El Heraldo del Emperador
El fuego se esparció por todo el
castillo de la mítica ciudad de Agartha, ubicada en la misma Antártida, al
igual que los cadáveres ensangrentados de los heraldos como de los escuderos, y
el más joven entre ellos, con una mortal y profunda herida en la garganta, se
debatía entre la vida y la muerte, recordando todos los eventos que lo llevaron
a ese momento tan desesperado en el que se encontraba:
De niño no jugaba mucho con otros
chicos de su edad y prefería pasar horas leyendo los libros de aventuras que
sus padres, un par de modestos comerciantes, solían regalarle. No era una mala
vida para él, pero un nefasto día ellos por varias razones, que no se
molestaron en explicarle, le cambiaron el aspecto físico dándole un nuevo
nombre, diciéndole que de ahora en adelante así se llamaría y que nunca
volviera a la ciudad donde vivía junto con ellos, porque ahora sería el
discípulo y escudero de un viejo amigo de ellos, que no se trataba de otro más
que de un heraldo, de nombre Caleb Buch quien se encargaría de él de ahora en
adelante. Rematando todo cuando vio como éste les daba a sus padres 1000
monedas de oro a cambio de él. Preguntándole tiempo después, ¿por qué? A lo que
éste le respondió que sus padres tenían demasiados problemas económicos, motivo
por el que decidieron vendérselo, con un nombre y apariencia distinta para que
nadie lo extrañara. Algo común en ese tipo de transacciones y más cuando se
trataba de un nuevo aprendiz para heraldo, al ser necesarios que renunciaras a
su antiguo yo. Eso le dolió tanto como si clavaran una estaca en su alma, ya
que al fin de cuentas amaba a sus padres y ellos lo habían traicionado. Pero,
sorpresivamente aquel orco tosco, de una cara endurecida por todas las batallas
por las que había pasado, no lo trató mal y aunque fue estricto con él nunca
fue abusivo. Entrenándolo y cuidándolo como si fuera suyo. Llegando un punto en
que lo consideró como un segundo padre, aprendiendo mucho de sus enseñanzas y
experiencias pasadas. Razón por la que su muerte, por culpa de uno de los
suyos, fue no solo dolorosa, sino traumática.
Aquella fatídica noche, ese elfo
traidor de nombre Aitana Panero, junto con otros conspiradores, envenenaron las
aguas de los barriles de cerveza para que, al pasar unas horas, los que se
embriagaran con el licor, se convirtieran en grandes mutantes cuadrúpedos y
peludos, con una sed de sangre insaciable, provocando todo un pandemónium en
toda la ciudad cede de la Orden de Tronos, hogar tanto de los heraldos como de
sus escuderos, que pronto se vio envuelto en llamas. Él se salvó gracias a que,
ese día, sus compañeros habían luchado y ganado para un noble que requirió de
sus servicios y, en la lucha, él peleó contra un joven soldado al que mató,
viéndose él mismo reflejado en el pobre desdichado, razón por la que se sintió
perturbado y preocupado sobre el curso que debía de tomar en la vida para no
terminar de la misma manera. Lleno de esos pensamientos y viendo que no hacía
mucho frío, se fue a meditar paseando a las afueras de la ciudad y, cuando vio
una luz a lo lejos, en dirección al castillo, regresó a toda prisa para ser
testigo de la masacre que se estaba llevando a cabo.
A unos les cortaron la cabeza, a
otros los partieron por la mitad, a los siguientes les arrancaron los brazos y
a los demás los despedazaron. Convirtieron la ciudad en un verdadero matadero
humano; llenando el suelo y los muros de vísceras y miembros cortados de los
pocos heraldos o escuderos que, al no convertirse en mutantes, trataban de dar
pelea o de escapar de aquellas bestias sin poder lograrlo. Viendo él a 12 de
ellos que eran totalmente ignorados por las criaturas y que eran dirigidos por
Aitana, sacando cofres y cajas de la bodega principal del castillo para
ponerlas en un pequeño camión de carga que, como todos los vehículos, no necesitaba
de ruedas, al poder elevarse por el aire. No le fue difícil atar y llegar a una
clara conclusión sobre lo ocurrido. No los iba a dejar escapar tal fácilmente.
Debía de hacer algo y eso iba a hacer.
Se acercó, poco a poco, y se
escabulló entre el desorden y el fuego. Teniendo cuidado que los mutantes no lo
vieran ni lo encontraran. Ellos eran más y él en la vida podría con todos
ellos, ni hablar de los 12 heraldos traidores y de Aitana, hasta donde sabía
era mejor espadachín que él que solo era un escudero, pero si al menos se
enteraba de sus razones y a donde planeaba dirigirse, podría idear un plan a
largo plazo para encontrarle y vengar a todos los compañeros que murieron aquel
día, sobre todo a Caleb, a quien suponía fallecido al no encontrarlo en ningún
parte. Por fin, después de ser tan cauto y sigiloso, pudo llegar hasta al
almacén principal donde se guardaba el botín de guerra y objetos importantes
para ser vendidos, entre otras cosas. Y comenzó a escuchar:
—¡Deprisa! No tenemos toda la noche.
—les exigió el elfo pelirrojo Aitana de piel pálida a los heraldos con una voz
muy dura y áspera, mirándolos con sus ojos ambarinos— Estos brazaletes… —se
tocó la ajorca que tenía en el brazo— …no nos darán el control de los mutantes
para siempre, ¡Tenemos que darnos prisa y llevar estos cofres a…!
No pudo terminar la frase,
porque, en ese momento, unos poderosos y firmes brazos de ogro lo sujetaron
para, sacándolo de su escondite, decir:
—¡Aitana! Aquí tenemos a un
pequeño espía.
El pelirrojo, mientras que él se
retorcía en los brazos de su opresor, se le acercó para verlo bien fijándose en
la cabellera castaña al igual que las nueces, los ojos negros como la noche y
la piel color durazno que poseía para reconocerlo.
—¡Vaya! Pero si es el escudero de
Caleb. —le miró con lástima— Debiste escapar en cuanto pudiste, niño.
—¡No soy ningún niño! ¡Y te exijo
que me digas por qué nos has traicionado!
—¿Me exiges? Tú no tienes ningún
derecho a exigirme nada y no tengo que darte ninguna explicación. Lo único que
necesitas saber es que esto es por un bien mayor. Eso es todo. Pero te prepongo
esto. —silbó y todos los mutantes sobrevivientes se reunieron frente a ellos—
Si logras vencer a una de estas bestias, superando el dolor de su muerte para
luego luchar conmigo, te lo diré todo. ¿Aceptas?
—¿Me das tu palabra?
—Te la doy.
—Sí, lo haré.
—Libéralo, Federico. Veamos como
lucha.
Federico obedeció y él se acercó
a las bestias y ellas, que eran manejas por Aitana por medio del poder del
brazalete, le dieron espacio para que peleara contra uno de los suyos
seleccionado por el mismo heraldo traidor. Y la batalla comenzó.
La criatura se le abalanzó con
toda la atención de destriparlo con sus afiladas garras y desgarrarle la
garganta con sus enormes colmillos, que hubieran cumplido con su objetivo de no
haber sido porque, tras haber sido entrenado por el mismo Caleb en persona, uno
de los mejores heraldos de aquellos años, sobreviviendo a varias misiones
peligrosas, y peleado anteriormente contra otros abominables mutantes, era un
escudero guerrero más que capaz, con buenos reflejos lo suficientemente
desarrollados como para esquivar las arremetidas del monstruo y asestarle un
profundo corte en el costado, haciéndolo sangrar, abalanzándose sobre la
bestia, tras darse la vuelta, para hundirle la espada en el abdomen. Tirándolo
a ambos sobre el pasto, manchado con la sangre del mutante, momento que
aprovechó para ponerse de pie y atravesarlo por medio de la espada una y otra y
otra vez, hasta que la criatura dejo de moverse, dejándolo a él empapado con su
sangre. En eso escucho risas y aplausos. Miró de forma retadora a los heraldos
traidores, sobre todo a Aitana que, entre sonrisas y risas, le señaló el
cadáver del ser. Lo miró y, para su horror, se trataba de Caleb, que al morir
había vuelto a su forma original. Con el estómago abierto, los intestinos al
aire y mirándolo con unos ojos desorbitados que denotaban sorpresa y confusión,
como si le preguntaran: ¿Por qué?
Sintió asco de sí mismo y todas
las fuerzas del cuerpo le abandonaron; y, mientras se arrodillaba ante el
cadáver de quien había cuidado de él como un padre, pese a que no era su hijo,
Aitana camino sin prisas hacia él y le pregunto, de forma burlona:
—¿Y bien, Dylan? ¿Lucharemos? —le
miró con lágrimas en los ojos—. Eso pensé.
Sin decir más, sacó la espada y
le propinó un profundo corte en el cuello. Tan fuerte que lo tumbo boca arriba
en el suelo, junto al cadáver de su mentor. De ahí su mente se puso en blanco
y, de lo poco que pudo entender y escuchar, era que, al momento de irse, darían
la orden para que los mutantes se mataran entre ellos, para no dejar huellas.
Se fueron, dejándolo para morir en la agonía de la culpa y de la herida que le
propino Aitana. Y eso justo era lo que estaba pasando. Se le iban las fuerzas y
poco a poco sentía que perdía el conocimiento. Pero miró el cielo, las
estrellas y, sobre todo, a las tres lunas de su mundo, Gaia. Causando que
muchos pensamientos cruzaran por su cabeza. Según la religión predominante de
Gaia existen tres dioses que viven, cada uno, en una de esas lunas y que
interfieren en la vida de los hombres para bien o para mal dependiendo de la
situación en la que uno se encuentre; estos son una trinidad conocida como los
antiguos, al ser seres primigenios que han existido desde la creación de Gaia.
El primero es el sabio, que busca que el orden esté sobre el caos y se le reza
para tener buena fortuna en todo lo espiritual, al ser el guardián y gobernarte
del edén. Su luna es Eldridge, la verde. El segundo es el guerrero, que busca
el equilibro entre el orden y el caos y se le reza para que haya buena fortuna
en todo lo material, al ser el gobernante de todo plano terrenal, o sea Gaia.
Su luna es Gunnar, la amarilla. Y el tercero es el poderoso, que busca que el
caos esté sobre el orden y se le reza para que las almas de los difuntos no
pasen mucho tiempo en su reino, acosadas por demonios, al ser el gobernante del
inframundo, por lo tanto, quien decide cuando las almas pueden subir al edén.
Su luna es Nero, la roja. Entre los tres son capaces de ver el futuro, el
presente y el pasado de todo ser vivo. Y él, al verlas y pensar en ellos, no
puedo evitar rezarles pidiendo vivir para ajusticiar a los traidores que habían
matado tanto a sus compañeros como a su mentor de una forma tan injusta y
cobarde para luego salir huyendo tras robarles el botín de guerra. Una
injusticia que debía de ser corregida.
—¿Y qué nos darás? —preguntó la
misteriosa voz de tres entidades sonando como una sola, que se dirigieron
directamente a su cerebro, dejándolo sin habla.
—¿Nos darás tu mente? —se le
apareció un hombre totalmente verdoso, incluso en vestidura, parado a su
costado.
—¿Nos darás tu cuerpo? —otro
individuo apareció, esta vez de color amarillo, sentado y flotando en el aire,
a solo unos centímetros sobre la tierra, arriba de él.
—¿Nos darás tu alma? —el último
de ellos, totalmente con ropas rojas, arrodillado junto a él, al lado. Y, como
los otros, sujetando un bastón de madera muy fina lleno de símbolos rúnicos
desconocidos para él.
—¿Quién… quiénes son?
—Eso ya lo sabes. —le dijeron al
mismo tiempo— Ahora elige: mueres aquí, ahora, sin lograr nada o haces un
sacrifico y te conviertes en el instrumento de tu venganza. —él con gran
dificultan alzó el brazo derecho y la mano hacia el cielo, hacia las estrellas
y las lunas, cerrando la mano en un puño— La decisión está tomada.
—Sé nuestro guardián. —dijo el
dios sabio verde que le puso la mano en la muñeca— Y entrégame tu mente, que yo
a cambio te doy conocimientos.
—Sé nuestro jinete. —dijo el dios
guerrero amarillo que le puso la mano en la muñeca— Y entrégame tu cuerpo, que
yo a cambio te doy los medios.
—Sé nuestro campeón. —dijo el
dios poderoso rojo que le puso la mano en la muñeca— Y entrégame tu alma, que
yo a cambio te doy poder.
Todas las venas de su cuerpo se
hincharon y sintió un tremendo ardor en su muñeca, como si estuviera
aprisionada por fierros calientes. Quiso gritar, pero soportó el dolor.
—Sé nuestro heraldo —dijeron los
tres dioses causando que su cuerpo se llenara ahora de un poder y de una
energía que lo revitalizaron por completo, al tiempo que estos se convertían en
formas líquidas que danzaron alrededor de su muñeca, causando que el entrar en
una especie de trance en el que le llegaron visones del futuro, presente y
pasado, escuchando las palabras:— Entréganos tu destino, que nosotros a cambio
te daremos uno mejor, a costa de la eternidad.
Perdió el conocimiento y en
sueños se pudo ver así mismo en la inmensidad del espacio-tiempo; las estrellas
y los planetas danzaban a su alrededor en un movimiento que parecía infinito.
De pronto, los vio, seres inmensos y extremamente poderosos peleando entre
ellos por su propia supremacía, comprendiendo que estaba ante la presencia de
los primordiales. Los dioses antiquísimos cuyo conflicto dio origen al mundo de
Gaia tal y como era conocido en la actualidad y de cuyos cadáveres emergieron
los primeros dioses, luego los ángeles y demonios, para dar cabida a los
animales, después a los humanos, a los mitológicos y finalmente a los mutantes,
las criaturas más temidas y despreciadas de todas. Pero siendo la humana la
única, de entre todas las especies terrestres, la que aprendió a usar magia y
fundir acero para expandirse por todo el globo, creando tecnología a base de
gemas mágicas de llamadas cristales de Titania. Logrando así conquistar el
cielo, la tierra y el mar, mediante el uso de las armas. Formando reinos e
imperios a lo largo de los 7 continentes de Gaia. Fue durante esas visiones de
guerras y conquistas, cuando por fin despertó. Se sentó y lo primero que hizo
fue tocarse el cuello. Ya no había ni herida o marca. Estaba totalmente curado.
Entonces se fijó en su muñeca derecha y vio el tatuaje oscuro que tenía.
Estéticamente era bello y lo más llamativo era que tenía dibujado el símbolo
Valknut en el centro que según tenía entendido significaba: el equilibrio entre
la inteligencia, la riqueza material y la paz espiritual; teniendo a su
alrededor runas y nudos celtas que simbolizaban sacrifico y eternidad, las
primeras arriba de las otras. Algo con perfecto sentido teniendo en cuenta lo
que le acaba de ocurrir. Servirles eternamente a los antiguos como uno de sus
elegidos, unos de sus heraldos, conocidos popularmente como asimiladores, por
la capacidad que tienen de absorber la memoria de la gente, a costa de toda una
vida de expiación. ¿Y qué eran y cuál era la función de los mismos? No ser otra
cosa que ser agentes al servicio de los mismos dioses para lidiar con amenazas
que se cernían sobre Gaia. Pero, ¿cuál eran estas amenazas y por qué fue
elegido? No se lo habían dicho, y no le preocupaban. Porque para él la
respuesta estaba clara: debía de encontrar y asesinar a los 13 traidores
responsables de la destrucción de la Orden de Tronos, incluso si eso significaba
toda una vida de búsqueda y venganza. Algo posible al ser él, según lo dicho
por los dioses, un privilegiado del tiempo. Pero, eso, por el momento, tendría
que esperar. Se levantó y vio el panorama: ya era de día y estaba rodeado de
cadáveres, las llamas lo habían consumido todo. No podía irse y dejar las
cosas, así como así. Se dio con la ardua tarea de juntar y enterrar los
cadáveres, sobre todo el de Caleb. Rezó al poderoso para que sus almas, durante
su estadía en el inframundo como penitencia por sus pecados, no fuera muy larga
y se les permitiera ir a edén donde el sabio velaría por ellos, junto con sus
ángeles. Terminado esto, junto las pertenencias y las provisiones que pudo
encontrar, armándose e inicio con esa búsqueda, con el único propósito de
vengar a los caídos y a su padre, sin imaginar que recorrería toda Gaia durante
eones, una y otra y otra vez, sin hallar nada, hasta mucho tiempo después.
***
Era una noche oscura, tormentosa
y lluviosa. Una que sería muy incómoda para quienes estuvieran ahí afuera, pero
no para el hombre que estaba sentado al frente de un escritorio en medio de un
ambiente agradable y acogedor. Dentro de un cuarto grande, ventilado y bien
amoblado, con hermosos sillones, una amplia mesa, un minibar y cuadros en los
cuales había o bien pinturas originales o fotos de eventos importantes. Lo que
le daba al lugar un aire de lujo e importancia. Algo cierto, porque Husero, al
ser el actual dueño y director de la academia de artes y ciencias, era una de
las personas más acaudalas e importantes de Arcadia, la ciudad imperial de las
12 murallas. Quién, en esos momentos, revisaba documentos holográficos usando
Holo-proyecciones gracias a los links de sus ojos. Un par de computarizados
lentes de contacto que, además de permitirle acceder a la vasta red informática
conocida como la matriz, también le permitían recibir mensajes del que tuviera
sus códigos de enlace, como su secretaria, una bella esclava que le llamó
mentalmente para informarle de lo siguiente:
—Disculpe que lo interrumpa, mi
amo. Pero el cazador enviado por el gremio ya está aquí.
—Bien hazlo pasar.
—Sí, mi amo.
