QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 3 (Prototipo): Reuniones
Eran
las tres de la tarde, de un miércoles 7 de mayo del año 2345 en Lima. Kein,
vestido de civil, bajó del helicóptero que lo dejó en la Base Aérea de Las
Palmas para ir de frente hacia una limosina que lo esperaba.
—Buenas
tardes, señor Kein —le dijo el conductor que le abrió la puerta del vehículo—.
El señor Loan, me mandó a recogerlo para llevarlo cuanto antes a las
instalaciones de TRONES.
—Sí,
Hiroi ya me lo había contado. —comentó y subió a la limosina para que el chofer
se encargara de conducirlo a las enormes instalaciones de la empresa a la que
pertenecía y trabajaba desde hacía ya varios meses por brindarle los medios
para cumplir con el objetivo por el que se había unido en primer lugar:
vengarse del asesino de sus padres, fin para lo que había entrenado tanto en
cuerpo como en mente hasta el cansancio. Bajó del auto, le dio las gracias al
conductor y fue a reunirse con Loan, quien, según Hiroi, tenía algo muy
importante que decirle.
***
Loan,
el jefe supremo de los AST y de la empresa más poderosa del mundo, quien usaba
el símbolo Nazca de la ballena y cuyas habilidades eran controlar la tierra a
su antojo, revisaba algunos documentos clasificados de la compañía. Estaba
sentado dentro de la amplia y bella oficina que le correspondía como líder de
la corporación ubicada en el piso más alto de TRONES. Vestía un elegante traje
de negocios y, mientras fumaba un buen habano cubano, oyó la llamada de Hiroi,
la secretaria general de la organización y la informante de los AST. Loan la
vio surgir en frente de él, por medio de una PV en la que contempló el rostro
de una bella mujer de cabello verde y ojos amarillos, colores que, aunque no lo
parecieran, eran completamente naturales en ella. Y eso era porque, muchos años
atrás, los genetistas del mundo habían logrado modificar exitosamente el ADN de
los seres humanos. Inyectaron a más de un millón de mujeres embarazadas genes
modificados que hicieron que nacieran personas resistentes e inmunes a muchas
enfermedades conocidas, con cuerpos y mentes perfectas. Aunque de vez en cuando
nacían algunos con esas interesantes características, que ya eran vistas como
algo completamente normal. No obstante, ella era una excepción, porque no había
nacido así, fue fabricada de esa forma por Dika, que, pese a su retiro, seguía
siendo la científica principal de la organización y fundadora de la misma.
—Disculpe
que lo interrumpa, señor Loan, pero Kein ya está aquí y quiere verlo.
—Bien,
déjalo pasar.
—A
la orden, señor.
Percibió
cómo Hiroi rompía la conexión inalámbrica, desapareciendo de su vista, y, al
tiempo que se abría la puerta de su despacho, apagó el habano en el cenicero de
la mesa y cerró todas las PV que estaba mirando para poder atender y ver
detenidamente al joven que atravesaba el umbral de la puerta, a quien había
conocido a principios de abril del año pasado cuando Zoe lo trajo ante su
presencia. Sin poder evitar la conversación que tuvo con Dika hacia unos días
atrás…
***
…Dika,
considera por muchos como la persona más inteligente del mundo, primera AST y
creadora de los mismos, cuyo símbolo Nazca era el del árbol, se encontraba
sentada frente a él, tras darle un informe confidencial y de extrema
importancia. Viéndolo con esos ojos marrones tan penetrantes y fuertes como el
cabello pelirrojo de la misma a juego con la GIN morada que ostentaba.
—¿Estás
segura de esto? —pregunto Loan, luego de leer el informe—. ¿Precisamente él?
—Sí,
estoy segura —contestó con toda seguridad—. Las muestras de sangre concuerdan.
—¿Y
por ello crees que él es el indicado para hacer este trabajo?
—¿Quién
mejor?
—Es
solo que… me parece demasiada coincidencia…
—Yo
lo llamaría destino.
—¿Destino?
—bufó—. Eso ha sido una piedra en el zapato desde el día en que nos conocimos.
Pero lo que realmente me preocupa es como va a reaccionar.
—¿Quieres
que te diga cómo? Puedo hacerlo si me concentro lo suficiente.
—No,
olvídalo. —respondió tras pensarlo un momento— Eso en realidad no me interesa,
además yo ya sé que el aceptará.
***
…lo
que lo llevaba al día de hoy.
—Buenas
tardes, señor Loan —le dijo Kein, deteniéndose frente a él y extendiéndole la
mano—. Discúlpeme si he demorado un poco, fue por culpa del tráfico, al chofer
le fue difícil llegar a tiempo.
—No
hay problema, Kein —respondió Loan tras levantarse de su silla y estrecharle la
mano—. Por favor, toma asiento. —Señaló una de las dos sillas que estaban al
frente del escritorio—. Ahora escúchame ha surgido un asunto que requiere de
nuestra atención, y creo que eres el hombre indicado para manejar esta
situación… —Comenzó a explicarle, muy detalladamente, en qué consistía el
encargo que le iba a dar, usando pantallas virtuales que proyectaba desde una
GIN verde: mostró datos, imágenes y vídeos de los lugares y personas que
encontraría—. Eso sería todo. ¿Tienes alguna pregunta que quieras hacer al
respecto?
—No,
señor. Me pondré en marcha inmediatamente.
***
En
un cementerio llamado Hodi, Kein pasaba por el edificio de la recepción,
caminaba hacia una gran lápida que tenía las imágenes enmarcadas de un hombre y
una bella mujer, a las que les habló mirándolas fijamente, no sin antes
asegurarse de que nadie, a los alrededores, pudiera escucharlo.
