QUIMERAS VISIONARIAS — Tercera Parte — Capítulo 5 (Prototipo): Pausa + Relato 4
—…
y esa es la historia. —concluyó Dika tras finalizar su relato— Y ya sabes el
resto.
—Si
lo sé, pero hay algo que quisiera saber. —dijo Rayen meditando un rato sabiendo
que de ahí Dika (siendo mayor) fundó TRONES, se autoimpuso un duro
entrenamiento para convertirse al completo en una AST, usó sus poderes para
ayudar a los demás (al igual que superman) y buscó con quienes compartir la
pesada carga que tenia en los hombros (él era uno de ellos)—. ¿Qué hay de las
tablillas arcanas?
—¿Las
tablillas arcanas? —pregunto Dika algo extrañada.
—Sí,
las tablillas; es decir, ¿Qué papel juegan en todo esto? ¿Qué son exactamente?
¿De donde vienen? ¿Quién las creo? No me digas que…
—Asi
es, yo las creé. —respondió Dika admirando la agudeza de Rayen— Y fuí yo la que
las puso ahí, en el banco, e inventé toda la historia sobre el arqueólogo ese.
—Pero,
¿Por qué? Si por ellas se libró toda una guerra.
—Para
que los Hellmute mordieran el anzuelo e hicieran su jugada y obligarlos a que
se revelaran y que salieran a la luz. Ya que, de hecho, en realidad, veía dos
futuros, uno en el que pese a que nos autodestruíamos lográbamos sobrevivir y
seguir a delante; y otro en el que pasaba lo mismo, pero ellos se apoderaban de
todo. Y ya sabes lo que dicen: “entre dos males, escoge siempre el menor”.
—Ya
veo, pero hay algo que no entiendo, si ellos eran tan avanzados, ¿Por qué no
usaron sus armas avanzadas para esclavizarnos o exterminarnos? No creo que
piedras y palos, puedan hacerle frente a un arma láser.
—Eso
era justamente lo que ellos pensaron; pero no contaron con que la tierra para
ese entonces se cubriría con un campo que inhabilitaba gran parte de la
tecnología “GIN”. Por eso tuvieron que vivir entre nosotros durante años hasta
que llegara el día en que la tecnología estuviera lo suficientemente avanzada
como para que la humanidad se pudiera autodestruir.
—Entiendo,
tuvieron que evolucionar tecnológicamente con nosotros. ¿pero que es este campo
del que me hablas?
—La
capa de Ozono. Veras, como ya te conté, los sobrevivientes de Atlantis se
dividieron en dos: los que optaron por abandonar la tecnología que habían
creado para iniciar de nuevo y los que querían volver a usarla para apoderase
de lo que quedó del mundo. Para evitar eso, los que querían un reinicio, antes
de desaparecer por completo, modificaron nuestra ozonósfera para que
inhabilitara la tecnología “GIN”. Y, antes de que me preguntes: ¿Por qué Satán
no vió la forma de cómo contrarrestarla? Déjame decirte que es porque tanto él
como sus lacayos son, a fin de cuentas, soldados, no son científicos. Sus
conocimientos llegan hasta cierto punto.
—Eso
lo explica todo, pero aún así —dijo Rayen levantando las manos en son de
rendición—. Para mi estos Hellmute no son más que terroristas bien financiados.
Todo este asunto de “GIN” y antiguas civilizaciones… no te ofendas… pero me
parece un disparate.
—Lo
sé —dijo Dika sonriendo—, y no te culpo por pensar así. Yo también lo haría,
pero, en fin, así son las cosas —suspiró—. A todo esto, ¿quieres que te cuente
como nos autodestruimos?
—Claro,
¿Por qué no? —dijo Rayen sonriendo.
—Adelantémonos
pues unos quinientos años en el futuro, para entonces la megacorporación TRONES
ya no existe y sus inventos son ahora propiedad del estado. En cuanto a
nosotros, los AST, somos personajes de leyenda, pero cuando las guerras
coloniales estallan nuestra leyenda renace para cumplir con la antigua profecía
que yo hice…
***
En
la inmensidad del espacio una colosal y magnifica astronave, de nombre Atlantis
(elegido por todo el transformo cultural detrás del mismo), navegaba con rumbo
a un nuevo sistema solar en el que según las instrucciones de Dika se
encontraba un planeta que podía ser habitado por la recién formada extirpe de
niños que estaban siendo criados dentro de la nave espacial que precisamente,
en ese momento, se encontraba pasando por Neptuno. O, mejor dicho, por lo que
quedaba del planeta. Porque ahora no era más que una gran roca partida en varios
pedazos cuyos trozos, lejos de ser celestes, eran rojizos. Algo que era
inevitable. Ya que éste como los otros mundos de la vía láctea habían caído
víctimas de las grandes bombas megatómicas que se encargaron de barrer y de
aniquilar a todo ser con vida, en un acto tonto de aniquilación mutua creyendo
falsamente, los líderes de esa acción, que eso les daría la victoria al
dispararse todos al mismo tiempo. Toda una tontería. Que, pese a ello, no
aniquilo a la especie. Sino que dejó un rayo de esperanza en la nueva camada de
seres humanos que salió con rumbo hacia su destino por medio de esa gran nave
que era capitaneada por la persona más poderosa del mundo, y tal vez de toda la
galaxia: Zahir. El ultimo Caballero de Trones e hijo de Kein y Naiyomi. Que en
compañía de Nura, una joven soldado que decidió acompañarlo hasta el final por
amor, y Hiroi, la I.A. que para ayudarle en todo lo posible entró en la gema
anaranjada que ostentaba en el pecho, se encontraba ahora frente a una gran
ventana mirando el firmamento reflexionando; mientras que Nura por su parte
estaba en los laboratorios viendo con asombro como los fetos crecían y
maduraban y Hiroi se encargaba de la titánica tarea de manejar la enorme
astronave con dirección al nuevo Edén, más la crianza de los recién nacidos. Y
ahí estaba Zahir, pensativo y ensimismado. Que, tras ver los restos de Neptuno
no pudo evitar recordar el pasado y los extraordinarios eventos que los
llevaron a los tres a la precaria situación en la que se encontraban justo
ahora… tan claro como si hubiera sido ayer… cuando fueron hace aproximadamente…
quinientos años atrás…
***
—
…esto no puede ser bueno. —dijo el presidente de la Organización de las
Naciones Unidas tras ver los videos presentados por la presidente de Estados
Unidos.
—¿No
puede ser bueno? —repitió Dina con incredulidad claramente molesta—. Señor,
presidente. ¿Acaso no ha entendido lo que ha visto?
—Por
supuesto que sí. —contesto Jida también irritado.
—Pues
al parecer no, porque, si ése hubiera sido el caso, entendería que ahora
estamos en guerra con los “Marcianos”. Así que, por favor, mire de nuevo los videos
con más detenimiento. —Dina los volvió a retrasmitir y en las grabaciones todos
pudieron apreciar como en el puerto de la colonia lunar ingresaban por la
fuerza soldados que vestían los colores, las armaduras y la insignia del
movimiento separatista que buscaba desligar a las colonias planetarias del
control de la tierra, a los que despectivamente llamaban: marcianos. Que, sin
titubear, por medio de balas y cuchilladas, masacraron a todo el personal de la
base— ¿Ahora ve a lo que nos enfrentamos? ¿Y ustedes también? —preguntó mirando
a los demás representantes de los países que estaban en la reunión de ese día
miércoles veintiocho de julio del dos mil ochocientos cuarenta y cinco—. Esto
no lo podemos dejar pasar. No solo invadieron nuestro territorio, sino que,
además, mataron a nuestra gente y demandan que cumplamos con sus exigencias.
Por esa razón señor presidente he de pedirle que en nombre de mi país y de
todos los países de la tierra, les declare oficialmente la guerra a las
colonias rebeldes que estén aliadas con los marcianos y a los mismos también.
Todos
aplaudieron y se detuvieron solo cuando Jida levanto la mano en señal de
silencio.
—Muy
bien, ahora escúchenme todos. —dijo Jida aclarándose la garganta— Sé que están
preocupados y alterados por la actual situación en la que nos encontramos. Pero
no podemos actuar precipitadamente. Debemos ser cautelosos. Si atacamos así,
sin más, sin tener todas las evidencias, podríamos poner al resto de colonias
contra nosotros y…
—Señor
presidente. —le interrumpió Dina— Ya todas están contra nosotros. Lo quieran o
no, porque los marcianos los han convencido por la razón o la fuerza. Y solo es
cuestión de tiempo antes de que nos ataquen. Por eso debemos de hacer el primer
movimiento. —la gran mayoría concordó con ella— De la orden.
—Ya
la humanidad pasó por una gran y terrible guerra que involucró a todos los
seres humanos. —dijo Jida suspirando con resignación— Sería horrible volver a
otra.
—En
ese entonces el enemigo no era “humano” y teníamos de nuestro lado a seres tan
poderosos que podían pulverizas las estrellas con sus manos y romper la tierra
con sus pies —dijo Dina refiriéndose obviamente a los AST que para ese entonces
ya habían dejado de existir—. No podemos contar con ellos, estamos solos en
esto.
