QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 2 (Prototipo): Una táctica fallida
En
la ciudad de Arica se llevaba a cabo una intensa lucha; cruel y sangrienta,
entre el ejército peruano y el chileno. No solo destacaban el empleo de armas
de fuego, sino también el uso de espadas, escudos, lanzas, hachas, flechas y
diferentes armas góticas creadas por las GIN de los soldados que portaban
armaduras. En ellas se divisaba el emblema de la nación a la que servirían con
orgullo y honor hasta la muerte. Toda esa feroz batalla convirtió al terreno en
un montículo de cuerpos ensangrentados y amputados. Los combatientes no tenían
ni idea de que, a muchos metros de altura, en la atmósfera, un gran helicóptero
militar especial surcaba el cielo. La misión del piloto consistía en llevar a
dos AST al encuentro de una enorme y poderosa aeronave chilena de nombre
Quinul. Esta nave tenía como objetivo lanzar no una sino varias bombas atómicas
a lo largo de la ciudad que estaba a punto de ser derrotada a manos de los
peruanos. Algo que, naturalmente, no podían permitir que ocurriera.
—¿Cuánto
falta? —preguntó el AST, conocido solo por el nombre de Zoe, con un claro aire
de despreocupación, como si creyera que la misión secreta y de extrema
importancia que les fue encomendada, a él y a su pupilo, fuera algo de lo más
habitual—. ¿Ya estamos sobrevolando el objetivo?
—Aún
no, señor —le respondió el piloto, quien observaba con detenimiento los
instrumentos de su cabina—. Pero, según mis datos, en treinta minutos ya
estaremos sobrevolando la aeronave.
—Muy
bien —dijo Zoe después de dar un fuerte bostezo—. Iré a decírselo a Kein.
Procura avisarnos cuando lleguemos al objetivo. Me muero de ganas por estirar
las piernas, respirar aire fresco y machacar algo.
—Sí,
señor —confirmó el piloto, viendo de reojo como Zoe se levantaba del asiento y
se dirigía a la parte trasera de la nave para reunirse con el otro AST que, sin
duda alguna, estaría igualmente deseoso de iniciar la misión que tenían entre
manos.
***
En
una de las dos filas de asientos traseros del helicóptero, que estaban pegados
a la pared del transporte, sentado y metido en sus pensamientos, vestido con
una extraordinaria armadura oscura, al igual que la de su mentor, diferenciados
por el color de la GIN que ostentaban en el pecho, que era roja la de él y la
del otro azul oscuro, cuya diferencia también radicaba en el símbolo Nazca que
usaban, el mayor se representaba con el del mono y el más joven con el colibrí,
se encontraba un atractivo muchacho rubio de ojos celestes, que, tan
ensimismado como estaba, no se percató de la presencia de Zoe, sino hasta que
este le tocó el hombro llamándolo por su nombre.
—Kein,
¿Me escuchas?
—…Zoe,
disculpa, estaba metido en mis pensamientos —se excusó volviendo a un estado de
alerta—. ¿Ocurre algo?
—Solo
quería preguntarte si querías repasar lo que sabemos junto con el plan de
acción; pero ¿qué pasa?, ¿por qué estás tan tenso?
—Es
que… —pensó un momento en decirle que estaba rememorando lo ocurrido durante el
día rojo, cuando aquel chileno mató a sus padres. Pero no quería cargarle de
problemas personales— …como esta misión es muy importante, no he podido evitar
pensar en las consecuencias de fracasar. Eso es todo.
—Te
entiendo, pero no deberías de hacerlo, pensar en eso solo te tensara
innecesariamente —dijo Zoe, sentándose frente a él, en la otra hilera de
asientos, mirándolo con esos ojos grises a juego con el pelo negro— Por cierto,
¿tienes planes?
—¿Planes?
—Sí,
es decir, imagino que tienes en mente algo que deseas realizar cuando todo esto
acabe, ¿no?
—Mmmm…
visitar la tumba de mis padres.
—¿Eso
es todo? ¿No hay algo más?