—Hola,
¿cómo han estado? —dijo, colocando frente a la tumba de los dos un gran ramo de
rosas rojas muy costosas que había comprado en la recepción, con la seguridad
de que ese sencillo gesto de amor de su único hijo, los haría muy felices—. Lo
siento, sé que hubieran preferido que viniera antes, pero comprendan esto: al
igual que aquella vez que los visité para decirles que me iba con Zoe a
convertirme en un AST, aquel día, había terminado por fin con mi entrenamiento
y a la mañana siguiente me iban a mandar a Chile a luchar en la guerra, sólo
podía verlos una vez antes de irme. Y, ahora, tengo un permiso y voy a
aprovecharlo para contarles todo lo que me pasó después de que nos despedimos,
aquel día…
Empezó
a relatar en voz baja muchas de las cosas que le habían ocurrido desde la
última vez que los visitó. Como las misiones que realizó junto con su mentor
Zoe en las tierras de esa nación que ahora era su enemiga tras los
acontecimientos del “Día Rojo”. No les contó sobre los entrenamientos por los
que tuvo que pasar antes y después de la transformación para ser un agente
especial de TRONES en los laboratorios subterráneos de máxima seguridad de esa
multimillonaria corporación, que lo habían buscado para convertirlo, por
voluntad propia, en una de las personas más poderosas del mundo, después de
haberlos visto morir a manos de los humanoides dieciocho años atrás, eso ya se
los había contado antes de irse con Zoe a luchar en la “Segunda Guerra del
Pacifico”.
—
…y eso sería todo. Ahora voy al Cusco a cumplir con una misión que me ha
encargado Loan. Pero lo que realmente me interesa es que al fin podré reunirme
con Valeria, ¿se acuerdan de ella? ¿verdad? Por fin la volveré a ver. Aunque,
también debo tener en cuenta la posibilidad de que se haya olvidado de mí o de
que me guarde rencor por lo que le hice, o más bien por lo que no hice. En fin,
será mejor que ya me vaya, adiós. Y no se preocupen, les prometo que, al igual
que hoy, regresaré sano y salvo.
***
En
un pasado doloroso, al ver a su madre sucumbir ante la infección gris, una
bella niña afroperuana lloraba en un hospital sobre el regazo de su padre.
Tiempo después, la misma chica, vestida ahora de luto, atestigua cómo, en un
gran cementerio, enterraron a su progenitor muerto en un aparente suicidio.
Estaba de pie al lado de Damián, el mejor amigo de sus padres, quien no le
soltó la mano sino hasta que el sacerdote dejó de rezar.
—Valeria,
tu padre me pidió que cuidara de ti —le dijo después de quedarse solos en el
cementerio—. Y es justamente lo que voy a hacer de ahora en adelante.
En
el presente, dentro de un complejo de apartamentos que recibía el nombre de Namat,
en una habitación del quinto piso y debajo de las blancas sábanas de la suave
cama de su dormitorio, la misma muchacha, convertida ahora en una agraciada
jovencita, se despierta al sentir la ligera vibración de la GIN, que le marcaba
las 5:00 a.m., hora en la que debía despertar para irse a trabajar a la
principal y más grande Comisaría de la ciudad del Cusco. Se sienta en la cama,
le ordena a la gema que detenga la alarma y se estira para iniciar la rutina
diaria que se había impuesto, no sin antes mirar la foto del cuadro que estaba
sobre la mesita de noche, en la que se veía como una chiquilla muy feliz, de
pie junto a sus padres, que sonreían al lado de ella, al igual que Damián,
quien estaba más atrás. Les sonríe y se levanta, como siempre, con los ánimos
renovados.
Primero
tiende la cama y luego se quita el pijama azul, con ayuda de la GIN. Se
desnuda, revelando un cuerpo bien formado y lleno de curvas, para después darse
un baño de agua caliente. Cuando sale, tras secarse, se detiene frente a un espejo
de cuerpo entero y se viste el uniforme de trabajo con una sola orden mental
dada a la gema, de la que sale un chorro de nanos que, al combinarse entre sí,
forman el típico traje azul de los miembros de la policía. Al terminar se
encamina a la cocina, en donde encuentra a Damián, un hombre de ojos azules y
pelo negro que está terminando de poner la mesa.
—¿Qué
tal, Valeria? ¿Dormiste bien? Siéntate. Tengo una noticia muy importarte que
darte.
***
Ya
era un nuevo día y Kein, descansaba en uno de los asientos del tren bala que
había salido de la estación Juden, repasaba, mirando el paisaje natural, que
contrastaba con el panorama altamente tecnológico de las ciudades, lo que
tendría que decirle a Valeria cuando se reencontrara con ella, después de tantos
años sin verla. Paralelamente, rememoraba el día en que la conoció.
Ahí
estaba él, de niño, interpretando la canción Clair de Lune que le había
enseñado su madre, en el piano del salón de música de la escuela Verney, a la
que había ido junto con otros estudiantes, a competir contra los alumnos de esa
institución en diferentes disciplinas; instancia que aprovecharon para ver y
conocer juntos los lugares turísticos del Cusco. Terminó de tocar la melodía y
se fijó en una hermosa niña negra de pelo negro y ojos color violeta que lo
veía con gran interés desde la puerta del aula.
—Tocas
muy bien.
—Gracias.
—¿Crees
que podrías… —la chica se le acercó con una tierna sonrisa en el rostro—
enseñarme a tocar el piano?
—Sí,
ven, toma asiento —afirmó Dylan, permitiendo que se sentara en la banca para
darle lecciones comenzando por el Étude Op. 10, No. 3 (Chopin). Desde aquel día
forjó una fuerte amistad con ella, que se intensificó hasta el día en que
tuvieron que despedirse. Le prometió, como suele suceder en las telenovelas,
estar en contacto y volverse a ver, pero el problema radicó en que, tras lo
acontecido en el metro, rompió esa relación por dos motivos: no saber cómo
afrontar lo ocurrido y porque se habían distanciado demasiado. Por lo que ese
reencuentro lo hacía sentirse muy nervioso; quería que pasara, pero en mejores
circunstancias. No por una misión. Dejó de mirar el exterior y se puso a leer
las noticias.
Ordenó
a sus nanos que le mostraran las noticias escritas y video-grabadas del
Ciber-Inca y una PV apareció con la página web del periódico.
«Para
estar al día sobre todo lo que ocurre en el Perú y el mundo pague tres
cibersoles».
Seleccionó
«aceptar» y el texto fue reemplazado por otro.
«Escriba
el nombre de usuario y la contraseña correspondiente para realizar la
operación».
Así
lo hizo y apareció un nuevo mensaje.
«Los
datos que ha introducido son válidos, tres cibersoles han sido extraídos de su
cuenta bancaria. Bienvenido, señor Kein. Le deseamos un buen día».