—Eso
no es del todo cierto. —dijo Damo, gobernante de Perú, interviniendo por
primera vez, causando que todo el mundo le mirara— Aun hay uno de ellos,
durmiendo en una cápsula de criogenización, esperando a ser llamado. —todos le
miraron consternados— Permítanme explicarme: como sabrán Dika, la primera AST,
se llevó el secreto de cómo crear a un agente a la tumba, pero mucho antes de
morir seleccionó a un último candidato al que, acorde a sus deseos, cuando éste
cumpliera veinticuatro años, se le pondría en animación suspendida para
despertarlo cuando fuera necesario el uso de su poder. Y bien creo que ahora es
el momento. Por eso les estoy contando este secreto de estado.
—Si
ese es el caso… —comenzó a decir Dina, pero fue interrumpida cuando un emisario
entró apresuradamente en la sala.
—¡Señores,
mandatarios! ¡Han atacado a nuestras flotas! —todos se quedaron choqueados y
atónicos—. Miren esto.
El
emisario les proyectó muchos reportajes que informaban de los diferentes
ataques a bases militares que habían ocurrido alrededor del mundo por obra de
las fuerzas de ataque marcianas seguido de un mensaje de su sanguinario líder:
…Escúchenme terrestres, yo, Irios, líder de la
Fuerza Libertadora Colonial, el día de hoy, en nombre de todos los colonos, le
declaro la guerra a la tierra y les juro que…
—¡Ya
basta, apague eso! —dijo Dina y el emisario lo hizo—. Malditos marcianos, ¿Cómo
se han atrevido a atacarnos? Ya no hay nada más que decir, iremos a la guerra.
Imagino que ya no estará en contra ¿no es así? Señor presidente.
—Sí,
ya no lo estoy. —corroboro Jida con un fuego en los ojos tras ver en los
reportajes como los marcianos mataban sin misericordia a mujeres y a niños— Todos
iremos a la guerra, teniendo de nuestro lado al AST.
Todos
miraron a Damo que dijo:
—Así
será.
***
La
colonia lunar es una de las más importantes no solo por su posición
estratégica, sino por ser un puerto por el que pasan varios suministros
recogidos de otros planetas del sistema solar que son necesarios para el
sustento de la tierra. Por eso no era de extrañar que la FLC invadiera la base
con el fin de bloquear ese apoyo de recursos naturales y que la primera orden
de la tierra fuera recuperar esa ubicación. Dando así inicio a un feroz combate
entre los soldados de ambos bandos cuya lucha también se daba arriba en la
inmensidad del espacio con las naves y aviones de los terrestres y marcianos
dando todo de si. Y, aunque la lucha parecía ser muy pareja, los terrícolas
contaban con el apoyo de Zahir, un joven de cabello blanco y ojos verdes, que
no era otro más que el AST de la espiral que junto con una atractiva soldado,
rubia y de ojos rosados, de casi su misma edad, de nombre Nura, luchaban al
lado de ellos piloteando igualmente un avión que usaban para derribar a los del
enemigo. Siendo Nura la que manejaba y Zahir el que disparaba. Formando de esa
manera un buen dúo con buena química entre ellos que se creó desde el primer
momento que se vieron: a Nura le ordenaron que fuera la compañera del AST como
premio y castigo por su actuar durante el ataque de los marcianos. Ella salvó
muchas vidas, pero desobedeció órdenes y por eso le dieron como tarea ser el
“canguro” del Pishtaco que, al despertar en la cama del hospital, tras ser
descongelado, derramó lágrimas al verla. Algo que la impactó y la cautivó, por
no decir que ella era la primera persona que el agente veía después de tanto
tiempo dormido en la cápsula de criogenización.
—Zahir,
estoy recibiendo una llamada de auxilio de la sargento Danea. —le dijo Hiroi desde
dentro de su GIN.
—Pásanos
el mensaje.
La
pantalla virtual que mostraba la cara virtual de la I.A fue reemplazada por el
rostro de una afrodescendiente, que no era otra más que la líder del escuadrón
de asalto a la Luna que se veía muy alterada y en medio de un tiroteo contra
los marcianos.
«A
todos los que puedan escucharme. Nos están acribillando. Repito nos están
acribillando. Necesitamos toda la ayuda posible».
—Al
parecer la sargento necesita ayuda, Zahir. —dijo Nura que también vió el
mensaje—. ¿Vamos a ayudarla?
—Sí,
y yo me encargaré de nuestro aterrizaje.
—¿En
dónde? La zona está llena de enemigos y todo es un pandemónium.
Zahir se limitó a sonreír.
***
Dentro
de la colonia lunar, en una gran sala, se encontraban gran parte de los
soldados marcianos que aguadaban su turno para salir y atacar; mientras que
otros fortificaban la zona para resistir todo lo pasible hasta que llegaran los
refuerzos. Sin saber que eso sería totalmente en vano cuando un objeto grande,
oscuro y puntiagudo atravesara el techo y se clavara en el suelo causando que
varios de ellos salieran expulsados al espacio por la descompresión cosa que se
acabó luego de que la estructura se cerrara por si sola al ser, como todas las
construcciones, hecha de nanomáquinas que reconstruyeron el techo. Tras esto
muchos de los marcianos se acercaron con cautela al objeto cuya forma cambió a
la de una gran esfera.
—¿Qué
demonios…? —preguntó uno estando cerca de la esfera y presenciando como en ella
se abrían cientos de pequeños agujeros. Y esto fue lo último que vió porque de
los hoyos salieron un sinnúmero de balas que los mataron a todos convirtiendo
el lugar en todo un matadero, pese a que los marcianos trataron de defenderse
sin éxito. Sin dejar a uno solo con vida. Tras esto, la esfera se desvaneció y
de ella emergieron Zahir y Nura.
—Bien,
ya está hecho. —dijo el AST mirando todo el lugar comprobando que, aparte de
ellos dos, no había nadie más con vida.
—Sí,
pero eres un loco. —le dijo la soldado regañándole un poco con una ligera
sonrisa en el rostro— Pudiste habernos matado.
—Todo
estaba fríamente calculado, Nura. —explico Zahir a modo de disculpa— Ahora, si
me permites, es momento de terminar con esto.
Nura
sabiendo lo que iba a hacer se alejó un poco y vió, igualmente asombrada, cómo
se formaba una gran espiral a los pies de Zahir que se extendió por casi toda
la sala de la que emergieron copies idénticas a él vestidos también con
armaduras oscuras quienes se encargarían de eliminar a los marcianos que
quedaran en la base y afuera de ésta.
***
La
sargento Danea batallaba contra los marcianos junto con sus hombres en un duro
intercambio de balas que por desgracias estaban perdiendo hasta que pasó algo
inesperado.
—¡Sargento,
mire! —le dijo uno de sus subalternos señalando a un grupo de soldados de
ropaje negro que salían del complejo lunar para batallar contra los marcianos—.
Esos individuos nos están ayudando. ¿Quiénes son?
Ese
era una buena pregunta, pero no había tiempo para hacer preguntas. Por el
momento lo único que importaba era que esos individuos los estaban ayudando y
que tenían que usar esa ayuda para salir victoriosos de esa situación, nada
más.
—Eso
ahora no importa, ¡Maten a los marcianos! —sus hombres le obedecieron y todos
contraatacaron hasta asesinar al último de ellos, dejándolos solos con los
soldados de negro quienes se les quedaron viendo a cierta distancia—. En nombre
de mis hombres les doy las gracias, pero me gustaría saber quiénes son y a
quien sirven.
—Son
mis sombras y me sirven a mí. —dijo una voz entre ellos para acto seguido
desintegrarse dejando solo a uno que estaba acompañado por una soldado que por
sus colores parecí ser de la tierra que, sin más, caminaron hacia ella sin
ningún signo de hostilidad.
—¿Quiénes
son ustedes?
—Soy
el AST de la Espiral, Zahir —se presentó el soldado mandándole la información
por medio de una de sus GIN a la de ella— Y la de aquí es mi compañera.
—Cabo
de primera categoría, Nura Cadir Lugerica. A sus servicios. —dijo la joven
presentándose y saludándola como todo un soldado.
—Ya
veo, entonces los rumores son ciertos. Los AST han regresado y están de nuestro
lado. —los soldados tras escuchar esas palabras comenzaron a murmuran entre
ellos— Lo está, ¿verdad?
—Sí,
lo estoy.
En
eso escucharon un fuerte sonido que provenía de arriba y al levantar la vista
vieron a una colosal nave salir del hiperespacio y chocar contra la nave
insignia de la flota terrestre partiéndola en dos causando su destrucción.
Dejando a muchos de ellos sin habla.
—Maldita
sea… —dijo la sargento furiosa—. Estos malditos marcianos no se rinden y ahora
han destruido a Venganza; si no hacemos algo pronto ellos podrían…
—Voy
a hacerla bajar. —dijo Zahir interrumpiendo a la sargento y dejando a todos
atónitos tras decir eso.
—¿Qué
dijo? —pregunto Danea que creyó haber escuchado mal.
