QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 6 (Prototipo): Un infiltrado
—Kein,
¿estás bien? Gracias a la policía pudimos ver tu enfrentamiento contra el
terrorista chileno y sus humanoides, y ahora nos dicen que van a ingresar, lo
queramos o no, en cinco minutos.
Se
paró frente a una de las hileras de asientos que quedaban intactas de aquella
zona del hospital.
—Estoy
bien, Hiroi. Hazles saber que necesito por lo menos diez minutos para
investigar antes de que ingresen y contaminen la zona. Les informaré lo que
descubra en cuanto haya terminado con las investigaciones que tengo pendientes.
—De
acuerdo, pero ¿hay sobrevivientes?
Se
sentó, comenzó con el escaneo sacando una aguja de la palma de la mano; no
encontró nada ni a nadie.
—No,
no hay sobrevivientes.
—Qué
pena. Se lo diré a Loan.
Hiroi
cortó la comunicación, y Kein, sin perder el tiempo, se puso a investigar la
zona, buscando algún rastro que lo condujera hacia los compañeros de Talen; no
era posible que él, por sí solo, hubiera llevado a cabo toda esa masacre. Pero
por desgracia no pudo encontrar nada, aunque eso no evitó que encajaran las
piezas y llegara a una clara conclusión sobre lo ocurrido: todo lo que había
pasado hasta ahora, había sido para robarse lo que estuviera almacenado en el
MIRU, tal y como dedujo Valeria; además, era claro que buscaban subir los
ánimos de la guerra. Tan simple como eso. Libre al fin y, sabiendo que las
cámaras no estaban grabando nada (al escanearlas), se sentó en una hilera de
asiento para permitirse llorar y liberarse de toda la frustración y zozobra que
sentía por los recientes acontecimientos. Al fin de cuentas era humano. Pasaron
los diez minutos y, con mejor ánimo, observó a la policía ingresar junto con
Valeria y Damián.
—Kein,
¿cómo te encuentras? —le preguntó Valeria después de abrazarlo—. No estás
malherido, ¿verdad?
—No,
no estoy lastimado. Solo estaba absorto en mis pensamientos, eso es todo.
—Menos
mal —dijo Damián—. ¿Podemos sentarnos? —Los tres tomaron asiento en uno de los
corredores del hospital, alejados de los demás—. Teniendo en cuenta lo que ha
ocurrido, no quisiera presionarte, pero necesito que me digas todo lo que hayas
podido descubrir acerca de estos shoorts, incluyendo lo que le hayas podido
sacar a ese tal Talen. ¿Crees que puedas darme tu testimonio ahora?
—Por
supuesto —dijo Kein, y empezó a contarle al detalle todo lo que pudo descubrir
acerca de los shoorts, que no era mucho pero que era mejor que nada—. Y eso
sería todo.
—¿Estás
completamente seguro de esto? —le preguntó Damián—. ¿De qué Joro, uno de mis
oficiales, pertenece a los shoorts?
—Es
la única explicación que hay; recuerde que cuando nos atacaron en la tienda
hablé con usted y me dijo que a esas alturas todos en la jefatura sabían de mi
llegada, porque lo contó a la subjefa y ella a los demás; por eso le pido que
nos permita… —Se señaló a sí mismo y a Valeria— ir a la Comisaría para que
pueda sacarle toda la información posible antes de que desaparezca, porque
según la información que envió Hiroi, cuando se la pedí, todo su historial es
falso.
—De
acuerdo —dijo Damián—. Pero, ¿Qué hay sobre la bóveda del banco? ¿No crees que
deberíamos de mandar a alguien o hacer algo respecto?
—Eso
ya es un caso perdido, a estas alturas ya se habrán robado lo que querían de
ahí dentro. De hecho, lo confirmé. Me puse en contacto con el jefe del MIRU que
hizo una rápida revisión de los objetos almacenados y me dijo que faltaba una
caja metálica almacenada en uno de los compartimentos. Pero lo que realmente me
preocupa es que pese a las medidas que tomé, éstas han sido ineficaces.
—Te
refieres a las nanos rastreadoras que dejaste afuera y dentro del suelo de la bóveda,
¿verdad? —pregunto Valeria que había estado presente cuando realizó dicha
acción.
—Sí.