La esclava cortó la comunicación
y Husero suspiró, preguntándose porque se molestaba en intentar hacerle
entender a esa mujer que no era necesario que le llamara de esa forma tan
dominante, pese a ser una esclava que le fue entregada como regalo por uno de
sus más viejos y conocidos amigos: el emperador. A la que, pese a ser muy
hermosa y agraciada, nunca toco por respeto y porque ya no ser el jovenzuelo
que, en vidas pasadas, sin duda, hubiera tomado a esa joven más de una vez.
Ideas que no pudo evitar tener, pero que debió de omitir cuando entró a la
habitación un joven que no podían ser otros más que un cazador, sin duda,
recién salido de uno de los 12 gremios de cazadores esparcidos por todo el
imperio, según el arete que portaba en la oreja: rango hierro, ósea un Novato.
Y eso no le gusto para nada, se suponía que Tauro enviaría a un profesional
para lidiar con el problema que tenía entre manos, no a cadete recién salido
del horno. Pero, si estaba ahí, era porque el líder zodiacal del gremio de
Tauro pensaba que con aquel joven bastaba, así que tendría que seguirles el
juego. Al fin de cuentas, era su riesgo, no el suyo. Y solo se le pagaría,
tanto al mandamás como a ese chico, una vez terminado el trabajo. Uno que, de
ser completado, junto a varios otros más, le permitiría a ese joven ser
promovido al rango de bronce. Por lo que sin más le hablo, no sin antes mirarlo
fijamente, estudiándolo al resaltar físicamente. Al ser un joven adulto muy
atractivo de cabellera rubia solar y ojos verdes limón, sumado a una piel tan
blanca como la nieve que usaba de vestimenta una armadura negra muy
resplandeciente en cuyo pecho resaltaba el símbolo de la orden a la que
pertenecía, como todos los cazadores de los gremios zodiacales. Joven, hermosos
y de proporciones perfectas, para nada feo, ni de lejos. Era prácticamente como
una estatua esculpida en piedras preciosas. Una que atraería la atención de
varias mujeres por amor y varios hombres por envidia.
—Como ya sabe porque está aquí
iré al grano… —empezó el director Husero al terminar de observarle y juzgarle
por la apariencia— … no espero otra cosa, sino que limpie el desastre que causo
uno de mis exalumnos a un noble, un rey para ser precisos. Así que, sin más
rodeos, aquí le digo los detalles…
—¿Cómo van los fetos de las
quimeras? —quiso saber el rey Hermes, un hombre cuyo puesto se le fue otorgado
gracias a la selección divina, caminando al lado del alquimista Gerard, mirando
los cilindros con forma de columnas, llenos de ese líquido viscoso y del tamaño
de una persona adulta, en donde se estaba desarrollando, en cada uno, un
embrión de apariencia humanoide.
—Se desarrollan sin ningún
problema, mi señor. —le respondió el alquimista— Pronto las quimeras nacerán y
serán todos fieles al reino y sobre todo a usted. Se lo aseguro, por mi honor,
como alquimista.
—¿Es cierto lo que me contaste?
¿Se desarrollarán rápido?
—En efecto.
—¿Qué tan rápido?
—En solo un mes ya serán adultos,
la edad perfecta para una vida llena de exigencias físicas. Justo lo necesario
para el tipo de trabajo que van a llevar. Ayudarle a expandir su reino a lo
largo de todo el continente, llegando hasta la metrópolis del emperador o,
incluso, por la misma zona prohibida.
—Y me imagino que les enseñaras
todo lo que necesitan saber, ¿verdad?
—Por supuesto. Desde cosas tan
básicas como leer y escribir. Hasta temas más complejos como manejo de armas y
estrategias militares.
—Pero, ¿qué hay de sus creencias
y opiniones?
—Mi señor. Aquí no buscamos crear
a seres humanos y menos a individuos con opinión e ideología, sino a simples
marionetas que estén a su servicio y que sean capaces de llevar a cabo las
tareas que se les asigne. Eso es todo.
El rey Hermes se detuvo frente a
uno de los cilindros, miró fijamente a uno de los fetos y sonrió.
—Bien, ¿y qué hay sobre lo que
hablamos? El Homúnculo Controlador.
—De eso no se preocupe, ya está
en proceso de formación y pronto estará listo para usted.
El rey Hermes la miró muy
seriamente.
—Eso espero, gasté muchos
recursos para entregarte todos los materiales que necesitabas, así que no
toleraré fracasos, ¿está claro? Desecha lo que no me sea útil.
—A la orden, mi señor.
El alquimista se inclinó de forma
respetuosa ante el rey Hermes y lo vio marcharse, acompañado con sus
guardaespaldas, vestidos como siempre con impotentes armaduras en las que
resaltaba el símbolo del reino de Gus, y él se puso a trabajar…
***
—
…no creo que sea necesario decir que, el Alquimista en cuestión,
expulsado de estas sagradas paredes, embauco al rey Hermes, junto a sus tontos
sueños expansionistas. Ahora, tu misión es una muy sencilla…, eso es todo.
Puede irse.
El cazador del gremio de Tauro se
retiró y Husero, tras terminar con todo, fue a su alcoba privada en donde le
esperaba la esclava como siempre dispuesta a atenderle en todas sus
necesidades, suspiro y se dejó atender.
***
La torre de Babel del pueblo
Maica, ubicado en el Reino de Gus, un feudo gobernado por el rey Hermes, era
conocida por ser una muy larga construcción que en su tiempo albergo a grandes
magos y sacerdotes que buscaron desentrañar los misterios de la creación, pero
ahora solo era una atalaya abandonada que solo resaltaba por su tamaño, estar
un poco inclinada y dar un aire de inquietud debido al color oscuro que ahora
poseía, al no recibir ningún tipo de mantenimiento, por no decir que era el
nido de cuervos y otras aves de mal augurio. Pero lo peor de todo llegó cuando
ocurrió el incidente del sucesor del feudo, seguido, poco tiempo después, de
una enorme presión de aire que luego fue acompañada por una luz rojiza y
fluorescente que se alzó hasta fundirse con el cielo celeste. Un evento que
llamó la atención de los animales, de la plebe y de los militares que actuaron
de inmediato, pidiendo apoyo ante ese suceso tan extraño que no presagiaba nada
bueno, al salir, precisamente, de esa misma y endemoniada torre.
***
Tras esos sucesos.
Los civiles habían sido
evacuados, todos estaban en posición y el capitán de los soldados, seleccionado
para esa tarea, que se hallaba dentro de una tienda, esperaba el informe del
teniente subalterno que debía de estar seleccionando a los que ingresarían,
junto con el mago sargento, a la torre de Babel que él con más de 100 de los
suyos habían rodeado. Se trataba de una misión cuyo objetivo principal era la
de salvar la vida del sucesor, matar a cualquier cosa no humana que encontraran
ahí dentro y la de asesinar al responsable de aquel fiasco, el alquimista que
embaucó a su rey, llevándolos a todos a esa situación tan desesperada. Un
bastardo, que de ser posible, lo llevaría ante el rey para que el mismo lo
matara con sus propias manos. Y eso pensaba hacer, como el buen soldado que
era.
—Señor, ya está hecho. El mago y
20 de los mejores están ingresando a la torre. —le Informó el teniente
subalterno al entrar de prisa a la tienda, saludándolo.
—Muy bien, vamos a verlos.
Por medio de los links, vieron el
progreso del grupo gracias a que tenían, en el visor de los cascos, una
diminuta videocámara que les permitió ver todo lo que ellos veían dentro del
complejo, sin sospechar que pronto serían testigos de una total y completa
carnicería.
***
El mago sargento caminaba
cuidadosamente junto con los soldados bajo su mando, subiendo por las escaleras
y revisando los cuartos de la torre de Babel, sabiendo que, en cualquier
momento, algo podría cruzarse en su camino y, muy probablemente, tendrían que
usar sus armas y él su magia, al ser él un hechicero guerrero entrenado
precisamente para resguardarlos en ese tipo de situaciones. No había nadie,
hasta ese punto, que no supiera la historia. En esas instalaciones, construidas
hace años por orden de reyes anteriores al de ahora, había sido llevado el
sucesor real para que terminara de recuperarse de una enfermedad que era en
realidad provocada por el mismo alquimista que llegó asegurando que lo curaría
y que sé lo llevó ahí dentro, solo para después encerrarse en esa torre oscura
de la que ahora salía esa misteriosa luz siniestra. El mago sargento suspiró,
todo eso le parecía una auténtica tontería. Lo único que tenían que hacer era
echar abajo ese lugar y al diablo con todo lo demás. Pero debían de salvar al
sucesor real, si aún estaba con vida, o matarle en caso de verlo convertido ya en
una quimera. Justamente la razón por la que tenían fuertes sospechas de que se
contrarían con entes no humanos, al estar lidiando con un alquimista, cuya
principal línea de defensa eran justamente dichas criaturas. Por eso siguieron
avanzando, sin tener ni la más remota idea de que iban directo a una muerte
segura.
***
El alquimista ya no era humano,
ahora era un homúnculo creado por medio de su propio ingenio lleno de
habilidades asombrosas y extraordinarias. Convirtiéndolo en un ser muy
peligroso. Teniendo, incluso, una gran cantidad de habilidades mentales que
usaría para matar a los intrusos que osaron entrar en sus dominios… aunque,
pensándolo mejor, no eran dignos de él… usaría a su ejército de quimeras para
asesinarlos junto con los de afuera también.
***
Salieron de todos lados. Los
primeros eran seres humanoides musculosos, sin pelo, con seis ojos y bocas
anchas, llenas de colmillos, que les dispararon con armas de fuego muy
potentes; y los segundos eran criaturas parecidas a grandes y bestiales perros
del mismo diseño que los humanoides. Los atacaron sin cuartel en cuanto
llegaron a una amplia sala. Los soldados contraatacaron lo mejor que pudieron,
pero terminaron por ser masacrados por las bestias que los acribillaron a
balazos, despedazándolos también con sus grandes garras y afilados colmillos.
En cuanto al mago sargento, que fue alcanzado por las balas, se arrastró por el
suelo, le disparó llamas desde las manos a uno de los canes quimera que se le
estaba acercando y lo último que vio fueron las fauces de la criatura yendo a
su rostro para masticarlo.
***
Tanto el capitán de la unidad de
soldados como el teniente subalterno guardaron silencio. No se esperaban esto.
Es decir, se hubieran decepcionado del alquimista de no haber ofrecido ningún
tipo de resistencia con criaturas que, sin duda alguna, serían fuertes, pero no
lo suficiente como para derrotar a un mago acompañado por soldados bien
entrenados, sin ninguna baja. Eso significaba que estaban en serios problemas y
ante una muy posible desventaja frente al enemigo. Tenían que actuar rápido.
—Señor, ¿doy la orden para que
otro grupo entre?
—No, no lo hagas. Podrían entrar
en otra emboscada, será mejor que replanteemos nuestra estrategia.
Se calló al sentir cómo la tierra
temblaba para luego escuchar gritos y disparos que venían del exterior de la
tienda y los dos salieron para encontrarse con un verdadero pandemónium. Vieron
cómo todos peleaban contra más de 50 quimeras que salían de las puertas de la
torre de Babel que tenían rodeada. Se vieron sobrepasados por esas criaturas
que claramente se encontraban en un nivel muy superior a lo esperado. Dejando
al capitán de la unidad con una única opción.
—¡Ordena la retirada, que todos
vuelvan a las aeronaves y que estas monten en vuelo inmediatamente!
—¡Sí señor!
***
Cobardes, así los llamó el
alquimista homúnculo. Al ver, por medio de los Holo-monitores de la sala en
donde se encontraba, cómo muchos de ellos huían, usando vehículos voladores sin
hélices que lograban elevarse por el aire, lejos de la torre. Algo que él no
les permitiría hacer.
***
Sentado dentro de una de las
cuatro aeronaves que pudieron escapar, se encontraba el capitán, molesto por
haber fallado en la misión y triste por perder a tantos hombres, entre ellos al
teniente subalterno. Pero al menos él y otros 11 habían sobrevivido para contar
lo ocurrido y cuando lo hicieran podrían regresar mejor preparados para vengar
a los caídos.
—¡Oigan, algo nos sigue!
Todos los Soldados, incluyéndole,
se fijaron por las ventanas y maldijeron en alto. Eran perseguidos por lo que
parecía ser una bandada de pájaros mutantes de color oscuro, que como si fueran
un torrente de agua, impactó contra cada una de las aeronaves, haciéndolas
estallar, matando a sus ocupantes, al atravesárseles por el camino. Lo último
que pensó el capitán, antes de que muriera producto del fuego y el metal que
salió disperso por la explosión causada por dichas aves, fue en su mujer y en
su hijo que lo esperaban en casa.
***
El alquimista homúnculo se sintió
satisfecho por esa victoria, pero rápidamente volvió a estar vacío por dentro.
Por ello comenzó a realizar nuevos experimentos, esta vez usando los cuerpos de
los soldados que quedaron de la masacre, mandando incluso a sus huestes a que
recorrieran y captaran a los pueblerinos de las aldeas cercanas para traerlos a
ese “castillo” y usarlos también. Sabiendo que, gracias a esa luz
fosforescente, al igual a un insecto atraído hacia una trampa, llegarían más y
más conejillos de indias con los cuales podría probar sus creaciones hasta
crear al ser perfecto, con el que alcanzaría la meta de todo rey buscaba: la
inmortalidad.
***
…algunos días después…
La lucha inició desde las
primeras horas de la mañana, y aun así no parecía que fuera a acabar pronto.
Porque pese a que los soldados, que empleaban todo tipo de armas de fuego y
punzantes, portando el emblema del reino de Gus al que servían, con orgullo y
honor hasta la muerte, daban lo mejor con tal de ganar, eran incapaces de
lidiar con el creciente número de quimeras que no dejaban de salir del ahora
amurallado pueblo de Maica, por cientos y cientos, convirtiendo el terreno en
un montículo de cuerpos amputados y ensangrentados, llenando todo de pura
confusión. Destacando, entre los combatientes, una bella joven que, portando una
armadura y una empuñadura que la señalaban como la capitán de aquellos
soldados, luchaba a la par junto a ellos, dándoles las órdenes
correspondientes, mirando luego hacia la torre oscura de Babel que sobresalía a
lo lejos frente a ellos y uno de los soldados le pregunto, a la capitana
Olivia:
—¿Cree que lo logren, mi
capitana?
—Eso espero, de lo contrario no
saldremos nunca con vida de aquí.
En eso ocurrió un enorme temblor
desde adentro de la ciudad, destruyéndolo todo y llenándolo de escombros.
Saliendo de estos un gran dirigible que se elevó por los cielos, alejándose de
la zona y dejando detrás todo destruido. Y tanto Olivia, como los soldados ahí
reunidos, solo pudieron temer lo peor por los cazadores, cuyos cadáveres
aparecieron entre las ruinas de la torre oscura, ahora totalmente destruida.
Dejándolos devastados y sin ninguna tranquilidad. Fue ahí cuando aprecio la
esfera negra…
***
…tiempo atrás, antes de dichos
acontecimientos…
Gus ya estaba en la boca de
varios monarcas, nobles y plebeyos pertenecientes o no a ese reino helado. No
por estar en una región que se caracterizaba por tener grandes y largos
inviernos; sino por las recientes noticias de tener la desgracia de ser
asediado por horribles monstruos, que habían causado grandes estragos y matanzas
entre la población que, durante 12 meses, rezaron para que los dioses
primordiales intervinieran, exigiendo también la intervención del rey Hermes,
quien, además de hacer una generosa donación a uno de sus templos, que a su vez
fue a parar a las arcas del emperador, con la finalidad de congraciarse con el
rey de reyes por su fallido intento de sublevación e invasión, puso una fuerte
recompensa para los cazadores que les ayudaran a solucionar el problema en el
que estaban. Lo que atrajo a muchos de ellos, como a uno que, en medio de una
gran ventisca, apareció en los límites de la ciudad del rey, Tariq. Llegada que
no paso por alto por los vigías que avisaron a los guardias que fueron a
recibirle, no por entrar en la urbe, sino por los disturbios ocurridos en una
taberna, en la que muchos de ellos se estaban entreteniendo escuchando los
relatos de un famoso bardo:
—Miren lo que tenemos aquí. Un
niño llorón.
Fue lo que dijo un hombre que,
junto a sus 2 compañeros, se acercó a molestar a un cazador de un gremio rival
que se sentó en una mesa aparte al ser el único del gremio de Tauro, quien al
estar tan sumido en sus pensamientos dio la errónea idea de ser alguien tan
deprimido que se podía abusar de él. Un error que cometieron aquellos hombres
quienes, de forma amenazante, comenzaron a fastidiarle, buscando causar un
tumulto lo suficientemente fuerte, como para tener la excusa perfecta de
matarle a él y a cualquier otro cazador rival, con el fin de eliminar a la
competencia. Algo que sabía aquel joven gracias a agudizar el oído y enterarse
de las intenciones de esos desgraciados. Uno de ellos se le colocó a su
derecha, mientras que el siguiente se puso detrás de él y el último a su
izquierda.
—Este es un sitio para hombres,
no para pequeños cobardes, ¿me has escuchado?
No le dijo nada, de hecho, ni
siquiera le estaba prestando atención.
—¡¿Es que estás sordo?! —lo
agarró para luego alzarlo—. Te voy a matar pedazo de Mierda.