—Dije
que la hare bajar —volvió a decir Zahir con confianza—, o, mejor dicho, que la
estrellaré contra la Luna.
—Zahir,
disculpa, pero esa es una astronave de tipo titán. —le explico Nura que, como
los otros, no creía que pudiera ser capaz— Realmente no creerás que…
—Todos
pónganse detrás de mí. —dijo mirando muy seriamente a Danea— Ahora.
—Muy
bien ya lo escucharon. —dijo la sargento pensando que eso era una total y
completa locura pero que no tenían nada que perder— ¡Rápido!
Todos
obedecieron a la sargento y, gracias a esto, cada uno de ellos pudo ver, desde
una zona segura, como el AST, alzando las manos, y por medio de sus poderes
psíquicos, tomaba control de la enorme astronave y la obligaba a inclinarse y
bajar en picada contra la Luna estrellándose contra la superficie generando una
enorme cantidad de polvo lunar del que el Pishtaco les protegió usando un campo
de fuerza invisible. Todos se quedaron atónitos.
—Ya
está hecho —dijo Zahir dándoles una rápida mirada—, pero falta algo más. —alzó
las manos, las puso frente a él y, como si estuviera sujetando dos puertas
corredizas, las separo causando que en el casco de la astronave se abría un
gran agujero del que salieron muchos objetos junto con varios marcianos que
murieron de asfixia— Ahora podemos entrar. Vamos.
—Sí…
tienes razón. —dijo Danea salieron de su estupor al igual que los demás— Todos
monten sus motos y terminemos con esto. ¡Por la tierra!
—¡Por
la tierra! —dijeron al unidísimo los soldados. Todos crearon sus motos, que se
elevaron, y fueron hacia el gran agujero de la astronave marciana del que
comenzaba a salir marcianos listos para la batalla que se libró tanto fuera
como dentro de la nave en la que los terrestres lideraos por Danea y apoyados
por Zahir y Nura, de forma sistemática se apoderaron de cada área de la
embarcación hasta llegar al puente de mando en donde apresaron al capitán antes
de que cometiera suicidio con el fin de que les brindara información para
desarrollar los siguientes movimientos estratégicos en la guerra actual.
—Es
inútil que me mantengan con vida —dijo el capitán estando arrodillado y en
custodia por dos soldados—. No pienso decirles nada.
—Tu
no —dijo Zahir haciendo salir de la palma de la mano una gran y filosa aguja—,
pero tu cerebro si.
Antes
de morir el capitán maldijo a Irios por subestimar a los terrestres.
***
—Ya
deberían de estar aquí. —dijo Nura apoyada en la roca en la que los tres se
encontraban resguardados a la espera de las naves de la FLC que según la
información que obtuvieron de las memorias del capitán marciano deberían de
llegar a esa zona llena de meteoritos en órbita con el fin de llevar a cabo una
reunión muy importante entre oficiales de mayor rango para discutir sobre si
era conveniente o no usar armas químicas en la guerra actual. Y como esa
reunión era secreta, eligieron un lugar inhóspito para la misma. Por ello tanto
ella, como Zahir y la sargento Danea se encontraban ahí, ocultos entre las rocas.
Cada uno con su propia misión. El AST: matar a los oficies de la reunión, su
acompañante destruir las sustancias mortales y la soldado de mayor rango
rescatar a los científicos que habían sido secuestrados y obligados a fabricar
dicho producto— Estoy cansada de esperar.
—Paciencia,
Nura —le pidió Danea con una sonrisa—. Ten paciencia. Muy pronto machacaremos a
muchos marcianos.
—Eso
espero —dijo Nura fieramente—. Realmente…
—Chicas,
ya han llegado. —informó Zahir y, al decirlo, tres astronaves salieron de
hiperespacio, seguidos de una cuarta que era más grande que las tres
anteriores— Esa debe de ser la Apolo. Si nos damos prisa podremos ingresar por
la escotilla del dique seco. Vamos.
—Te
seguimos. —afirmó Danea y Nura hizo lo mismo moviendo la cabeza. Los tres,
usando propulsores de espalda, se movieron con cautela hasta pegarse al casco y
llegar a la escotilla en donde Zahir, siendo ayudado por Hiroi, la hackeo para
que esta se abriera y les permitiera ingresar y, ya dentro, con la gravedad y
el aire restaurado, se dispusieron a irse por diferentes caminos para cumplir
con sus objetivos. No sin que antes el AST se vistiera a él mismo y a ellas con
toda la indumentaria de los marcianos para que nadie sospechara de ninguno de
ellos— Buena suerte a ambos.
—Y
a ti también.
—Igualmente.
La
vieron irse y ellos, teniendo ya que tomar dos rutas diferentes, se dispusieron
a hacer lo mismo.
—Ten
mucho cuidado, Zahir. —le pido Nura antes de irse tomándolo de la mano— Y se
muy precavido, después de todo tú eres el catalizador de esto. Si fallas, todos
fallaremos.
—No
fallaré, Nura. —le afirmó Zahir con convicción— No te fallaré.
—Sé
que no lo harás. —le sonrió— Nos vemos.
La
vió irse y él prosiguió, sin problemas y sin llamar la atención, hasta la
reunión de los cuatro oficiales de rango mayor que debatían sobre varios
asuntos relacionados a la guerra, además de los químicos. Y aunque él no pudo
ingresar a la habitación en donde se encontraban si pudo verlos a través de la
ventana de vidrio y leer sus labios, enterándose de otras cosas de sumo
interés. En eso recibió dos llamadas, una de Nura y otra de Danea.
—Zahir,
ya me encuentro en la zona de armamento y estoy frente a la bóveda donde
guardan las armas químicas. —le explicó Nura mandándole una imagen en vivo que
le mostraba una habitación llena de cápsulas— Ahí tienes la imagen que me
pediste.
—Y
aquí tienes la de los científicos. —Danea hizo lo mismos y él pudo ver a cinco
científicos, cada uno, encerrados en su propia celda—Por el momento están bien,
pero no se cuanto durarán. ¿De verdad puedes hacer lo que dijiste?
—Sí,
si puedo. —dicho esto el AST chasqueó los dedos y una de las cápsulas de la
bóveda de armas químicas fue absorbida por un pequeño hoyo negro que se formó
ahí dentro para luego desaparecer y reaparecer dentro de la sala de la reunión
dejando sin habla a los oficiales que vieron cómo de éste salía una de las cápsulas
químicas que iban a utilizar contra la población de la tierra y que estalló dentro
del cuarto en donde se encontraban. Lo que les motivó a intentar salir de la
habitación de forma desesperada; más no lo lograron no solo por la rapidez del
químico asesino, sino también porque Hiroi hackeó las puertas del lugar
bloqueándolas y, como las ventanas era a prueba de balas, poco podían hacer
ellos para salir o sus subalternos para ayudarles, salvo verlos morir de una
forma muy dolorosa que también fue atestiguada por las dos soldados a las que
Zahir les mandó lo que sus ojos veían. Pero eso no era el fin de esa delicada
operación. Volvió a tronar los dedos y, al hacerlo, los científicos fueron
teletransportados a la astronave Jaguar en donde estarían a salvo, con el mismo
método que la cápsula. En cuento a ellos. Hizo lo mismo y fueros llevados a una
roca, algo alejada del campo de asteroides, en donde podían ver a la
perfección, desde lejos, a las cuatro naves marcianas— Ahora, ya estamos a
salvo y podemos ver el espectáculo. ¿Nura quieres hacer lo honores?
—Claro
que sí. —afirmo Nura recuperándose del mareo que le provocó la
teletransportación al igual que a Danea— Capitana, aquí la cabo Nura, hemos
cumplido con nuestra misión, repito hemos cumplido con nuestra misión. Puede
atacar a la flota marciana.
Y
los tres vieron como del hiperespacio salían varias astronaves terrícolas
dirigidas por la Jaguar que inmediatamente atacaron a las de los marcianos
hasta destruirlas. Siendo todo un espectáculo que fue disfrutado por ellos en
la comodidad de ese asteroide.
***
—Así
que este este es el asteroide Ceres. —dijo Nura mirando la gran roca que se
alzaba a lo lejos.
—Sí,
y de ella extraemos muchos minerales necesarios para nuestra armada. —explicó
Danea manejando la pequeña nave de reconocimientos con el AST y Nura a sus
costados— Por lo que no es de extrañar que la FLC probara sus químicos aquí,
¿No, Zahir?
—Sí,
eso fue lo que escuché. —confirmó el agente todo serio viendo fijamente el
asteroide.
—Lo
cual explica por qué hemos perdido comunicación con ellos, más no porque
quieres ingresar solo ahí, Zahir. —cuestionó Nura que como Danea pensaba que
debían de ingresar con un grupo de búsqueda y rescate, pero por exigencia del
agente solo los tres habían ido y solo el AST ingresaría dentro del asteroide—
¿En serio no quieres que ingresemos contigo?
—Ya
lo hemos discutido y es mi decisión final. —concluyo Zahir firmemente— Danea,
por favor sobrevuela la plataforma de aterrizaje y abra la puerta, yo me
encargaré del resto.