—En
ralidad no, aunque… —se puso a pensar. No tenia aun pariente o familiar que
quisiera volver a ver, pero si a una moza que fue muy importante para él durante
la niñes— …de hecho, si, si hay una persona con quien me gustaría volver a
reencontrarme.
—¿De
quién se trata? ¿La conozco?
—Lo
dudo. Mucho antes de conocerte, tuve una relación a larga distancia con una
chica, se llama Valeria y la conocí en el Cusco. Y, no sé, tal vez, luego de
esto, pueda volver a verla. Es más, fue un juramento que hicimos luego de
separarnos, pero, de ser ese el caso, no sabría cómo hacerlo apropiadamente.
—Pero,
Kein, es sencillo, solo preséntate ante esa tal Valeria, compórtate como un
caballero y, si está disponible, sal con ella. Eso es todo lo que debes hacer,
nada más.
—Es
que no creo que sea así de fácil, Zoe. Es decir, no sé si con los años sus
sentimientos hacia mí cambiaron o…
—Bueno,
eso no lo sabrás hasta que te reúnas con ella, ¿verdad? Mira, no te compliques
la vida, solo ve, haz lo que tengas que hacer y deja que el resto se desarrolle
solo. Y no tengas más dudas, las dudas nos convierten en cobardes y tú no eres
un cobarde. Ahora bien, ¿hacemos un repaso de la misión?
—Sí,
claro.
—Muy
bien, esto es lo que sabemos… —Usando la GIN, proyectó una gran PV que mostraba
diferentes imágenes de lo que estaba hablando— …nuestros espías nos han
informado que la armada chilena ha movilizado una gran nave de batalla, o mejor
dicho un bombardero de gran tamaño, que porta por lo menos 20 ojivas nucleares,
el lugar de ataque; Arica. Al parecer, el presidente chileno prefiere ver
destruida la ciudad, y convertida en un valle radiactivo, antes que en manos
peruanas. Pero él nos ha subestimado, porque ahora que sabemos esto, vamos a
interceptar la aeronave y destruirla junto con las bombas, antes de que las
expulsen en el centro de la ciudad, donde están combatiendo nuestros soldados.
Este es el plan: cuando sobrevolemos la nave, tú y yo saldremos a su encuentro,
tu esquivaras sus defensas e ingresaras en ella y, ya dentro, causarás todo un
pandemonio. En cuanto mí, activaré mi CTO, podré camuflarme y entrar, sin que
lo noten. Así voy a poder llegar al puente de mando donde está el capitán y
obtener los códigos para activar las bombas nucleares. Con eso hecho, nos
iremos y, desde una distancia prudente, activaremos las bombas que estallarán
en un lugar deshabitado, el espacio, ya que modificaré la trayectoria del
bombardero, ¿tienes alguna pregunta?
—No.
—respondió Kein, sabiendo que no podían sencillamente lanzarles un misil,
debido a que este sería destruido por las defesas de la aeronave chilena,
tendrían que ingresar personalmente.
—Bien,
¿quieres fumar? —preguntó Zoe, sacando un paquete de cigarrillos para luego
tomar uno y lanzarle otro, al darle él un signo de aprobación— Por cierto,
¿sabes cuál es la excusa de Chile para atacarnos?
—Según
nuestros voceros oficiales, que ellos querían apropiarse de nuestros
yacimientos de “Anta”; según los chilenos, que los peruanos éramos una amenaza
tanto para los mismos como para el resto del mundo, por nosotros —se señaló a
él y a Zoe—, y que debían de atacarnos antes que lo hiciéramos. De acuerdo a lo
dicho por el que los gobierna, Ferol, simplemente se adelantaba a lo que iba a
pasar. Al menos eso fue lo que entendí de todo lo que dijo en la entrevista que
le hicieron en la convención de Ginebra. Aquel día. Durante el “día rojo”.
—Sí,
yo también lo vi. Y nuestra presidenta casi se le echa encima de no ser por los
guardaespaldas de ambos.
—No
la culpo.
