QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 3 (Prototipo): Reuniones


Eran las tres de la tarde, de un miércoles 7 de mayo del año 2345 en Lima. Kein, vestido de civil, bajó del helicóptero que lo dejó en la Base Aérea de Las Palmas para ir de frente hacia una limosina que lo esperaba.

—Buenas tardes, señor Kein —le dijo el conductor que le abrió la puerta del vehículo—. El señor Loan, me mandó a recogerlo para llevarlo cuanto antes a las instalaciones de TRONES.

—Sí, Hiroi ya me lo había contado. —comentó y subió a la limosina para que el chofer se encargara de conducirlo a las enormes instalaciones de la empresa a la que pertenecía y trabajaba desde hacía ya varios meses por brindarle los medios para cumplir con el objetivo por el que se había unido en primer lugar: vengarse del asesino de sus padres, fin para lo que había entrenado tanto en cuerpo como en mente hasta el cansancio. Bajó del auto, le dio las gracias al conductor y fue a reunirse con Loan, quien, según Hiroi, tenía algo muy importante que decirle.

***

Loan, el jefe supremo de los AST y de la empresa más poderosa del mundo, quien usaba el símbolo Nazca de la ballena y cuyas habilidades eran controlar la tierra a su antojo, revisaba algunos documentos clasificados de la compañía. Estaba sentado dentro de la amplia y bella oficina que le correspondía como líder de la corporación ubicada en el piso más alto de TRONES. Vestía un elegante traje de negocios y, mientras fumaba un buen habano cubano, oyó la llamada de Hiroi, la secretaria general de la organización y la informante de los AST. Loan la vio surgir en frente de él, por medio de una PV en la que contempló el rostro de una bella mujer de cabello verde y ojos amarillos, colores que, aunque no lo parecieran, eran completamente naturales en ella. Y eso era porque, muchos años atrás, los genetistas del mundo habían logrado modificar exitosamente el ADN de los seres humanos. Inyectaron a más de un millón de mujeres embarazadas genes modificados que hicieron que nacieran personas resistentes e inmunes a muchas enfermedades conocidas, con cuerpos y mentes perfectas. Aunque de vez en cuando nacían algunos con esas interesantes características, que ya eran vistas como algo completamente normal. No obstante, ella era una excepción, porque no había nacido así, fue fabricada de esa forma por Dika, que, pese a su retiro, seguía siendo la científica principal de la organización y fundadora de la misma.

—Disculpe que lo interrumpa, señor Loan, pero Kein ya está aquí y quiere verlo.

—Bien, déjalo pasar.

—A la orden, señor.

Percibió cómo Hiroi rompía la conexión inalámbrica, desapareciendo de su vista, y, al tiempo que se abría la puerta de su despacho, apagó el habano en el cenicero de la mesa y cerró todas las PV que estaba mirando para poder atender y ver detenidamente al joven que atravesaba el umbral de la puerta, a quien había conocido a principios de abril del año pasado cuando Zoe lo trajo ante su presencia. Sin poder evitar la conversación que tuvo con Dika hacia unos días atrás…

***

…Dika, considera por muchos como la persona más inteligente del mundo, primera AST y creadora de los mismos, cuyo símbolo Nazca era el del árbol, se encontraba sentada frente a él, tras darle un informe confidencial y de extrema importancia. Viéndolo con esos ojos marrones tan penetrantes y fuertes como el cabello pelirrojo de la misma a juego con la GIN morada que ostentaba.

—¿Estás segura de esto? —pregunto Loan, luego de leer el informe—. ¿Precisamente él?

—Sí, estoy segura —contestó con toda seguridad—. Las muestras de sangre concuerdan.

—¿Y por ello crees que él es el indicado para hacer este trabajo?

—¿Quién mejor?

—Es solo que… me parece demasiada coincidencia…

—Yo lo llamaría destino.

—¿Destino? —bufó—. Eso ha sido una piedra en el zapato desde el día en que nos conocimos. Pero lo que realmente me preocupa es como va a reaccionar.

—¿Quieres que te diga cómo? Puedo hacerlo si me concentro lo suficiente.

—No, olvídalo. —respondió tras pensarlo un momento— Eso en realidad no me interesa, además yo ya sé que el aceptará. 

***

…lo que lo llevaba al día de hoy.

—Buenas tardes, señor Loan —le dijo Kein, deteniéndose frente a él y extendiéndole la mano—. Discúlpeme si he demorado un poco, fue por culpa del tráfico, al chofer le fue difícil llegar a tiempo.

—No hay problema, Kein —respondió Loan tras levantarse de su silla y estrecharle la mano—. Por favor, toma asiento. —Señaló una de las dos sillas que estaban al frente del escritorio—. Ahora escúchame ha surgido un asunto que requiere de nuestra atención, y creo que eres el hombre indicado para manejar esta situación… —Comenzó a explicarle, muy detalladamente, en qué consistía el encargo que le iba a dar, usando pantallas virtuales que proyectaba desde una GIN verde: mostró datos, imágenes y vídeos de los lugares y personas que encontraría—. Eso sería todo. ¿Tienes alguna pregunta que quieras hacer al respecto?

—No, señor. Me pondré en marcha inmediatamente.

***

En un cementerio llamado Hodi, Kein pasaba por el edificio de la recepción, caminaba hacia una gran lápida que tenía las imágenes enmarcadas de un hombre y una bella mujer, a las que les habló mirándolas fijamente, no sin antes asegurarse de que nadie, a los alrededores, pudiera escucharlo.