Si bien esa era su intención, y
la de sus compañeros, no llego ni a desenfundar su arma cuando el joven, de
nombre Dylan, le sujetó de la mano y se la retorció para, al lograr liberase,
ponerla sobre la mesa y atravesarla con un cuchillo, que sacó de entre sus
ropas, causando que el bravucón gritara de dolor, en un intento vano por quitarse
la daga que estaba firmemente incrustada en la mesa, haciendo que perdiera el
equilibro y que se cayera al suelo. Eso sorprendió a sus dos compañeros que no
esperaban semejante nivel de fuerza de alguien tan joven y no tan alto como
ellos. Craso error. Porque al no reaccionar, ni intentar nada. Le permitieron a
Dylan moverse con total soltura y enfrentarlos. Se dio la vuelta y lanzó un
contundente puñetazo hacia el que estaba detrás de él. Este no pudo reaccionar,
al ser Dylan más rápido de lo que se hubiera podido haber imaginado, y recibió
el golpe directo en la cara, y fue tan fuerte que la cabeza de aquel personaje
fue destrozada por el impacto. Con los restos del cráneo, al igual que la
sangre, desperdigándose por el aire. Ensuciando el suelo, las mesas, las
paredes, las columnas e incluso a los clientes y al personal del bar que se
quedaron estupefactos ante tal espectáculo. Que no terminó, porque el cazador
fue a por el de su izquierda, que sacó un cuchillo y comenzó a amenazarlo con
matarlo si se le acercaba, pero todos pudieron ver que eran las amenazas de un
condenado y de un cobarde, al notar los orines que bajaban de sus pantalones.
Dylan le agarró los brazos, se los retorció para voltearlo y tenerlo de
rodillas, empujándole dichos miembros hasta arrancarlos. Causando que la sangre
saliera a chorros por los muñones y que el pobre diablo muriera desangrado.
Solo quedaba el que lo inició todo. Este se había quedado recostado viendo toda
la escena, sin poder creer lo que sus ojos presenciaban, tras lograr liberar su
mano ensangrentada del filo del puñal de la mesa. Preguntándose de seguro
¿quién era ese joven? Un pensamiento que Dylan adivino al verlo. Pero que no se
molestaría en responder. Le dio un puntapié que lo tiro al suelo y, acto seguido,
le aplastó el cráneo con el pie hasta hacerlo reventar como una sandía cuyos
restos, al igual que con los otros, salieron desperdigados por todo el
establecimiento. Se sentó en medio de ese matadero humano, como si nada hubiera
pasado. Estudiándolo con indiferencia.
—¡Tabernero! —exigió tronando los
dedos—. ¡Más bebida!
El tabernero en persona fue a
dársela y ningún cliente se atrevió a molestarle. Y menos a acercársele,
excepto por dos personas, una que miro todo entre aplausos y risas; la otra con
pena en el rostro, ambos de gremios diferentes: Lautaro y Valeria.
—Veo que como a muchos del gremio
de Tauro te gusta imponerte sobre otros. —le miró molesto y él sonrió
levemente—Disculpa, pero el problema es que me agradan los fuertes.
—A mí también. Aunque no apruebo
la violencia desmedida.
—¿Quiénes son? —preguntó Dylan
tras verlos fijamente: el primero era un adulto, solo un poco mayor que él, con
ojos ambarinos, tan resplandecientes como el sol, a juego con su cabello tan
castaño, como los árboles de los bosques llenos de vida silvestre, sumada a una
piel tipo beige, adonizado, vistiendo una armadura totalmente blanca; la
segunda, se trataba de una hermosa cazadora de cabellos tan oscuros como la
noche, ojos color violeta intensos como las flores y una piel tan oscura, al
igual que el carbón que la hacía ver muy exótica y agraciada, usando una
armadura rojiza. Era sin duda alguna la mujer más bella que había visto en su
vida. Por eso decidió no ser tan cortante ni repelente—. ¿Qué desean de mí?
—Yo, además de la dama aquí
presente, conocer a alguien interesante. He hablado con muchos de los cazadores
que se encuentran aquí, y la verdad es que son gente aburrida. Poco o nada
saben del mundo, salvo del oficio que hacemos; pero tú, por lo que veo, estas
por encima de ellos, pese a hacer un novato.
—Eso a mí también me ha llamado
la atención, los primerizos no suelen ser tan fuertes. Y esa es la razón por la
que estos… —señalo los cadáveres ensangrentados del suelo— …fueron a
provocarte. No esperaban que fueras capaz de vencerles. Menos matarlos. Lo que
me hace preguntarme, ¿quién eres?
—Buena pregunta, pero creo que
antes deberíamos de presentarnos ante nuestro joven amigo: Yo soy Lautaro del
gremio de Virgo, mi rango es de bronce y esta es mi misión número 135.
—Y yo soy Valeria del gremio de
Capricornio, mi rango es de plata y esta es mi misión número 258.
El novato guardó silencio un
momento antes de responder.
—Soy Dylan del gremio de Tauro,
mi rango es de hierro y esta es mi misión número 1.
—Un novato total, que ni siquiera
ha llegado a la mitad del camino para pasar de rango. —dijo Lautaro con sorna—
Lo que te hace aún más interesante, porque, de ser ese el caso, no deberías de
tener ni ese nivel de fuerza o agilidad, ¿Qué usas? ¿Nanites o magia para
potenciarte?
—¿O ambas? —quiso saber Valeria,
igual de interesada, puesto que la tecno-magia era algo de todos los días.
—Ni lo uno ni lo otro. —dijo por
fin Dylan tras pensar que responder— Uso una maldición impuesta en mí.
—¿Una maldición?
Tanto Valeria como Lautaro se
miraron igual de confundidos.
—¿Qué quieres decir con eso?
De repente entraron a la taberna
varios guardias fuertemente armados, muy posiblemente alertados por gente del
bar, rodeando a varios cazadores con las armas listas y preparadas.
—¿Quiénes son y porque han
venido? —preguntó la líder del grupo. Una joven de nombre Olivia, de cabello
castaño y unos preciosos ojos ambarinos—. A simple vista parecen mercenarios
por las armaduras que llevan puestas, ¿qué es lo que buscan hacer aquí?
—¿Es que acaso son tontos o
ignorantes? —respondió un cazador, levantándose y dando un paso al frente, con
un tono y una fuerza en la voz que intimidó a los guardias ahí reunidos—. ¿No
reconocen a cazadores cuando los ven?
—¿Sois cazadores? —inquirió
Olivia, pues algunos de ellos no eran mucho más mayores que ella y la gente de
esa profesión solían salir de los gremios a una edad más avanzada—. ¿Acaso
vinieron por la oferta del Rey?
—Los bardos cuentan las penurias
de vuestro pueblo y su vergüenza al no poder deshacerse de unas cuantas
quimeras. —mencionó una cazadora retadora—. Me pregunto si eso será cierto.
—¡¿Quién?! —Olivia se molestó al
igual que los otros soldados mirando al bardo de la Taberna—. ¿Quién de ellos
ha osado decir algo así?
—Todos. —indicó otro sonriendo de
forma socarrona—. Desde lejano reino de Iraide, hasta el de Yoan.
—No es una vergüenza ser acosados
por engendros. —afirmó Olivia molesta por el descaro de aquellos que criticaban
sin saberlo todo—. Y si ellos supieran lo que hemos tenido que soportar, no
dirían tanta mierda.
—¡Suficiente! —ordenó el primero
en hablar al ya no querer seguir perdiendo el tiempo—. Somos cazadores y hemos
venido a matar a vuestros engendros, ¿Nos guiarás con el rey de estas tierras?
—Ustedes son la respuesta a
nuestros ruegos, me matarían si no lo hiciera.
Los condujeron afuera y todos
fueron llevados por Olivia hasta el centro mismo de la ciudad principal del
reino, en donde se ubicaba el castillo del rey, Crésida, quien los recibió con
gran alegría dando la orden de preparar un gran banquete en su honor, no sin
antes tener una previa conversación con todos los Cazadores que respondieron al
llamado.
***
—Todo inició con mi sucesor.
—explicó el rey Hermes, que como todos en la nobleza portaba una máscara desde
muy temprana edad como medida de protección e insignia de pertenencia a ese
mundo, repleto de mentiras y traiciones a la vuelta de la esquina— Nada de esto
hubiera pasado si me hubiera dado cuenta de que la enfermedad de mi sucesor no
era una natural, sino fabricada.
—Explíquese, por favor. —pidió el
cazador más experimentado reunido con el gobernante en privado, junto con los
otros cazadores ahí presentes.
—Verán, mi sucesor estaba enfermo
de gravedad y nada le ayudaba a mejorar, ya lo daban por desahuciado los
doctores y alquimistas, cuando apareció otro de nombre Gerard, que logró hacer
que sanará al punto de estar prácticamente curado; pero pidió ser trasladado al
pueblo de Maica, donde se hospedaría en la gran torre de Babel, con el fin de
poder suministrarle las últimas fases del tratamiento para que ya estuviera
totalmente sano. Pidiéndome, a cambio de sus servicios, varios suministros de
los que solo él rendiría cuentas. Esto me pareció sospechoso, sin embargo, al
ver la gran mejoría en la salud de mi sucesor, no dude en aceptar. Y ese fue el
peor error que pude haber cometido. Paso el tiempo, y ya no hubo reportes de
los guardaespaldas y sirvientes que mande junto con él a la atalaya. En vez de
eso me llegaban informes de sonidos de bestias y gritos provenientes de la
misma. Por lo que ordené, que esta fuera sitiada por un pelotón de soldados que
por desgracia fueron sobrepasados por las horribles criaturas, que salieron de
las puertas de la garita en el momento en que intentaron rescatar a mi sucesor.
Seres horrendos que mataron no solo a esos hombres, sino también a todos los
seres humanos cercanos al pueblo, para luego hacer ataques esporádicos a los
habitantes de las comarcas aledañas al lugar, lo peor de todo, es que después
descubrí que la enfermedad de mi sucesor era causada por el mismo alquimista.
¡Ese desgraciado me manipuló desde el principio!
—Señoría, esa historia es la que
usted ha contado a sus siervos y al público para ocultar los verdaderos hechos
—reveló Dylan sorprendiendo a varios de los Cazadores ahí presentes—, así que por
favor cuéntenos la verdadera y en forma resumida para saber contra qué
lidiamos.
—Contrate a un alquimista para
que me creara, junto a varios otros, un ejército de quimeras con la que pensaba
adueñarme de muchos reinos y formar mi propio imperio. —dijo al fin el rey
Hermes al darse cuenta de que no tenía sentido seguir mintiendo— Y nunca se me
ocurrió pensar que este me usaría en vez para crear el suyo propio,
¿satisfechos?
—Sí, y más al tener que
comunicarle que ese alquimista no es otro que un proscrito renegado expulsado
de la academia de artes y ciencias, por realizar experimentos sobre humanos.
—explicó Dylan sin contarle el por qué ni el cómo lo sabía— Uno que antes era
un buen estudiante ejemplar, con futuro. Pero no se preocupe, nos ocuparemos de
él. Al fin de cuentas, para eso existen los cazadores.
—Gracias, como agradecimiento a
vuestros servicios, os haré un banquete digno de ustedes, antes de que partan a
la batalla y después de la misma. Uno nunca sabe lo que puede ocurrir mañana.
—Tiene razón, nadie ve el futuro.
Solo los dioses.
—¡A beber!
***
El ambiente era alegre y caldeado
en el palacio del rey Hermes. La música era buena y ni hablar de la rica
pitanza servida en las mesas. Lo mejor de lo mejor. Todo para halagar a los
cazadores que estaban merendando, en una mesa exclusiva para ellos, al saber de
la importante misión que tenían por delante. Y si bien, a muchos les alegraba
saber que contaban con la ayuda de individuos, que se especializaban en la caza
de monstruos y criminales extremadamente peligrosos, a otros no. Como a Víctor,
un joven de ojos cafés y cabello negro con cierto atractivo físico, líder de un
grupo de soldados del reino de Gus, quien creía firmemente que los suyos podían
cuidarse solos, sin la asistencia de extranjeros o cazadores, por más buenas
que fueran sus intenciones. Opinión que dio a conocer.
—Su señoría, si me permite. —se
puso de pie causando que todos guardaran silencio— Yo y los míos, durante todo
un año, hemos luchado y defendido nuestra tierra de esas bestias, y si bien no
las hemos vencido aún, creo que tenemos más posibilidades que un grupo de
desconocidos, de los que no se ha escuchado ninguna proeza, por más cazadores
que sean. Tal vez porque son mejores en la cama, entre ellos mismos, que en el
campo de batalla.
Semejante crítica e insulto causó
que muchos de los nobles y sirvientes ahí presentes hablaran entre mormullos.
El rey Hermes no dijo nada y esperó que uno de los cazadores respondiera algo
en defensa de todos. La espera no duró demasiado.
—Ciertas son tus palabras.
—afirmó el cazador más experimentado del grupo, sin mirar ni inmutarse por las
palabras del soldado— No se cuentan nuestras hazañas, pero sí las tuyas Víctor
de Gus. Mataste a tu padre cuando se negó a darte lo que te correspondía por
herencia, luego a tus hermanos para no tener que compartirla y finalmente te
acostaste con tu propia madre para evitar que se casara con otro, obligándola a
que se suicidara por la vergüenza. Así que, teniendo ese historial de hazañas,
no sé cómo puedes presumir.
Ese contraargumento hizo que
muchos se rieran de Víctor, que se puso rojo de la vergüenza y furia, por lo
que no fue extraño que sacara la Espada.
—Te desafío cazador. —le retó
señalándolo con el arma—. Ven aquí y enfréntate conmigo, si tienes el valor de
hacerlo.
—Lo tengo y aceptó tu desafío.
—accedió el cazador yendo solo con la taza que uso para beber— Cuando quieras.
—¿Y tú arma?
—Esta es mi arma.
—¿Una taza?
—De té.
—¿Qué?
—Te enfrentaré y te derrotaré con
mi taza de té.
Víctor miró con odio al cazador,
viendo después, al igual que el cazador, al rey, esperando ambos su permiso
para actuar.
—Yo, Hermes, rey del reinado de
Gus, ante los dioses como testigos míos, doy mi permiso y consentimiento para
que este duelo ocurra y sea legal —sentenció levantando la mano y luego
bajándola—. ¡Peleen!
Víctor, dando un grito de guerra,
se abalanzó sobre el cazador con toda la intención de partirlo en dos usando la
Espada, sin prever que el cazador, quien no hizo ningún esfuerzo, lograría
esquivar y detener muy fácilmente dichos ataques con la taza, usándola como
escudo para desarmarlo tras golpearle las extremidades y sujetarle del cuello
con una de las manos. Alzándolo y tirándolo contra la mesa en donde estaban sus
compañeros, quienes le ayudaron a recomponerse, sin que el avergonzado soldado
se atreviera a intentar nada más contra el cazador, tras darse cuenta de lo
cerca que estuvo de morir, a causa de su propia estupidez y orgullo. Aun así,
algunos de sus amigos, se veían dispuestos a probar suerte y el cazador, al ver
eso, señaló el tenedor de la mesa y se lo pensaron mejor.
—Espléndido. —aplaudió Hermes
para nada molesto por el pésimo desempeño de Víctor, mismo sentimiento que era
compartido por varios de los nobles ahí reunidos que también aplaudían, o
soldados como Olivia— Una verdadera muestra del poder y habilidad de los
cazadores de los gremios. —señaló a dos sirvientes— Ustedes limpien el desorden
y que los demás traigan más vino y comida.
La celebración siguió su curso
sin más problemas. Los cazadores fueron alojados en las más lujosas alcobas del
castillo y al día siguiente se pusieron a trabajar, no sin antes escuchar los
relatos de los campesinos sobre los monstruos que los asechaban, con todos
ellos apuntando a lo mismo: de Maica salían las quimeras y a Maica debían ir.
***
…hoy, en la actualidad…
Los cazadores fueron por las
alcantarillas.
Al llegar al pueblo de Maica,
vieron, evadiendo a las criaturas, desde lo alto de una colina bien empinada,
que hubiera sido una locura, tratar de llegar a la torre del alquimista
proscrito mediante la fuerza bruta. En vez de eso, al tener a su disposición
los mapas del terreno y de la ciudad, suministrados por el rey, se dieron
cuenta de que yendo por las cloacas podrían llegar a su destino evitando una
confrontación innecesaria. Así, soportando la peste, ingresaron y se
movilizaron, siguiendo el mapa, hasta situarse debajo de su destino, en donde
entraron a un amplio complejo subterráneo listos para enfrentarse a lo que sea;
mientras que Olivia, con la intención que el proscrito se centrara solo en
ella, inicio una ofensiva contra la ciudadela junto a varios de los hombres
bajo su mando, que lo dieron todo para que la estrategia de los cazadores diera
frutos, sin llegar a imaginar ninguno de ellos que dicha artimaña ya estaba
calculada en la mente del perpetrador de todo ese caos, Gerard el alquimista
proscrito de la torre de Babel. El cual les tenía preparada una cálida bienvenida
a los cazadores que ingresaron a sus dominios.
***
Ya adentro de esas laberínticas
instalaciones, caminaron por varios corredores, pasillos y habitaciones
desérticas, cerradas por puertas automáticas, hasta llegar a un gran ambiente
semioscuro.
—Alto. —ordenó uno de ellos,
nombrado líder del grupo por ser el cazador con más experiencia del grupo,
evitando que algunos cazadores como Valeria y Lautaro se acercara más, salvo
Dylan— Que un grupo pequeño entre conmigo a revisar —ingresaron y las luces se
prendieron para mostrarles grandes cilindros en los que yacía una quimera de
color oscuro y ojos blancos, completamente inmóvil. Monstruos que no aparecían
en los informes que el rey Hermes les había dado, por lo que supusieron que
eran mucho más fuertes, rápidos e inteligentes que los mutantes de afuera, representando
el verdadero peligro creado por el proscrito, y no se equivocaban—. ¡Todos
atrás!