—Yo
tampoco. Pero, ¿sabes qué? Algo en mi me dice que esta guerra no es lo que
parece. —suspiró soltando el humo— Cambiemos de tema, si todo sale bien con esa
chica, ¿qué planeas hacer después con ella?
—No
lo sé. —respondió tras pensarlo. No le gustaba tratar de cruzar un precipicio
sin antes hacer un puente— Pero, hablando de eso, ¿qué hay de ti? ¿tienes a
alguien esperándote en casa?
—Sí,
tengo un par de chicas esperándome. —contestó sonriendo tras dar una bocanada
de humo momento en el que, por los parlantes del techo, el piloto les informó
de la situación.
—Pishtacos,
ya estamos sobrevolando la aeronave chilena. Voy a abrir la puerta de atrás.
—Lo hizo y el aire, junto con la luz del día, llenó el ambiente— Buena suerte.
—No
necesitamos suerte —dijo Zoe, apagando su cigarrillo y poniéndose de pie, al
igual que Kein—. Nosotros hacemos nuestra suerte. —Ambos se pusieron frente a
la abertura creada— Tú primero, tal y como lo planeamos.
Kein
corrió y saltó hacia el exterior del helicóptero. En el aire hizo que de la GIN
saliera un chorro de nanomáquinas que formaron una magnífica aeromoto negra que
montó y que, tras ponerse el casco, impulsó y manejó al igual que un pequeño
avión en dirección a la colosal Quinul.
***
El
capitán de la magna aeronave Quinul era un hombre orgulloso, cuyo único interés
en la vida era servir a Chile. Sentía tal devoción, que estaba dispuesto a
hacer lo que fuera con tal de lograr la supremacía de la nación a la que tanto
amaba…lo que fuera. Es por eso que había sido seleccionado para esa misión,
porque él era el único que no tendría reparos en sacrificar las vidas de un
buen puñado de soldados, igual de valerosos, con tal de evitar el avance
peruano. Estaba más que decidido a hacerlo y, con eso en mente, no había dejado
de pensar en qué tipo de excusas estaría trabajando el gobierno para encubrir
lo que iba a hacer. Pero dejó de pensar en ello, cuando uno de los operadores
del puente de mando le avisó de algo muy importante.
—Capitán,
algo se aproxima desde arriba.
—¿Desde
arriba? ¿Cómo ha podido engañar a nuestro radar? ¿Qué es?
—Lo
pondremos en pantalla —dijo otro de los operadores.
Activaron
la pantalla principal y todos se quedaron mudos, el objeto que se avecinaba era
nada menos que un AST, inconfundible al portar la característica armadura
oscura. Solo había algo que podían hacer en esa situación.
—¡Apunten
y disparen!
Y
eso hicieron.
***
Le
dieron con todo: balas, misiles y láseres; pero él, al hacer que su aeromoto lo
cubriera por completo como un capullo (al igual que una segunda armadura),
pudo, además de esquivarlos, protegerse de los ataques que le lanzaban e hizo
que la moto fuera rodeada, vertical y horizontalmente, por dos hojas muy
afiladas que rotaban sobre sí mismas. De esa forma se convirtió, al moverse a una
enorme velocidad, en un potente proyectil perforador que, tras chocar contra el
campo de fuerza de la Quinul, logró destruir sin problemas su defensa y
penetrar en el blindaje, pasando por varias capas y recintos, hasta caer en lo
que parecía ser la bodega de la nave. Convirtió su aeromoto en una esfera que
levitaba para analizar la situación, pero la verdad era que no había nada que
analizar. Pronto se vería cara a cara contra los soldados chilenos y lo único
que tenía que decirles salía del cañón de una pistola. Deshizo la esfera, creo
dos M1911 y fue a enfrentar a sus enemigos que terminaron por explotar en una
nube blasfema de sangre y órganos.
***
El
capitán no podía creerlo, nadie en el puente podía. Sus defensas, con un mínimo
esfuerzo, habían sido atravesadas y ahora sus soldados estaban cayendo, todo
por obra de un solo AST. Y de seguro ellos ahora iban a ser los siguientes.