La
PV se llenó con muchos titulares de diferentes tipos y contenidos, pero a él
solo le interesaron los más importantes.
«Naira
le niega a Állitos su pedido de proseguir con la carrera armamentista en el
país».
Seleccionó
la noticia y la PV se atiborró con toda la información del tema.
«El
Ministro de Defensa, Állitos, le ha solicitado a la Presidenta Naira más
presupuesto para continuar la guerra contra Chile y sus aliados, pero ella se
lo ha negado, expresando su deseo de iniciar los tratados de paz entre nuestras
naciones que llevan dieciocho años en conflicto».
Los
dos aparecían en diferentes fotografías grupales tomadas en la reunión política
que tuvo lugar en la capital del Perú. Naira, una encantadora mujer de cabello
oscuro y ojos marrones, aparecía en muchas de las imágenes con un rostro serio
pero gentil, que disentía con el perfil nada amable de Állitos, un hombre de
cabello negro y ojos grises que estaba, al igual que ella, junto con otros
políticos, todos sentados alrededor de una gran mesa ovalada que era usada para
ese tipo de reuniones especiales.
«Esto
fue lo que ocurrió en la reunión, que se realizó en Palacio de Gobierno para
discutir sobre los diferentes problemas por los que atraviesa el país. En el
que participaron diversos políticos y figuras importantes, entre ellos Loan,
dueño de la megacorporación TRONES y exesposo de Naira».
Loan
estaba sentado al lado de Naira, conversando con ella sobre diversos asuntos
políticos y económicos. Állitos, junto con el resto de políticos, hacía lo
propio.
«Nuestra
presidenta nos ha concedido una pequeña entrevista privada para hablarnos sobre
el porqué de su negativa y de su deseo de hacer la paz pese a la fuerte
oposición de ministros como Állitos, que afirman que eso equivaldría a rendirse
ante un país que nos atacó injustificadamente y que haría que toda la sangre
derramada por la patria hubiese sido en vano».
Una
foto tomada después de la reunión la mostraba a ella sentada en su formal
oficina con los brazos sobre la mesa y las manos entrelazadas.
«Respeto
a los ministros como Állitos y a sus fuertes deseos de que ganemos esta guerra
que nos ha cobrado tantas vidas injustamente a lo largo de los años, pero no
podemos vivir en el pasado ni guardar rencores hacia una nación que,
sencillamente, se encontraba obedeciendo las órdenes de un loco fascista.
Tenemos que ser mejores personas y pensar en el futuro de nuestros hijos, un
futuro que no conoceremos si gastamos todos nuestros recursos en una guerra que
lleva demasiado tiempo sin llegar a un final; y si queremos llegar hasta ahí,
tenemos que actuar con el ejemplo y dar el primer paso hacia la reconciliación,
una que, les prometo, concluirá con el encarcelamiento y ejecución del
responsable de todas estas atrocidades».
Kein
pudo notar, en otra fotografía, que a Állitos se mostraba alterado y cansado
tras irse de la reunión, de seguro por las órdenes de la señora presidenta.
«Y,
en cuanto a Állitos, él no ha dicho nada sobre el asunto, pero…».
Terminó
de leer la noticia y buscó otros titulares.
«La
cura definitiva para la infección gris al alcance de la mano».
Lo
seleccionó y leyó con mucha atención al tener relación con la guerra.
«Enera,
dueña de la FECEDI, nos habla sobre la infección gris y las píldoras MACO, un
remedio que promete ser la cura definitiva contra esta enfermedad…».
La
líder de la empresa farmacéutica más importante del país se dejaba ver, en la
foto del artículo, como una mujer de cabello y ojos oscuros que se mantenía de
pie detrás de un atril, sosteniendo, con ambas manos, un paquete que contenía
píldoras MACO. Mientras, hablaba por un micrófono de diadema.
«Como
es sabido por todos, la enfermedad comúnmente denominada “infección gris” es un
mal ocasionado por nanomáquinas en mal funcionamiento, que destruyen nuestras
células humanas. Esto causa que nuestros cuerpos se debiliten y que aparezcan
manchas grises por toda nuestra piel, acompañadas por una interminable tos que
nos hace escupir sangre. Y, salvo que soportemos el, hasta ahora, largo y
tedioso tratamiento para curarnos, morimos en dolorosa agonía. Pero luego de
muchas investigaciones, mis científicos, han desarrollado un procedimiento
rápido y efectivo contra este mal, las píldoras MACO que contienen un conjunto
de antinanomáquinas configuradas para buscar y suprimir a las nanos que
infecten nuestro organismo con este virus y que…».
Interrumpió
su lectura cuando el conductor del tren les dio un importante comunicado.
—Señores
pasajeros, ya estamos en la estación de trenes Traded. Por favor, no olviden
bajar con todo su equipaje a la mano. Les deseamos un buen día.
Kein
miró por la ventana y vio que iba a ser recibido por el jefe de policía del
Cusco y por Valeria. Tomó una gran bocanada de aire y salió a su encuentro
rezando para que ella, a quien consideraba la mujer más bella del mundo, lo
tuviera aún en su corazón.
***
Damián
llevaba a Valeria en auto, rumbo a la estación Traded, sin que ella dejara de
pensar en lo que él le había dicho esa mañana, durante el desayuno…
—¿Un
Pishtaco viene hacia aquí? ¿A la capital del Cusco? —preguntó ella muy sorprendida,
dejando el pan a medio comer sobre el plato de la mesa para mirarlo con los
ojos muy abiertos, tras escuchar la noticia que le dio Damián—. ¿Precisamente a
reunirse contigo?
—Es
increíble, ¿verdad? —le dijo Damián, sonriendo levemente al ver su expresión de
incredulidad para luego continuar untando mantequilla en la rodaja de pan que
tenía entre las manos—. Aunque no me dijo el porqué, simplemente me comentó que
era algo de extrema importancia y que el Pishtaco me lo explicaría todo en
cuanto nos reuniéramos, el mismísimo Loan me llamó ayer por la tarde diciendo
que me enviaría a uno de sus agentes especiales y, aunque ya sabes lo que
pienso de los AST, no hubo razón alguna para negarme. —Dejó el cuchillo para
untar en la mesa—. No te lo pude decir antes porque al regresar de tu ronda
estabas muy cansada, pero quiero que sepas que hoy por la mañana, según lo que
me dijo Loan, tengo que recibirlo en la estación de trenes Traded. —Se llevó el
pan a la boca, pero se detuvo antes de comerlo—. Si quieres puedes venir
conmigo para que veas y hables un poco con el Pishtaco. —Comió la mitad de la
rodaja, la tragó y levantó una de sus cejas con una ligera sonrisa en el
rostro—. ¿Tienes alguna pregunta?