Lo
hizo y Zahir saltó del vehículo aéreo a la plataforma, agrietándola un poco, e
ingresó dentro de la base minera del asteroide y, ya dentro, al ver ellas lo
que él veía, entendieron por que quiso ir solo, porque el lugar estaba
infestado de terrestres trasformados en humanoides carnívoros y sanguinarios
que atacaron como todos unos animales al AST que por medio de sus habilidades
los pudo eliminar: a unos los electrificó, a otros los quemó, a varios los
congeló, a algunos los reventó lanzándoles bolas de luz o pulverizó encerrándoles
en esferas oscuras que se entrujaron hasta matarles y a muchos los remató
usando balas o cortándoles el cuerpo por medio de armas blancas. Hasta llegar a
los más profundo de la caverna en donde se encontró con lo que parecía ser una
especia de corazón mutante formado por varios de los cuerpos de los mineros al
que destruyó usando una lanza que, al penetrar, explotó destruyendo la
aberración causando que todos los humanoides se desintegraran. Viendo eso,
volvió a la superficie para reunirse con una Nura y Danea muy impresionadas.
—Zahir,
¿Cómo es que sabías esto? —le pregunto Danea que como Nura no se explicaba cómo
era posible que él supiera de antemano a lo que se iba a enfrentar ahí
dentro.
—Si,
Zahir, dinos, ¿Cómo?
—Lo
supe porque soy un AST. —contestó Zahir sin querer entrar en detalles— Y como
tal puedo hacer cosas que otros no. Ya vámonos.
Sin decir nada más entro en la nave que ya estaba estacionada y ellas, tras mirarse un rato, entraron también.
***
—Perdón,
¿usted puede hacer qué? —le preguntó la capitana de la astronave Jaguar, Xiana,
al AST estando también Nura y Danea en la reunión que tenía acabo en el puente
de mando para hablar sobre la estrategia a proceder con el fin de destruir una
de las bases más importantes de los marcianos que se ubicaba en la luna de
Saturno que servía para suministrar al ejército de la FLC de un muy preciado
combustible por lo que esa refinería debía de ser destruida la pregunta era
¿Cómo? Y fue ahí donde el agente dió la idea.
—Puedo,
teletrasportar a esos robots gigantes, que suelen llamar Mechas, a toda esa
área para que destruyan la refinería —explicó Zahir como si eso fuera de lo más
común— De ahí éstos pueden destruir las torres de combustible, y, como estarán
manejados vía control remoto, sus hombres estarán a salvo. Solo necito que me
manden imágenes en vivo de la zona. Recuerde que no puede mandar nada con
imágenes estáticas. Tiene que ser en vivo y en directo.
—De
acuerdo. —dijo la capitana Xiana tras pensarlo un momento— Mandaré unos drones
y de ahí te enviaré las imágenes, pero antes prepare a los Mechas y mi personal
para que hagan el trabajo.
—Bien,
estaré en mi habitación esperando. —explicó Zahir y se fue dejando a las tres
mujeres solas.
—Cielos,
¿De verdad es tan poderoso? —preguntó la capitana aun sin poder creer lo que
acababa de escuchar.
—Sí
que lo es. —le respondió Danea afirmando con la cabeza— Debió verlo en el
asteroide. Él solo mató a todos esos monstruos.
—Si
ese es el caso, no quisiera pensar en lo que pasaría si se pusiera en nuestra
contra.
—Entonces,
no piense en eso. Capitana. —le sugirió Nura con una pequeña sonrisa.
—Sí,
mejor no pensare en eso.
—Bueno,
si me disculpan, tengo algunas cosas que hacer. —explicó Nura despidiéndose de
ellas para luego salir del puente de mando y yendo directamente al cuarto del
AST, al que entró no sin antes tocar la puerta— Zahir, ¿puedo pasar?
Entró
y lo encontró sentado en el suelo, con las piernas entrecrusadas, dándole la
espalda, como si estuviera meditando.
—Lo
siento, ¿Interrumpo algo?
—No
realmente, solo me estoy preparando mentalmente para lo que está por venir. —le
explicó mirándola de reojo para luego volver a sus meditaciones— ¿Qué se te
ofrece?
—Quiero
preguntarte algo —le informó sentándose a sus espaldas y descansando su espalda
contra la suya—. ¿Por qué nos ayudas?
—¿Qué?
—Es
decir: Tú eres alguien muy poderoso. Tanto que no tienes que rendirle cuentas a
nadie, por lo que no tenías la obligación de participar en este conflicto y sin
embargo sin pensarlo dos veces, accediste a ayudarnos. ¿Por qué? ¿Por qué
ayudas a personas que, incluso entre ellas, hay algunas que te miran con
repudio?
—Porque
soy un AST. —contesto Zahir firmemente— Es mi deber y mi obligación proteger a
la humanidad, incluso si eso significa protegerla de si misma. Además, a mí no
me importan las personas que ven en mi a un monstruo o algo así, yo solo me
fijo en las que ven más allá y se dan cuenta de lo que soy en realidad: sólo
alguien con nanomáquinas especiales controladas por medio de un GIN, nada más.
Y son esas personas las que realmente me importan, personas como tú Nura. —le
coloco su mano sobre la suya causando que se sonroje— Personas que me tratan
como un ser humano ordinario. —ella estaba a punto de decirle lo mucho que lo
apreciaba, pero súbitamente el agente cambio de tema— La capitana me está
mandando las imágenes. Sera mejor que te reúnas con los demás soldados si
quieres participas en la batalla a larga distancia. Hablaremos luego.
—Sí,
lo haremos después. —dijo Nura molesta por la interrupción, más contenta al
saber lo que pensaba Zahir de ella. Salió del cuarto y se fue derechita a la sala
de reuniones en donde Danea (que había escuchado en secreto la conversación de
los dos; feliz por ambos) les dio toda la información pertinente y ellos por
medio de las gemas se conectaron con los robots que fueron teletrasportados a
la refinería de Titán en donde masacraron a los marcianos, destruyeron las
torres y devastaron el lugar. No dejando ni un muro en pie.
***
Irios
no podía creerle ni entenderlo, simplemente no podía. Pese a poseer el ejército
más poderoso y de haber conquistado prácticamente todo el territorio terráqueo,
ahora sus fuerzas estaban diezmadas y su planeta bajo ataque, y todo por obra
de un solo individuo: el AST. ¿Cómo uno solo de ellos había marcado tanta la
diferencia? Pero la verdad estaba frente a sus ojos, mientras que él sentado
detrás de su escritorio, en el último piso de la torre más alta de la colonia
marciana, estaba ahora siendo atacada por toda la armada de la tierra. Y el
líder marciano, que podía ver toda la batalla por diferentes PV, sabía que la
estaban perdiendo y lo peor de todo era que no podía hacer nada al respecto
salvo esperar la inevitable derrota y el toque a su puerta, que llego más
pronto de lo que esperaba porque está estallo en mil pedazos y de los escombros
y del humo emergió el agente vistiendo la magistral armadura oscura que
caracterizaba a los suyos. Lo que motivó a los soldados que lo resguardaban a
que fueran contra el terrestre, pero éste, usando una espada, los mutiló
esparciendo sus entrañas por el suelo tiñéndolo de rojo. Acto seguido le apunto
con un arma.
—¡Espera,
AST! —le pidió levantando las manos—. Antes que me mates, dime, ¿Por qué
alguien como tu está de parte de lo terráqueos? Ellos solo oprimen y explotar a
los suyos e intentan hacer lo mismo con nosotros. Así que, dime, ¿porque estas
de su parte?
—Porque
ustedes no son mejores. —le contestó y le disparó un proyectil que resultó ser
un dardo— Y no te voy a matar, te voy a entregar a ellos. Para que respondas
por todo lo que les hiciste.
Su
visión se nubló y ya no vio nada más.
***
—¿Estás
seguro de querer hacer esto, Zahir? —le preguntó Hiroi viendo a través de los
ojos del AST como él configuraba la cápsula de criogenización para que lo
pusiera en animación suspendida por otros quinientos años—. ¿Realmente lo
deseas?
—No,
pero es así como debe de ser. —contestó el joven recordando aquel imborrable
recuerdo de la despedida que tuvo con sus padres en la que, además de decirles
adiós a ellos, también, antes, se despidió de los poco amigos que había logrado
hacer al tener que vivir, la mayor parte de su juventud en el anonimato. Y
también, fue en ese momento, cuando se enteró que Hiroi no era una secretaria,
sino que era un robot de tipo A, manejado por una avanzadísima Inteligencia
Artificial, que entraría en la gema, con la que había nacido en el pecho, una
vez que estuviera en animación suspendida para poder servirle de ayuda en todo
lo posible—. Debo de hacerlo. Tengo que cumplir con el deber que se me fue
encomendado. De lo contrario toda habrá sido para nada.
—¿Pero
para eso era necesario que la llamaras, luego de las festividades, y que le
contaras toda la verdad sentados en el parque?
—Tenía
que decirle la verdad, ya no podía mentirle más. —explicó Zahir terminando con
los últimos ajustes— Ella más que nadie tenía el derecho de saber quiénes eran
mis verdaderos padres, la razón tras mi criogénesis y lo que le espera a la
humanidad en el futuro.