—Hola, ¿cómo han estado? —dijo, colocando frente a la tumba de los dos un gran ramo de rosas rojas muy costosas que había comprado en la recepción, con la seguridad de que ese sencillo gesto de amor de su único hijo, los haría muy felices—. Lo siento, sé que hubieran preferido que viniera antes, pero comprendan esto: al igual que aquella vez que los visité para decirles que me iba con Zoe a convertirme en un AST, aquel día, había terminado por fin con mi entrenamiento y a la mañana siguiente me iban a mandar a Chile a luchar en la guerra, sólo podía verlos una vez antes de irme. Y, ahora, tengo un permiso y voy a aprovecharlo para contarles todo lo que me pasó después de que nos despedimos, aquel día…

Empezó a relatar en voz baja muchas de las cosas que le habían ocurrido desde la última vez que los visitó. Como las misiones que realizó junto con su mentor Zoe en las tierras de esa nación que ahora era su enemiga tras los acontecimientos del “Día Rojo”. No les contó sobre los entrenamientos por los que tuvo que pasar antes y después de la transformación para ser un agente especial de TRONES en los laboratorios subterráneos de máxima seguridad de esa multimillonaria corporación, que lo habían buscado para convertirlo, por voluntad propia, en una de las personas más poderosas del mundo, después de haberlos visto morir a manos de los humanoides dieciocho años atrás, eso ya se los había contado antes de irse con Zoe a luchar en la “Segunda Guerra del Pacifico”.

— …y eso sería todo. Ahora voy al Cusco a cumplir con una misión que me ha encargado Loan. Pero lo que realmente me interesa es que al fin podré reunirme con Valeria, ¿se acuerdan de ella? ¿verdad? Por fin la volveré a ver. Aunque, también debo tener en cuenta la posibilidad de que se haya olvidado de mí o de que me guarde rencor por lo que le hice, o más bien por lo que no hice. En fin, será mejor que ya me vaya, adiós. Y no se preocupen, les prometo que, al igual que hoy, regresaré sano y salvo.

***

En un pasado doloroso, al ver a su madre sucumbir ante la infección gris, una bella niña afroperuana lloraba en un hospital sobre el regazo de su padre. Tiempo después, la misma chica, vestida ahora de luto, atestigua cómo, en un gran cementerio, enterraron a su progenitor muerto en un aparente suicidio. Estaba de pie al lado de Damián, el mejor amigo de sus padres, quien no le soltó la mano sino hasta que el sacerdote dejó de rezar.

—Valeria, tu padre me pidió que cuidara de ti —le dijo después de quedarse solos en el cementerio—. Y es justamente lo que voy a hacer de ahora en adelante.

En el presente, dentro de un complejo de apartamentos que recibía el nombre de Namat, en una habitación del quinto piso y debajo de las blancas sábanas de la suave cama de su dormitorio, la misma muchacha, convertida ahora en una agraciada jovencita, se despierta al sentir la ligera vibración de la GIN, que le marcaba las 5:00 a.m., hora en la que debía despertar para irse a trabajar a la principal y más grande Comisaría de la ciudad del Cusco. Se sienta en la cama, le ordena a la gema que detenga la alarma y se estira para iniciar la rutina diaria que se había impuesto, no sin antes mirar la foto del cuadro que estaba sobre la mesita de noche, en la que se veía como una chiquilla muy feliz, de pie junto a sus padres, que sonreían al lado de ella, al igual que Damián, quien estaba más atrás. Les sonríe y se levanta, como siempre, con los ánimos renovados.

Primero tiende la cama y luego se quita el pijama azul, con ayuda de la GIN. Se desnuda, revelando un cuerpo bien formado y lleno de curvas, para después darse un baño de agua caliente. Cuando sale, tras secarse, se detiene frente a un espejo de cuerpo entero y se viste el uniforme de trabajo con una sola orden mental dada a la gema, de la que sale un chorro de nanos que, al combinarse entre sí, forman el típico traje azul de los miembros de la policía. Al terminar se encamina a la cocina, en donde encuentra a Damián, un hombre de ojos azules y pelo negro que está terminando de poner la mesa.

—¿Qué tal, Valeria? ¿Dormiste bien? Siéntate. Tengo una noticia muy importarte que darte.

***

Ya era un nuevo día y Kein, descansaba en uno de los asientos del tren bala que había salido de la estación Juden, repasaba, mirando el paisaje natural, que contrastaba con el panorama altamente tecnológico de las ciudades, lo que tendría que decirle a Valeria cuando se reencontrara con ella, después de tantos años sin verla. Paralelamente, rememoraba el día en que la conoció.

Ahí estaba él, de niño, interpretando la canción Clair de Lune que le había enseñado su madre, en el piano del salón de música de la escuela Verney, a la que había ido junto con otros estudiantes, a competir contra los alumnos de esa institución en diferentes disciplinas; instancia que aprovecharon para ver y conocer juntos los lugares turísticos del Cusco. Terminó de tocar la melodía y se fijó en una hermosa niña negra de pelo negro y ojos color violeta que lo veía con gran interés desde la puerta del aula.

—Tocas muy bien.

—Gracias.

—¿Crees que podrías… —la chica se le acercó con una tierna sonrisa en el rostro— enseñarme a tocar el piano?

—Sí, ven, toma asiento —afirmó Dylan, permitiendo que se sentara en la banca para darle lecciones comenzando por el Étude Op. 10, No. 3 (Chopin). Desde aquel día forjó una fuerte amistad con ella, que se intensificó hasta el día en que tuvieron que despedirse. Le prometió, como suele suceder en las telenovelas, estar en contacto y volverse a ver, pero el problema radicó en que, tras lo acontecido en el metro, rompió esa relación por dos motivos: no saber cómo afrontar lo ocurrido y porque se habían distanciado demasiado. Por lo que ese reencuentro lo hacía sentirse muy nervioso; quería que pasara, pero en mejores circunstancias. No por una misión. Dejó de mirar el exterior y se puso a leer las noticias.

Ordenó a sus nanos que le mostraran las noticias escritas y video-grabadas del Ciber-Inca y una PV apareció con la página web del periódico.

«Para estar al día sobre todo lo que ocurre en el Perú y el mundo pague tres cibersoles».

Seleccionó «aceptar» y el texto fue reemplazado por otro.

«Escriba el nombre de usuario y la contraseña correspondiente para realizar la operación».

Así lo hizo y apareció un nuevo mensaje.

«Los datos que ha introducido son válidos, tres cibersoles han sido extraídos de su cuenta bancaria. Bienvenido, señor Kein. Le deseamos un buen día».

La PV se llenó con muchos titulares de diferentes tipos y contenidos, pero a él solo le interesaron los más importantes.