Pero, antes de eso, por lo menos, se aseguraría de cumplir con su misión.
—Hagan
los preparativos necesarios. Voy a lanzar las ojivas.
—Pero
señor, aún no estamos ni en el centro de la ciudad —le dijo uno de los
operadores.
—Eso
ya lo sé, pero no podemos terminar así. Prepárenlas, dispararé ahora.
—Sí,
señor.
Mientras
los oficiales hacían los preparativos correspondientes, miró con odio al AST
del monitor, pensando que por culpa de ese individuo su carrera había llegado a
su fin, pero al menos, antes de morir, cumpliría con su deber. Sin embargo,
algo le llamó la atención: sintió el ambiente frío y escuchó una leve
resonancia que provenía de una de las dos puertas que daba el ingreso al puente
de mando (la de la izquierda). Volteó a mirar y para su sorpresa esta empezaba
a congelarse para luego desquebrajarse; de pronto, vio ingresar a otro AST y
supo que no le permitiría cumplir con su último deseo.
***
Kein
se encontraba apuñalando a un soldado chileno cuando recibió la llamada de Zoe,
este le informaba que la estrategia había funcionado y que lo esperaba en el
techo de Quinul. Se abrió paso, matando a más soldados y salió al exterior
donde fue recibido por este:
—Vámonos,
Kein —le ordenó creando una aeromoto, esta acción fue imitada por el más joven
de los AST—. Aquí ya terminamos —luego ambos entraron al helicóptero de donde
habían salido—. ¿Quieres hacer los honores?
—Sí,
claro. —le respondió recibiendo de Zoe el detonador que activaría los códigos
de las bombas y por ende la haría estallar.
—Bien,
le diré al piloto que nos saque de aquí; tú ya sabes qué hacer.
El
piloto los llevó lejos de la nave y, estando a una distancia segura (con la
puerta trasera aún abierta y el bombardero entrando en el espacio), Kein
presionó el botón del detonador, activando las ojivas atómicas dentro del
Quinul haciendo que, tras estallar, se formara un impresionante hongo
radioactivo en el cielo.
***
El
helicóptero descendió en el centro de la ciudad y ellos fueron recibidos como
héroes por todos los soldados ahí reunidos, sobre todo por el general Rayen.
—Estimados
señores —les dijo el general de ojos morados y cabello negro, saludándolos como
si fueran soldados—. En nombre de todos los presentes, les doy las gracias por
todo lo que han hecho.
—
Gracias, general Rayen. —dijo Zoe, saludándolo de la misma forma— Siempre es un
placer ayudar a nuestras fuerzas armadas, ¿no es así, Kein?
—Sí,
concuerdo —dijo, saludando del mismo modo.
—Por
favor, vengan conmigo a mi tienda. —Les pidió, dando la vuelta—. Tenemos mucho
de qué hablar.
Caminaron
sin prisas a la carpa del general Rayen y, ya dentro, se sentaron ante una gran
mesa electrónica para ponerse al corriente.
—Déjenme
de nuevo darles las gracias por lo que han hecho. No solo nos han ayudado a
asegurar nuestra victoria aquí en Arica, sino que, además le han dado un fuerte
golpe a la moral chilena.
—¿En
serio? —preguntó Zoe con ligereza— ¿Cómo así?
—Al
destruir esa nave con las bombas atómicas, les hicieron ver a todos, cuáles
eran las verdaderas intenciones del presidente chileno respecto a Arica. Y ha
quedado como todo un genocida ante el mundo entero. Y ya pueden imaginarse cómo
se sienten los soldados chilenos al saber que tienen a un gobernarte que, por
una victoria, estaba más que dispuesto a matarlos como si fueran simples perros
callejeros.
—¿Pero,
habría pasado igual si el ataque hubiera sido exitoso? —preguntó Kein, un poco
confundido por esa afirmación.