—¿Y
no crees que Nura se debe de sentir muy mal al pensar que todo ha sido para
nada?
—No,
no fue para nada. Luché para brindarles tanto a ella como a los demás un largo
periodo de paz. Que, si bien no durará por siempre, al menos será hasta que esa
generación fallezca. Y eso para mí es algo.
—¿Esa
es la razón por la que al despertar lloraste al verla?
—Cuando
desperté y la vi no podía creer lo que mis ojos veían. Había otra persona a mi
lado. Y lloré porque al congelarme solo podía pensar que al despertar me
encontraría solo y con el mundo destruido; pero frente a mi había otra persona
y me llené de emoción. Por eso lloré. Pero… también fue porque estaba al lado
de la criatura más hermosa que había visto en mi vida. Y solo podía pensar en
protegerla y en hacer de este mundo un lugar mejor para ella. La verdad es que…
dejando de lado el deber y todo lo demás lo hice por amor. Esa es la pura
verdad.
—Entonces,
por amor, déjame ir contigo. —dijo una voz detrás de él y Zahir al voltear se
encontró con Nura mirándolo con una gran sonrisa de felicidad en el rostro.
—Nura,
¿Cómo entraste en el Monolito? —le preguntó Zahir sabiendo que para entrar
dentro del monumento en memoria de la megacorporación TRONES y de los AST se
necesitaba de un permiso especial que muy pocos poseían.
—Yo
la dejé entrar. —explicó Hiroi sonriendo— Ahora tú escúchala a ella.
—Nura,
yo… —comenzó a decir Zahir, pero fue interrumpido cuando Nura de frente lo
abrazó y lo besó con fuerza. Trato de resistirse, pero no pudo contra ella que
lo dominó con su pasión y fuerza hasta el punto de que ambos yacían, desnudos y
cansados en el suelo tras entregarse— …te amo.
—Yo,
también. Y por eso iré contigo a ese futuro, sin importar como sea.
—No
habrá vuelta atrás.
—Lo
sé.
—No
volverás a ver ni a tus amigos ni a tus familiares.
—Estoy
preparada.
—Puede
que sea un futuro muy aterrador.
—No
tengo miedo.
—Y
llegará el día en que ya no rejuvenezcas más con mi sangre, sin importar cuanta
te de.
—Hasta
entonces disfrutaré de cada día que pase contigo y, cuando llegue el momento,
te pediré que me dejes dormir para siempre.
—Que
así sea entonces.
Nura
les mando correos a todos sus conocidos, despidiéndose de ellos y entró en la
máquina de criogenización con Zahir. Hiroi les dijo que en esa ocasión
configuraría el monolito para que ya nadie interrumpiera el sueño. Y así fue.
***
—Con
que así será. —dijo Rayen muy pensativo tras escuchar el relato de Dika— ¿Y no
hay forma de evitar la catástrofe?
—Hasta
el momento no veo cómo.
—¿Y
que pasará después con nosotros? Digo, con Zahir y los humanos que están en esa
nave viajando por el espacio. ¿Llegarán a ese planeta?
—Bueno,
eones habrán pasado desde que la colosal astronave Atlantis abandonara la
tierra y el sistema solar en dirección hacia el “nuevo mundo” (y lo digo entre
comillas porque en realidad no lo es; y pronto sabrás porque). En cuanto a la
nueva generación de seres humanos se autodenominarán los GIN por nacer con las
dichosas gemas en el pecho. Al igual que Zahir. Todo marchará bien, pero,
deseosos de llegar mucho más rápido, crearán un portal experimental en un
planeta bautizado con el nombre de Vots y los muy tontos, al no tomar las
precauciones necesarias, solo lograrán que una raza extraterrestre invada el
planeta y gran parte de la nave. Obligando a que el AST se despierte para
eliminar a esa nueva amenaza. ¿Te lo cuento?
—Sí,
por favor.
Y
prosiguió con su historia.
***
En
un mundo que en un futuro se llamaría Marte, se caracterizaba por estar
compuesto de seres extraterrestres de carácter extraordinario e increíble de
muchas formas y colores que variaban entre criaturas áreas, terrestres y
acuáticas, incluyendo a humanoides y plantas amorfas. Las cuales vivían, por lo
general, en armonía gracias a la mente maestra que las controlaba, una gran
abominación que podría describirse como un enorme cerebro gigante. Que
constantemente e innecesariamente buscaba expandir su dominio en un planeta que
nadie deseaba. Por eso, cuando se percató de la aparición de un portal
tridimensional que iba hacia otra dimensión, tras sondearlo y ver a donde
conducía, mandó a sus esclavos a invadir esa otra realidad en su afán de
obtener más mentes para controlar. Ya que, según esa cosa, si todos eran suyos
todos estarían en paz. Lo cual, en cierta forma, era cierto.
***
—Espero
que esté en lo correcto… —le dijo Hiroi a Coveris usando uno de los tantos
hologramas de ella que solía emplear para interactuar con los GIN, que la
consideraban y trataban al igual que a una madre, viendo como el científico
terminada de darles las últimas instrucciones a sus ayudantes que estaban en
dos zonas diferentes: el primer grupo, en el planeta Vots, un mundo compuesto
de una fauna no habitable para ellos, y el segundo, en un área restringida de
la astronave Atlantis, usada, por lo general, para ese tipo de experimentos— …y
que no explote ni nada de eso.
—Yo
también. —contestó el científico que estaba a cargo de que ambos grupos
siguieran sus órdenes al pie de la letra para que los portales que estaban con
ellos funcionaran sin ningún tipo de problemas— Y si no, siempre podemos volver
a intentarlo, madre.
—Solo
he accedido a esto porque hay muchos que quieren llegar ya a nuestro destino.
—explicó Hiroi con resignación— De lo contrario no lo hubiera permitido. Esto
va contra las instrucciones que tengo programadas y de los deseos del caballero
de Trones.
—Puede,
pero como tu haz dicho madre: tus hijos estan hartos de esperar. —dijo Coveris
del lado de ellos— Y, sinceramente, yo también. Además, esto podría ayudarnos a
obtener nuevos recursos que podrían servirnos para otras cosas en el futuro
como más comida, materiales, etc.
—Está
bien, Coveris. —concordó la I.A. madre/mentora de los nuevos humanos y capitana
de la astronave, dándole la razón— Puedes continuar.
—Gracias.
—dijo el científico y miró a sus muchachos en los monitores— Chicos comiencen,
tal y como lo ensayamos. —los dos grupos activaron los portales y éstos se mostraron
estables. Luego los de la nave lanzaron una manzana al portal y esta salió por
el portal de Vots. Para después hacer que un perro cruzara el portal. Este
salió sin problema al otro lado— Hasta ahora vamos bien. —Finalmente hicieron
la prueba de fuego, un humano cruzó el portal y, si bien salió al otro lado, lo
hizo lleno de mordeduras, cortes y partes quemadas muriendo poco después— ¿Qué
demonios? —tanto él como la I.A. se quedaron sin habla y en eso vieron cómo por
los portales ingresaban un sinnúmero de humanoides grotescos y armados con
extrañas armas de fuego que sin más comenzaron a matar a todo el mundo— ¡Rápido
cierren los portales! ¡Cierren…! —las imágenes se cortaron y los dos se
quedaron mudos un tiempo— ¿Madre, que…?
—A
todo el personal de batalla —dijo Hiroi recuperándose y llamando a sus tropas—
Nos están invadiendo, repito nos están invadiendo, diríjanse a la zona de
experimentación para eliminar a la fuerza de ataque invasora. Y que otro grupo
se encargue de llevar a todos los civiles a las áreas de resguarde. —al
terminar le miró fijamente— Coveris, te voy a mandar con un grupo de mis
mejores hombres para que despiertes al caballero de Trones y lo traigas. Es
ahora cuando lo necesitamos y es ahora cuando debe de ser despertado.
—Realmente
la arruine esta vez, ¿verdad? —preguntó Coveris tocándose la cara con
desesperación
—Sí,
y si quieres enmendarte vas a hacer esto. Arriesgando tu vida.
Y
lo hizo.
***
—A
ver, déjenme ver si entendí esto —dijo el AST sentado frente Coveris en una
amplia sala, rodeados por soldados—. ¿Creó dos portales dimensionales con el
fin de adelantar la llegada al nuevo mundo, pero en vez de eso provoco que todo
un planeta y que casi la mitad de la nave este invadida por extraterrestres
hostiles?
—Sí…
—afirmó Coveris rascándose sus cabellos de color naranja— …y no sé cómo es que
los portales se conectaron con el mundo de eso seres… tal vez…
—Tal
vez, ¡nada! —le interrumpió el joven mirándole fieramente dando un golpe en la
mesa—. Además de infestar el ecosistema de todo un mundo, nos ha puesto en
peligro a todos. Y ahora debo de limpiar su desastre. ¿Quiere un consejo? Ya no
haga más tonterías. Madre, Hiroi, o como se que te llames ahora, ¿por qué no lo
detuviste?