«Naira le niega a Állitos su pedido de proseguir con la carrera armamentista en el país».

Seleccionó la noticia y la PV se atiborró con toda la información del tema.

«El Ministro de Defensa, Állitos, le ha solicitado a la Presidenta Naira más presupuesto para continuar la guerra contra Chile y sus aliados, pero ella se lo ha negado, expresando su deseo de iniciar los tratados de paz entre nuestras naciones que llevan dieciocho años en conflicto».

Los dos aparecían en diferentes fotografías grupales tomadas en la reunión política que tuvo lugar en la capital del Perú. Naira, una encantadora mujer de cabello oscuro y ojos marrones, aparecía en muchas de las imágenes con un rostro serio pero gentil, que disentía con el perfil nada amable de Állitos, un hombre de cabello negro y ojos grises que estaba, al igual que ella, junto con otros políticos, todos sentados alrededor de una gran mesa ovalada que era usada para ese tipo de reuniones especiales.

«Esto fue lo que ocurrió en la reunión, que se realizó en Palacio de Gobierno para discutir sobre los diferentes problemas por los que atraviesa el país. En el que participaron diversos políticos y figuras importantes, entre ellos Loan, dueño de la megacorporación TRONES y exesposo de Naira».

Loan estaba sentado al lado de Naira, conversando con ella sobre diversos asuntos políticos y económicos. Állitos, junto con el resto de políticos, hacía lo propio.

«Nuestra presidenta nos ha concedido una pequeña entrevista privada para hablarnos sobre el porqué de su negativa y de su deseo de hacer la paz pese a la fuerte oposición de ministros como Állitos, que afirman que eso equivaldría a rendirse ante un país que nos atacó injustificadamente y que haría que toda la sangre derramada por la patria hubiese sido en vano».

Una foto tomada después de la reunión la mostraba a ella sentada en su formal oficina con los brazos sobre la mesa y las manos entrelazadas.

«Respeto a los ministros como Állitos y a sus fuertes deseos de que ganemos esta guerra que nos ha cobrado tantas vidas injustamente a lo largo de los años, pero no podemos vivir en el pasado ni guardar rencores hacia una nación que, sencillamente, se encontraba obedeciendo las órdenes de un loco fascista. Tenemos que ser mejores personas y pensar en el futuro de nuestros hijos, un futuro que no conoceremos si gastamos todos nuestros recursos en una guerra que lleva demasiado tiempo sin llegar a un final; y si queremos llegar hasta ahí, tenemos que actuar con el ejemplo y dar el primer paso hacia la reconciliación, una que, les prometo, concluirá con el encarcelamiento y ejecución del responsable de todas estas atrocidades».

Kein pudo notar, en otra fotografía, que a Állitos se mostraba alterado y cansado tras irse de la reunión, de seguro por las órdenes de la señora presidenta.

«Y, en cuanto a Állitos, él no ha dicho nada sobre el asunto, pero…».

Terminó de leer la noticia y buscó otros titulares.

«La cura definitiva para la infección gris al alcance de la mano».

Lo seleccionó y leyó con mucha atención al tener relación con la guerra.

«Enera, dueña de la FECEDI, nos habla sobre la infección gris y las píldoras MACO, un remedio que promete ser la cura definitiva contra esta enfermedad…».

La líder de la empresa farmacéutica más importante del país se dejaba ver, en la foto del artículo, como una mujer de cabello y ojos oscuros que se mantenía de pie detrás de un atril, sosteniendo, con ambas manos, un paquete que contenía píldoras MACO. Mientras, hablaba por un micrófono de diadema.

«Como es sabido por todos, la enfermedad comúnmente denominada “infección gris” es un mal ocasionado por nanomáquinas en mal funcionamiento, que destruyen nuestras células humanas. Esto causa que nuestros cuerpos se debiliten y que aparezcan manchas grises por toda nuestra piel, acompañadas por una interminable tos que nos hace escupir sangre. Y, salvo que soportemos el, hasta ahora, largo y tedioso tratamiento para curarnos, morimos en dolorosa agonía. Pero luego de muchas investigaciones, mis científicos, han desarrollado un procedimiento rápido y efectivo contra este mal, las píldoras MACO que contienen un conjunto de antinanomáquinas configuradas para buscar y suprimir a las nanos que infecten nuestro organismo con este virus y que…».

Interrumpió su lectura cuando el conductor del tren les dio un importante comunicado.

—Señores pasajeros, ya estamos en la estación de trenes Traded. Por favor, no olviden bajar con todo su equipaje a la mano. Les deseamos un buen día.

Kein miró por la ventana y vio que iba a ser recibido por el jefe de policía del Cusco y por Valeria. Tomó una gran bocanada de aire y salió a su encuentro rezando para que ella, a quien consideraba la mujer más bella del mundo, lo tuviera aún en su corazón.

***

Damián llevaba a Valeria en auto, rumbo a la estación Traded, sin que ella dejara de pensar en lo que él le había dicho esa mañana, durante el desayuno…

—¿Un Pishtaco viene hacia aquí? ¿A la capital del Cusco? —preguntó ella muy sorprendida, dejando el pan a medio comer sobre el plato de la mesa para mirarlo con los ojos muy abiertos, tras escuchar la noticia que le dio Damián—. ¿Precisamente a reunirse contigo?

—Es increíble, ¿verdad? —le dijo Damián, sonriendo levemente al ver su expresión de incredulidad para luego continuar untando mantequilla en la rodaja de pan que tenía entre las manos—. Aunque no me dijo el porqué, simplemente me comentó que era algo de extrema importancia y que el Pishtaco me lo explicaría todo en cuanto nos reuniéramos, el mismísimo Loan me llamó ayer por la tarde diciendo que me enviaría a uno de sus agentes especiales y, aunque ya sabes lo que pienso de los AST, no hubo razón alguna para negarme. —Dejó el cuchillo para untar en la mesa—. No te lo pude decir antes porque al regresar de tu ronda estabas muy cansada, pero quiero que sepas que hoy por la mañana, según lo que me dijo Loan, tengo que recibirlo en la estación de trenes Traded. —Se llevó el pan a la boca, pero se detuvo antes de comerlo—. Si quieres puedes venir conmigo para que veas y hables un poco con el Pishtaco. —Comió la mitad de la rodaja, la tragó y levantó una de sus cejas con una ligera sonrisa en el rostro—. ¿Tienes alguna pregunta?