Trataron de huir, pero las
puertas se cerraron y se quedaron solos con las criaturas que se reanimaron y
salieron de los tubos rompiéndolos, no dejándoles más opciones que él de
entablar pelea contra los mismos que, pronunciando sonidos salvajes, los
rodearon al instante, sin dejar de mirarlos, y se le abalanzaron, con toda la
intención de descuartizarlos. Logrando matar a varios de los cazadores, que
pese a dar pelea no eran rivales para dichas criaturas: A uno le cortaron la
cabeza, a otro lo partieron por la mitad, al siguiente le arrancaron los brazos
y Dylan sabía que el sería el siguiente, si no actuaba rápido. Por lo que, pese
a no querer hacerlo, convocó la llave del Olvidado, abriendo un pequeño portal
del que salió una empuñadura que sostuvo para sacar una gran e incisiva espada
de doble filo, con símbolos y runas malditas en toda la afilada hoja. Un
poderoso artefacto reconvertible que, convirtiéndose en una sustancia oscura,
la dividió en dos para crear, en una mano, una poderosa escopeta de triple
cañón y, en la otra, una afilada espada. Armándose de esa forma con dos armas
que uso para mutilar a todas las quimeras, unas a corta y otra a larga
distancia. Con balas tan potentes que, al dispararlas a quemarropa, lograban,
pese por la piel de diamante de esas quimeras, matarlas, reventándolas como
globos llenos de agua roja. Mutilándolas también usando la espada, llegando
incluso a lanzarla como si fuera un búmeran, al hacer que del mango saliera
otra hoja, que regresó a él tras despedazar a un buen número de dichas bestias.
Sin recibir un solo rasguño. Exterminando a las sobrevivientes con la confiable
escopeta de triple cañón recortada. Notando, al terminar, que solo quedo él. Se
le abrió un pasillo y entró, esperando lo mejor para el resto de sus compañeros
cazadores, sobre todo para Valeria y Lautaro.
***
Valeria, tras ser obligada a
separarse de Dylan y Lautaro, junto a otros cazadores, se encontraba en lo que
parecía ser un ascensor que no paraba de moverse, hasta que finalmente se
detuvo y la dejó en una habitación en donde ella y los otros se encontraron con
un recipiente que almacenaba una criatura gelatinosa de nombre slime que, al
percibirlos, salió del contenedor y adoptó la forma de un troll muy violento
que los atacó sacando y lanzándoles grandes porciones del piso, empleando
también un gran mazo (creado con su cuerpo) con el que podía romper lo que
sea. Muchos murieron al ser triturados y
aplastados por dichos ataques, pero nada de eso funcionó contra la cazadora
Valeria. Ella esquivaba los ataques del troll, muy fácilmente, gracias a las
alas multicolores de energía que creó y extendió por medio de la magia hasta
que, creando un símbolo mágico en la mente en representación a lo que iba a
conjurar y sujetándolo con la mano en la realidad, le lanzó un hechizo con el
que logró envolver a la bestia con cuerdas plateadas salidas de la misma
materia férrea de la zona. Dándole la oportunidad de lanzar otro poderoso
hechizo contra el troll que recibió potentes llamaradas de su parte, hasta
hacerlo caer por las heridas. Dejando una masa sin forma en llamas. A la cual
se acercó y de la que salió un enorme reptil alargado sin patas: un basilisco.
Un nuevo monstruo que la hubiera matado, de no ser gracias a sus veloces
reflejos y alas, que le sirvieron cuando el basilisco intentó comerla, con las
que logró esquivar las feroces fauces del basilisco, evitando reiteradas veces
los intentos del basilisco por desayunarla, hasta que ella fue directa contra
el basilisco, convocando poderosa magia con la que pudo crear 3 duplicados
suyos y engañar a la bestia, asiéndole creer que la había consumido, cuando en
realidad lo que se tragó fue una poderosa bomba mágica que estallo dentro del
estómago del animal, provocándole graves heridas. Las suficientes como para que
el basilisco muriera. En vez, volvió a transformarse adoptando la forma de un
gran dragón escupe fuego. Valeria se protegió, como pudo, usando escudos
mágicos, de las fuertes llamaradas de la bestia, esquivando también las
arremetidas del monstruo. Llegado un punto donde, superando el mar de fuego,
logró lanzar y clavar una larga jabalina creada por magia en la cabeza del
lagarto. Momento que aprovechó para, estando debajo del vientre de la
aberración, atacarle con un filoso machete, creado también por medios mágicos,
que cortó toda esa zona, desparramando las entrañas del dragón por el suelo y
sobre ella. Logrando que el dragón cayera por fin rendido al suelo de la habitación.
Solo faltaba una cosa por hacer. Se acercó al animal moribundo y le introdujo
otra lanza en el ojo hasta el cerebro del dragón, matándolo definitivamente.
Dando por finalizada esa dura y frenética pelea. Siendo ella la única
sobreviviente del conflicto. No teniendo de otra que continuar por un pasaje
que le revelo al terminar. Temiendo y rezando a los primordiales por Dylan y
Lautaro.
***
Lautaro estaba ya cansado de
estar en ese elevador, al igual que los otros cazadores que estaban junto con él,
tras separarse de Dylan y Valeria, cuando llego a una amplia sala en donde se
encontraba un autómata exterminador, esperándoles con un gran y moderno rifle
en la mano. No les dijo nada, pero no era necesario para comprender que solo
uno de todos ellos saldría vivo de ahí.
—Supongo que de nada servirá
hablar contigo, ¿verdad?
El ser mecánico, de apariencia
esquelética, robótica, blanca, de ojos rojos, claramente no humana, se puso en
posición defensiva, listo para defenderse y atacar.
—Que así sea.
Lautaro sacó una cápsula, con la
forma y el tamaño de un casete, con el que, con tan solo presionar su botón,
hizo que las nanites, que conformaban el dichoso aparato, se rearmaran y se
transformaran en el ítem deseado, en este caso un hacha de guerra con doble
filo. Ya hecho esto y armado, corrió hacia el exterminador, que comenzó a
disparar sin cesar a todo el mundo, matando a varios de los cazadores ahí
presentes. Salvo a él que partió las balas obligando al exterminador a atacarle
con un potente láser calorífico de color azul, juntando una enorme cantidad de
energía en aquel rifle, que se midió con el resistente escudo que Lautaro armó
mediante otra cápsula, que se vio en problemas cuando el exterminador lanzó
otro poderoso rayo rojizo ahora desde su boca, destruyéndolo y llenándolo todo
de fuego verdoso. Solo ahí el exterminador se detuvo y, de tener sentimientos,
se hubiera asombrado pues, de las llamas, emergió Lautaro, con su cuerpo
regenerándose a una increíble velocidad gracias a las nanites que yacían dentro
de él, aumento la musculatura de sus piernas, armado ahora con dos hachas, para
dar un gran salto, con el fin de llegar al exterminador y cortarle ambos brazos
antes de que pudiera intentar cualquier contraataque. Estando a punto de
decapitar al autómata que, a las justas, logro evadirlo mediante piruetas.
Preparándose el ser metálico, con la sangre lechosa, desparramándosele por los
muñones, para dispararle el rayo de la boca, sin éxito. Pues Lautaro tiro las
dos Hachas el suelo y, usando otra cápsula, creo un escudo que reflejo el rayo
láser que el cazador uso para cortar en pedazos el cuerpo del exterminador,
cuya cabeza fue a parar a los pies de Lautaro, quien procedió a aplastarle el
cráneo, calmándose y respirando hondo listo para continuar, esperando que a los
demás les fuera tan bien como a él. Al ver que era el único con vida de su
grupo. Transitando por un camino abierto tras su victoria. Deseando
reencontrarse con Dylan y Valeria, a quienes comenzaba a apreciar.
***
—¡Valeria!
—¡Dylan!
—¡Lautaro!
Los tres cazadores, que pelearon
y ganaron sus batallas, y que fueron conducidos hasta esa gran y nueva sala en
donde ahora se encontraban, al verse, lo primero que hicieron fue ver si
estaban bien y sin heridas, preguntándose lo que le ocurrió a cada uno, junto
con los demás, cuando fueron separados a la fuerza. Pero todas las
explicaciones tendrían que esperar al ver que de varias puertas ingresaban
cientos de quimeras en la habitación que, como era de esperarse, les atacaron
sin piedad, al igual que ellos, sin piedad, las destrozaron usando sus
inigualables habilidades: Dylan, empleando la versatilidad de su espada
convertible; Valeria, usando poderosos hechizos mágicos; y Lautaro, creando
útiles artefactos por medio de cápsulas. Pudiendo así, al trabajar en equipo,
vencer a todas las quimeras, dejando solo cadáveres sangrantes. Entonces
ocurrió algo inverosímil: los restos de las quimeras fueron absorbidas por una
esfera blanca, sujeta a una aguja triangular, que salió de un compartimento del
techo, con cuatro orificios oscuros, que brillaron en el momento en que el
objeto empezó con la desagradable tarea, girando y comenzó a tomar la forma y
el volumen de una silueta que se desprendió de la aguja, y que, tras caer de
rodillas al suelo, se paró para transformarse en un humanoide de ojos negros,
piel blanca, muy musculoso y con cuernos. Un ser malvado en todos los sentidos,
que creó y formó un par de largas y anchas espinas entre sus manos, a las que
agarró como si fueran un par de grandes espadas. Iniciando el monstruo con la
pelea, demostrando ser superior a todo
lo antes enfrentado por los cazadores, porque, pese a las heridas que le
lograban infligir al humanoide, el monstruo sanaba muy rápido, con una regeneración
casi igual a la de ellos: A Dylan, se le desaparecían las heridas como polvo
diluido por el aire; a Valeria, se le curaban gracias a pequeños pentagramas
mágicos que aparecían en las mismas sanándola al completo; y a Lautaro, se le
cocían y cerraban por la acción de las Nanites de su sangre sin dejar
cicatrices. Pero el humanoide era totalmente capaz de una regeneración completa
de pies a la cabeza, sin importar que tan destrozado o pulverizado estuviera.
Lo que convertía al humanoide en un adversario muy difícil, por no decir
imposible de vencer. Y la pelea se hizo cada vez más intensa y pronto se dieron
cuenta de que, a ese paso, iban a perderla, no solo por la regeneración del
humanoide, sino porque en verdad estaban muy cansados tras haber luchado
previamente contra las otras aberraciones de los otros cuartos. Mostrando
claros signos de fatiga, mientras que el humanoide no. Tenían que pensar en
algo rápido o todo estaría perdido y a Dylan se le ocurrió una idea muy
arriesgada, pero que valía la pena el intento. Después de todo, ¿qué otra
opción quedaba? Dejó que el humanoide le atravesara con las espinas, y él las
sostuvo durante unos segundos, para luego soltarlas y arrodillarse. Tanto
Valeria como Lautaro, una asustada y el otro preocupado, fueron hacia él.
—¡Dylan! ¿Estás bien? ¿Por qué
hiciste eso? —el humanoide alzó las espinas para darle el golpe de gracia, con
Valeria y Lautaro de rodillas en posición de defensa, pero se detuvo
bruscamente y comenzó a convulsionar con mucha fuerza—. ¿Qué está ocurriendo?
—el cuerpo del Humanoide empezó a derretirse en un mar de sangre e intestinos,
hasta desaparecer sin dejar rastro—. Dylan, ¿qué hiciste?
Dylan se puso de pie, con las
heridas sanándose y desapareciendo, siendo ayudado por Valeria y vigilado por
Lautaro.
—Usé mi sangre, la que estaba en
la espada de esa cosa, como si se tratara de un ácido corrosivo, para que
entrara en su cuerpo y lo carcomiera desde adentro, destruyéndolo en el
proceso. Dejé que me atravesara a propósito. En pocas palabras lo envenené
usando la magia negra que habita en mí gracias a la espada maldita que
poseo.
—¡Eso es increíble! —aplaudió
Lautaro sonriendo—. Por nada, se dice que nosotros nos especializamos en lo
imposible, después de todo.
—Eso es cierto, pero lo que
hiciste fue una temeridad. —Valeria le jaló el cachete a Dylan, mientras se
cercioraba que estuviera totalmente curado y lo estaba— Pudiste haber muerto. Y
no me digas que no había otra manera de ganarle a esa cosa, porque estoy bien
segura que existía más de una.
—Sí, probablemente sí. —concordó Dylan
dándole la razón— Pero esa era la más rápida y directa, y de no haberlo hecho
hubiéramos muerto.
La cazadora lo miró molesta y
suspiró, continuando con sus cuidados.
—Dylan, eres un imprudente ¿No
entiendes lo que trato de decirte? Me duele ver a la gente que aprecio
lastimada, y eso te incluye Lautaro.
Ni Dylan ni Lautaro supieron qué
responder, pero en ese momento, tanto el suelo como las paredes y el techo
comenzaron a temblar y a agrietarse. Y pronto se vieron sumergidos entre los
escombros, el fuego y las tinieblas. Todo se llenó de oscuridad.
***
Los soldados y la capitana, tras
matar a todas las quimeras restantes, veían el fuego tras el colapso del pueblo
de Maica. Un gran terremoto que no solo los estremeció, al estar cerca del
sitio, sino que hizo que en ellos se formaran cientos de preguntas. Todas en su
mayoría referentes al gran dirigible que emergió y causo las ruinas. Siendo la
principal, en especial en la mente de Olivia, sobre el destino de los
cazadores. Y la respuesta no tardó en llegar. Porque del fuego y la
destrucción, salió una esfera, creada por la llave del Olvidado, de la que
salieron los únicos sobrevivientes de aquella enorme devastación: Dylan
acompañado por Valeria y Lautaro, que fueron recibidos por todos ellos con
aclamaciones, pero sobre todo con una muy importante noticia que les hizo
entender que la misión por la que fueron enviados aún no había terminado:
—¿Está segura de esto? —preguntó
Dylan a Olivia que les había informado de la situación del dirigible—. ¿Hacia
el oeste?
—Solo tienen que usar sus links
para verlo desde lejos. —dijo uno de los soldados ahí presentes.
—Entonces debemos de… —miro a su
compañera cazadora cuando ella le detuvo—. ¿Ocurre algo Valeria?
—Déjenmelo a mí.
Valeria se concentró y, por medio
de la magia, creó una flecha, resplandeciente, que logró lanzar empleando un
arco, multicolor, con una extraordinaria fuerza hacia el dirigible
destruyéndolo gracias a una gigantesca explosión, dejando mudos todos los ahí presentes,
incluyendo a los dos cazadores varones.
—Recuérdanos no hacer enojar
Valeria. —comentó Lautaro sonriendo al igual que ella y Dylan.
Pidieron monturas, y no monturas
cualesquiera, sino unas aéreo-motos, que funcionaban gracias al poder proporcionado
por pequeños cristales que recibían el nombre de electros, la gasolina de la
edad actual, elevándose las mismas por el aire. Las montaron y se pusieron en
marcha a toda máquina.
***
El alquimista proscrito Gerard,
que había organizado todo el desmadre ocurrido recientemente, miró por una de
las ventanas del dirigible que lo conducía hacia su próximo destino, huyendo
del mal que causó, dirigiéndose a reunirse con el próximo rey al que
embaucaría, como a Hermes, bajo las falsas promesas de inmortalidad, una que
solo él alcanzaría en nombre del Olvidado, usando a esos imbéciles con corona.
Sin poder aminorar la furia que sentía por haber sido derrotado por esos
molestos cazadores, alimañas que se habían interpuesto en su camino. Sabiendo,
tras ver, por medio de las videocámaras, la victoria de ellos sobre sus
creaciones, que sin duda lo siguieran hasta dar con él. Pero no se los iba a
poner fácil. No señor. Los enfrentaría y les ganaría en su propio juego. No
después de haber llegado tan lejos. Aún lo recordaba, cuando solo era un simple
ser humano: ahí estaba él, en las instalaciones secretas de la torre de Babel,
una zona restringida, junto a otros alquimistas renegados, observando
maravillados como el feto que habían creado, tras ensayo y error, crecía rápidamente
en forma y tamaño dentro del cilindro de vidrio, con la idea de que ese sería
la nueva forma de vida que usarían para ganar las guerras expansionistas que
quería iniciar el rey Hermes, usando armas bio-orgánicas. Pero lo que no sabían
era, que pese a ser muy joven, aquel embrión, gracias a sus habilidades
psíquicas, ya estaba al tanto de sus planes y que no tenía pensado ser la
herramienta de esos superdesarrollados y pestilentes simios... Meses después,
él, que era el alquimista en jefe, se sentía enojado, y con razón, cuando uno
de los suyos fue a informarle que el homúnculo, que habían creado, se estaba
despertando, por lo que tuvo que ir otra vez a ver lo que ocurría. Sin que
fuera necesario que se lo dijera por segunda vez. Todos los que trabajaban en
aquellas instalaciones sabían perfectamente que aquella criatura era sumamente
poderosa y que solo debía de actuar bajo su control, porque de lo contrario, se
liberaría de las ataduras que le habían puesto y así haría su voluntad, algo
que no podían permitir bajo ningún concepto. Sabiendo, que de ser ese el caso,
el rey Hermes dejaría de financiar el proyecto quimeras. Por ello, fue lo más
rápido que pudo al cuarto de mando en donde lo esperaban sus ayudantes,
haciendo todo lo posible para evitar ese desastre.
—¿Cuál es la situación?
—Señor, es muy extraño. —uno de
los ayudantes se le acercó— No importa lo que hagamos, la criatura sigue
despertándose poco a poco, como si controlase nuestros instrumentos y
contradijera los comandos que mandamos con ellos.
—¿Ya intentaron desintegrarlo?
—caminó hacia las imágenes proyectadas por Holo-Pantallas, que mostraban al
homúnculo que estaba semidormido en la habitación que le correspondía dentro de
un gran cilindro de vidrio lleno de líquido.
—No señor.
—Pues háganlo.
—Pero señor, nos hemos demorado
meses en fabricarlo.
El alquimista en jefe sujetó al
ayudante del cuello de la túnica de color blanco.