De alguna forma lograron evitarlas. Y por ello no puedo rastrear a quien haya
robado la caja del MIRU. Pero eso solo podían hacerlo si sabían de la
existencia de las mismas, lo que significa que este infiltrado, de alguna forma,
se enteró y se lo comunicó al ladrón quien realizó el robo mientras luchaba con
Talen. Eso significa que hay un segundo espía. Probablemente uno de los
policías que estuvieron ahí presentes o alguien cercano a nosotros que está
filtrando información. Debemos de ser muy cuidadosos. ¿La subjefa de la policía
es de fiar?
—Momento,
Kein. —dijo Damián en defensa de ella— Yo conozco a Ailen desde hace años en
incluso… —se detuvo in momento— …mira, te puedo asegurar que ella jamás se
uniría a un grupo terrorista ni traicionaría al país. Eso nunca.
—De
acuerdo confiaré en su palabra. Y, ¿en lo que respecta a lo que le pedí?
—Pueden
hacerlo, y le diré a Ailen que los ayude en todo lo que le pidan. Pero antes de
que se vayan, Kein, debes saber que tu pelea contra Talen y los humanoides fue
trasmitida a todos los canales de noticias por las cámaras del hospital, así
que no te sorprendas si al salir eres ovacionado por la multitud que se ha
reunido ahí fuera. ¡Oh!, y antes de que se vayan, quiero pedirles que se queden
en la Comisaría junto con Ailen hasta que yo regrese. ¿Está claro?
—Sí
—dijeron Kein y Valeria al unísono. Ambos se dirigieron a la salida del
hospital, una vez afuera Kein fue, en efecto, ovacionado y aplaudido por todas
las personas que estaban reunidas. Las ignoró, pues no era la clase de persona
que se dejaba llevar por cinco minutos de fama. Entre el gentío, Kein reparó en
un hombre que suplicaba a los oficiales por información. Cuando ambos se vieron,
Kein le negó con la cabeza, pues era obvio lo que preguntaba. Fue tal su dolor
que el pobre hombre cayó de rodillas, bañado en un mar de lágrimas; una escena
que quedó opacada por las aclamaciones del público. Tal hecho hizo que, por un
momento, Kein cerrara los ojos y se imaginara una realidad alternativa, en
donde él ayudaba al hombre a reunirse con aquellos que amaba, pero era una
tontería, no podía escapar de la cruda realidad. Nadie podía.
Triste
por esto, formó su moto, ayudó a Valeria a subir y fueron a encargarse de Joro,
otro de los Shoorts responsables de las desdichas de hombres como aquel que
lloraba en el pavimento.
***
Al
ver partir a los dos jóvenes, Damián llamó a Ailen para que los ayudara en
cuanto llegaran a la Comisaría; y con solo pensar en ello su GIN le formó un
pequeño auricular con micrófono en el oído y, luego, le proyectó una pantalla
virtual.
«Llamando
a Ailen Bertru Corina».
—Hola,
Damián. ¿Qué ocurre?
—Ailen,
Kein (ya sabes, el Pishtaco) y Valeria van a la estación a interrogar a Joro,
del equipo de detectives.
—¿A
Joro? ¿Por qué?
—Ellos
ya te lo explicarán en cuanto lleguen a la Comisaría. Asegúrate de atenderlos y
proporcionarles todo lo que pidan. ¿De acuerdo? Y ni pienses en poner en
custodia a Joro o algo por el estilo; porque si es quien creen que es, éste
podría desatar un infierno ahí dentro.
—Claro,
entiendo. ¿Eso es todo?
—No.
Una vez que termines con eso quiero que te quedes con ellos hasta que yo
regrese a la estación.
—Muy
bien. Te llamaré más tarde.
Ella
cortó la comunicación y Damián fue a realizar las investigaciones pertinentes
junto a sus hombres. Y, pese a que Kein le había dicho que no valía la pena el
esfuerzo, mandó a algunos de ellos al MIRU para ver si había alguna pista que
seguir.
***
Kein
y Valeria llegaron a un ancho edificio de diez pisos de altura, bien diseñado y
equipado con los sistemas más modernos para luchar contra el crimen. Tenía, en
el umbral de su gran puerta de metal reforzado, las iniciales CPNP debajo del
nombre «Equiros»; lo que lo convertía en la sede de toda la fuerza policial de
la ciudad del Cusco. Entraron y fueron recibidos por Ailen, quien estaba
sentada en una hilera de sillas cercana a la entrada.