—No, no tengo ninguna —respondió Valeria, sin salir aún de su asombro. Porque ella, si bien compartía la opinión de su padre acerca de ellos, no por ello no reconocía los grandes servicios que hicieron durante la Tercera Guerra Mundial o su apoyo incondicional en los casos más importantes de la policía y el ejército. Por eso un atisbo de emoción se hacía presente en su rostro; tendría la increíble oportunidad de conocer a uno de verdad.

—¿Te encuentras bien, Valeria? —le preguntó Damián, sacándola de sus recuerdos—. Has estado muy callada desde que salimos.

—Es solo que… no dejo de pensar en por qué nos estará mandando Loan a uno de sus agentes. Es decir, ellos solo intervienen en asuntos muy importantes y, si ese es el caso, debe de haber una razón extraordinaria detrás de todo esto. ¿Crees que tal vez lo hayan mandado para ayudar a dar con los desaparecidos o viene a cazar a Medardo?

—Todo es posible, Valeria. —dijo Damián, doblando en una esquina para luego seguir todo recto hasta llegar a la amplia y bien diseñada estación de trenes Traded—. Pero de nada servirá que nos estemos quemando los sesos para llegar a una posible respuesta. Además, sea cual sea la razón, la sabremos tarde o temprano. Incluso si es algo que se tiene que hacer dentro de la comisaría —estacionó el auto y apagó el motor—. Por cierto, ¿te he dicho cómo se llama el agente?

—Aún no.

—Es un joven solo un poco mayor que tú, se llama…

***

—¿Dylan? —preguntó Valeria, aproximándose al atractivo rubio que había caminado hacia ellos para presentarse—. ¿En serio eres tú?

—Sí, Valeria. Soy yo. Sé que me veo diferente, es decir antes no era rubio ni tenía los ojos celestes, pero eso es debido a las nanos que me han cambiado el aspecto para ocultar mi identidad. Además, como ya se te ha dicho ahora se me conoce por el nombre de Kein. —Se miraron en silencio—. Estoy feliz de verte de nuevo.

—Papá, estaré en el auto —dijo mirando al AST con anhelo para después dar la vuelta e irse.

—Está bien, Valeria —respondió Damián, mientras dirigía su mirada hacia el joven—. Veo que ambos tienen una historia. —El AST no dijo nada y se mostró algo incómodo—. No te preocupes, no voy a preguntar qué ha pasado entre los dos, pero espero que puedan llevarse bien mientras me cuentas la razón por la que Loan te ha mandado a mi ciudad. ¿Nos vamos?

Salieron de la estación y cuando los tres estuvieron en el auto se dirigieron a la Comisaría Equiros; se creó un penoso silencio que fue roto al final por Valeria.

—Papá, ¿puedes dejarnos en el parque Omeris?

—¿En el parque Omeris? ¿Por qué?

—Mira, sé que tienes que trabajar con Dy…digo con Kein, pero, si no te molesta, quisiera hablar un momento con él a solas. Por favor, déjanos ahí, en el parque.

—Está bien. Estoy de acuerdo. Pero ¿tú qué dices, Kein? ¿Quieres hacerlo? —miró por el espejo retrovisor al joven AST, que tenía una decidida mirada en el rostro.

—Sí, sí quiero hacerlo, señor —afirmó este, sin atisbo de duda.

—Iremos, pues —convino Damián, cambiando de ruta con la convicción de que aquello era lo mejor para que ambos arreglaran el problema.

—Sígueme, Kein —le ordenó Valeria al AST, que obedeció sin decir nada y salió del auto para caminar con ella por el parque.

—Tómense todo el tiempo que necesiten.

***

—Kein, ¿recuerdas este lugar? —le preguntó Valeria, que lo había dirigido hacia una carpa blanca del parque que los llevó a rememorar el pasado, cuando solo eran unos niños ignorantes de la acritud del mundo en el que vivían, en donde le preguntó: —¿En serio te tienes que ir? —se lamentó ella con tristeza en el rostro.

—Sí, tengo que hacerlo —respondió él igualmente apenado—. Ya finalizó la competencia de nuestras instituciones e hicimos todas las visitas que teníamos que hacer a los diferentes lugares turísticos del Cusco. Es hora de irnos. Me voy temprano por la mañana.

—En ese caso, te daré un regalo de despedida —le dijo ella, acercándose para darle un profundo beso en los labios—. Mi primer beso, para que siempre estés en contacto conmigo. ¿Lo prometes?

—Lo prometo —dijo, sin dudarlo en ese entonces y para decirle a la ahora ya crecida Valeria, que le reprendia con la mirada: —. Sí, lo recuerdo.

—¿Y por qué no cumpliste con tu promesa?

—Porque no sabía cómo decírtelo.

—¿Decirme qué?

—Que mis padres habían sido asesinados frente a mis ojos… —le relató lo acontecido en el metro Mesdos, haceía dieciocho años, Valeria no pudo hacer más que mirarlo asombrada— …después de eso fui a parar a un orfanato, ya que nadie quería ocuparse de mi. No te lo dije porque, más que nada, no quería aceptar esa realidad. Me convencí de que todo aquello era una pesadilla y que, al despertar, mis padres seguirían con vida. Pero cuando acepté por fin lo que me había pasado, ya habías dejado de llamarme y no tuve el valor de decirte lo ocurrido. Lo siento, Valeria. Sé que debí de habértelo dicho, es más tuve que haber buscado a alguien con quien compartir mi dolor, pero solo me encerré en mí mismo. Fue algo muy estúpido de mi parte y no te culparé si decides odiarme por lo que hice.

—No te odio, Kein. De hecho… —dijo caminado hacia él para luego acurrucarse en su pecho— …estoy feliz de que estés aquí.