—Escucha estúpido. Esta cosa, al
igual que las quimeras, pueden volver a hacer reconstruidas siguiendo las pautas
que ya sabemos. Podemos crear otra que esté mejor controlada con lo que hemos
obtenido de esta. Pero si despierta y no está bajo nuestro control, ¡Nos matará
a todos! Así que no discutas conmigo, da inicio a la secuencia de
desintegración.
—¡Sí señor!
El ayudante y otros más activaron
la secuencia y él dio su autorización para que el líquido en el que flotaba el
homúnculo se convirtiera en un potente ácido que desintegraría a la criatura,
pero en vez de eso, la bestia logró romper el cilindro, liberándose por
completo del control que suprimía sus poderes. Dejando sin habla a todos los
alquimistas ahí presentes, al no poder explicarse semejante proeza, menos uno
que dijo a todo pulmón:
—¡¡¡Carajo!!! —el Alquimista
principal, viendo cómo aquel ser que era grande, musculoso, con cuernos, sin
cabello ni orificios (no los necesitaba) yacía de rodillas recuperando sus
fuerzas, se le ocurrió una desesperada idea, en un intento vano de no morir por
culpa de la incompetencia de esos torpes que trabajaban para él—. ¡De prisa!
¡Que entren los Guardias y lo maten antes que recupere todas sus fuerzas!
Los ayudantes hicieron entrar en
la habitación del homúnculo a 35 guardias fuertemente armados que sin titubear
le dispararon a la criatura que solo tuvo que extender el brazo y abrir la
palma de la mano para, usando la telequinesis, detener las balas en el aire y
hacer que estas cayeran al suelo. Pasó después hacer algo mucho peor: los
guardias comenzaron a matarse entre sí. Era como si sus cuerpos fueran
controlados por una fuerza invisible que los obligaba a sacar las armas de
corto alcance y usarlas para atacarse entre ellos y a sí mismos. Hasta que no
hubo ni uno en pie, solo cuerpos ensangrentados en el suelo. Ya libre de ellos,
el homúnculo, que se encontraba de pie, miró a las videocámaras y, mediante un
choque mental, las destruyó. La alarma comenzó a sonar y Gerard pudo ver por
las otras Holo-proyecciones cómo las quimeras salían de sus cápsulas y
comenzaban a matar al personal de las instalaciones. Ordenó la evacuación, pero
ya era tarde, justo en ese momento, la puerta del cuarto se abrió y entraron 14
quimeras que, sin miramientos, los acribillaron a todos. Salvo a Gerard que,
con las manos en alto, vio ingresar al homúnculo a la habitación. El cual
caminó, con paso firme, hasta situarse a tan solo unos centímetros del pobre
hombre.
—Sé lo que planeas. —La criatura
que para su asombro podía hablar— Y no seré vuestro juguete, esta es mi
respuesta a todo lo que me ofrecen.
Lo agarró y formó una boca con un
sinfín de afilados colmillos que usó para arrancarle la cabeza de un mordisco.
Ocurriendo, entonces, lo que podría llamarse un milagro, desde cierto punto de
vista. La conciencia de Gerard se adueñó del cuerpo y la mente del Homúnculo,
pudiendo incluso volver a su forma original y tener bajo control a las
quimeras. Noticia que no fue bien recibida por Hermes, pues se suponía que el
objetivo de ese proyecto era el de crear un cuerpo inmortal y poderoso para él,
no para su sirviente. Uno que, juntando a varios alquimistas, expulsados como
él de la academia de artes y ciencias, salvo de morir y ahora, como pago, le
robaba el fruto de su inversión. Por eso Hermes invento toda una historia sobre
un sucesor que nunca hubo y le puso precio a su cabeza. Revelándolo al mundo.
Para que sus perseguidores le encontraran y lo habían hecho. Gerard suspiró,
sin poder evitar recordar también, como de chico se sintió atraído por la
alquimia. Una atracción que lo llevo, por mérito propio, a ser admitido en la
academia de artes y ciencias encargada de formar tanto a magos, sacerdotes,
eruditos, etc. Fue un buen estudiante sobresaliente y tan bueno que sobrepaso a
muchos de sus compañeros y por eso sintió que podía hacer lo impensable:
alterar el orden natural y traer de regreso a alguien de la muerte.
Naturalmente, se lo prohibieron cuando expuso su teoría. Pero eso no lo iba a
detener y en secreto comenzó a robar cadáveres hasta crear una aberración a la
que dio vida. Un monstruo que se escapó de su control, mato a muchos
estudiantes y desapareció en las sombras. En cuanto a él, fue expulsado por su
crimen y se le marcó como renegado; lo que significan que, si entraba en algún
pueblo o ciudad, lo encerrarían o lo matarían. Qué diferente serían las cosas
de no haber cometido esos errores, pensó. Aun así, no se arrepentía; porque de
lo contrario no sería uno de los espectros al servicio del Olvidado, el
verdadero forjador del mundo. En eso, una de las quimeras le informó sobre la
aproximación de un objeto no identificado y, de repente, sintió como algo
golpeaba al dirigible, chocando con los escudos mágicos, convirtiéndose todo en
oscuridad, tras escuchar una fuerte explosión. Pero ese no fue su fin y no le
fue difícil imaginar quienes eran los responsables. Por eso dio la orden y
todas las quimeras se pusieron en modo defensivo, equipándose hasta los dientes
con armas de fuego.
***
Los tres cazadores, al acerarse,
vieron asombrados como de los restos en llamas del zepelín, emergía un gran
tren que, como los vehículos que poseían, carecía de neumáticos, en el que sin
duda escapaba el alquimista. A toda máquina, se pudieron a perseguirle y por
eso las quimeras, que salían de diferentes secciones del tren, comenzaron a
dispararles con potentes armas de fuego, cuyas balas lograron esquivar, pese a
muchas de las explosiones que estas causaban por todo el terreno. Valeria vio
una oportunidad, se adelantó y se subió con todo al techo del tren. Y no se
detuvo. Continuo hacia adelante, atropellando a toda quimera que se le
atravesara en el camino, hasta sobrepasar también al mismo tren. Ahí recién
regresó, dándose la vuelta, convocando una poderosa lanza que arrojó contra la
ventana principal del vehículo, justo en el lado del conductor, provocando que
el tren perdiera el control y se descarrilará, luego de que la jabalina
estallará. Causando una explosión gigantesca. Lo que desencadenó en la completa
destrucción del mismo y que todas sus secciones chocaran entre sí y dieran
vueltas de 180 grados, hasta quedar totalmente convertidas en una pila de metal
humeante y lleno de abolladuras, totalmente inservible. Volteretas que Valeria
logró esquivar gracias a las grandes habilidades de conducción que poseía. Poco
tiempo después, sus compañeros cazadores se le acercaron, siendo Dylan el
primero en hablar:
—¿Quién es el temerario ahora
Valeria?
Ella solo se limitó a sonreír al
igual que ellos.
***
Había sobrevivido, pese a todo.
De entre los escombros emergió con heridas y contusiones, pero vivo, gracias a
la ayuda de las quimeras, con las que logró salir de esa prisión humeante de
metal y fuego, que antes, había sido el tren, arrastrándose lo más lejos que
pudo, solo para ser encontrado por los cazadores, a los que les suplicó
clemencia:
—¡Esperen, por favor! ¡No me
maten! ¡Deben de saber la verdad!
—¿Cuál verdad? —se adelantó Dylan
con Lautaro y Valeria detrás de él, a los que les había contado todo sobre la
pequeña conspiración entre Gerard y el rey, como a los otros cazadores—. ¿La de
que el rey Hermes orquestó todo esto? ¿Qué te usó para alcanzar la vida eterna?
¿O esa en la que busco crear a un ejército de supersoldados para invadir otros
reinos y así crear su propio imperio?
Gerard los miró estupefacto a los
tres, sin creérselo.
—¿Los saben? ¿Y aun así
trabajaron para él? ¿Por qué?
—Te voy a contar un pequeño
secreto: a nosotros, los cazadores, se nos paga por cumplir la tarea asignada,
no por juzgar a nuestros empleadores, eso es todo, nada más. A mí, en lo
personal, me da igual como los nobles se destruyen entre ellos mismos, por su
insaciable hambre de poder y conquista. Hasta me entretiene, y no creo ser el
único. Ha puesto que el Emperador, tras tantos años en el poder, necesita de
estos eventos para sentirse vivo y encender la chispa, por eso los permite.
—Gerard no daba crédito a las palabras de Dylan— Así es, tal y como escuchas.
Él fue el primero en enterarse de vuestro pequeño complot y, si no intervino,
fue por lo insignificante que era, por no decir que le divertía verlos actuar.
¿Esto responde a tu pregunta?
—¡Son unos malditos miserables
hijos de puta!
—¡Oye, mide tus palabras! —le
advirtió Dylan, algo molesto por el insulto dirigido hacia su madre—. Tú no
eres quién para hablar y menos cuando solo eres un desgraciado que, al buscar
un poco de reconocimiento, hace tanto daño a otros. Ahora, escucha esto, ¿sabes
por qué te he estado persiguiendo? ¿Por qué el director de la academia de artes
y ciencias tiene tanto interés en ti? Te lo diré: quiere que regreses.
—¿Qué regrese?
—Así es, que regreses. —Gerard se
quedó estupefacto— Pero no en calidad de aprendiz, sino como muestra de
investigación.
—¡¿Qué?!
—Tal y como escuchas. Él me
contrató para sustraerte toda la información de tu cerebro, cuyos conocimientos
serán útiles para sus propias investigaciones. A fin de cuentas, públicamente
la academia se opone a la experimentación humana, pero bajo las sombras es otra
historia. Y bien, ¿Vas a rendirte o a dar una última pelea final?
—¡Por los dioses no voy a caer!
¡Y menos por vuestra mano! ¡No después de haber llegado tan lejos!
Pudo usar las habilidades que
obtuvo al hacerse con el cuerpo del Homúnculo, pero sabía muy bien que dichos
poderes le servirían poco contra esos 3 cazadores, tras ver lo que podían
hacer, por lo que Gerard sacó, de entre sus ropas grises, un frasco con un
líquido que se inyectó en el ojo, causando, que el cuerpo de este fuera rodeado
por una luz y se elevara sobre todos ellos. De la espalda le salieron unas
largas alas negras y escamosas (sin plumas) que lo rodearon y comenzó a crecer
en tamaño, hasta elevarse. Los miembros se le reintrodujeron, revelando a un
cíclope mutante gigante de color azul, con un ojo rojizo como la sangre y que
poseía una boca vertical llena de afilados colmillos. Un ser que luego, de dar
un tremendo alarido de odio, comenzó a caminar hacia ellos para lanzarles un
enorme y potente rayo de luz roja, desde su ojo. Pero Dylan, gracias a la
espada maldita del Olvidado, creó una barrera defensiva que se encargó de
protegerlos del rayo calorífico lanzado por el cíclope mutante, que gritaba con
un odio que salía de lo más profundo de su ser. Dejando a los cazadores en una
situación de vida o muerte que debían de solucionar. Y que, sorpresivamente, se
solucionó solo: del cuerpo cíclope mutante comenzó a surgir una emanación
oscura, causando que este perdiera tamaño y poder, empequeñeciéndose hasta
volver a la normalidad, dejando Gerard tal y como estaba. ¿Por qué? Mala
combinación entre químicos científicos y elementos mágicos. Se le acercaron y
Dylan le puso la espada en el cuello.
—¿Qué paso? ¿Te quedaste sin
energía? —preguntó de forma despreciativa, mirando al alquimista derrotado, sin
un ojo y lleno de heridas sangrantes—. ¿Una última voluntad?
—¡Solo váyanse a la mierda!
—Tu primero —dijo Dylan para
luego rebanarle el cuello, dejando solo un trozo unido al cuerpo, causando que
todo un torrente de sangre roja saliera disparada por la hendidura hecha en la
carne. Dejando vía libre para que el cazador de Tauro, usando una Nexus, que era
una sortija del dedo usada para conectarse con elementos orgánicos e
inorgánicos, sacara un pequeño hilo que introdujo en el oído de Gerard,
logrando enlazarse inalámbricamente, usando los links de sus ojos, con la mente
del alquimista, gracias a que estaba siendo escaneada por medio millón de
finísimos filamentos que se metieron dentro de aquel cráneo, hasta absorber
todos los datos sobre las quimeras que habían estado buscando para el director
de la academia de artes y ciencias, con quien conversó mandándole la INFO y
este a su vez pagándoles un millón de ciber-doblones. O eso debería de haber
pasado. En vez, todo el cuerpo de Gerard se petrificó, convirtiéndolo en una
estatua sin vida alguna y sin nada que sustraer. Dejando a Dylan sin pago
alguno. Decepcionado, los 3 repararon en las quimeras restantes que, al no
tener quien les dé órdenes, morirían de hambre y frío, y decidieron dejarlas a
su suerte. Regresaron y fueron con los soldados a celebrar la victoria en el
palacio del rey Hermes, donde los recibieron como héroes al lograr una victoria
que sería recordada por mucho tiempo. O eso pensaban.
***
La celebración en el castillo
Crésida fue grande. Con el tiempo se olvidarían las penurias causadas por las
quimeras, cuyas víctimas ahora tenían mejores vidas. Todo gracias a los
soldados que murieron luchando contra las bestias. Muertes que serían
recordadas por la gente de ese reino que escribirían canciones e historias
sobre esas proezas. Sin excluir, claro está, a los cazadores, que también
lucharon con valor y coraje. Cuyos tres sobrevivientes fueron alabados por
varios de los presentes. Muy halagador. Pese a ello, Dylan, durante las
celebraciones, se mantuvo muy distante y poco comunicativo, aunque eso no era
de todo extraño en él. La verdad es que prefería tener un perfil bajo. Al estar
inmerso en sus pensamientos. En ello fue abordado por Valeria y Lautaro, que se
le acercaron y se sentaron junto a él, con la intención de animarle a
participar en las celebraciones.
—¿Estás bien Dylan? ¿Por qué no
celebras con los demás? —preguntó Lautaro bebiendo uno de los grandes tarros de
cerveza que trajeron consigo los dos— Debería de estar celebrando junto con
nosotros.
—En efecto, ¿hay algo que te
preocupa? —inquirió Valeria bebiendo también y animándole a hacer lo mismo que
ellos.
—Por nada realmente. —explicó
Dylan mirando el enorme tarro de cerveza que ella le colocó en la mesa, frente
a él— Es solo que no soy muy festivo, eso es todo… pero la verdad si hay algo…
***
…unas horas antes, durante las
festividades…
…Dylan se encontraba reunido con
el líder de la guardia, Andrés. Quien le pidió acompañarle a la terraza para
poder hablar en privados, sin oídos invasivos que pudieran escucharlos.
—¿Quiere que le ayudemos a
sustraer y trasportar un… “material delicado” de un banco a otro reino?
—Correcto —afirmo aquel hombre de
ojos azules y cabello oscuro—, verá hace unos días yo, y un buen amigo mío,
hicimos una artimaña para aludir a los que estuvieran interesados en dicho
objeto…
***
…Hidromiel Dorada es una de las
mejores tabernas de todo el reino de Gus. Tanto por la famosa bebida de
orígenes ancestrales, el hidromiel, servido por los autómatas, como por la gran
variedad licores y platos servidos a la carta. Chicharrones, anticuchos, lomo
saltado, etc. Moderno y limpio. Ideal para eventos y reuniones espaciales.
Lleno de clientes durante todo el día, que conversan sobre diferentes temas:
algunos de política (las guerras expansionistas del emperador eran el pan de
cada día), otros de religión (los sacadores de los templos exigían la adoración
única a la Trinidad conformada por los primordiales, exigiendo también la
eliminación, con pena de muerte, a la de otros dioses), y algunos de deportes
(las luchas a muerte, entre gladiadores y bestias guerreras, en los coliseos,
eran el medio de entretenimiento más popular, sin distinción social); pero
había algunos, como un par de viejos conocidos y miembros de la guardia de
Tariq, que conversaban sobre asuntos más personales: como el futuro de uno de
ellos, un tema que dio pie a un fuerte debate entre ambos, llamando la atención
de varios comensales:
—Esto es ridículo. —dijo Andrés,
totalmente incrédulo ante lo dicho por su amigo y compañero— Aún no puedo creer
que te estés retirando, Palomino. Es decir, ¿qué vas a ser?
—Me volveré veterinario. Siempre
me han gustado los animales.
—Oh, por favor —Andrés le miró
seriamente buscando lo que le ocultaba Palomino, mirando la gran caja
rectangular y metálica que tenía a su costado—. ¿Por qué no me dices la verdad?
—Ya te la he dicho. Estoy muy
viejo para esto. Es hora que disfrute de mis últimos años en paz.
—Patrañas, puras patrañas. Eras
tan capaz como siempre. Palomino, tú me estás ocultando algo. Y no me gusta.
—Andrés no te estoy ocultando
nada.
—No, no intentas llevarme la
contraria. Hemos sido amigos durante mucho tiempo. Y, el hecho de que ahora yo
sea tu jefe, no ha cambiado eso. Por eso te pido que confíes en mí como tu
amigo y me digas que te está obligando a hacer esto.
Andrés hizo ademán de tocar la
caja y Palomino se levantó con un rostro de fastidio.
—Y yo te pido como amigo, que
entiendas que hago esto por el bien de todos, en especial por el tuyo. —activo
la caja metálica que, manteniéndose suspendida en el aire, le siguió— Adiós.
—¡Palomino!