—Él,
al igual que los demás, querían llegar de una vez al nuevo mundo—le contestó la
I.A. que también estaba ahí, más no en forma holografíca al estar muy ocupada
conteniendo a los invasores—. Y no quería que mis hijos me odiaran por no
dejarles crecer y probar suerte. Por eso no me opuse. Tenían que ver las
consecuencias de sus erradas acciones —el agente se puso de pie—. ¿Qué piensas
hacer?
—Mi
trabajo. —respondió caminando hacia la puerta, pero parándose frente a una
joven soldado cuyos ojos dorados estaban a juego con el pelo azul oscuro que
tenía— Tú ¿estas preparada para luchar?
—Sí,
señor. —contestó sin atisbo de duda, pero algo sorprendida porque el AST le
hablara precisamente a ella— Siempre.
—Entonces
vienes conmigo —dijo el AST saliendo de la habitación y entrando en uno de los
ascensores del lugar en compañía de la soldado para luego marcar el piso en
donde estaban contenidos los invasores hostiles—. Por cierto ¿cómo te llamas?
Yo me llamo Zahir.
—Yo
Seleni, señor.
—Por
favor no me llames, señor. Me hace sentir como un viejo. Si quieres puedes
llamarme por mi nombre nomas.
—Gracias,
eso hare.
—¿Yo
también puedo hacer lo mismo?
—Claro.
—Bien.
—Y,
¿cuál es el plan?
—¿El
plan?
—Sí,
¿cómo vamos a proceder para encargarnos de los invasores?
—Simple:
bajaremos de nivel en nivel hasta llegar al portal de la zona de pruebas y una
vez ahí lo apagaremos. Y machacaremos a cualquier extraterrestre que se nos
cruce en nuestro camino. Eso haremos.
—Ah,
ya veo. Simple, pero eficaz. Me gusta.
—Gracias.
—Y
¿no crees que deberíamos de traer a más hombres con nosotros?
—No,
prefiero trabajar solo de a dos. Y, por último, me es más simple proteger solo
la espalda de la persona que protege la mía, que la de otro.
—Comprendo
—dijo Seleni preparando su arma al ver que estaban a punto de llegar—. Pero
debe de saber algo, esta es la primera batalla no simulada que tengo.
—Pues
no se separe de mí. —reveló Zahir creando una potente ametralladora que usó
luego de que, al llegar, las puertas se abrieran y revelaran a seis criaturas
grotescas que trataron de atacarles— Vamos, yo delante, tú detrás.
—Sí,
no lo pensaría de otra forma.
Fue
de esa manera como ellos, amigándose en el camino y mediante la fuerza bruta,
se abrieron paso por todos los niveles inferiores a través de hordas de
sanguinarios extraterrestres a los que mataron sin piedad o remordimiento: a
unos los acribillaron a tiros, a otros los hicieron explotar usando granadas y
a muchos, usando armas blancas, los mutilaros empapando el suelo con su sangre
y entrañas. Hasta que por fin llegaron al portal que, tras pelear contra una
abominación de tres cabezas (la cual fue aplastada hasta morir), apagaron no
sin antes dejar un sinnúmero de cadáveres detrás de si. Pero hubo un problema:
un enorme tentáculo atrapó a Zahir y lo llevó dentro del portal minutos antes
de ser apago conduciéndolo a Marte en donde luchó contra la súpermente que
controlaba a los seres de aquel planeta. Logró destruirla empleando un certero
y explosivo disparo en el centro de la bestia y, en un lapso de cuatro horas,
que para Seleni y los demás les parecieron solo segundos, pudo
teletransportarse correctamente a la dimensión, a la nave y a la zona de donde
lo habían sacado. En donde fue abrazarlo por la soldada que estaba más que
feliz por volver a verle, sano y salvo.
—Zahir,
¿Qué fue lo que pasó? ¿A dónde fuiste?
—A
su mundo. Ahí, luche con la criatura que les dominaba. La destruí y ahora no
volverán a hacer daño a nadie.
—Ya
está hecho entonces.
—No,
aún falta una última cosa por hacer. —dijo Zahir levantando el dedo y haciendo
que un campo saliera de este y que rápidamente se expandiera por toda la
astronave eliminado a todos los extraterrestres que quedaban con vida y dejando
completamente limpia la nave— He limpiado toda la nave. Ya no quedan
extraterrestres en ella. Ahora, solo queda cerrar el portal del planeta Vots.
—Disculpa,
Zahir. Pero, ¿Por qué no hiciste eso antes?
—Por
el portal. Al estar abierto había la posibilidad que mi ataque se expandiera al
mundo de estas criaturas, matando a un gran número de ellas. Y no podía
permitir eso. —Seleni le miro incrédula— Estos seres, si bien son horribles y
agresivos, hasta donde yo sé, actúan así porque están en un ambiente que no les
es familiar, y no olvides están aquí contra su voluntad. No te equivoques, no
los estoy defendiendo. Pero tampoco puedo condenar a toda su raza así nomás
como así, después de toda la historia humana nos ha mostrado situaciones muy similares.
Por eso no podía usar ese ataque. Porque al fin de cuentas, quien soy yo para
juzgar.
—Tienes
un punto ahí. —concordó Seleni dándole toda la razón— Pero no olvides que
nosotros estamos primero.
—Nunca
olvidaría eso.
—Eso
espero, ¿ahora qué hacemos?
—Voy
a decirle a Madre que prepare a las tropas para que ataquen a los invasores que
quedan en el planeta Vots y destruyan el portal, pero eso demorara un tiempo.
¿Te gustaría… no se… ir a una cafetería a conversar un rato?
—Sí,
eso me gustaría. —contestó Seleni sonriendo.
—A
mí también.
Él
también sonrió; sin saber que había condenado a todos los seres de ese mundo a
la extinción, porque sin la supermente aquellas criaturas no podían ni
alimentarse apropiadamente. Pero cuando lo supo, no se lamentó. Al saber lo
peligrosas que podían ser para la humanidad.
***
—Aquí
tienes. —le dijo Zahir dándole una lata de refresco a Seleni para luengo
sentarse junto con ella en la banca de una de las tantas cafeterías de la
astronave que por ahora se encontraba desierta— Es uva como me pediste.
—Gracias.
—agradeció Seleni tomando el refresco y bebiendo un poco de el— Zahir, ¿estas
molesto con nosotros?
—¿Con
ustedes? —preguntó sin entender bien la pregunta.
—Con
todos los involucrados en lo que ha pasado. Verás muchos, incluyéndome, ya
queremos llegar al nuevo mundo y por eso presionamos a Madre para que aprobara
el experimento de los portales, ignorando sus advertencias. Por eso es que pasó
esto. Así que la verdad, la culpa es en realidad nuestra. Esa es la razón por
la que te pregunto si sigues enojado con nosotros. Porque por nuestra
desesperación nos pusimos a todos en peligro.
—No
puedo decir que apruebe lo que hicieron, ya que, como dices, por poco causan su
propia destrucción. Pero aun así los entiendo. Yo también deseo llegar ya ese
mundo. Sin embargo, hay una razón por la que tenemos que demorarnos en llegar.
—¿Y
cuál es?
—Una
guerra en la que tenemos que interferir para vernos como libertadores y
salvadores y no como conquistadores y opresores.
—¿Qué?
—preguntó Seleni muy confundida—. ¿Cómo sabes todo esto?
—Porque
soy un caballero de Trones. —Seleni le miro aún más extrañada— Los de mi clase
nacemos con muchos poderes, uno de ellos es la habilidad de poder vislumbrar el
futuro o varios futuros dependiendo de ciertas acciones. Por eso es que te
digo, sin duda alguna, que esta es la mejor manera de actuar.
—¿Y
por eso me elegiste como tu compañera? —preguntó Seleni sin estar del todo
convencida—. ¿Por qué viste un futuro más conveniente conmigo?
—No,
te elegí porque me hiciste sentir vivo.
—¿Cómo?
—Cuando
me paré frente a ti, sentí que estaba ante alguien con quien podía confiar y
con alguien con quien quería estar. Por eso es que te pedí que me acompañaras.
Nosotros los AST tenemos también un sexto sentido muy desarrollado.
—Oye,
tú eres muy raro. —le dijo Seleni sonriendo y riendo.
—Soy
un AST, es normal que sea raro. —se excusó Zahir tomando su propia bebida al
igual que Seleni que comenzaba a animarse.
—Pero
sabes algo… —dijo Seleni mirándolo a los ojos— …me gusta que seas así de raro.
—Y
mí me gusta que seas así de sincera conmigo. —expreso Zahir mirándola también
muy fijamente, creando un momento intimo entre ellos, pero todo eso se terminó
cuando él recibió una llamada de Hiroi— Madre me ha informado que todo está
listo para el ataque —se levantó y le tendió la mano—. ¿Quieres verlo conmigo?
—Por
supuesto.