—Valeria…

—Abrázame —le pidió—. Siempre temí lo peor, como no respondías a mis llamadas, llegué aceptar el hecho de que habías muerto junto con tu familia el día de la invasión. Después de todo aparecieron sus nombres entre las víctimas del ataque. Me dolió mucho, pero aun así decidí seguir adelante. Sin embargo, ahora apareces de nuevo en mi vida, como un fantasma del pasado, convertido en algo que no apruebo pero que respeto, que ha venido precisamente aquí para realizar una misión secreta. Sinceramente, no sé si reír o llorar.

—Valeria, yo…

—¡Kein!… —le interrumpió dándole un profundo beso; mientras que las lágrimas se le escapaban de los ojos— …Quiero que me lo cuentes todo, de principio a fin. Sin que omitas nada. Pero antes tienes que terminar tus asuntos con mi padre y después de eso hablaremos.

—De acuerdo —concordó limpiándole las lágrimas.

—Por cierto, cuando termines con tu misión, ¿te irás?

—No, al terminar con mi misión me quedaré aquí, contigo, todo el tiempo que quieras.

—Esa es la mejor noticia que has podido darme. Vámonos, mi padre nos espera —dijo, tras besarse un poco más.

Damián los esperaba apoyado de espaldas en la puerta del auto. Les sonrió al verlos llegar tomados de la mano.

—Puedo ver que solucionaron sus problemas —señaló, lanzando una mirada a sus manos entrelazadas.

—De la mejor manera —respondió Valeria con una cálida sonrisa.

—Estoy feliz por ustedes. Ahora los dejaré para que puedan hablar a gusto. —rodeó el auto y abrió la puerta del conductor.

—Pero, señor, ¿qué hay sobre el asunto que tenemos por discutir? —preguntó Kein, con sorpresa, al verlo entrar en el vehículo.

—Kein, un hombre debe tener prioridades y ahora tu prioridad es pasar tiempo con mi hija; además, podemos ocuparnos de eso en otro momento. Adiós.

Dicho esto, Damián arrancó el auto y se fue a la Comisaría; en tanto, ambos lo seguían con la mirada.

—Kein, ¿tienes dónde quedarte a pasar la noche?

—No, pero pensaba hospedarme en algún hotel cercano a la estación de policía.

—¿Y por qué no te hospedas con nosotros? Tenemos un cuarto de huéspedes y estoy segura de que a mi padre no le importará en lo más mínimo. ¿Qué dices? ¿Te animas?

Kein no lo pensó demasiado.

***

Desde una ubicación secreta, oculto con un CTO, un misterioso individuo de cabello violeta y ojos marrones espiaba a la joven pareja, en el más estricto secreto, vigilándolos por medio de unos modernos binoculares, como si se tratase de una sombra proyectada por ellos.

***

Ambos caminaban hacia los apartamentos Namat conversando animadamente. Kein le contó muchas cosas referentes a los AST, le dijo que obtenían sus poderes gracias a nanos especiales y únicas que los hacían más fuertes, rápidos y resistentes que cualquier humano ordinario, además les concedían el poder de trabajar sin la necesidad de algún chip, puesto que le daban a la GIN la habilidad de crearles cualquier cosa que quisieran según las órdenes que les dieran. Por ejemplo, un uniforme que era igual para cada agente y que se adaptaba a la forma corporal. Las nanos de las gemas ayudaban en todo, aunque también recibían mucha ayuda por parte de Hiroi. Si había algo más que añadir, era que estas podían absorber la energía del ecosistema en el que estaban acorde al elemento que controlaban y que los hacían inmunes a cualquier gas o sustancia, sin importar cuan fuerte sean.

—Vaya, supongo que eso era de esperarse —dijo Valeria ataviada ahora con ropa de civil—. ¿Y cómo es el proceso de trasformación?

Le contó que fue más sencillo de lo esperado, tras terminar con el entrenamiento, Dika, quien lo había supervisado, hizo que se desnudara en medio de una plataforma y que bebiera el liquido oscuro de una taza ceremonial, que no era otra cosa más que las dichosas nanomáquinas. Las cuales, al entra en él, lo durmieron. Y, estando inconciente, se fucionaron tanto con su cuerpo como con su GIN, mejorándolos a los dos en todos los sentidos posibles. Fue así como su gema obtuvo ese color rojiso tan característico. Para, minutos después, despertarse como un nuevo ser.

—¿Eso fue todo?

—Sí. Pero, lo más interesante, es que tuve un sueño en donde me reencontré con mis padres.

—¿De verdad? ¿Cómo fue ese sueño?

—Estaba solo en una sala, de nuevo era un niño y me encontraba tocando el piano. Cuando me di cuenta, mis padres estaban detrás de mí. Me volteé y les dije lo culpable que me sentí por la muerte de los dos. Pero, ambos, me abrazaron y me dijeron que no desperdiciara el regalo de vida que me habían dado. Desde entonces no he vuelto a sentirme culpable.

—Y no deberías, nada de eso fue culpa tuya.

—Gracias por decírmelo.

—¿Qué hay de tu entrenamiento?

—Me enseñaron diferentes artes marciales y técnicas de guerra y de espionaje, pasé por diferentes simulaciones. Luego, cuando ya era un agente especial en regla, me hicieron pelear contra Zoe…

Eso hizo que Valeria se imaginara a Kein de pie, en medio de una gran sala, vestido de pies a cabeza, con la característica armadura oscura de los agentes, bajo la atenta mirada de Loan.

—Lo has hecho muy bien, Kein —lo felicitó el jefe de TRONES desde las ventanas de la parte superior de la sala—. Haz pasado por todas las pruebas y simulaciones con éxito, pero ahora, para que pongas a prueba todo tu potencial, vas a enfrentarte a un Pishtaco —tronó los dedos y una puerta oculta en la sala se abrió dejando entrar a un agente especial—. ¡Empiecen!

