerces.
—Estoy
de acuerdo con los tres: ellos son gigantes, en comparación con nuestra
industria; pero se equivocan en algo. Nosotros tenemos algo que ellos no tienen
y eso lo pueden encontrar debajo de sus asientos —dijo Facundo sonriendo
mientras los 12 se ponían a buscar lo que estaba escondido debajo de cada una
de las sillas en donde estaban sentados, y con más ganas al ver la expresión en
el rostro de cada uno de ellos— ¿Les es familiar el libro que tienen entre las
manos?
—Para
mí sí, lo he leído muchas veces. Es más, es mi libro favorito —comentó Regina
mirando a Facundo con un rostro de sorpresa y anhelo—. ¿No me diga que
consiguió los derechos? El autor, Benjamin Berenguel Tijero, dijo que nunca
permitiría que su obra fuera adaptada a menos que fuera una adaptación fiel, en
donde se respetara el espíritu de sus historias.
—Y
así será, según lo acordado en el contrato que le hice firmar. —le aseveró
Facundo que no dejaba de sonreír— Uno en el que se estipula que, no solo se
respetara lo que él escribió, tal y como esta, sino que, además, se mejorara en
todo lo posible, cada una de las historias escritas por él, porque una buena
adaptación no solo es fiel al espíritu de la obra original, sino que además la
perfecciona, y eso es justo lo que vamos hacer, creando nuestro Éterverso.
—¿Éterverso?
—preguntó Yoel, que no había entendido del todo el concepto—. ¿Qué se supone
que nos quiere decir el autor con eso?
—Simple,
es una combinación de palabras, al sinnúmero de realidades distintas, donde los
protagonistas siempre son los mismos, al estar atrapados por siempre en un
bucle infinito de reencarnaciones, sin ninguna posibilidad de escape. —le
explicó Lorenzo a Yoel con una voz fuerte y profunda— Lo primero hace ilusión a
la eternidad y, en cuanto al segundo término, a todo lo multiversal, es así de
simple.
—¿En
serio? ¿Así de simple? ¿Y qué tiene de especial este simple libro? Además de su
extraño nombre: Quimeras Visionarias. Que, déjeme adivinar: quimeras es por ser
muy imaginativo y visionarias es por ser algo adelantado a su tiempo. Por lo
que el título vendría a significar, algo así como: fantasías venidas del
futuro. Un título muy arrogante, si me lo preguntas a mí.
—Tal
vez, pero fue un rotundo éxito. —intervino Arián, impresionado por lo poco
informado que estaba Yoel sobre el mundo editorial, probablemente porque leía
muy poco como la gran mayoría de peruanos—. Convirtiéndose en uno de los
mejores y más importantes libros antológicos de ciencia ficción y fantasía de
los últimos tiempos que sean escritos, precisamente aquí, en el Perú, por un
autor peruano, que se pasó casi la mitad de su vida en terminarlo, por no decir
la otra en publicarlo, siendo un superventas instantáneo, que se vendió como
pan caliente, alrededor de todo el mundo.
—¿Y
esto de Drores y los Lonks? —insistió Yoel sin estar aun del todo convencido.
—No,
genio. Links y TRONES —le explicó entre risas Emiliano, sonriendo de oreja a oreja—.
El segundo es el nombre de una entidad que varia en cada universo: una persona,
una corporación, un objeto de gran valor, etcétera; y, el primero, no es más
que la tecnología usada en cada uno de los cuentos, uno que, por medio de nanotecnología
y magia, puede crear lo que sea, siguiendo las ordenes de su dueño.
—Ni
yo mismo lo hubiera dicho mejor. —afirmó Facundo con orgullo.
—¿Y
nosotros interpretaremos a los personajes principales de las historias de esta
antología? —preguntó muy emocionada Silvana sin perder la calma—. ¿A cada uno
de ellos? ¿De la misma forma en como son presentados en los relatos? ¿Con toda
esa aura de misterio, acción, romance y terror? ¿En esos mundos imposibles de
civilizaciones olvidadas representando a héroes que luchan contra el destino?
¿Dónde cada decisión puede alterar el curso de innumerables dimensiones dando
pie a que los límites entre la realidad y lo irreal se desdibujen? ¿Creando así
un vasto multiverso de Tecno-fantasía? ¿Tal y como está escrito en el libro?