Le
aceptó el gesto y ambos se fueron a una ventana en donde tenían una vista
perfecta del planeta Vots. Zahir agrandó la imagen manipulando el vidrio táctil
de la lucera con la que pudieron ver la superficie y la zona de aquel mundo
ahora infestado por invasores que seguían saliendo por el portal abierto. Pero
eso se acabó cuando más de mil aviones de batalla aérea sobrevolaron el área y
bombardearon a los extraterrestres matándolos y destruyendo, de paso, el
portal. Más, aun así, dejando a mucho de ellos con vida que volvieron a su
mundo luego de que el AST abría, al chasquear los dedos, un enorme portal sobre
el planeta, que se encargó de absorberlos a todos. Sin dejar a uno solo atrás.
Dejando muy impresionada a una Seleni que sentía como su atracción por el
agente aumentaba.
—¿Y
bien que quieres hacer ahora?
—¿Qué
tal si vienes a mi habitación? —le pregunto Seleni con claras intenciones—.
Podremos tener una charla más privada sin interrupciones.
—Me
leíste la mente.
Ambos
sonrieron.
***
—¿Y
los nativos nos aceptarán? —pregunto Rayen extrañado—. ¿Así como así?
—Claro
que no, primero tendremos que ganarnos su confianza y que mejor forma de
hacerlo que salvándoles la vida una vez que salgamos de la inmensidad del
espacio y bajemos a su planeta.
—Aún
me cuesta creer que se traten de nuestros ancestros. Es decir, orcos, enanos y
elfos. Que semejantes criaturas existiaran. Es como si ahora estuvieramos en
una novela de fatasía. Y ni hablar de las otras.
—Pues
lo son, están divididos y enfrentados, y solo se unirán cuando sean invadidos
por los insectos que saldrán del suelo.
—Y
eso significa que al mundo al que vamos en efecto es… la tierra.
—Correcto,
todo es cíclico y nosotros, en incontables ocasiones, hemos hecho lo mismo
durante eones: Destruimos nuestro planeta, lo abandonamos, viajamos por todo el
universo buscando otro, dando toda una vuelta, y regresamos al punto de
partida, que vendría ser nuestra tierra ya sana tras millones de años de
espera, con nuevos huéspedes. Y te voy a contar como fue nuestro primer
contacto…
Y
prosiguió con Rayen más interesado que antes.
***
La
elfa Triana estaba aterrada. Ella junto con todo un batallón de guerreros elficos
habían ido a luchar contra los insectos que estaban asolando algunas de las
aldeas lejos de la capital; pero ninguno de ellos pudo haber imaginado que los
insectos, seres monstruosos de diferentes formas y tamaños, les tenderían una
trampa con la que los matarían a todos. Salvo a Triana. Que ahora se encontraba
contra el árbol sosteniendo la espada en un inútil intento por contener a los
monstruos viendo espantada como algunos se comían a los suyos entre gritos de
agonía. Pero, en eso, un individuo vestido con armadura negra saltó entre ella
y los insectos. De ahí todo fue confuso. Ya que todo ocurrió de una forma tan
rápida que Triana apenas y pudo ver lo que pasaba. Lo único que sabía era que,
en menos de cinco minutos, todos y cada uno de los bichos yacían muertos en el
suelo con sus entrañas al aire pudriéndose al sol. Solo quedaban ella y el
extraño que se le acercó; mientras que ella caía rendida por la presión.
—¿Se
encuentra bien? —le preguntó creando de la nada una capa con la que le cubrió,
al tiempo que se arrodillaba para estar a su nivel—. ¿No está herida verdad?
—no le dijo nada, estaba muy alterada—. Permítame presentarme... —se quitó el
casco revelando el rostro de un joven solo un poco mayor que ella— …yo soy…
—¡Gracias!
—le dijo Triana interrumpiéndolo y dándole un fuerte abrazo con las lágrimas
saliendo por los ojos— …gracias…
El
joven también la abrazó y ambos se quedaron así por un buen rato.
***
Dentro
del gran coliseo Sibur, ubicado en una de las ciudades más importantes de
imperio Koturiano, se estaban celebrando luchas a muerte entre gladiadores de
diferentes partes del señorío y del continente, cuya recompensa para el ganador
era la fama y una gran fortuna. Pero en esa ocasión éstos no solo luchaban
entre si, sino contra algunos de los grandes bichos que habían estado asolando
las tierras fuera de los dominios del emperador Orco Oloya que como de
costumbre, presenciaba aquel sangriento deporte. Y, si bien era algo novedoso
ver a aquellos seres causarles varios problemas a los concursantes, lo que
realmente le llamaba la atención era un joven, claramente extranjero, que sin
mayores problemas podía medirse tanto con los guerreros más duros y contra esos
monstruos tan sanguinarios sin salir lastimado.
—¿Quién
es ese chico? —le pregunto a uno de sus sirvientes; mientras que otro le servía
vino en la copa que luego tomaría—. Pelea muy bien.
—Es
un extranjero que viene de costas lejanas, según nos contó al momento de
registrarse. —le explicó el sirviente con sumo respeto— No nos contó mucho,
salvo esto: no quiere ni fama ni fortuna. Quiere reunirse con usted para hablar
sobre el problema de los insectos que están asolando a la población. Según él,
le puede ayudar con eso.
—¿Así?
—inquirió terminándose el vino y sonriendo al ver al joven asestar un golpe
mortal a un gladiador y luego a un insecto que se le acerco por detrás—. Bueno,
si es tan buen luchador como estratega, con gusto le concedo una reunión. Eso
sí, si sobrevive a esto.
Poco
después comenzó, la parte difícil del evento, donde los gladiadores
sobrevivientes tenían que luchar juntos contra el ataque de un enemigo
desconocido. En esa ocasión seria uno de los grandes insectos que habían
capturado para esa ocasión y esa criatura no se los pondría fácil. Luego los
supervivientes (si es que había) lucharían entre si una vez más hasta que solo
quedara uno y solo ese ganaría el premio. Y Oloya fue testigo para su grata
sorpresa de la victoria y supervivencia del misterioso joven extranjero, por lo
que dijo, a todo pulmón:
—¡Eh
aquí a nuestro héroe y campeón! —exclamó y todo el mundo reunido ahí en las
butacas dieron gritos de júbilo—. ¡Que su nombre pase a la historia!
Todo
el mundo gritaba eufórico y él le dijo a uno de sus subordinados:
—Tráiganlo
ante mi presencia, se ha ganado su premio.
El
orco Oloya se fue a sus aposentos a esperar la llegada del joven, con los
gritos de la gente siguiéndole totalmente encantada, sin llegar a sospechar las
increíbles revelaciones que le diría el extranjero.
***
—Estamos
perdiendo. —dijo el rey enano Virden en compañía de sus generales que como él
venían del campo de batalla donde sus hombres luchaban encarnizadamente contra
los sanguinarios insectos que invadían las tierras de la nación de Enil, que él
gobernaba— No dejan de llegar.
—No
solo es éso, señor. —admitió uno de los generales que estaban a su alrededor—
El problema es que hemos subestimado la capacidad defensiva de los insectos.
—Por
no decir que son más fuertes de lo previsto. —afirmó otro abatido por lo que
veía— Deberíamos de haber enviado emisarios a los otros reinos para que nos
ayuden en esto. Solos no podemos.
—Tú
hablas como si eso fuera algo así de sencillo. Esos dos solo…
—Basta.
—ordenó con fuerza el soberano de los enanos— Este debate no nos lleva a ningún
lado. Ordenen la retirada y…
—¡Espere,
señor! —pidió uno señalando hacia una ubicación especifica—. Mire eso. Llegan
refuerzos.
En
efecto, al campo llegaron, por medio de unos “extraños caballos” (no sabían lo
que era una moto), unos misteriosos individuos, vestidos con armaduras oscuras,
que mataron a todos los insectos que se les cruzaban en el camino, salvando a
los pobres soldados, víctimas de estos.
—¿Quiénes
son ellos? —preguntó el rey impresionado y consternado—. No reconozco los colores
que portan ni los emblemas que usan.
—No
sabría decirle, señor. —contestó el más erudito de todos— Pero sea quienes
sean, están de nuestro lado.
—Eso
está por verse. —sentencio Virden que la experiencia le había enseñado a ser
cuidadoso con la gente poderosa y extraña—. ¿Pero qué…? —no pudo evitar
quedarse mudo al ver como los guerreros de armadura oscura desaparecían, tras
haber eliminado al último de los insectos, dejando solo a uno que caminó de
frente hacia él, siendo detenido, sin violencia, por los soldados más cercanos,
por lo que se arrodilló, a modo de respeto y le miro esperando un gesto de él.
Virden se bajó de su caballo y fue a hablarle— Levántate honorable guerrero y
dime ¿quién eres y que es lo que quieres?
—No
soy más que un extranjero que viene de costas muy lejanas. —explicó quitándose
el casco revelando el rostro de un joven muy atractivo que a simple viste
parecía ser un alto elfo salvo por las orejas que no eran puntiagudas— Y he
venido para ayudarles a eliminar a estos insectos.
—Pues
bienvenido seas. —expresó el rey con gratitud— Ven y habla conmigo.
Eso
hicieron y lo que le dijo ni en sus sueños más locos pudo habérselo imaginado.