El desconocido creó, en uno de sus brazos, una ballesta de la que salió un buen puñado de flechas oscuras que iban dirigidas a Kein, él formó un escudo y pudo correr al encuentro del desconocido para protegerse de los disparos que al incrustarse en la defensa que creó, comenzaron a congelar el escudo. Sin dudar lo tiró hacia el agente, lo cortó en múltiples pedazos gracias a que usó un gran y filoso cuchillo-sierra que construyó para ese fin. Pero los restos del escudo explotaron y la onda de choque hizo que el desconocido perdiera el equilibrio y se viera obligado a inclinarse y dar una voltereta hacia adelante. Una situación óptima para que Kein, al crear una espada-sierra, llegara hasta él y le propinara un certero espadazo que el desconocido pudo contener gracias al arma que había creado con anterioridad y a otra igual que construyó en ese preciso instante. Ambos midieron sus fuerzas, con el piso resquebrajándose por el impacto del golpe, hasta que, de forma increíble, el desconocido hizo que desde el suelo emergiera un pico de hielo entre ellos. Lo que obligó a Kein a alejarse de él, pero eso no era todo, sorpresivamente comenzaron a salir numerosos picos del suelo que lo forzaban a retroceder hasta que el desconocido le tiró un potente chorro de agua que salió de sus manos y que se encargó de rodearlo con el líquido cristalino hasta que se vio dentro de una enorme burbuja que se congeló, dejándolo atrapado en el hielo, a merced del desconocido, sin posibilidades de moverse ni de defenderse. Aunque eso duró poco tiempo, pues, pudo romper la esfera al aumentar la fuerza de sus músculos y, ya libre, contraatacó con doce colibríes eléctricos que, al crearlos, volaron a una velocidad increíble hacía su contrincante quien no pudo reaccionar con la suficiente velocidad como para escapar y evitar que ellos estallaran junto a él, estrellándolo en el piso. El desconocido quedó severamente dañado, al igual que Kein, pero, pese a las lesiones, ambos se levantaron y, volvieron a crear sus armas, corrieron para atacarse una vez más con ellas hasta que el líder de los dos, sintiéndose satisfecho al verlos tan diestros, pensó que ya era suficiente.

—¡Alto! —les ordenó Loan en vista de esto—. Esa ha sido una excelente muestra de habilidades —los aplaudió—. ¿No lo crees así, Zoe?

—Completamente, señor —dijo Zoe, quitándose el casco que reintrodujo en su armadura, revelando el rostro de un hombre joven de 27 años—. Y creo que Kein ya está listo para tener su primera misión conmigo en el campo de batalla.

Puso la mano en su hombro y le sonrió ampliamente

—Sí, también pienso lo mismo. Kein, ve a descansar y a ocuparte de tus asuntos, que mañana por la mañana irás a Chile junto a Zoe, tienen que realizar una serie de misiones. El general Rayen ya les informará sobre lo que deben hacer una vez que se encuentren ahí.

—¿Pero qué tienes que hacer en el Cusco? —preguntó Valeria, volviendo a la realidad, sin haber olvidado la conversación que tuvo con Damián en el auto—. Kein, ¿por qué te han mandado acá y que es lo que tienes que hablar con mi padre? ¿Crees que puedas decírmelo?

—Eso… es algo que prefiero discutirlo más adelante, no ahora; pero te aseguro que a ambos se los diré en su momento.

—…Entiendo… pero, cambiando de tema, Kein, quisiera saber algo, ¿tú buscaste ser parte de TRONES o ellos te buscaron a ti?

—Ellos me buscaron a mí.

—¿En serio?, ¿y cómo fue?

—Bueno, era un día como cualquier otro, hasta que el director del orfanato me llamo a su despacho. Fui y los encontré a los dos sentados, conversando. Ahí es cuando le conocí.

—¿Y qué impresión te dio?

—Que era un tipo relajado, aunque inteligente. Sabía qué decir y qué no decir acorde a la situación. Fue él quien me dijo que había sido seleccionado para ser un Pishtaco, porque poseía las características necesarias para serlo; pero me advirtió que cada agente tiene un botón de supresión.

—¿Un botón de supresión?

—Un seguro en caso de que nos rebelemos y decidamos hacer lo que queramos con nuestras nanomáquinas. Todo Pishtaco lo tiene, incluso Dika y Loan. Y ese seguro siempre ha estado en las manos de nuestro actual presidente, en esta ocasión en las de Naira. Ella puede matarme, si así lo desea, con solo presionar un botón.

—Pero ¿nada de eso te molestó?, ¿acaso no tuviste miedo al aceptar ser uno de ellos bajo esa condición?

—Al principio, si me preocupó un poco, pero estaba decidido. Y no fue necesario que Zoe o el director del orfanato, que no paraba de decirme que aquella era una oportunidad única en la vida, me convencieran. Yo tenía un objetivo muy claro y convertirme en un AST era la única forma de lograrlo.

—¿Y cuál es? ¿Por qué te uniste a ellos en primer lugar?

—Por venganza —dijo tras estar un rato en silencio—. Mira, Valeria. La verdad es que ya me cansé de hablar sobre mí. ¿Qué tal si ahora me cuentas cómo te ha ido a ti todo este tiempo que estuvimos separados?

—…Bueno… está bien.

Invirtieron los roles y ahora era ella quien le contaba cómo le fue tras su despedida, comenzó por lo ocurrido con sus padres biológicos (sin entrar en detalles), la adopción, los días en la academia de policía y como, gracias a su padre adoptivo, terminó siendo una oficial de parquímetros. Aunque claro, ella ya estaba decidida a ser una policía de verdad. Valeria le contaba todo esto cuando pasaron por una tienda de nombre Quinela la cual vendía diferentes artículos decorativos, entre la exhibición destacaban unos hermosos animales de peluche; ella los vio con anhelo y esto no pasó desapercibido para Kein.

—¿Quieres que te regale uno?

—¿En serio lo harías?

—Sí, te compraré uno. Puedes escoger el que quieras.

—¡Gracias!

Entraron en la tienda, de inmediato Valeria eligió uno que le pareció muy bello, pagó por el peluche a la cajera, y, cuando Kein se disponía a entregárselo, ingresaron bruscamente cuatro individuos enmascarados que portaban armas de fuego y se disponían a usarlas.