Escuchó como Andrés le llamaba,
pero no hizo caso. Salió para encontrarse, tiempo después, en uno de los
ferrocarriles de las tantas estaciones repartidas por Tariq, en dirección hacia
las muchas playas artificiales creadas para darle al consumidor la ilusión de
estar en una de verdad, eligiendo él una privada y prácticamente desértica, en
un viaje que le demoraría solo una hora gracias al tren bala en el que se
encontraba, rememorando lo ocurrido. No se arrepentía de nada, claro le hubiera
gustado no despedirse de esa manera de Andrés, pero ambos sabían que era
necesario. Una conspiración de semejantes proporciones era un asunto demasiado
grande y peligroso como para no tomar las precauciones necesarias. Y ahora que
iban a por él, mucho menos. Dándose cuenta en ese momento, gracias a sus años
de experiencia, que le seguían. Concluyendo que su perseguidor actuaria cuando
estuviera solo. «Por mi bien, no es que esté huyendo», pensó Palomino; miró el
panorama por la ventana y suspiró para luego sonreír. Vivió y la paso bien junto
a toda la gente que conoció, tanto dentro como fuera de la guardia, al servicio
del pueblo del reino de Gus. Y, pese a que no llego a casarse ni a tener hijos,
su legado viviría y sería recordado por sus logros. Eso era más que suficiente.
El tren llegó a las playas y él descendió junto con la caja. Camino por la
arenosa playa sin zapatos, dejando que el agua del mar sintético refrescara sus
pies, hasta llegar a una zona desierta, sin nadie a la vista. Ahí habló, de pie
y con la caja suspendía a su costado:
—Sé que está ahí y estamos solos,
hágase visible de una puta vez.
Un grupo de 3 hombres, que no
podía ser otros más que sicarios al servicio de los responsables e involucrados
en aquel turbio asunto, se quitaron el manto de invisibilidad que les permitía
camuflase con el medio ambiente, y se mostraron imponentes ante Palomino, que
estaba lejos de mostrarse impresionado, al estar preparado de antemano.
—Imagino que ya sabe lo que
queremos, ¿no? —dijo uno.
— Quieren que les entregue el
arma de destrucción masiva que no es otra más que esta misma caja.
—En efecto. —dijo otro
—Y después me matarán.
—Correcto, no podemos dejar que
un exguardia entrometido ande suelto. —aclaro el último de los tres.
—Imagino que no —dio una orden
mental por el link, causando que la caja se elevara aún más por los aires,
tomando por sorpresa a los 3 mercenarios, logrando cegarlos momentáneamente, al
explotar tras convertirse en una potente luz cegadora, momento que aprovecho
para armarse con el arma reglamentaria que todo guardia llevaba encima, un
moderno y futurista revólver S&W modelo 500 extremadamente potente, que uso
para disparar a dos de ellos justo en la cabeza matándolos, pero no siendo lo
suficientemente rápido para darle al tercero que logró atinarle con una pistola
tipo Springfield XD de ultra generación, cuyas balas no solo le dieron de lleno
en el pecho, sino que lo atravesaron de un solo golpe en todo el tórax,
tirándolo a la arena que se tiño de rojo. Aun así, seguía vivo y consiente, lo
suficiente como para que, desde la matriz, le llegara un mensaje de Andrés
informándole que hizo su parte. Lo que le brindó una gran felicidad. Podía irse
en paz, no sin antes restregárselo al último de esos bastardos hijos de puta—.
Antes de morir, quiero que sepas que nunca la tuve la verdadera caja conmigo,
tú y los tuyos solo han perdido el tiempo.
—¡¿Qué?! Eso no puede ser, puto
malnacido. No te atrevas a mentirme. —exigió el sicario sobreviviente que se le
acercó apuntándole, sin perderle de vista. Alejando el arma de Palomino con los
pies, entendiendo el gran error que él y los suyos cometieron, al subestimarle
por ser solo un guardia de Gus.
—No te miento, estúpido. Mientras
yo y mi compañero hacíamos todo ese teatro en la taberna, le entregue la
verdadera caja para que la pusiera a salvo de ustedes. Ahora todo dependerá de
él, mi parte en esto termino. Hazlo lo que quieras.
—No tienes ni que decirlo,
¡Maldito hijo de perra!
El sicario le disparo repetidas
veces a Palomino en el rostro y en otras partes del cuerpo, sin parar, hasta
convertirlo una masa irreconocible y sangrienta de carne en la arena. Solo para
después irse igual de frustrado… con sus compañeros muertos desintegrándose…
***
— …eso nos dicen las evidencias
que encontramos. —explico Andrés, claramente dolido por la muerte de su amigo—
Esos bastardos mataron Palomino. En fin, imagino que querrá saber cómo aquello
llego a nuestras manos, ¿no?
—No, lo que quiero saber es de
qué cosas estamos hablando aquí. ¿Qué es este objeto tan preciado y peligroso
como para mentir y matar por él?
—A eso voy, pero antes tiene que
escuchar toda la historia para que me entienda…
***
…un grupo de guardias se
encontraba cercando un edificio, en apariencia abandonado, en la ciudad del
rey, Tariq. Este edificio, a simple vista insignificante, era el epicentro de
operaciones criminales. Su interior se utilizaba como una base clandestina de
una malvada secta cuyos miembros, valiéndose de una avanzada tecnología,
realizaban terribles ritos con la sangre y los órganos de sus víctimas. Motivo
por el que la guardia, encargada de preservar la ley y el orden, había
rastreado a los criminales hasta su refugio. Y, mientras varios guardias
vigilaban desde la azotea de un edificio cercano, Andrés, el jefe de todos
ellos, ya estaba ideando un plan. Sin poder evitar, explicándoles a todos la
estrategia a proseguir en esa operación que implicaba un enfoque coordinado,
recordar los hechos anteriores a ese momento: todo inició en un edificio
departamental, cuando los vecinos llamarón a la guardia quejándose de un
horrible olor, que salía del apartamento 302. Llegaron y entraron tres guardias
hallando, al ingresar, colgado del techo de la sala, un saco de carne humana
que palpitaba entre susurros. Del que salió, desparramando un charco de sangre
por todo el suelo, un humanoide rojo de ojos oscuros que intentó asesinarlos
con sus poderosas garras y sus dientes extremadamente afilados, sin lograrlo;
gracias a que le dispararon, hasta que estuvieron completamente seguros, de
haberlo matado. Dando inicio a las investigaciones correspondientes,
preguntándose a qué clase de mente retorcida le pertenecía semejante abominación.
Para enterarse por los forenses y por el equipo tecnológico que ese humanoide
era, en realidad, la combinación de una familia de cuatro integrantes; que
fueron destripados, despellejados y juntados en ese costal humano, del que
salió esa criatura. La que se formó al emplear una miniesfera de alteración
orgánica, que se colocó dentro del saco. Iniciaron con las investigaciones y
encontraron un diario, oculto en una de las habitaciones, que relataba el
encuentro casual del padre de familia con la secta, evolucionista, Los
Olvidados, quienes, mediante promesas vacías de poder y riquezas, le sedujeron
para que se les uniera. Solo para descubrir que ellos realizaban horribles
experimentos con seres humanos. Por la creencia compartida por todos los miembros
de Los Olvidados: las personas debían de evolucionar en humanoides para
sobrevivir a la próxima era del hombre. Sin embargo, los mismos morían durante
el proceso de transformación. Asqueado por eso, decidió traicionarles,
denunciándolos con la guardia del reino. Pero, la secta, de alguna forma,
descubrió sus planes y lo mataron con su familia. Usándolos para crear al
humanoide, probablemente, por venganza. Con lo que se resolvía el misterio
gracias a la información proporcionada por el fallecido, que también anotó la
ubicación de la secta. Llevándolos ahora a ese momento en el que él, junto con
más de 40 guardias de Gus, se preparaban para ingresar y detener a esos locos
de una buena vez. En un ataque sorpresa que les permitiría tomar a los
criminales desprevenidos, mientras que los guardias de afuera del edificio
permanecían en posición, listos para enfrentar cualquier contingencia. Andrés y
varios de los suyos se aventurarían por las alcantarillas para acceder al
interior del edificio, rompiendo el suelo del sótano. Desatando un pandemónium
absoluto en el momento en que los guardias se enfrentaran a los miembros de la
secta. Hallándolos alrededor de un enorme tubo cilíndrico, dentro del cual
había un humanoide de color rojo y de ojos amarillentos al que estaban adorando
como a un dios. Pasando a la acción, al igual que los fanáticos, tras verlos
sacar, cuando se percataron de ellos, armas de fuego y cuchillos de sus
capuchas para atacarlos con fiereza; mientras que los guardias hacían lo mismo.
Provocando, entonces, un gran tiroteo y enfrentamiento; que culminó con la
muerte tanto de los miembros de la secta como de varios guardias de Gus, pero
no por obra de los encapuchados; sino por acción de la criatura. Al tratarse de
una bestia, libre de la prisión de cristal en la que estaba, libre de sus
ataduras y libre de un controlador que la domine. Teniendo así total libertad
para matar a diestra y siniestra, sin distinguir entre aliados o enemigos. Una
bestia indetenible, pese a ser alcanzada por disparos, o armas punzantes;
volvía a regenerarse para contraatacar con sus miembros, a los que convertía en
filosos instrumentos de ataque, pudiendo también alargarse y contraerse a
voluntad propia, sumada a una increíble agilidad. Pero no inmune al fuego,
porque en el momento en que los magos de Andrés entraron en acción lanzando
conjuros para incinerar a la bestia, está por fin fue destruida. Dejando vía
libre los sanadores del grupo para que atendieran a los sobrevivientes de ambos
bandos. Permitiendo al resto arrestar a los fanáticos sobrevivientes y hacer
las investigaciones correspondientes. Todo marchando bien hasta que encontraron
una peligrosa arma. Tan peligrosa que inmediatamente y sin titubear
interrogaron de forma violenta a los miembros de la secta sobre la misma y
estos respondieron, entre locas carcajadas, que ni los sombríos ni los otros
traicionarían nunca al Olvidado para, acto seguido, quemarse hasta morir, tras
presionarse un diente postizo…
***
— …¿y qué es esta arma? —preguntó
Dylan ya cansado de tanto misterio.
—Una nuclear. —respondió Andrés
mirándolo con mucha seriedad.
—¿Una nuclear? —repitió él para
luego dar con el misterio— …, espere… ¿Una bomba atómica?
—Correcto.
—¿Cómo es posible que esos
sectarios tuvieran algo así en su poder?
—No sabemos ni eso ni lo que
pensaban hacer con dicha arma, pero lo que sí sabemos es que debemos de sacarla
de esta ciudad porque está activada y en cuenta regresiva.
—¿Y por qué no la han sacado
antes? —quiso saber Dylan sin poder entender las acciones de Andrés, en
respecto a algo tan peligroso.
—Por decisión de nuestro rey
Hermes.
—¿Él sabe de esto?
—Por supuesto, él fue el primero
en enterarse y quiere usar la nuclear.
—¿Para qué?
—¿Cómo qué para? Para expandir
más el Reino de Gus, claro está.
—¿Y quiere que yo y mis
compañeros le ayudemos a hacer eso?
—Claro, para eso fueron
contratados.
—¿Contratados? ¿De qué está
hablando?
—Del contrato que se les envió a
su gremio para esta labor, en ello especifique el tipo de personas que
necesitaba para esta labor. Pero usted actúa como si no lo fuera. —Dylan se le
quedó viendo y Andrés abrió la boca como estúpido— Un momento, ni usted ni los
otros dos son del gremio de Cáncer.
—¿Por qué cree que lo somos?
—Me dijeron que solos lo mejores
sobrevivirían a la batalla.
—Usted lo ha dicho, solo los
mejores. Pero esos, de los que me habla, no era más que un trío de estúpidos a
los que mate yo solo cuando fueron a molestarme, todo para eliminar a la
competencia. Y ni yo ni mis amigos somos de ese gremio, ni tenemos nada que ver
con ese contrato del que me habla, por no decir que no somos gente sin
escrúpulos. Al menos yo no.
—Eso significa que…
—Así es, no los vamos a ayudar
para destruir otros reinos. Es más, me pondré en contacto con el líder de mi
Gremio para que el informe de esto, hasta que el mismo emperador se entere y
tome medidas. Unas que les aseguro incluirán el desmantelamiento del arma y la
ejecución de los que trataron de usarla. —dio media vuelta— Buenas noches.
Se fue de ahí dejando a un Andrés
con los ojos como platos y la boca abierta como el gran estúpido que era…
***
…unas horas después, durante las
festividades…
— …y eso fue lo que paso —les
terminó de contar Dylan a sus dos compañeros, quienes escucharon el relato con
suma atención—. ¿Qué opinan?
—Que hiciste bien en negarte y en
no involucrarnos. —le felicitó Valeria dándole un beso a Dylan en el cachete
haciendo que se sonrojara.
—Opino igual. —comentó Lautaro
sonriendo al ver como se formaba la química entre ellos dos— Pero lo que me
preocupa es cuanto tiempo tenemos, ¿llegó a decírtelo?
—Tenemos por lo menos un mes.
—Eso es bueno. —dijo Valeria
tomando otro trago de cerveza— Tiempo suficiente para alertar al emperador y
para investigar la procedencia de estar arma.
—Sí, pero eso ya no nos incumbe.
—aclaró Dylan tomando también un trago de cerveza casera, cuyo sabor era
amargo, pero dulce también— Solo a los heraldos del imperio.
—En ese caso, cumplamos con
nuestra cuota de buenas acciones… —dijo Lautaro buscando a alguien con la
mirada hasta dar con esa persona: Olivia, la cual también lo veía sonriendo— …y
pasemos una buena velada. Os dejo a solas.
Ambos vieron como Lautaro iba
hacia donde estaba Olivia, con quien, tras una rápida conversación, procedieron
a besarse e irse a un lugar privado, posiblemente los aposentos de la capitana.
—¿Y qué hacemos ahora Dylan? —le
pregunto la cazadora sonriéndole—. ¿Vamos a celebrar?
—Claro, me encantaría hacerlo
contigo. Aunque como dije, no soy alguien muy festivo.
—Entonces, lo que necesita es que
alguien te aliente a celebrar.
La cazadora le dio una clara
insinuación picarona y le puso la mano en la suya, dejando claras sus
intenciones, y él dudó. Cuando era niño no sabía mucho sobre mujeres, pero al
crecer aprendió que cuando una se entrega a un hombre, como ella lo estaba
haciendo ahora, era muy descortés rechazarla, porque era como decirle: “no eres
lo suficientemente buena para mí”. Dylan cerró los ojos y los volvió a abrir
para calmarse. Al venirle muchos pensamientos a la cabeza, como: ¿La podía
embarazar? ¿Existía la remota posibilidad de que ambos se enfermaran de algo?
¿Qué harían si tenían un hijo? Basta, pensó. Ya se estaba yendo por las ramas.
No había nada más que hacer en esa situación, salvo sentirse vivo. Para eso
había Valeria, quería estar con él y no la iba a rechazar. Entrelazo sus dedos
con los de ella y le sonrió. Poco tiempo después, ambos se encontraban en una
lujosa alcoba para dos, totalmente desnudos. Él la abrazó, la besó y la condujo
a la cama. Ahí se exploraron y se amaron mutuamente, hasta saciarse. Tiempo
después, en esa noche, Dylan estaba, desnudo y pensativo, sentado en una silla,
mirando las estrellas por la ventana de su habitación, con Valeria plácidamente
dormida luego del sexo. Lo habían pasado bien, se sentían mejor y él se
preguntaba: ¿Qué debería o deberían de hacer ahora? La respuesta le llegó
cuando comenzó a escuchar y sentir fuertes estallidos que lo sacudieron todo,
lo que inevitablemente hizo que tanto él como Valeria, ahora totalmente
despierta y en alerta por culpa de las explosiones, se asomaran por la ventana
para ver lo ocurrido y lo que vieron los dejó impactados: había gritos desgarradores
de civiles que corrían por todos lados y edificios derruidos cubiertos por el
fuego producto de las detonaciones. Escucharon unos pasos provenientes del
exterior y Lautaro entró en la habitación, semi - vestido junto a Olivia,
diciendo:
—¡Atacan la ciudad!
***
Era un día como cualquier otro,
en una jornada similar a tantas otras, en uno de los bancos más grandes y
concurrido del Reino de Gus, en donde una niña entraba junto con su madre al
banco para hacer una gestión. Destacando dicho establecimiento no solo por ser
el banco más atiborrado, sino también por reflejar la dualidad de la limpieza y
la corrupción política que caracterizaban a la magna metrópolis del reino,
Tariq. Puesto que afuera de los muros del banco había calles y edificios
sucios, mendigos desamparados y tachos de basura desbordantes. Por no decir que
la criminalidad y el caos estaba por doquier, con cadáveres de pandilleros y
ciudadanos inocentes atrapados en situaciones de violencia. La corrupción había
permeado a las fuerzas del orden y también a los burócratas, quienes aceptaban
sobornos y permitían que las mafias operaran con impunidad. No ayudaba tampoco
que el rey fuera otro corrupto. Pero a pesar de esa oscura realidad, aún había
quienes lograban subsistir en esa ciudad sombría y artificial, más si se poseía
ciber-doblones y una red de influencias, como a esas dos inocentes civiles que
entraron al banco aquel día, donde ocurría un evento que sería recordado por
mucho tiempo. Al entrar un grupo de tres individuos que masacraron a los
guardias de seguridad y tomaron como rehenes a los civiles, tras soltar a una
legión de nano-autómatas que se encargaron de dichas acciones, mientras los
tres delincuentes hacían lo posible por abrir la bóveda del banco. Todo ante
los ojos de la pequeña niña que, al no querer quedarse solo en casa, acompaño a
su madre, la cual fue a hacer una gestión, viendo, junto con ella como ellos
mataban indiscriminadamente al que se le cruzaba en el camino. Matando a los
civiles que trataban de escapar y de los guardias de seguridad, que,
valientemente, usando bastones eléctricos y armas de fuego, intentaban
protegerlos de ellos, sin poder lograrlo. Dejándola espantada y en shock. Al
presenciar semejante carnicería.
—Mamá, ¿Qué ocurre? ¿Vamos a
morir?
—No lo sé, hija, no lo sé.