—No,
no tengo ninguna —respondió Valeria, sin salir aún de su asombro. Porque ella,
si bien compartía la opinión de su padre acerca de ellos, no por ello no
reconocía los grandes servicios que hicieron durante la Tercera Guerra Mundial
o su apoyo incondicional en los casos más importantes de la policía y el ejército.
Por eso un atisbo de emoción se hacía presente en su rostro; tendría la
increíble oportunidad de conocer a uno de verdad.
—¿Te
encuentras bien, Valeria? —le preguntó Damián, sacándola de sus recuerdos—. Has
estado muy callada desde que salimos.
—Es
solo que… no dejo de pensar en por qué nos estará mandando Loan a uno de sus
agentes. Es decir, ellos solo intervienen en asuntos muy importantes y, si ese
es el caso, debe de haber una razón extraordinaria detrás de todo esto. ¿Crees
que tal vez lo hayan mandado para ayudar a dar con los desaparecidos o viene a
cazar a Medardo?
—Todo
es posible, Valeria. —dijo Damián, doblando en una esquina para luego seguir
todo recto hasta llegar a la amplia y bien diseñada estación de trenes Traded—.
Pero de nada servirá que nos estemos quemando los sesos para llegar a una
posible respuesta. Además, sea cual sea la razón, la sabremos tarde o temprano.
Incluso si es algo que se tiene que hacer dentro de la comisaría —estacionó el
auto y apagó el motor—. Por cierto, ¿te he dicho cómo se llama el agente?
—Aún
no.
—Es
un joven solo un poco mayor que tú, se llama…
***
—¿Dylan?
—preguntó Valeria, aproximándose al atractivo rubio que había caminado hacia
ellos para presentarse—. ¿En serio eres tú?
—Sí,
Valeria. Soy yo. Sé que me veo diferente, es decir antes no era rubio ni tenía
los ojos celestes, pero eso es debido a las nanos que me han cambiado el
aspecto para ocultar mi identidad. Además, como ya se te ha dicho ahora se me
conoce por el nombre de Kein. —Se miraron en silencio—. Estoy feliz de verte de
nuevo.
—Papá,
estaré en el auto —dijo mirando al AST con anhelo para después dar la vuelta e
irse.
—Está
bien, Valeria —respondió Damián, mientras dirigía su mirada hacia el joven—.
Veo que ambos tienen una historia. —El AST no dijo nada y se mostró algo
incómodo—. No te preocupes, no voy a preguntar qué ha pasado entre los dos,
pero espero que puedan llevarse bien mientras me cuentas la razón por la que
Loan te ha mandado a mi ciudad. ¿Nos vamos?
Salieron
de la estación y cuando los tres estuvieron en el auto se dirigieron a la
Comisaría Equiros; se creó un penoso silencio que fue roto al final por
Valeria.
—Papá,
¿puedes dejarnos en el parque Omeris?
—¿En
el parque Omeris? ¿Por qué?
—Mira,
sé que tienes que trabajar con Dy…digo con Kein, pero, si no te molesta,
quisiera hablar un momento con él a solas. Por favor, déjanos ahí, en el
parque.
—Está
bien. Estoy de acuerdo. Pero ¿tú qué dices, Kein? ¿Quieres hacerlo? —miró por
el espejo retrovisor al joven AST, que tenía una decidida mirada en el rostro.
—Sí,
sí quiero hacerlo, señor —afirmó este, sin atisbo de duda.
—Iremos,
pues —convino Damián, cambiando de ruta con la convicción de que aquello era lo
mejor para que ambos arreglaran el problema.
—Sígueme,
Kein —le ordenó Valeria al AST, que obedeció sin decir nada y salió del auto
para caminar con ella por el parque.
—Tómense
todo el tiempo que necesiten.
***
—Kein,
¿recuerdas este lugar? —le preguntó Valeria, que lo había dirigido hacia una
carpa blanca del parque que los llevó a rememorar el pasado, cuando solo eran
unos niños ignorantes de la acritud del mundo en el que vivían, en donde le
preguntó: —¿En serio te tienes que ir? —se lamentó ella con tristeza en el
rostro.
—Sí,
tengo que hacerlo —respondió él igualmente apenado—. Ya finalizó la competencia
de nuestras instituciones e hicimos todas las visitas que teníamos que hacer a
los diferentes lugares turísticos del Cusco. Es hora de irnos. Me voy temprano
por la mañana.
—En
ese caso, te daré un regalo de despedida —le dijo ella, acercándose para darle
un profundo beso en los labios—. Mi primer beso, para que siempre estés en
contacto conmigo. ¿Lo prometes?
—Lo
prometo —dijo, sin dudarlo en ese entonces y para decirle a la ahora ya crecida
Valeria, que le reprendia con la mirada: —. Sí, lo recuerdo.
—¿Y
por qué no cumpliste con tu promesa?
—Porque
no sabía cómo decírtelo.
—¿Decirme
qué?
—Que
mis padres habían sido asesinados frente a mis ojos… —le relató lo acontecido
en el metro Mesdos, haceía dieciocho años, Valeria no pudo hacer más que
mirarlo asombrada— …después de eso fui a parar a un orfanato, ya que nadie
quería ocuparse de mi. No te lo dije porque, más que nada, no quería aceptar
esa realidad. Me convencí de que todo aquello era una pesadilla y que, al
despertar, mis padres seguirían con vida. Pero cuando acepté por fin lo que me
había pasado, ya habías dejado de llamarme y no tuve el valor de decirte lo
ocurrido. Lo siento, Valeria. Sé que debí de habértelo dicho, es más tuve que
haber buscado a alguien con quien compartir mi dolor, pero solo me encerré en
mí mismo. Fue algo muy estúpido de mi parte y no te culparé si decides odiarme
por lo que hice.
—No
te odio, Kein. De hecho… —dijo caminado hacia él para luego acurrucarse en su
pecho— …estoy feliz de que estés aquí.