—Buenas
noches, me alegra ver que ambos se encuentran bien. Y es un placer conocerte
por fin, Kein. Yo soy Ailen, la subjefa de la policía. Damián me llamó y me
explicó la razón de tu visita, por favor, síganme a mi oficina.
La
siguieron en silencio hasta entrar en uno de los elevadores, en él Ailen marcó
el décimo piso. Al llegar se fueron directamente a su despacho; estando ahí se
sentaron y ella les ofreció un café y preguntó.
—¿Por
qué quieren interrogar a uno de nuestros policías?
—Porque
sospechamos que podría ser otro de los shoort — respondió Kein y comenzó a explicarle
todo lo que había descubierto sobre ellos.
—Tiene
sentido —dijo Ailen—, pero Joro…
—¿Lo
conoces desde hace mucho tiempo? —le preguntó Valeria.
—No.
Apenas sé algo de él. Pero siempre me dio la impresión de ser un policía
honesto y trabajador —suspiró—. Supongo que las apariencias engañan.
—Si
esto le molesta de alguna forma… —empezó a decir Kein, preocupado de que se
sintiera incómoda.
—No,
para nada. Además, quiero estar ahí cuando lo interroguen.
—De
hecho, hablamos y acordamos que sería Kein quien lo haga —le explicó Valeria—
o, mejor dicho, quien lo espíe.
Kein
les explicó su plan: crearía un minúsculo colibrí que viajaría por las
instalaciones hasta llegar a la GIN del shoort, en la que entraría para invadir
su sistema y ver toda la información que Joro tuviera reunida en la gema, con
esto lograría incluso saber dónde estaba y con quiénes hablaba en todo momento.
La minuciosa estrategia dejo a las dos muy impresionadas.
***
En
un departamento, un hombre, sentado sobre la mesa del comedor, veía una
fotografía, como si fuera la primera vez. En la imagen se veían, todos juntos y
felices, tanto él como su esposa y su pequeña hija e hijo, ya mayor. Tomó el
retrato y comenzó a llorar preguntándose que pecado había cometido para que el
cielo lo castigara de esa manera. Matando a toda su familia en una sola noche.
Pero eso no importaba, lo único que quería era reunirse con ellos y sabía como
hacerlo. Al ser un comerciante de frutas y verduras le llegaban ciertos
artículos exóticos y prohibidos como: tres Hippomane Mancinella o manzanillas
de la muerte que un amigo suyo le regaló en cierta ocasión, bajo la promesa de
nunca dárselas a nadie, mas él pensaba consumirlas no obsequiarlas. Y, al
tenerlas ahí, las consumió hasta no dejar nada de ellas, salvo los corazones.
Cuando le encontró la policía lo vieron con una sonrisa en el rostro y eso fue
porque en sus últimos momentos vio a sus amados esperándolo en el más allá.
***
Damián
estaba conduciendo de regreso a la Comisaría Equiros para encarar a Joro, cuando
recibió una llamada de Ailen en la que le confirmaba la teoría de Kein, quien
pudo descubrir que el sospechoso, además de tener una identidad falsa, toda la
información que tenía dentro de la GIN estaba encriptada, lo cual claramente
era el indicio de algo. Por no decir que estaba enviando informes encriptados a
una dirección de correo muy difícil de rastrear. Llegó, se reunió con ellos,
pasaron a su oficina y lo llamaron.
***
Joro,
un hombre de cabello verdoso y ojos negros, estaba realizando su trabajo de
rutina en la Comisaría, que consistía en enviar datos sobre la actividad de la
policía hasta que ya no fuera necesario seguir haciéndolo, cuando Ailen lo
llamó para decirle que Damián quería hablar con él en su oficina. Algo en el
tono y en la forma en como ella se lo dijo le hicieron pensar que algo no
andaba bien y, antes de ir, le mandó un mensaje encriptado a Sate, con un
código que solo ellos conocían; le pedía que vigilara la conversación por la
ventana y que, de ser necesario, le ayudara a escapar del edificio. Al ser él
una persona muy cauta que prefería prevenir antes que lamentar.
***
Sate
miraba con sus binoculares la ventana de la oficina de Damián a la espera de la
llegada de Wakus (Joro). Como estaba sentado en uno de los campanarios de la
catedral del Cusco, no pudo evitar recordar la conversación que tuvo
previamente con Xalpen, uno de los tres subordinados de Temáukel. A los que, al
igual que su jefe, solo conocían por un nombre falso.
—¿Quieres
que secuestremos a la novia del AST?