Solo pudo abrazar a la pequeña,
temiendo lo peor y rezando a los primordiales que la escucharon.
***
—¿Estás seguro de esto Dylan?
—preguntó Valeria que, como Olivia y Lautaro, se encontraba en lo alto de una
azotea mirando todo el panorama de Tariq, que no era nada alentadora, al ver
fuego y caos en todas partes.
—No veo otra explicación, así que
haremos lo siguiente: Lautaro, ve con Olivia a ayudar a los civiles; Valeria,
tú ocúpate de resguardar al rey Hermes; Olivia, manda refuerzos al banco y yo
iré a ayudar a esos refuerzos, porque si esto es lo que creo que es, todo este
desastre no es más que una gran distracción.
—¿Para qué? —preguntó Olivia
horrorizada viendo la ciudad que amaba envuelta en llamas y a los cientos de
cadáveres desperdigados por las calles, achicharrándose por las mismas flamas—.
Todo esto, ¿con qué fin?
—Poder, obtener un artefacto de
increíble poder.
***
—Conque ya está aquí. —le dijo
Andrés al verlo llegar, vestido con su respectiva armadura puesta, al banco que
se encontraba completamente rodeado por guardias que no cesaban de disparar a
los individuos de la azotea y de las ventanas de la entidad bancaria que, pese
a que eran alcanzados y derribados por los disparos, no dejaban de
contraatacar; sin duda unos husos duros de roer— Como puede ver usted tenía
razón, pero tenemos la situación bajo control.
—No lo dudo, ¿quiere ponerme al
tanto?
—Hace treinta minutos unas
personas, aun sin identificar y vestidas con trajes de batalla, según nos dicen
los testigos, ingresaron al banco y lo tomaron por la fuerza, apresando a los
civiles que no lograron escapar, o que no murieron —les explicó Andrés de forma
siniestra—. Creemos que mataron a todos los guardias del banco para después
soltar a estos nano-autómatas a los que enfrentamos ahora. Tenemos
francotiradores en los tejados y atacamos con todo lo que podemos, pero cada
vez que derribamos a uno aparece otro o se regenera para seguir atacándonos.
—¿Y qué hay de los rehenes?
—De eso no hay que preocuparse.
Como se encontraban reunidos en un solo punto, mis francotiradores solo
tuvieron que dispáreles balas escudo.
—Balas que, al juntarse, crean
una barrera trasparente de metal irrompible. —dijo Dylan, pasando la mirada de
él, al edificio y a los nano-autómatas, que no dejaban de disparar—. Es mejor
que me ocupe de ellos antes de que cualquier otro salga lastimado.
—Alto, ¿qué planea hacer?
—Mi trabajo.
Andrés no intentó detenerle y él
caminó a través de los autos de la policía, hasta situarse entre estos y el
tramo que tenía que recorrer para ingresar al banco. Escaneó a los
nano-autómatas, confirmando lo que eran y lo que tenía que hacer para
destruirlos, y buscó, usando la visión de los links que podían atravesar
paredes, la esfera que los controlaba. La localizó en el cielo raso dentro del
edificio y, sin pensarlo demasiado, convoco a su fiel arma, la llave del
Olvidado. Usándola para crear una pistola Smith & Wesson M&P con la que
disparó una potente bala perforadora que atravesó los muros del edificio hasta
impactar en la esfera rojiza, sorprendentemente esta soportó la descarga;
poseía un resistente campo de fuerza que repelió el proyectil, el que cayó en
el suelo sin causarle ningún daño.
—Debo hacerlo de cerca —dijo
Dylan en voz alta, reconvirtió la pistola, causando que tomara forma y volumen,
hasta convertirla en una moto oscura que usó para recorrer todo el camino hasta
la puerta del banco, sin preocuparse por los disparos de los nano-autómatas que
no pudieron ni dañarlo ni atinarle. Se estrelló contra la puerta, la hizo
añicos y saltó del vehículo, al situarse debajo de la esfera. Al ver que los
nano-autómatas se le venían encima, convocó la espada maldita y la moto se hizo
líquida, volviendo a las manos de Dylan, para volverse dos pistolas Glock G19
con las que les disparó proyectiles que, al ingresar en sus cuerpos de metal,
explotaron desperdigando sus restos por el suelo. Usando también las pistolas
para dispararle a la esfera, cinco potentes balas perforadoras que hicieron que
el suelo en el que estaba se agrietara por la presión, sin lograr el éxito
deseado. Hecho esto, y viendo que los enemigos no dejaban de venir, saltó de
muro en muro del banco hasta llegan a la esfera a la que, por medio de una
afilada espada creada tras fusionar y reconvertir las pistolas, destruyó tras
brincar y darle un corte con todas sus fuerzas. Uno tan fuerte que logró
atravesar el campo de fuerza y destruir la esfera. Dylan calló de rodillas al
suelo, entre los nano-autómatas que no habían desaparecido, pero que ahora no
se regenerarían. Por lo que se dispuso a destruirlos a todos, lográndolo, sin
recibir un solo rasguño. Usando incluso la escopeta de triple cañón AKKAR
MAMMUT 335 recortada que solía usar.
—Muy bien hecho, muchacho —le
dijo una voz masculina que venía de arriba, Dylan pudo ver cómo un hombre, que
debió de ocultarse tras las sombras, caía de pie al suelo, tras saltar desde el
círculo del segundo piso—, pero ahora te enfrentarás a mí, y te advierto que no
soy un oponente fácil de vencer.
—¿Quién eres?
—Tengo y he elegido muchos
nombres —dijo el hombre rubio de ojos negros, vestido con un traje de combate,
sacando una afilada hoz de tamaño prominente—, hoy me llamo Federico.
¿Empezamos?
Federico corrió y dio un gran
salto para intentar cortar a Dylan por la mitad. Mas no tuvo éxito, gracias a
que Dylan se agachó y dio después una voltereta hacia atrás cuando Federico
trató de partirlo en dos una vez más. El cazador de Tauro creó un buen espacio
entre ambos y le disparó a Federico desde el aire hasta caer de rodillas al piso.
Tras eso, los dos corrieron para atacarse. En un rápido movimiento, Dylan se
deshizo de la pistola recién hecha y a su vez formó una espada-sierra, que usó
para dar inicio a una épica pelea entre ambos, en la que tendría que dar todo
para ganar, tras percatarse que su enemigo era, sin duda alguna, uno de los
sicarios del relato de Andrés. Teniendo una gran ventaja sobre Federico que,
pese a ser muy fuerte y hábil, no podía igualarlo en destreza y velocidad.
Incluso usando unos proyectiles en forma de disco, que lanzó desde los brazos
del traje y que empleó para tratar de cortarle con los mismos, al poder estos
atravesarlo todo como si fuera de mantequilla. Pero el cazador esquivaba las
arremetidas de su oponente y contraatacaba con ataques muy certeros, asaltos
que por desgracia no lograban el efecto deseado, porque no podía atravesar la
dura armadura del sicario que apenas y logró provocar algunos cortes
superficiales; Federico, por su parte, decidió cambiar de estrategia y sacó los
patines de sus botas de hierro, corrió en círculos alrededor de él a gran
velocidad, para tratar de confundirlo y cortarlo a la menor oportunidad. Dylan
evadió todos sus ataques y se defendió con la espada. Ambos se sumergieron en
una velocísima pelea en la que Federico, aprovechaba la gran rapidez que tenía
por los patines de hierro, embestía con rápidos movimientos y estocadas que no
lograban herirlo, pues Dylan se defendía y repelía los ataques con la misma
precisión que él, lo que convertía esa batalla en una danza de espadas que
parecía no tener fin. Hasta que Dylan entendió que, para ganarle, era necesario
atraparlo en su mismo juego, y felizmente era completamente capaz de hacerlo.
Se posicionó como un corredor, aumentó su musculatura y, sujetando la espada
con firmeza, se preparó para el ataque, saliendo de la hoja pequeños rayos
rojizos, brillando está como un láser. De esa forma, siendo más rápido que el
sonido, Dylan corrió hacia Federico, quien no pudo evitar que él le propinara
certeros espadazos en el cuerpo, causándole un fuerte sangrado. Luego, saltando
de columna en columna, al igual que con la esfera, fue hacia Federico para
apuñalarlo hasta que, mediante un certero y sorpresivo movimiento, Dylan logró
empalarlo contra una de las columnas, al encajarle la punta de la espada-sierra
en el tórax, empujó el arma hasta que chocaran contra una columna cercana en la
que hizo presión para que su arma atravesara la armadura, la caja torácica y el
corazón del sicario, incluso llegando a traspasar el poste. Cortándole los dedos
a Federico cuanto trató de sujetarle el arma. Gracias a que pudo ver todo en
cámara lenta por medio del nuevo sistema instalado en los links de sus ojos,
cortesía del gremio de Tauro.
—Demonios, niño —dijo Federico
mostrándole su rostro contorsionado por el dolor—. Lo lograste.
—¿Cuál es tu meta? —le preguntó
Dylan a la vez que hacía presión y ponía un cuchillo sobre el cuello de
Federico—. ¿Qué buscan tú y los tuyos obtener con todo esto? ¿Para quién
trabajan?
No le dijo nada y le miró de
forma desafiante.
—Respóndeme —ordenó Dylan
hincándole el cuello, causando que un hilo de sangre saliera por la herida— No
eres un simple ladrón, y menos un asesino vulgar. Dime la verdad o… —en eso se
escuchó una enorme explosión que venía del cuarto en donde estaba la bóveda del
banco—, ¡¿Qué ha sido eso?!
—Estúpido —le dijo Federico
sonriendo y presionando uno de sus dientes— Ya cumplí con mi labor, ahora solo
quiero descansar —su cuerpo comenzó a hincarse y a subir de volumen—, pero
antes te llevaré conmigo a la tumba.
Dylan apenas y tuvo tiempo para
resguardarse detrás de una columna, que apenas y pudo protegerlo de la gran
explosión generada por el cuerpo de Federico, del que no quedo rastro alguno.
Ni siquiera un minúsculo cabello. Y él, sin dejar de mirar el lugar donde antes
estaba Federico, no podía dejar de preguntarse qué clase de infierno tuvo que
soportar ese hombre para tener ese tipo de resolución y qué secretos debía de
conocer como para que tuviera que verse obligado a silenciarse de esa manera.
***
Los almacenes Porter eran, en su
mejor momento, un lugar para guardar todo tipo de cosas, desde autómatas hasta
metales preciosos, pero con el pasar del tiempo, y la subida de precios,
perdieron su uso y ahora eran un grupo de edificios abandonados de los que
nadie quería hacerse cargo, lo que los convertía en el perfecto refugio para
delincuentes, mendicantes y en una zona ideal para reuniones clandestinas entre
individuos que querían una total y completa privacidad, como la que se estaba
llevando a cabo en el almacén número 51 entre los infernales Carmena y Buch,
ambos miembros y sicarios del Olvidado, tras su escape por el túnel
subterráneo, que hicieron tras hacer estallar el suelo del banco, o eso es lo
que quisieron hacerles crear a quienes les perseguían. La verdad es que,
mientras ellos seguían esa pista falsa, los infernales, usando el camuflaje
óptico de sus atuendos, huían del edificio parta después separarse y volverse a
reunir en ese lugar tan poco transitado, con la finalidad de esperar a su vía de
escape.
—¿Realmente estamos a salvo aquí
Buch? —preguntó Carmena mirando la zona tras escuchar un pequeño derrumbe.
—Por todos los cielos, deja ya de
quejarte Carmena —contestó Buch, molesto por la desconfianza de su compañera—.
¿Dónde más estaríamos a solas, esperando un aerotransporte para que nos saque
de aquí? —señaló en el techo destruido del almacén que mostraba el cielo oscuro
de la noche—. Ahora, ¿lo tienes? ¿Pudiste manipular la puerta de la bóveda y
extraer la caja metálica cuando Federico hizo lo suyo durante la lucha?
—¿Estaría aquí si no? —pregunto
con ironía Carmena.
—Muéstramelo.
—Como quieras. —contestó Carmena
movió una mano hacia el vacío y presiono un botón invisible, causando que la
gran caja rectangular, por la que habían matado y hecho daño a tantos, se
materializara en el aire, al desactivarse su campo de invisibilidad—. Y, antes
de que preguntes, sí, lo comprobé. Esta es el arma. E hice lo que tenía que
hacer.
—Tal y como nos lo ordenaron.
—comentó Buch tocando la caja que no dejaba de flotar— Bien, ahora solo tenemos
que esperar a que llegue nuestro transporte.
—No, ahora me darán ese objeto
—dijo una voz que los sobresalto tanto a Buch como a Carmena—, y morirán aquí.
Buscaron el origen de la voz y
vieron al cazador de Tauro aparecer de entre las sombras, acercándose a ellos.
Lo que los dejo más que sorprendidos.
—¿Tú? —preguntó Carmena
estupefacta—. ¿Pero cómo?
—No son tan listos. —contestó
Dylan— Se les olvidó bloquear el chip rastreador de la caja que sacaron sin
permiso del banco, rastreador puesto por los mismos guardias de esta ciudad.
—¿Qué? —preguntó ella poniéndose
a buscar hasta encontrar el pequeño chip oculto en una de las bisagras de la
caja, quitándolo y aplastándolo furiosa—. ¡Puta madre!
—Ya es demasiado tarde para eso.
Ahora, tengo muchas preguntas, pero esta es la primera, ¿quiénes son y para qué
quieren una nuclear? Dígamelo ya, o les juro que me lo dirán con mi espada
sobre sus gargantas.
—Estúpido, ¿piensas que puedes
venir aquí tú solo y que te lo diremos así de fácil? —sentenció Carmena.
—Pienso igual. —concordó Buch—
Puede que vencieras a nuestro compañero, pero contra nosotros dos tú solo no
podrás.
—No estoy solo. —dijo Dylan y
tenía razón, de repente toda la zona se llenó de guardias que desactivaron sus
camuflajes, sumado a que de arriba bajaron dos armados con armaduras
espaciales, que los convertía en tanques andantes. Todos apuntaron a los
infernales que se vieron acorralados— Lo ven.
—¡Te desafío, cazador! —le retó
Buch claramente desesperado—. Tú y yo en una pelea de honor, y el que triunfe
recibirá como premio lo que pida.
—Aceptó. —dijo Dylan
sorprendiendo a muchos, pues eso era sobrepasarse a la autoridad que le
correspondía de cazador.
—¿Me das tu palabra?
—Te daré el filo de mi espada.
El infernal, vestido como el
otro, con una armadura de pies a la cabeza, sacó una jabalina doble que tenía
dos puntas formadas con esferas de acero que podían ser usadas como armas
extensibles, al estar conectadas por una cadena con el palo y, por si fuera
poco, por tener filosas agujas. A las que uso para atacar y defender de las
múltiples dagas que le mandaba Dylan, cuyos afilados puñales no lograban
afectarle. Estaba protegido por un campo mágico de energía, creado por las
runas de esa inmensa arma. Fue ahí cuando a Dylan se le ocurrió una idea. Saltó
sobre su oponente y lanzó cuchillos al suelo, donde estaba Buch, que
implosionaron, como mini - bombas, gracias a la magia del arma maldita que
poseía, causando, por la explosión, la confusión del infernal, quien, al verse
además envuelto en humo, no pudo ni ver o prever, ni el momento ni el lugar en
el que el cazador le comenzó a atacar lanzándole la espada doble, al igual que
un bumerán que salía de diferentes áreas ocultas por el polvo aún en el aire. Buch
se vio en la necesidad de esquivar, repetidas veces, el bumerán que no dejaba
de serle lanzado, al estar bajo el control del cazador, que finalmente logró
obligar a Buch, a que se protegiera con la jabalina doble y fuera lanzado hacia
atrás hasta caer al suelo, producto de la potente detonación de dicha espada
gracias a poseer, como los cuchillos, la capacidad de estallar según los deseos
de Dylan. Ya ahí, estando desorientado, el cazador pudo, tras activar el
camuflaje por medio de la magia de la llave del Olvidado, ponerse detrás de
Buch y, con una daga, empalarlo por la espalda, o eso pensaba. Puesto que el
sicario logró, al darse la vuelta, agarrarle la mano donde tenia la daga y
sujetarle el cuello, alzándolo. Obligando a Dylan al volverse visible y mostrar
la precaria situación en la que se encontraba, con Buch ahora agarrándole el
pescuezo con ambas manos y apretándolo con todas sus fuerzas al hacer que
soltara la Daga. Pero una bala de perforación cruzo por los aires hasta chocar
y penetrar en las articulaciones de los brazos del infernal, despedazándolos y
liberando al cazador de Tauro del agarre del sicario, quien grito de dolor al
ver los muñones sangrantes que ahora tenía por brazos. Dylan, gracias a los
links, vio a Valeria saludándolo desde la azotea del castillo del rey Hermes,
Crésida, y la saludo como agradecimiento por su ayuda, un gesto emulado por la
cazadora, para luego ver a Buch, cuya apariencia era lastimera, asiéndose aún
más lastimera cuando el cazador convoco el arma, la convirtió en la escopeta
triple y le disparo al infernal en las piernas, tirándolo al suelo, con el
sicario gritando y escupiendo sangre:
—¡Tú peleas sin honor! —dijo Buch
moviendo los muñones ensangrentados, dando pena ajena.
—Y por eso tú estás ahí, y yo
aquí. —Dylan se paró sobre el infernal, con la escopeta triple en la cabeza del
sicario— Ahora me lo dirás todo.
—¡No, no será así! —anuncio
Carmena yendo hacia él con la intención de atacarle, pero entonces un gran
machete, entrando desde los omoplatos y saliendo por el pecho, le atravesó la
armadura y el corazón. Causando que se arrodillara producto del dolor del
ataque sorpresa. Viendo, con odio, como otro cazador aparecía en escena:
Lautaro, con una macabra sonrisa.