—Valeria…
—Abrázame
—le pidió—. Siempre temí lo peor, como no respondías a mis llamadas, llegué
aceptar el hecho de que habías muerto junto con tu familia el día de la
invasión. Después de todo aparecieron sus nombres entre las víctimas del
ataque. Me dolió mucho, pero aun así decidí seguir adelante. Sin embargo, ahora
apareces de nuevo en mi vida, como un fantasma del pasado, convertido en algo
que no apruebo pero que respeto, que ha venido precisamente aquí para realizar
una misión secreta. Sinceramente, no sé si reír o llorar.
—Valeria,
yo…
—¡Kein!…
—le interrumpió dándole un profundo beso; mientras que las lágrimas se le
escapaban de los ojos— …Quiero que me lo cuentes todo, de principio a fin. Sin
que omitas nada. Pero antes tienes que terminar tus asuntos con mi padre y
después de eso hablaremos.
—De
acuerdo —concordó limpiándole las lágrimas.
—Por
cierto, cuando termines con tu misión, ¿te irás?
—No,
al terminar con mi misión me quedaré aquí, contigo, todo el tiempo que quieras.
—Esa
es la mejor noticia que has podido darme. Vámonos, mi padre nos espera —dijo,
tras besarse un poco más.
Damián
los esperaba apoyado de espaldas en la puerta del auto. Les sonrió al verlos
llegar tomados de la mano.
—Puedo
ver que solucionaron sus problemas —señaló, lanzando una mirada a sus manos
entrelazadas.
—De
la mejor manera —respondió Valeria con una cálida sonrisa.
—Estoy
feliz por ustedes. Ahora los dejaré para que puedan hablar a gusto. —rodeó el
auto y abrió la puerta del conductor.
—Pero,
señor, ¿qué hay sobre el asunto que tenemos por discutir? —preguntó Kein, con
sorpresa, al verlo entrar en el vehículo.
—Kein,
un hombre debe tener prioridades y ahora tu prioridad es pasar tiempo con mi
hija; además, podemos ocuparnos de eso en otro momento. Adiós.
Dicho
esto, Damián arrancó el auto y se fue a la Comisaría; en tanto, ambos lo
seguían con la mirada.
—Kein,
¿tienes dónde quedarte a pasar la noche?
—No,
pero pensaba hospedarme en algún hotel cercano a la estación de policía.
—¿Y
por qué no te hospedas con nosotros? Tenemos un cuarto de huéspedes y estoy
segura de que a mi padre no le importará en lo más mínimo. ¿Qué dices? ¿Te
animas?
Kein
no lo pensó demasiado.
***
Desde
una ubicación secreta, oculto con un CTO, un misterioso individuo de cabello
violeta y ojos marrones espiaba a la joven pareja, en el más estricto secreto,
vigilándolos por medio de unos modernos binoculares, como si se tratase de una
sombra proyectada por ellos.
***
Ambos
caminaban hacia los apartamentos Namat conversando animadamente. Kein le contó
muchas cosas referentes a los AST, le dijo que obtenían sus poderes gracias a nanos
especiales y únicas que los hacían más fuertes, rápidos y resistentes que
cualquier humano ordinario, además les concedían el poder de trabajar sin la
necesidad de algún chip, puesto que le daban a la GIN la habilidad de crearles
cualquier cosa que quisieran según las órdenes que les dieran. Por ejemplo, un
uniforme que era igual para cada agente y que se adaptaba a la forma corporal.
Las nanos de las gemas ayudaban en todo, aunque también recibían mucha ayuda
por parte de Hiroi. Si había algo más que añadir, era que estas podían absorber
la energía del ecosistema en el que estaban acorde al elemento que controlaban
y que los hacían inmunes a cualquier gas o sustancia, sin importar cuan fuerte
sean.
—Vaya,
supongo que eso era de esperarse —dijo Valeria ataviada ahora con ropa de
civil—. ¿Y cómo es el proceso de trasformación?
Le
contó que fue más sencillo de lo esperado, tras terminar con el entrenamiento,
Dika, quien lo había supervisado, hizo que se desnudara en medio de una
plataforma y que bebiera el liquido oscuro de una taza ceremonial, que no era
otra cosa más que las dichosas nanomáquinas. Las cuales, al entra en él, lo durmieron.
Y, estando inconciente, se fucionaron tanto con su cuerpo como con su GIN,
mejorándolos a los dos en todos los sentidos posibles. Fue así como su gema
obtuvo ese color rojiso tan característico. Para, minutos después, despertarse
como un nuevo ser.
—¿Eso
fue todo?
—Sí.
Pero, lo más interesante, es que tuve un sueño en donde me reencontré con mis
padres.
—¿De
verdad? ¿Cómo fue ese sueño?
—Estaba
solo en una sala, de nuevo era un niño y me encontraba tocando el piano. Cuando
me di cuenta, mis padres estaban detrás de mí. Me volteé y les dije lo culpable
que me sentí por la muerte de los dos. Pero, ambos, me abrazaron y me dijeron que
no desperdiciara el regalo de vida que me habían dado. Desde entonces no he
vuelto a sentirme culpable.
—Y
no deberías, nada de eso fue culpa tuya.
—Gracias
por decírmelo.
—¿Qué
hay de tu entrenamiento?
—Me
enseñaron diferentes artes marciales y técnicas de guerra y de espionaje, pasé
por diferentes simulaciones. Luego, cuando ya era un agente especial en regla,
me hicieron pelear contra Zoe…
Eso
hizo que Valeria se imaginara a Kein de pie, en medio de una gran sala, vestido
de pies a cabeza, con la característica armadura oscura de los agentes, bajo la
atenta mirada de Loan.
—Lo
has hecho muy bien, Kein —lo felicitó el jefe de TRONES desde las ventanas de
la parte superior de la sala—. Haz pasado por todas las pruebas y simulaciones
con éxito, pero ahora, para que pongas a prueba todo tu potencial, vas a
enfrentarte a un Pishtaco —tronó los dedos y una puerta oculta en la sala se
abrió dejando entrar a un agente especial—. ¡Empiecen!