—¡Que nadie se mueva! —dijo uno de ellos, que disparó al techo, asustando a los civiles—. No se preocupen, estamos aquí para hacer una pequeña «chamba» y después de eso, nos iremos. —Se les acercó y puso el revólver que tenía contra la cabeza de Kein—. Nada personal, chico, pero tenemos órdenes de matarte.

Nunca tuvo la oportunidad, sorpresivamente, Kein le cortó la mano con un gran cuchillo militar que creó, para luego sostener el arma en el aire y usarla para disparar, a los tres delincuentes, certeras balas en la cabeza. Solo quedó en pie el de la mano ensangrentada, que de solo un disparo en el hombro tiró al suelo.

—¿Quién los envía? —preguntó Kein, acercándose al criminal sin dejar de apuntarle con el arma—. Nos han estado siguiendo desde la estación de trenes y quiero saber quién les dio la orden de atacarme.

—Un… un hombre enmascarado —le respondió el delincuente, poniendo la mano que le quedaba en son de rendición—. Nunca nos dio un nombre, pero nos ofreció armas y dinero si hacíamos esto. Ese maldito nos dijo que eras un testigo que debía morir por órdenes de sus superiores y nosotros accedimos. Nos metió en su auto, nos dio estas máscaras y nos condujo hasta la estación de trenes, en donde te reconoció porque ibas con el jefe de la policía. Te seguimos hasta aquí, nos ordenó atacarte y nos dijo que nos esperaría en el auto, pero ese desgraciado seguramente ya se fue. Eso es todo lo que sé, ¡lo juro!

—Gracias por la información —dijo Kein que hubiera matado al delincuente de no haber sido por Valeria que le alzó el brazo hacia arriba, ocasionando que errara el tiro.

—¿Pero qué haces? —Pregunto claramente molesta—. ¡Ibas a matarlo!

—Claro que iba a matarlo, es mi trabajo. —explico con total normalidad mirándola extrañado; acto seguido se fijó en el arma que tenía en la mano—. Estas armas —le explicó a su compañera—, al igual que esas máscaras, no están hechas por nanomáquinas y están muy bien construidas, al punto que no pueden ser rastreadas. No hay más huellas que las de ellos. Cualquier persona, con las herramientas y los conocimientos necesarios, pudo haberlas fabricado y puesto a disposición de la gente en el mercado negro, sería una pérdida de tiempo tratar de encontrar al contratista de estos sicarios por medio de ellas. Tendremos que pensar en otra estrategia. —Dejó el arma en el mostrador, agarró el peluche que estaba en frente de la cajera, que estaba blanca del susto, y quiso dárselo a Valeria—. Vámonos, ya llamé a la policía para que se ocupen de este criminal y de lo quedan de sus compañeros. Ten.

—Olvidado. Ya no lo quiero. —sentencio ella saliendo molesta del local.

—Valeria… —dejó el peluche y fue tras Valeria—. Quédese con la compra. —la alcanzó rápidamente e intentó tomarla de la mano— Espera… Valeria… yo…

—Kein, eso que hiciste no estuvo bien. —le reprendió con las cejas fruncidas dándose la vuelta para encararlo librándose de su agarre— No puedes estar matando a la gente a diestra y siniestra, no importa que seas un AST. Eso no te da derecho a asesinar a la gente a sangre fría.

—Pero el tipo era un violador y asesino en serie.

—¿Qué?

—Permíteme explicarte, como AST, una de mis habilidades es el escaneo. Del ambiente, los objetos o las personas, además mi visión puede atravesar diversos tipos de capas sean orgánicas o inorgánicas. Y, gracias a eso, pude escanear a esos rufianes y saber sus identidades, mas sus antecedentes, pese a que portaban máscaras. Por eso es que me enteré que todos ellos eran maleantes de la peor calaña y que habían logrado escapar de la justicia en varias ocasiones, y no quería que eso volvía a ocurrir. Y, por favor, no te equivoques, concuerdo contigo, pero en este mundo hay gente que no puede pertenecer a la sociedad, simplemente porque no quiere ser parte de ella. Además, ya conoces el dicho: “muerto el perro se acabó la rabia”.

—Muy bien. —dijo ella tras pensarlo un momento— Pero, dime, si sabías que nos estaban siguiendo, ¿por qué no nos lo dijiste?

—No estaba seguro. Por un momento pensé que podría ser una simple coincidencia, pero cuando fuimos al parque y vi que un auto que no mostraba a los pasajeros se estacionó cerca, supe que nos estaban siguiendo. No te lo dije porque temía que nos escucharan, y se me ocurrió entrar a una tienda, avisarte de esto, fingir que iba al baño y encargarme de ellos. —Ella lo miró más enojada que antes, poniendo las manos en las caderas con fuerza—. Lo siento, no quería que las cosas salieran así.

—Está bien —dijo Valeria suspirando, ya cansada de tantas sorpresas—. Tal vez yo también hubiera hecho lo mismo, pero supongo que debo acostumbrarme, después de todo mi novio es un Pishtaco. —Le cogió de la mano—. Ven, vámonos, quiero que lleguemos al apartamento para que comamos algo y podamos seguir con nuestra conversación.

***

—¿Qué pasó, Sate? —preguntó el enmascarado a su compañero por medio de una llamada; mientras que conducía un auto con un color, forma y número de placa ya cambiados—. ¿Los mató? ¿O ellos lo mataron a él?

—No, Talen. El chico es un verdadero AST. Los asesinó a todos —le contestó Sate con desdén—. Pero eso ya no importa, me comuniqué con Xalpen y me dijo que Keyaisl y Sanu tendrán que hacerlo.

—¿En serio? —cuestionó Talen, quitándose la máscara para revelar el rostro de un hombre rubio y de ojos negros que estaba algo sorprendido por esa decisión, porque aquello iba en contra del plan original que se había orquestado—. Si el Pishtaco llegara a presentarse en el banco las dos podrían estar en graves problemas, y se supone que soy yo el que se tiene que enfrentar al agente de TRONES, no ellas.