—Me temo que así será. —dicho
esto le corto la cabeza, con el mismo machete, y la sostuvo en el aire, dándole
un beso— Qué pena, justo mi tipo. —la tiró al lado de Buch—. Todo tuyo y tuya
Dylan.
—Gracias. —dijo Dylan que, antes
de comenzar a interrogar a Buch, vio la cabeza y el cuerpo de Carmena desintegrase,
indicándole que tenía poco tiempo, debía de actuar rápido. Puso la punta de la
escopeta contra los dientes del Infernal para que no los presionara— Habla,
¿adónde pensaban llevar la Nuclear?
—¿Llevar? ¡Niño estúpido!
Nuestras órdenes eran prepararla e irnos.
—¿Prepararla? —tanto Dylan como
Lautaro se vieron preocupados—. Lautaro revisa la Nuclear.
—De acuerdo. —fue y su cara se
puso totalmente blanca— Mierda…
—¿Qué ocurre Lautaro?
—Han adelantado el tiempo… en
menos de una hora va a estallar.
—¡¿Qué?! —todos los ahí reunidos
se mostraron totalmente asustados y él presionó al infernal—. ¡¿Cómo la
desactivamos?! Dínoslos.
—¿O qué? ¿Vas a matarme?
¡Adelante hazlo! —le retó Buch sonriendo de forma enfermiza—. Pero antes déjame
contarte un secreto: nosotros los infernales del Olvidado prevaleceremos, ante
todo y todos ustedes. ¿Sabes por qué? Porque somos eternos y no le tememos a la
muerte, así que adelante, jala el gatillo. ¡Regresaré, mientras que tú te
vuelves polvo radiactivo!
Dylan ya no pudo más y le reventó
la cabeza de un escopetazo triple, rematándolo.
—Y yo y los míos sobreviviremos
para matarlos las veces necesarias. —fue a ocuparse de la nuclear— Hay que
hacer algo y pronto.
—Concuerdo, ¿pero qué? ¿Qué
podemos hacer? Es decir, no podemos desactivarla. No veo puertos de enlace por
ningún lado en esta cosa.
—Otra opción… —dijo una voz que
salió de un portal abriéndose ante ellos y saliendo de este Valeria, posible
por los altos conocimientos sobre magia de los que disponía y al saber la
ubicación de ambos— …sería evacuar a todos los civiles lo más lejos posible y
dejar que estalle.
—¿En menos de una hora? Lo dudo.
—Estoy de acuerdo. —dijo Dylan
dejando de ver la nuclear para centrarse en sus dos compañeros— No podemos ni
detenerla ni evacuar a los civiles, eso significa que debemos dejar que estalle
en un área donde haga el menor daño posible.
—¿Pero dónde? Hablamos de una
nuclear.
—Sí, Dylan. ¿Dónde? —preguntó
Valeria y como respuesta el cazador de Tauro miro al cielo—. Espera, ¿te
refieres a…?
—La zona prohibida, donde nadie
puede entrar. Solo los dioses.
—¿Y qué te hace pensar que
nosotros podremos? —inquirió Lautaro todo serio—. ¿O incluso que los dioses nos
lo permitirán?
—En que primero, no tenemos
opción; y segundo, no tenemos por qué pedirles para salvar vidas humanas, ellos
lo entenderán.
—¿Así no más?
—No creo que tengamos el tiempo
de leer mandarles un correo Lautaro.
—¿Y cómo propones hacer esta obra
imposible?
—Mediante un cohete.
—¿Mediante un cohete? Debes estar
bromeando.
—Tengo cara de estarlo.
—Pero…
—¡Basta! —les pidió Valeria ya
cansada—. Chicos, dejen de discutir que eso no ayuda y Lautaro si tienes una
mejor idea dila, sino solo calla y ayuda. Ahora, Dylan, ¿qué debemos de hacer?
La operación fue más sencilla de
realizar de lo que se esperaban: primero, Dylan creó una superficie circular
que, mediante cuerdas, sostuvo firmemente a la nuclear; luego, Lautaro, usando
sus cápsulas armó una capa protectora para protegerla de la presión durante la
subida; y, por último, Valeria empleó la magia para teletransportarla, como
hizo ella anteriormente, lo más alto posible. Ya ahí, Dylan uso todo el poder
que pudo para causar mini explosiones, en la parte baja de la plataforma,
logrando que la bomba subiera hasta perderse en lo alto, logrando el objetivo
que se habían impuesto. Causando, poco tiempo después, una gigantesca explosión
atómica que fue vista por muchos. Sobre todo, por el emperador Aarón de la caza
Hunter, cuyo reinado había durado por años, que considero aquello como un
asunto de extrema importancia, al que debía de atender inmediatamente, puesto
que un arma de semejante poder destructivo, no debería de estar a la
disposición de cualquiera, y menos de un simple rey de un reino insignificante.
***
—¿Ya termino? —preguntó el rey
Hermes tras ver como Dylan conversaba nada menos que con el mismo emperador
Aarón, quien, por medio de sus heraldos y contactos, obtuvo los códigos de
enlace del joven cazador de Tauro para poder tener una conversación privada y
así enterarse de los recientes acontecimientos de primera mano. Estando todos,
en una habitación cerrada. Donde nadie podría ni interrumpirlos ni escucharlos.
Quedando todo entre ellos. Teniendo él a dos guardias, a cada lado, para
asistirle, como Dylan que, sentado también, disponía de sus compañeros
cazadores, con ese mismo fin, sin faltar razón, puesto el emperador era alguien
imponente y avasallador.
—Ya terminé. —dijo Dylan
suspirando.
—¿Y qué dice?
—Que esto quedara como secreto de
Estado y que tanto yo, como mis dos compañeros aquí presentes, tendremos ahora
la misión secreta de cazar a todos los miembros de esta organización
terrorista, puesto que buscan despertar al Olvidado y destruir el mundo para
volverlo a forjar según los designios de este dios-demonio. Algo que ni él ni
los dioses primordiales pueden permitir.
—¿Pero quién es este
dios-demonios durmiente al que llaman el Olvidado?
—¿Conoce el origen del mundo
según religión de Tronos?
—Chico, Tronos, es la religión
predominante del imperio y de gran parte de los reinos que la conforman.
—Pues nárrela.
El Rey Hermes se mostró
fastidiado por la forma, le pidió hacerlo, pero lo hizo:
—En Tronos se adoran a tres
dioses, quienes prometen el paraíso. Contando los orígenes de la vida. Desde
siempre han existido tres deidades; El Sabio, que guía y da buena fortuna en lo
espiritual; El Guerrero, que crea vida y cura a quienes le brindan tributos; y
El poderoso, que enseña y se apiada de las almas de los caídos. Ellos son
conocidos como los primordiales y han existido desde que el mundo fue creado
por los forjadores, los antiquísimos dioses que pelearon entre ellos, en un
evento conocido como la hecatombe, causando el caos en todo el universo. Lo que
desencadenó en terremotos, huracanes, erupciones volcánicas y mega tsunamis,
que dieron vida a nuestro mundo. Y, de los cadáveres de los forjadores,
nacieron los primordiales, luego los ángeles y demonios, después los
mitológicos, seguido de los animales, dando cabida al ser humano, terminando
con los mutantes, las criaturas más horribles y despreciadas de todas. Pero
siendo el hombre el único ser capaz de controlar la magia y manipular el acero,
logrando así expandirse por todo el planeta. Alzando reinos a lo largo de los
diferentes continentes, que conforman el gran imperio del que ahora formamos
parte.
—Correcto, esa es la historia
oficial que el clero cuenta y predica en los templos, pero existe otra, llamada
por algunos como: La Leyenda de los Anteriores, que narra lo siguiente: hubo un
tiempo, hace millones de años atrás, antes de la hecatombe, donde la humanidad
era extremadamente poderosa, al punto de poder tocar las estrellas. Y ese fue
su error. Porque al jugar con fuerzas más allá de su control causaron la ira de
los dioses. Quienes, lejos de intervenir, dejaron que los humanos se
autodestruyeran así mismos, al meter la cizaña en sus corazones. Pelearon unos
contra los otros en interminables guerras, hasta el punto que dejaron
irreconocible el mundo, cuyo nombre se perdió en el tiempo, llevándolos a la
extinción. Pero hubo algunos que sobrevivieron, descendientes suyos que
resistieron el holocausto, al esconderse en búnker subterráneos, y que, al
salir, volvieron a repoblar el mundo, bajo el cuidado y la vigilancia de tres
entidades, venidas de las tres lunas que surcaban el planeta: Eldridge, la luna
verde; Gunnar, la luna amarilla; y Nero, la luna roja. Ellos llamaron y
reunieron a los sobrevivientes del cataclismo que se escondieron bajo el suelo
para comandar y guiar a la raza humana en la reconstrucción del nuevo mundo.
Uno en donde viviríamos de ahora en adelante bajo la vigilancia de dichas
entidades, llamándolos primordiales. Los mismos que adoramos ahora.
—¿Eso es cierto? —preguntó Hermes
tan interesado como el resto de los presentes.
—Dependa de lo que usted quiera
creer. Pero, en ambas versiones, se omite a una deidad maligna, cuya luna Zaid,
la morada, fue oculta entre las estrellas del cielo, luego de que los otros
tres lo encerrarán y le durmieran en otra dimensión. Otra realidad de la que
nunca podría escapar, porque aquella deidad busco, al nacer, hacerle daño a la
humanidad al considerarlos seres insignificantes e indignos de todo respeto,
algo en que los otros no concordaban como tampoco podían permitir, por eso,
tras una titánica pelea, cuyos registros fueron ocultos, fue borrada de todas
las historias. No solo por ser pura maldad, sino porque, según antiguas
profecías, una vez que volviera al mundo físico y arrasara con todo, no solo
sería benevolente con quienes le ayudaron a escapar, sino que además les daría
un poder y una riqueza superior a todo lo que podrían haberse imaginado. Y eso
es lo que buscan estos fanáticos, con tanta destrucción. Pero nunca lo
lograrán, no sin la llave del Olvidado.
—¿La llave del Olvidado?
Dylan convocó y sostuvo su espada
maldita, con Runas y símbolos malignos, para que todos la vieran.
—Esta espada, es la única forma
en cómo se puede ascender a la dimensión en donde duerme ese dios-demonio. Y
solo yo puedo usarla.
—¿Qué? ¿Pero quién eres tú?
—Soy el guardián y defensor de mi
imperio.
—¿Tu imperio?
—¿A un no lo entiende? —Dylan se
puso de pie y sus ojos brillaron con fuerza; al tiempo que su apariencia se
volvía grande, imponente y avasalladora—. Está hablando con su emperador.
—¿Mi señor? ¿Usted? ¿Cómo?
—Estás hablando con uno de mis
heraldos, uno de le los tantos que uso para poder ver y oír todo lo que sucede
en mis reinos. —Aarón se acercó al rey de Gus, que se arrodilló ante su
presencia, como todos los demás— Me has traicionado y decepcionado Hermes, de
la peor manera.
—¡No mi señor! ¡Yo…!
—Silencio. —le ordenó y Hermes
que nunca había obedecido las órdenes de nadie, hasta ahora, se calló— No solo
trataste de hacer guerras expansionistas injustificadamente, sino que además
buscaste derrocarme. Y, lo peor de todo, es que, por culpa tuya, casi mueren un
sinnúmero de inocentes. Ofensas tan graves que yo simplemente, por más
benevolente que sea, no puedo dejar pasar. —trono los dedos y un aura rodeo a
Hermes haciendo que levitara— Adiós y buen viaje.
El rey del reinado de Gus,
Hermes, pronunciando un grito ahogado, estallo esparciendo sus restos y nadie,
pese a la sangre que los empapaba, se atrevió a decir o hacer algo contra el
emperador Aarón, que seguía controlando el cuerpo de Dylan.
—Ahora escuchen, se olvidarán de
todo esto y lo que recordarán es que el rey Hermes se suicidó por la vergüenza.
Su sucesor será elegido por el clero y en cuanto a ustedes dos… —dijo señalando
a Lautaro y Valeria— …me acompañarán en mi viaje para destruir a esta secta,
eso es todo.
—Un momento —pidió Valeria
armándose de todo el valor que disponía, antes que Aarón tronara los dedos—,
¿Por qué nosotros?
—Porque, como dijo Lautaro, los
encuentro interesantes y porque sus habilidades podrían serme útiles.
—¿Solo por eso? ¿Somos solo
herramientas para usted?
—Todos somos herramientas.
—¿De quién? ¿Suyas?
—No, de los dioses.
—¿Y qué es lo que busca?
—Liberarnos.
—¿Usándonos como marionetas?
—Cuando me usaste para
divertirte, no me queje y tú tampoco, ¿no? ¿Por qué te quejas ahora? —Valeria
se ruborizó y bajo la cabeza—. ¿Temes que los deseche una vez ya no me sean
útiles? Entonces os doy mi palabra de Emperador que, al concluir este viaje, no
solo os conservaré como mis aliados, sino que os dará grandes regalos.
—¿Cómo cuáles? —pregunto Lautaro
que por fin se atrevió a hablar.
—Lo bello de un regalo es que no
sabes lo que te espera dentro del paquete, y así será cuando os llegue la hora,
hasta entonces olviden todo esto.
—Puede que se equivoque —dijo
Valeria, toda retadora, mirando como tronaba los dedos—, puede que me acuerde…
—¿De qué? —pregunto Dylan extrañado
al igual que Lautaro—. ¿Acordarte de que Valeria?
Los tres se encontraban en un
bosque, alrededor de una fogata en la que cocinaban algo para comer y beber.
Era ya de noche y los caballos, que les habían regalo antes de irse del reino
de Gus, se encontraban pastando por los prados de las cercanías.
—Yo… —comenzó Valeria para luego
sonreír sin razón— …no sé, creo que estaba pensando en un libro que leí una
vez. —Dylan le paso algo de carne asada que ella aceptó de muy buena gana—
Gracias, saben, aún no puedo creer el rey Hermes no se diera cuenta del complot
de Víctor.
—Ni yo, pero por eso no me
extraña que se suicidara —comento Lautaro comiendo y bebiendo la cena recién
hecha—. Debió de ser toda una humillación para él, no darse cuenta de que ese desgraciado,
se había confabulado con esos sectarios bastardos para destruir Tariq. Todo por
un odio inmerecido. Es decir, el mismo se buscó esa fama.
—Puede que si… ¿Tú que opinas
Dylan?
—Opino que cuando lo encontremos
lo sabremos todo.
—Y justo por eso hacemos este
largo viaje a la capital del reino de Jamal, Arlene. —explico Lautaro luego de
tragar su comida— Porque tu Valeria lo viste reflejado en el Agua.
—¿Sigues dudando de mi visión?
—preguntó Valeria recordando que, tras buscar en los aposentos de Víctor,
encontraron solo un mechón de pelo, justo lo que necesitaban para ubicarle por
media de la magia, hechizando un espejo o el agua, contenida de un recipiente,
que pudiera reflejar al ser de la búsqueda. Logrando ubicarle, pero siendo
sorprendidos por un brujo que destruyo el medio por el que se les espiaba.
Dejándoles atónitos— ¿Pese a lo que viste?
—No, de lo que dudo es que si aún
siguen estando ahí.
—Es una posibilidad. —dijo Dylan
comiendo también— Pero, aun así, es nuestra única pista y tenemos que seguirla.
—Temía que dijeras eso.
—Yo no.
Lautaro sonrió, al igual que
Valeria, y los tres terminaron de cenar. Al día siguiente, al proseguir con el
viaje, llegaron a la capital del reino de Jamal, Arlene, en donde se enteraron,
al no encontrar a Víctor, de que el rey Lorenzo, que padecía de un misterioso
mal, requería a cazadores para una tarea muy especial: cuidar de la pequeña
princesa de la nación, Katia, única hija del soberano y de la primera esposa
del monarca, Adriana, en su búsqueda para obtener un cuerno de unicornio, en
los bosques de Zaid, ubicados en la cuarta isla sin rey, Malva, hogar de los
elfos. Por lo que, al sospechar de la influencia de la secta de los Olvidados,
se presentaron y fueron llevados frente al rey, dentro del palacio real, quien,
postrado en cama, los vio a través de las ranuras de la máscara que portaba y
les dijo, estando los tres de rodillas:
—Cazadores, deben de comprender
que tanto yo, como mi nueva esposa, os estamos confiando una gran tarea: cuidar
a nuestra hija durante su travesía en esa misteriosa isla llena de peligros. Y
si cumplen con lo que les pido, serán ampliamente recompensados. Ahora os
presentaré a mi hija. —hizo sonar una pequeña campana y, por otra puerta del
dormitorio, salió la nueva consorte del emperador, Carolina, con claros
síntomas de embarazo, acompañada por la princesa, Katia, quien los miró con
respeto y admiración, usando tanto la reina como la princesa máscaras también—
Ella es mi hija Katia, cuidadla y protegedla de todo mal. Es lo único que les
pido, ¿Lo harán?
—Sí majestad.
Contestaron por igual, sin
imaginar todos los pormenores que les traería resguardar a esa pequeña
princesa, que, pese a la opinión compartida que tenían de los nobles, les cayó
simpática. No sin antes prepararse para el viaje, que sería muchísimo más largo
y peligroso de lo que podrían haberse imaginado. Serían teletransportados a una
gran selva en donde sufrirían la emboscada de un gran grupo de orcos
sanguinarios; luego uno elfos los conducirían al pueblo de los elfos, en donde
cazarían a la bestia mutante que los acosaba, todo con tal de obtener el tan codiciado
cuerno de unicornio para que el padre de la pequeña princesa pudiera curarse
del mal que le acosaba, sin que ella supiera en ese entonces que los verdaderos
motivos de sus padres eran mandarla lejos al saber que el reino caería a manos
del reino… y así las aventuras del trío seguirían por siempre jamás.

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