El
desconocido creó, en uno de sus brazos, una ballesta de la que salió un buen
puñado de flechas oscuras que iban dirigidas a Kein, él formó un escudo y pudo
correr al encuentro del desconocido para protegerse de los disparos que al
incrustarse en la defensa que creó, comenzaron a congelar el escudo. Sin dudar
lo tiró hacia el agente, lo cortó en múltiples pedazos gracias a que usó un
gran y filoso cuchillo-sierra que construyó para ese fin. Pero los restos del
escudo explotaron y la onda de choque hizo que el desconocido perdiera el
equilibrio y se viera obligado a inclinarse y dar una voltereta hacia adelante.
Una situación óptima para que Kein, al crear una espada-sierra, llegara hasta
él y le propinara un certero espadazo que el desconocido pudo contener gracias
al arma que había creado con anterioridad y a otra igual que construyó en ese
preciso instante. Ambos midieron sus fuerzas, con el piso resquebrajándose por
el impacto del golpe, hasta que, de forma increíble, el desconocido hizo que
desde el suelo emergiera un pico de hielo entre ellos. Lo que obligó a Kein a
alejarse de él, pero eso no era todo, sorpresivamente comenzaron a salir
numerosos picos del suelo que lo forzaban a retroceder hasta que el desconocido
le tiró un potente chorro de agua que salió de sus manos y que se encargó de
rodearlo con el líquido cristalino hasta que se vio dentro de una enorme
burbuja que se congeló, dejándolo atrapado en el hielo, a merced del
desconocido, sin posibilidades de moverse ni de defenderse. Aunque eso duró
poco tiempo, pues, pudo romper la esfera al aumentar la fuerza de sus músculos
y, ya libre, contraatacó con doce colibríes eléctricos que, al crearlos,
volaron a una velocidad increíble hacía su contrincante quien no pudo
reaccionar con la suficiente velocidad como para escapar y evitar que ellos
estallaran junto a él, estrellándolo en el piso. El desconocido quedó
severamente dañado, al igual que Kein, pero, pese a las lesiones, ambos se
levantaron y, volvieron a crear sus armas, corrieron para atacarse una vez más
con ellas hasta que el líder de los dos, sintiéndose satisfecho al verlos tan
diestros, pensó que ya era suficiente.
—¡Alto!
—les ordenó Loan en vista de esto—. Esa ha sido una excelente muestra de
habilidades —los aplaudió—. ¿No lo crees así, Zoe?
—Completamente,
señor —dijo Zoe, quitándose el casco que reintrodujo en su armadura, revelando
el rostro de un hombre joven de 27 años—. Y creo que Kein ya está listo para
tener su primera misión conmigo en el campo de batalla.
Puso
la mano en su hombro y le sonrió ampliamente
—Sí,
también pienso lo mismo. Kein, ve a descansar y a ocuparte de tus asuntos, que
mañana por la mañana irás a Chile junto a Zoe, tienen que realizar una serie de
misiones. El general Rayen ya les informará sobre lo que deben hacer una vez
que se encuentren ahí.
—¿Pero
qué tienes que hacer en el Cusco? —preguntó Valeria, volviendo a la realidad,
sin haber olvidado la conversación que tuvo con Damián en el auto—. Kein, ¿por
qué te han mandado acá y que es lo que tienes que hablar con mi padre? ¿Crees
que puedas decírmelo?
—Eso…
es algo que prefiero discutirlo más adelante, no ahora; pero te aseguro que a
ambos se los diré en su momento.
—…Entiendo…
pero, cambiando de tema, Kein, quisiera saber algo, ¿tú buscaste ser parte de
TRONES o ellos te buscaron a ti?
—Ellos
me buscaron a mí.
—¿En
serio?, ¿y cómo fue?
—Bueno,
era un día como cualquier otro, hasta que el director del orfanato me llamo a
su despacho. Fui y los encontré a los dos sentados, conversando. Ahí es cuando
le conocí.
—¿Y
qué impresión te dio?
—Que
era un tipo relajado, aunque inteligente. Sabía qué decir y qué no decir acorde
a la situación. Fue él quien me dijo que había sido seleccionado para ser un
Pishtaco, porque poseía las características necesarias para serlo; pero me
advirtió que cada agente tiene un botón de supresión.
—¿Un
botón de supresión?
—Un
seguro en caso de que nos rebelemos y decidamos hacer lo que queramos con
nuestras nanomáquinas. Todo Pishtaco lo tiene, incluso Dika y Loan. Y ese
seguro siempre ha estado en las manos de nuestro actual presidente, en esta
ocasión en las de Naira. Ella puede matarme, si así lo desea, con solo
presionar un botón.
—Pero
¿nada de eso te molestó?, ¿acaso no tuviste miedo al aceptar ser uno de ellos
bajo esa condición?
—Al
principio, si me preocupó un poco, pero estaba decidido. Y no fue necesario que
Zoe o el director del orfanato, que no paraba de decirme que aquella era una
oportunidad única en la vida, me convencieran. Yo tenía un objetivo muy claro y
convertirme en un AST era la única forma de lograrlo.
—¿Y
cuál es? ¿Por qué te uniste a ellos en primer lugar?
—Por
venganza —dijo tras estar un rato en silencio—. Mira, Valeria. La verdad es que
ya me cansé de hablar sobre mí. ¿Qué tal si ahora me cuentas cómo te ha ido a
ti todo este tiempo que estuvimos separados?
—…Bueno…
está bien.
Invirtieron
los roles y ahora era ella quien le contaba cómo le fue tras su despedida,
comenzó por lo ocurrido con sus padres biológicos (sin entrar en detalles), la
adopción, los días en la academia de policía y como, gracias a su padre
adoptivo, terminó siendo una oficial de parquímetros. Aunque claro, ella ya
estaba decidida a ser una policía de verdad. Valeria le contaba todo esto
cuando pasaron por una tienda de nombre Quinela la cual vendía diferentes
artículos decorativos, entre la exhibición destacaban unos hermosos animales de
peluche; ella los vio con anhelo y esto no pasó desapercibido para Kein.
—¿Quieres
que te regale uno?
—¿En
serio lo harías?
—Sí,
te compraré uno. Puedes escoger el que quieras.
—¡Gracias!
Entraron
en la tienda, de inmediato Valeria eligió uno que le pareció muy bello, pagó
por el peluche a la cajera, y, cuando Kein se disponía a entregárselo,
ingresaron bruscamente cuatro individuos enmascarados que portaban armas de
fuego y se disponían a usarlas.