—Sí,
ella será la carnada perfecta para atraer al agente hacia nuestra trampa.
Procura informarle de esto a los demás.
—De
acuerdo, pero ¿Temáukel está de acuerdo?
—¿Quién
crees que me dio la autorización?
—Muy
bien. Lo haré y se lo diré a los otros.
—Y
una última cosa, Sate, el Pishtaco debe de seguir estas pistas: Camilos, Idonia
y Enzo. ¿Está claro?
—Sí,
señor.
—Espero
buenas noticias.
Aquello
no le gustaba. No había honor en lo que le estaban pidiendo. Pero dejo de
meditar al respecto cuando vió a Wakus entrar en el despacho del jefe de la
policía. Pocos minutos después, lo vio ser amenazado por Kein y su compañera
quienes le apuntaban por la espalda con sus armas de fuego, con esto comprendió
que había llegado la hora de intervenir en la reunión. Guardó los binoculares,
se puso una NAR roja y creó un fusil de francotirador con la intención de creer
una distracción lo suficientemente buena como para que Wakus, quien en vista de
la situación, pudiera escapar, al no tener él ninguna posibilidad de hacerlo.
Claro, cabía el riesgo que lo que iba a hacer, no estuviera acorde a la nueva
orden que le habían dado. Pero no era honorable dejar a un compañero a su
suerte, por no decir que no podía permitir que le capturaran y que revelara
información. No, tenía que intervenir y lo iba a hacer. Y de ser necesario se
encargaría de cerrarle la boca. Apunto y jaló el gatillo.
***
Ailen
abrió la puerta de la oficina y Joro entró, caminó de frente hacia el
escritorio en el que estaba sentado Damián. Kein se puso contra la puerta para
no dejarle ninguna vía de escape y Valeria se quedó cerca de él.
—Señor,
ya estoy aquí —dijo Joro, dirigiéndose a Damián—, ¿Qué es lo que…?
—Ahórrame
tu parloteo, Joro —lo interrumpió Damián—. Ya sabemos que ese no es tu
verdadero nombre y que eres un shoort —Kein y Valeria crearon sus armas y
apuntaron hacia el criminal, que se quedó inmóvil—, así que te doy dos
opciones: o nos dices todo lo referente a tu organización o le pido a Kein —lo
señaló con la mano— que extraiga esa información directamente de tu cerebro. Tú
eliges.
Repentinamente,
la ventana se rompió y Kein pudo ver una bala atravesar el aire con dirección a
la cabeza de Valeria, rápidamente el AST la atrapó con la mano sin poder evitar
que esta sangrara un poco por el impacto.
—¡Arrodíllense!
—les gritó a todos, apuntando y disparando a Joro en las piernas, al mismo
tiempo que este corría hacia la ventana. Logró que se detuviera y se quedara
sostenido del borde de la ventana rota, pero otro disparo impactó contra el
cráneo del shoort, que reventó e hizo que su cuerpo cayera, boca arriba, en el
suelo, esparciendo sus sesos por todo el piso de la oficina—. ¡Manténganse a
cubierto!
Todos
se refugiaron detrás del escritorio del despacho y Kein corrió hacia la ventana
con la esperanza de ver, extendiendo la visión de sus ojos, al responsable del
disparo. Lo encontró en uno de los campanarios de la catedral del Cusco, a
kilómetros de donde estaban; no podía dejarlo escapar así que le ordeno a Hiroi
que le siguiera la pista por medio del satélite artificial Huiracocha que no lo
perdería de vista. Luego centro toda su atención en Joro, cuyo cuerpo, como los
de sus compañeros, se desintegro hanta evaporarse en el aire. Volvió a mirar al
exterior y vio que el asesino ya no estaba ahí, tenía que seguirle.
—Usando
la red, voy a perseguir al responsable del disparo—les dijo Kein, viéndolos
salir de su escondite—. Iré a su encuentro.
—¡Espera!
—le pidió Valeria—. ¿Irás tú solo?
—Valeria…
—Abrió la ventana— …debo hacerlo. —Extendió el brazo hacia el exterior y formó
una aeromoto—. Es mi trabajo —dijo mirándolos—. Por favor no traten de
intervenir en esto hasta que sea seguro para ustedes.
—¡Kein,
detente! —le pidió Valeria, pero él no la escuchó; montó la aeromoto y se fue a
perseguir al shoorts para cumplir de nuevo con su deber, sin involucrar a
nadie.

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