—Lo sé, pero órdenes son órdenes. No tenemos más opción que obedecerlas. Ponte en marcha y deshazte del auto, tenemos mucho trabajo por hacer. Ya comprobamos la capacidad del joven y de lo que es capaz.

***

Ailen, una mujer de cabello marrón que armonizaba con sus iris rojos, trabajaba de forma rutinaria en el escritorio del despacho que le pertenecía por ser la subjefa de la policía. Lo que significaba que, además de ser el puente entre los empleados y el jefe, era también la secretaria de Damián razón por la que ambas habitaciones, tanto la suya como la de él, estaban conectadas. Algo que apreciaba, más cuando los dos tenían una relación que iba más allá de lo profesional. Y que tenían que mantener en secreto, por obvias razones. Pero eso no evitó que, al verlo entrar, ella se levantara y le diera un beso de bienvenida.

—¿Y bien? ¿Cómo es el AST? —preguntó sabiendo ya sobre la llegada del mismo debido a que Damián se lo había contado durante una de las conversaciones que solían tener bien temprano en la mañana.

—Es un joven agradable y, pese a que es un agente, me cae bien.

—¿No lo has traído contigo?

—No, lo deje junto con Valeria. Aunque no lo creas resulta que ellos eran novios de niños.

—¿Qué? ¿En serio?

—Sí, y los deje a solas para que revivan su romance.

—Ja, ¿y nosotros?

—Que yo sepa estamos bien, ¿o estoy equivocado?

—Sobre lo que hablamos en la mañana.

—Ah, eso. Sí, creo que sería lo más adecuado, pero debemos de ser precavidos. Lo último que queremos es un escándalo y una mancha en nuestras carreras.

—Opino igual, pero ambos sabíamos de los riesgos cuando decidimos iniciar con esto y si es necesario que uno de los dos tenga que dejar su empleo para lo nuestro funcione, estoy más que dispuesta hacerlo. ¿Qué tal tú?

—Claro que sí. —contesto tomándola de la mejilla— No lo dudes ni por un momento.

***

La cajera de la tienda de adornos, aún no podía creer todo lo que había pasado en su local, pese a contarlo a los policías que vinieron tan solo unos minutos después de que aquellos jóvenes se fueran. Pero tras reponerse al hablar con su marido sobre el asunto, se sintió mejor y decidió ir a visitar a su hija que estaba hospitalizada al sufrir de Infección Gris en estado 2. Felizmente aún era tratable y se podía sanar, el 4 era desahuciado. Y, como le habían dejado el peluche comprado enteramente para ella, resolvió regárselo a su pequeña para animarle el día. Ya le contaría luego, en persona (y también al hijo de los dos), sobre aquel raro y peligroso incidente.

***

—Kein, ¿crees que podrías… tocar algo para mí? —le preguntó Valeria, estaban los dos sentados en el sofá de la habitación que les correspondía dentro de los apartamentos Namat, terminando de comer y de beber; charlando a gusto.

—Hace tiempo que no toco el piano —respondió Kein muy pensativo—, pero por ti haré mi mejor esfuerzo.

Formó un piano portátil y tocó magistralmente la Balada para Adelina, dejando muy impresionada a Valeria quien lo escuchó atentamente.

—Genial, no has perdido tu toque en lo más mínimo. De seguro tu madre estaría muy orgullosa de ti.

—Gracias por decir eso —expresó con gratitud, desmaterializando el instrumento—, lo mismo pienso de tus padres y de Damián. Han de estar muy orgullosos de ti.

De repente se puso serio y pensativo, lo que preocupó a Valeria.

—¿Qué ocurre, Kein?, ¿en qué piensas?

—En nada —le mintió, la verdad es que pensaba en lo ocurrido dentro de la tienda de adornos, pero ese no era el lugar ni el momento para hablar sobre ello—. ¿Quieres que te cuente sobre mis aventuras en el campo de batalla?

—Claro —dijo ella entusiasmada, escuchando ahora los relatos de Kein sobre la guerra contra Chile; más pronto se cansó de hablar y quiso algo más físico con él—. Kein, ¿Qué crees que deberíamos de hacer ahora?

—Bueno, ¿esperar a tu padre? Así les podré decir a ambos por qué estoy aquí.

—Mi padre vendrá por lo menos dentro de seis horas, ¿Cómo crees que debamos de pasar el rato?

—Buenos podemos ver algo en Netflix si gustas o…

—O hacer esto. —le corto besándolo para luego sentarse en sus piernas, sin dejar de besarlo con afecto— Podemos usar ese tiempo para conocernos mejor.

—¿Estás segura de querer hacer esto? —preguntó Kein, dejando que ella le hundiera la cabeza en sus senos.

—Claro que sí, si eres tú, está bien.

Volvieron a besarse, cada vez con más fuerza, hasta el punto en que comenzaron a tocarse mutuamente. Ambos se tocaron las GIN en mutuo acuerdo y se desnudaron, revelándose el uno al otro.

—Entra en mí, Kein…

No se hizo de rogar, la hizo suya. Amándola como un animal desenfrenado. Hasta dejarla satisfecha.

— …eres una bestia.

—Lo siento… es que yo…

—No está bien. —afirmo ella sonriendo y dándole un beso— Me gusto, sino no te hubiera permitido continuar.

—Y… ¿quieres que continuemos? —inquieró luego de que los dos se vieran entre sonrisas.

—¿Tu qué crees? —pregunto ella empujándolo mediante un beso hacia atrás y hacer que ahora él estuviera echado boca arriaba sobre el sofá con ella sobre el mismo—. Pero ahora yo voy a ser quien te monte a ti.

Acción que realizó, pero que por desgracia se tuvo que detener cuando recibió una llamada que resultó ser de Damián, lo puso en el altavoz.

—Escúchenme, chicos, hubo un asalto en el MIRU de la calle Udul y requerimos de toda la ayuda posible. Kein, sé que este no es tu caso, pero necesito que vengas a ayudarnos. ¿Puedo contar contigo?

No necesitó preguntárselo dos veces.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Llamada Laboral

Noticias sobre el Blog #1

Insaciables