—¡Que
nadie se mueva! —dijo uno de ellos, que disparó al techo, asustando a los
civiles—. No se preocupen, estamos aquí para hacer una pequeña «chamba» y
después de eso, nos iremos. —Se les acercó y puso el revólver que tenía contra
la cabeza de Kein—. Nada personal, chico, pero tenemos órdenes de matarte.
Nunca
tuvo la oportunidad, sorpresivamente, Kein le cortó la mano con un gran
cuchillo militar que creó, para luego sostener el arma en el aire y usarla para
disparar, a los tres delincuentes, certeras balas en la cabeza. Solo quedó en
pie el de la mano ensangrentada, que de solo un disparo en el hombro tiró al
suelo.
—¿Quién
los envía? —preguntó Kein, acercándose al criminal sin dejar de apuntarle con
el arma—. Nos han estado siguiendo desde la estación de trenes y quiero saber
quién les dio la orden de atacarme.
—Un…
un hombre enmascarado —le respondió el delincuente, poniendo la mano que le
quedaba en son de rendición—. Nunca nos dio un nombre, pero nos ofreció armas y
dinero si hacíamos esto. Ese maldito nos dijo que eras un testigo que debía
morir por órdenes de sus superiores y nosotros accedimos. Nos metió en su auto,
nos dio estas máscaras y nos condujo hasta la estación de trenes, en donde te
reconoció porque ibas con el jefe de la policía. Te seguimos hasta aquí, nos
ordenó atacarte y nos dijo que nos esperaría en el auto, pero ese desgraciado seguramente
ya se fue. Eso es todo lo que sé, ¡lo juro!
—Gracias
por la información —dijo Kein que hubiera matado al delincuente de no haber
sido por Valeria que le alzó el brazo hacia arriba, ocasionando que errara el
tiro.
—¿Pero
qué haces? —Pregunto claramente molesta—. ¡Ibas a matarlo!
—Claro
que iba a matarlo, es mi trabajo. —explico con total normalidad mirándola
extrañado; acto seguido se fijó en el arma que tenía en la mano—. Estas armas
—le explicó a su compañera—, al igual que esas máscaras, no están hechas por
nanomáquinas y están muy bien construidas, al punto que no pueden ser
rastreadas. No hay más huellas que las de ellos. Cualquier persona, con las
herramientas y los conocimientos necesarios, pudo haberlas fabricado y puesto a
disposición de la gente en el mercado negro, sería una pérdida de tiempo tratar
de encontrar al contratista de estos sicarios por medio de ellas. Tendremos que
pensar en otra estrategia. —Dejó el arma en el mostrador, agarró el peluche que
estaba en frente de la cajera, que estaba blanca del susto, y quiso dárselo a
Valeria—. Vámonos, ya llamé a la policía para que se ocupen de este criminal y
de lo quedan de sus compañeros. Ten.
—Olvidado.
Ya no lo quiero. —sentencio ella saliendo molesta del local.
—Valeria…
—dejó el peluche y fue tras Valeria—. Quédese con la compra. —la alcanzó
rápidamente e intentó tomarla de la mano— Espera… Valeria… yo…
—Kein,
eso que hiciste no estuvo bien. —le reprendió con las cejas fruncidas dándose
la vuelta para encararlo librándose de su agarre— No puedes estar matando a la
gente a diestra y siniestra, no importa que seas un AST. Eso no te da derecho a
asesinar a la gente a sangre fría.
—Pero
el tipo era un violador y asesino en serie.
—¿Qué?
—Permíteme
explicarte, como AST, una de mis habilidades es el escaneo. Del ambiente, los
objetos o las personas, además mi visión puede atravesar diversos tipos de
capas sean orgánicas o inorgánicas. Y, gracias a eso, pude escanear a esos
rufianes y saber sus identidades, mas sus antecedentes, pese a que portaban
máscaras. Por eso es que me enteré que todos ellos eran maleantes de la peor
calaña y que habían logrado escapar de la justicia en varias ocasiones, y no
quería que eso volvía a ocurrir. Y, por favor, no te equivoques, concuerdo
contigo, pero en este mundo hay gente que no puede pertenecer a la sociedad,
simplemente porque no quiere ser parte de ella. Además, ya conoces el dicho:
“muerto el perro se acabó la rabia”.
—Muy
bien. —dijo ella tras pensarlo un momento— Pero, dime, si sabías que nos
estaban siguiendo, ¿por qué no nos lo dijiste?
—No
estaba seguro. Por un momento pensé que podría ser una simple coincidencia,
pero cuando fuimos al parque y vi que un auto que no mostraba a los pasajeros
se estacionó cerca, supe que nos estaban siguiendo. No te lo dije porque temía
que nos escucharan, y se me ocurrió entrar a una tienda, avisarte de esto,
fingir que iba al baño y encargarme de ellos. —Ella lo miró más enojada que
antes, poniendo las manos en las caderas con fuerza—. Lo siento, no quería que
las cosas salieran así.
—Está
bien —dijo Valeria suspirando, ya cansada de tantas sorpresas—. Tal vez yo
también hubiera hecho lo mismo, pero supongo que debo acostumbrarme, después de
todo mi novio es un Pishtaco. —Le cogió de la mano—. Ven, vámonos, quiero que
lleguemos al apartamento para que comamos algo y podamos seguir con nuestra
conversación.
***
—¿Qué
pasó, Sate? —preguntó el enmascarado a su compañero por medio de una llamada;
mientras que conducía un auto con un color, forma y número de placa ya cambiados—.
¿Los mató? ¿O ellos lo mataron a él?
—No,
Talen. El chico es un verdadero AST. Los asesinó a todos —le contestó Sate con
desdén—. Pero eso ya no importa, me comuniqué con Xalpen y me dijo que Keyaisl
y Sanu tendrán que hacerlo.
—¿En
serio? —cuestionó Talen, quitándose la máscara para revelar el rostro de un
hombre rubio y de ojos negros que estaba algo sorprendido por esa decisión,
porque aquello iba en contra del plan original que se había orquestado—. Si el
Pishtaco llegara a presentarse en el banco las dos podrían estar en graves
problemas, y se supone que soy yo el que se tiene que enfrentar al agente de
TRONES, no ellas.