—Sí
y no, verán, si el ataque hubiera tenido éxito, sencillamente nos hubieran
culpado a nosotros del desastre, tan simple como eso. —explicó Rayen, y Kein lo
miró asombrado— Es simple política, nos echan la culpa para parecer inocentes y
nosotros hacemos lo mismo. Y, al final, solo los de rango más alto saben quién
dice la verdad y quien está mintiendo.
—Y
el asunto, por increíble que parezca, es olvidado a la larga —concluyó Zoe,
estirándose en la silla en la que estaba sentado—. Esa es una de las tantas
razones por las que odio la política.
—Yo
también, pero es la política la que nos ha traído aquí. Y me complace
informarles que, en vista de los resultados obtenidos, se ha decidido proseguir
con el nuevo plan de ataque para conquistar a las demás ciudades, al igual que
se hizo con esta.
—Por
fin, eso es justo lo que quería oír—dijo Zoe con aprobación—, los otros planes
eran un completo fracaso.
—Si
no me equivoco, el fin de estos planes era realizar una guerra de desgaste,
¿verdad? — Kein miró a los dos seriamente—. Para sacrificar lo mínimo y ganar
bastante sin tener que perder a muchos de nuestros soldados. Pero el problema,
con eso, era que tardábamos demasiado. Tanto que, de seguir así, tendrían que
pasar por lo menos tres generaciones para ganar esta guerra.
—Es
cierto. —le respondió Rayen satisfecho con su razonamiento— Ese método nos
retrasaría años y nuestro ministro de defensa, que por fin accedió a cambiar de
estrategia, quiere esta guerra ganada para ayer. Por eso, espero contar con
vuestro apoyo, como ha sido hasta ahora.
—Sobre
eso, General… —intervino Kein— …me temo que no podré quedarme.
—¿No
podrá?
—Antes
de llevar a cabo la misión que involucraba al Quinul, Hiroi me envió un
comunicado explicándome que Loan me requiere para otra tarea en el país. De
hecho, el piloto que nos llevó al encuentro de esa nave tiene órdenes de
llevarme de regreso a Lima, al concluir con esta misión. Lo siento, pero ahora
me iré por unos días. Zoe se quedará aquí para ayudarlo.
—En
ese caso le deseo un buen viaje. —ambos se levantaron y se dieron formalmente
la mano.
—Espera,
Kein. —Le pidió Zoe, levantándose también del asiento—. Antes de que te vayas
quiero mostrarte algo.
Salieron
de la carpa y, siguiendo las instrucciones de Zoe, Kein construyó con sus nanos
una moto oscura que usó para seguirlo a lo alto del Morro de Arica, esto les
ofreció una vista panorámica de toda la ciudad, que de hecho estaba en ruinas
debido a las batallas libradas y ganadas por el ejército peruano en sus calles.
—Dime,
Kein, ¿qué ves? —le preguntó desmaterializando su moto.
—Una
ciudad en ruinas.
—Sí,
yo también veo eso. Pero, también veo una ciudad que, como nuestro país, resurgirá
de sus cenizas siendo mejor que antes. ¿Y, sabes por qué? Porque después de
tantos años, una vez más vuelve a ser nuestra y esta vez no la perderemos. Y tú
has hecho esto posible. Y si puedes hacer algo como esto, puedes fácilmente
ganarte el corazón de una chica. No lo dudes, una vez que todo esto termine,
búscala y enfrenta lo que debes de enfrentar como el hombre que eres.
—Gracias,
Zoe. —le dijo Kein dándole una de las pocas sonrisas que solía ofrecer.
—No
hay de qué, por algo soy tu instructor, ¿no? —le dijo sonriendo de oreja a
oreja, para luego darse la mano en señal de despedida—. Ahora, ve. Estoy seguro
que podrás manejar lo que sea que Loan te tenga preparado ahí en casa.
—¿Vienes
conmigo? —preguntó alejándose de él.
—No,
voy a quedarme a observar el paisaje durante un rato.
Kein
formó una moto, la montó y miró a Zoe una última vez; tenía que ir a enfrentar
el destino, como el hombre que era.

Comentarios
Publicar un comentario