—Así
es pequeña. —contestó Facundo sonriendo todo radiante al ver la gran alegría en
la cara de la joven actriz— Y por eso fueron seleccionados muy cuidadosamente
para este gran proyecto cinematográfico. No solo mediante audiciones cerradas y
pruebas de guion en las cuales participaron para comprobar la química que había
entre cada uno, sino también porque, al hacer eso, pudimos ver y comprobar que,
en efecto, nacieron para interpretar a estos personajes, en decir, incluso se
llaman como ellos, al igual que yo. En cuanto a mí, yo fui elegido para dirigir
todo este multiverso por los mandamases de la producción, por mi amplia
trayectoria, misma trayectoria con la que convencía al señor Berenguel para que
me otorgara los derechos para adaptar su obra a la gran pantalla, todo a cambio
de una buena cantidad de soles. Y, en caso de que se estén preguntando, ¿dónde
están el tercer protagonista de los cuentos? Bueno, lo tiene justo frente a
ustedes, porque yo no solo dirigiré las películas, voy a actuar en ellas. ¿La
razón? Por el simple hecho de que necesito tener el control total creativo de
este proyecto para que funcione, y créame que va a funcionar. Pero también
porque, como ya se los dice, me llamo Facundo, y eso fue un punto importante,
durante toda la ecuación para mi selección como director, tanto para los
ejecutivos de Tondero Producciones, como para los inversionistas que no son
otros más que los dueños de todo YouTube, Google. Bajo un acuerdo único y
exclusivo de distribución global por película por año; formando después parte
del catálogo de Originales Premium de YouTube. ¿Quieren saber la razón? Por
culpa de Netflix, Amazon, Disney, HBO, Apple, Paramount y todos los demás
canales de contenido digital que, en su absurda guerra de precios, no se dieron
cuenta de que al fragmentar el contenido que ofrecían, quitando títulos o
impidiéndolo por el país de uno, no solo hicieron resurgir a la piratería, sino
que además causaron que la gente fuera a buscarlo a YouTube, en donde sí podían
encontrarlo, totalmente gratis, dejando de lado los molestos anuncios. Todo en
un solo lugar. A menos claro que, por una pequeña suma, pagarás para no ver
esos molestos anuncios y pudieras disfrutar de las producciones originales de
la plataforma. Una de las cuales vamos a realizar, aquí y ahora. Así que espero
que se den cuenta de lo importante que es esto para todos los involucrados. Y
que la primera película, de esta larga franquicia cinematográfica que vamos a
realizar, debe de ser un rotundo éxito asegurado. Ahora, ¿tienen alguna duda o
pregunta que quieran hacerme?
—Yo
no tengo ninguna para mí persona. —explicó Dylan con calma, mirando seriamente
a la pequeña niña de 9 años, sentada a su lado— Pero, sin ánimos de ofender a
Silvana aquí presente, ¿acaso no es demasiado joven e inexperta para un
proyecto cinematográfico de tal exigencia?
—Concuerdo.
—dijo Valeria mirando a Silvana con cariño y afecto, sentada justo a su
costado— Aún no he participado en algo tan grande como esto, pero sé cómo
Hollywood trata a los niños y niñas que han participado en producciones así de
demandantes y, por todo lo que he oído y visto, siempre terminan con las vidas
destruidas. Es decir, yo ya desde muy niña, participaba en proyectos de menor
escala, como películas independientes o telenovelas e incluso en musicales en
vivo, que me dejaban exhausta y muy estresada, y no se equivoque, tal y como
dice, hay muy buena química entre todos nosotros, no hay ni una sola persona
aquí que me desagrade, pero me odiaría a mí misma si no hablara y no dijera que
la vida de esta pequeña se puede volver un infierno, si le permitimos
participar en algo como esto.
—Espera
un momento, Valeria. —intervino Zenaida queriendo ver cómo se desarrollaban los
acontecimientos— Puede ser que tengas razón, pero creo que también Silvana
tiene el derecho de dar su opinión sobre el tema, ¿no lo crees?
—Es
cierto. —dijo Silvana mirando tanto a Valeria como a Dylan con mucho aprecio—
Les agradezco mucho a ambos la preocupación que han demostrado hacia mí, pero
esta es una oportunidad única en la vida que, si la dejó pasar, estoy bien
segura de que la lamentaré por siempre. Pero créame que, si en algún momento,
durante los rodajes, me siento exhausta o estresada, recurriré a los dos para
que consuelen y alienten.
—Y
ya creo que lo harán. —dijo Facundo sonriendo al ver cómo Valeria tomaba de la
mano a Silvana, mientras que Dylan le acariciaba la cabeza causando que la
pequeña se sonrojara— Porque en muchas de esas historias ellos son los
protagonistas y tus padres, unos padres que han demostrado tener una muy buena
química entre ambos, tanto dentro como fuera del set.
Todos,
al escuchar eso, aplaudieron y victorearon a la joven pareja que sonrieron con
las caras rojas de vergüenza, hasta que Facundo dio por finalizado el momento
de las risas:
—Bien,
ya fue suficiente. Ahora, por favor, todos préstenme atención: esta es, tal y
como dijo Silvana, una oportunidad única en la vida. Sé que algunos de entre
ustedes, sobre todos los más veteranos, piensan que no vale la pena involucrarse
en un proyecto de semejantes dimensiones, porque como muchos peruanos, se nos
ha metido en la cabeza desde muy pequeños, que lo extranjero siempre será mejor
que lo nuestro. Pero, ¿saben qué? Eso es basura y todos los que estamos aquí
reunidos lo sabemos mejor que nadie. Porque somos actores peruanos y, como
tales, no podemos ni olvidaremos o permitiremos dejar pasar toda nuestra gran
trayectoria fílmica. ¿Quién hizo la teta asustada? Nosotros, ¿Quién hizo el
destino no tiene favoritos? Nosotros, ¿Quién hizo paloma de papel y un largo?
Nosotros, ¿Y quién hará un nuevo multiverso? Nosotros, y nadie más. Además,
¿qué tienen que perder? Si esto resulta ser un fracaso, bueno lo fue, pero al
menos hicimos algo que muy pocos tienen el valor de atreverse a intentar; y por
el otro, si resulta ser un éxito, uno tan grande que sea capaz de codearse cara
a cara contra MCU y DCU, ganaran más fama y fortuna de la que podrían obtener
que participando en más de mil películas, y ya conocen el dicho: “no hay peor
gestión, de la que no se hace” Así que, ¿cuál es su respuesta? ¿Se quedan o se
van?
Al
terminar la reunión, con cada actor retirándose con su correspondiente libreto,
Facundo no podía dejar de sonreír. Las filmaciones comenzarían por la mañana a
primera hora.

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