—Lo
sé, pero órdenes son órdenes. No tenemos más opción que obedecerlas. Ponte en
marcha y deshazte del auto, tenemos mucho trabajo por hacer. Ya comprobamos la
capacidad del joven y de lo que es capaz.
***
Ailen,
una mujer de cabello marrón que armonizaba con sus iris rojos, trabajaba de
forma rutinaria en el escritorio del despacho que le pertenecía por ser la
subjefa de la policía. Lo que significaba que, además de ser el puente entre
los empleados y el jefe, era también la secretaria de Damián razón por la que
ambas habitaciones, tanto la suya como la de él, estaban conectadas. Algo que
apreciaba, más cuando los dos tenían una relación que iba más allá de lo
profesional. Y que tenían que mantener en secreto, por obvias razones. Pero eso
no evitó que, al verlo entrar, ella se levantara y le diera un beso de
bienvenida.
—¿Y
bien? ¿Cómo es el AST? —preguntó sabiendo ya sobre la llegada del mismo debido
a que Damián se lo había contado durante una de las conversaciones que solían
tener bien temprano en la mañana.
—Es
un joven agradable y, pese a que es un agente, me cae bien.
—¿No
lo has traído contigo?
—No,
lo deje junto con Valeria. Aunque no lo creas resulta que ellos eran novios de
niños.
—¿Qué?
¿En serio?
—Sí,
y los deje a solas para que revivan su romance.
—Ja,
¿y nosotros?
—Que
yo sepa estamos bien, ¿o estoy equivocado?
—Sobre
lo que hablamos en la mañana.
—Ah,
eso. Sí, creo que sería lo más adecuado, pero debemos de ser precavidos. Lo
último que queremos es un escándalo y una mancha en nuestras carreras.
—Opino
igual, pero ambos sabíamos de los riesgos cuando decidimos iniciar con esto y
si es necesario que uno de los dos tenga que dejar su empleo para lo nuestro
funcione, estoy más que dispuesta hacerlo. ¿Qué tal tú?
—Claro
que sí. —contesto tomándola de la mejilla— No lo dudes ni por un momento.
***
La
cajera de la tienda de adornos, aún no podía creer todo lo que había pasado en
su local, pese a contarlo a los policías que vinieron tan solo unos minutos
después de que aquellos jóvenes se fueran. Pero tras reponerse al hablar con su
marido sobre el asunto, se sintió mejor y decidió ir a visitar a su hija que
estaba hospitalizada al sufrir de Infección Gris en estado 2. Felizmente aún
era tratable y se podía sanar, el 4 era desahuciado. Y, como le habían dejado
el peluche comprado enteramente para ella, resolvió regárselo a su pequeña para
animarle el día. Ya le contaría luego, en persona (y también al hijo de los dos),
sobre aquel raro y peligroso incidente.
***
—Kein,
¿crees que podrías… tocar algo para mí? —le preguntó Valeria, estaban los dos
sentados en el sofá de la habitación que les correspondía dentro de los
apartamentos Namat, terminando de comer y de beber; charlando a gusto.
—Hace
tiempo que no toco el piano —respondió Kein muy pensativo—, pero por ti haré mi
mejor esfuerzo.
Formó
un piano portátil y tocó magistralmente la Balada para Adelina, dejando muy
impresionada a Valeria quien lo escuchó atentamente.
—Genial,
no has perdido tu toque en lo más mínimo. De seguro tu madre estaría muy
orgullosa de ti.
—Gracias
por decir eso —expresó con gratitud, desmaterializando el instrumento—, lo
mismo pienso de tus padres y de Damián. Han de estar muy orgullosos de ti.
De
repente se puso serio y pensativo, lo que preocupó a Valeria.
—¿Qué
ocurre, Kein?, ¿en qué piensas?
—En
nada —le mintió, la verdad es que pensaba en lo ocurrido dentro de la tienda de
adornos, pero ese no era el lugar ni el momento para hablar sobre ello—.
¿Quieres que te cuente sobre mis aventuras en el campo de batalla?
—Claro
—dijo ella entusiasmada, escuchando ahora los relatos de Kein sobre la guerra
contra Chile; más pronto se cansó de hablar y quiso algo más físico con él—.
Kein, ¿Qué crees que deberíamos de hacer ahora?
—Bueno,
¿esperar a tu padre? Así les podré decir a ambos por qué estoy aquí.
—Mi
padre vendrá por lo menos dentro de seis horas, ¿Cómo crees que debamos de
pasar el rato?
—Buenos
podemos ver algo en Netflix si gustas o…
—O
hacer esto. —le corto besándolo para luego sentarse en sus piernas, sin dejar
de besarlo con afecto— Podemos usar ese tiempo para conocernos mejor.
—¿Estás
segura de querer hacer esto? —preguntó Kein, dejando que ella le hundiera la
cabeza en sus senos.
—Claro
que sí, si eres tú, está bien.
Volvieron
a besarse, cada vez con más fuerza, hasta el punto en que comenzaron a tocarse
mutuamente. Ambos se tocaron las GIN en mutuo acuerdo y se desnudaron,
revelándose el uno al otro.
—Entra
en mí, Kein…
No
se hizo de rogar, la hizo suya. Amándola como un animal desenfrenado. Hasta
dejarla satisfecha.
—
…eres una bestia.
—Lo
siento… es que yo…
—No
está bien. —afirmo ella sonriendo y dándole un beso— Me gusto, sino no te
hubiera permitido continuar.
—Y…
¿quieres que continuemos? —inquieró luego de que los dos se vieran entre
sonrisas.
—¿Tu
qué crees? —pregunto ella empujándolo mediante un beso hacia atrás y hacer que
ahora él estuviera echado boca arriaba sobre el sofá con ella sobre el mismo—.
Pero ahora yo voy a ser quien te monte a ti.
Acción
que realizó, pero que por desgracia se tuvo que detener cuando recibió una
llamada que resultó ser de Damián, lo puso en el altavoz.
—Escúchenme,
chicos, hubo un asalto en el MIRU de la calle Udul y requerimos de toda la
ayuda posible. Kein, sé que este no es tu caso, pero necesito que vengas a
ayudarnos. ¿Puedo contar contigo?
No
necesitó preguntárselo dos veces.

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