***
Todos
los ciudadanos de la ciudad elfica de Erros, capital de reino de Valdur,
estaban afuera de sus casas mirando el cielo a pedio del rey elfo Aleric que,
siguiendo las instrucciones del emisario de los “extranjeros”, había dado esa
orden para que todos vieran la nave de los suyos que habían venido en son de
paz y que estaban dispuestos a ayudarles con la plaga que los asediaba.
—Adelante.
—dijo el AST al lado del rey y de Triana, la hija del monarca. Nacida de la
unión mixta entre este y la princesa ya fallecida los elfos oscuros. Una etnia elfica
perteneciente a un reino oculto en los bosques, que en su mayoría, eran de piel
oscura y que habían tenido roces con los otros reinos de la región— Háganlo.
Dicho
esto, una imponente y gigantesca astronave apareció en el cielo, tras quitarse
su manto de invisibilidad, dejando a todo el mundo boquiabierto, excepto claro
al agente.
—¡Por
los dioses! —dijo Triana sin salir de su estupor, al igual que todos a su
alrededor—. ¿Ese es vuestro barco?
—Yo
no lo llamaría barco. —contesto el agente— Pero en cierta forma lo es.
—Ahora
señor, Aleric. —empezó a explicar el joven que se presentó bajo el nombre de Zahir—
Una plataforma va a descender para llevarnos a usted y a mi ahí arriba, en
donde, como ya le expliqué se reunirá con la dirigente de los míos, en compañía
del señor Oloya y Virden.
—La
bestia orca y el enano bribón. Así que ellos también aceptaron, ¿no?
—Correcto.
—comenzó a decir el joven caballero— Nosotros queremos tener una relación y un
trato igualitario con todos ustedes, por eso hacemos esto. Ahora, si no tiene
más objeciones, llamaré a la plataforma.
—De
acuerdo. —dijo Aleric tras pensarlo un rato— Pero si es una trampa…
—Eso
es ridículo. No tenemos motivos para querer engañarles ni necesidad. Y, por
último, por la fuerza podría obligarlo a ir. —sentenció Zahir ya cansado de la
terquedad de Aleric que era casi tan terco como los otros dos gobernantes que
estaban siendo invitados al mismo tiempo a esa reunión extraordinaria— Voy a
llamar a la plataforma. —Miró al cielo y, con una orden mental, hizo que desde
el arca flotante descendiera de forma veloz una plataforma circular lo
suficientemente grande para los dos— Acompáñeme por favor.
—Señor,
Zahir. Por favor no permita que a mi padre le pase algo malo. —le pidió Triana
al verlos subir con sus ojos rojos a juego con su caballo morado— Y, si es
posible, venga a verme después.
—No
se preocupe haré ambas cosas, a la vez —le aseguró Zahir en la plataforma;
creando unas barandillas para que ninguno de los dos se callera durante el
trayecto a la ciudad flotante de los GIN— Se lo prometo.
Triana
los vio marcharse y sintió como su corazón palpitaba con fuerza por el temor a
que le pasara algo malo a su padre, pero también por el deseo de volver a
encontrarse con el joven que le había salvo la vida.
***
—¿Y
les gusta la ciudad? —les preguntó Hiori, en forma de holograma, a los tres
gobernantes de los reinos principales del continente, todos sentados en una
gran mesa redonda acompañados por el AST que estaba de pie en compañía de algunos
guardias para mantener el orden.
—Sí,
es magnífica. —contestó el elfo valduriano tras haber recibido, junto con los
otros, un tour por toda la astronave en donde la I.A. les explicó varias cosas
acerca de los GIN, del mundo de dónde venían y de las razones tras su partida y
de la llegada al suyo— Todo un diamante en bruto.
—¿De
verdad todo esta hecho por esos pequeños seres? —preguntó el gobernante enano de
Enil por ser un hombre muy curioso—. Esas criaturas que usted… llama… nano…
—Nanomáquinas.
—terminó de decir Madre tratando de ser lo más simple posible— Minúsculos seres
mecánicos que siguen nuestras órdenes y crean los objetos que necesitamos para
vivir, como ya les expliqué.
—Algo
asi como Esclavos, ¿Verdad? —inquirió el emperador orco de Kotur mirándola
fijamente con sus ojos rojos.
—No,
exactamente. —se apresuró a decir Hiroi queriendo evitar malos entendidos—
Estos seres no sientes nada y no quieren nada. Solo viven para servir. Nada
más.
—Ya
me gustaría tener a seres así. —dijo el orco Koturiano sonriendo y riendo al
mismo tiempo.
—A
mí también.
—Yo
opino igual.
Dijeron
Aleric y Virden respectivamente algo alegres con la idea. La I.A. hizo un
sonido con la garganta llamándoles la atención.
—Caballeros,
vamos al grano. Como ya les dije nosotros, los GIN, venimos de un planeta muy
lejano que fue destruído por los errores de nuestros ancestros. Y hemos
viajado, durante cientos de años, para venir al suyo a pedirles que nos
permitan convivir con ustedes en armonía. A cambio, no solo destruíremos a esa
plaga de insectos gigantes que están asolando sus tierras, sino que, además
compartiremos con ustedes toda nuestra tecnología y conocimiento. ¿Están de
acuerdo?
—Señora,
Hiroi. —comenzó Aleric siendo muy cauteloso— Según tengo entendido, sus
ancestros destruyeron su propio mundo, ¿no es así?
—Sí,
es correcto.
—Entonces,
¿Qué garantías tenemos que no destruirán también éste?
—Si
fuéramos como nuestros ancestros, no les ofreceríamos nada. Simplemente, le
quitaríamos sus tierras, los esclavizaríamos y los obligaríamos a aceptarnos
como sus amos. Pero, no estamos haciendo eso, les ofrecemos lo mejor de
nosotros a cambio de un lugar donde vivir en paz. Eso es todo.
—Está
bien, señora Hiroi. —aceptó al verla a los ojos y ver que no mentía— Tiene mi
apoyo, siempre y cuando cumpla con su palabra y comparta su tecnología.
—Con
todo nosotros. —puntualizó Virden queriendo dejar eso muy en claro.
—Sin
ninguna excepción. —exigió Oloya que no iba a quedarse atrás.
—Bien,
entonces con eso ya aclarado, voy decirles que lugar hemos seleccionado para
que nuestra ciudad aterrice y esté abierta a todos en general. —apareció un
mapa virtual frente a todos— Aquí.
—Pero
ese es el lugar del origen de los insectos—dijo Oloya mirando el área señalada
por la capitana— Ahí está reunido todo el enjambre junto con la reina que,
según mis exploradores, los produce constantemente.
—Exacto,
que mejor lugar que éste. —explico Hiroi para luego mirar al AST sonriendo— Zahir
has lo tuyo.
El
AST se acercó a la mesa e inmediatamente el holograma se convirtió en un cubo
de PV que mostraba imágenes en vivo del ataque que se estaba llevando a cabo
contra el nido de insectos por obra del caballero de Trones que, anteriormente,
había creado múltiples copias suyas a las que estaba teletransportando a esa
zona para que eliminaran a esos asquerosos bichos. Algo impensable para los
tres soberanos que no sabían que decir.
—Impresionante,
¿verdad? —pregunto la I.A. satisfecha con el resultado que estaba obteniendo—.
Y déjenme decirles algo, no estamos mandando a cientos de soldados a combatir
contra esos insectos, no. En realidad, son las copias de este joven que tiene
aquí frente a ustedes; mismas copias que los condujeron hasta aquí y que, como
vieron, se disolvieron al ya no ser de utilidad.
—¿Qué
es este… joven? —pregunto Aleric mirando a Zahir con admiración—. ¿Un dios?
—No,
pero está bastante cerca de serlo.
***
Zahir,
el verdadero, tras cumplir con su promesa, se encontraba bañándose en un
balneario de la ciudad de Erros. Solo, pero él sabía que algunas elfas nativas
lo estaban viendo de curiosas. Algo que le incomodaba un poco. Empero optó por
dejarlo pasar. Había sido realmente estresante hacer tantas cosas al mismo
tiempo y ahora quería relajarse, y no lo haría si le prestaba atención a un
grupo de muchachas que, para empezar, no le interesaban en lo más mínimo. Y por
eso le había pedido a Triana, esa bella joven elfa de piel oscura, que le
indicara un lugar donde poder relajarse. Tras reunirse con la misma y mostrarle
lo que ocurría en la reunión, más el ataque y la victoria en el agujero de los
insectos invasores que fueron totalmente destruidos. Teniendo incluso que
mostrarle que él era el auténtico al pincharse el dedo y que lo viera sangrar.
Suspiró y se relajó. Y, en eso, sintió que alguien se le aproximaba. Volteó la
cabeza y vio, para su sorpresa, que se trataba de Triana, completamente
desnuda, mostrándole todo su cuerpo, caminado directamente hacia él.
—Triana,
lo siento —se excusó Zahir mirando hacia otro lado ruborizado—. ¿Te vas a
bañar? ¿quieres que me retire?
—No,
quiero bañarme contigo y hacerte compañía. —le contesto sentándose al borde de
la tina— Y darte de nuevo las gracias por haberme salvado.
—No
creo que sea para tanto.
—Si
que lo es. No solo mataste a los insectos que me iban a matar, sino que, además
nos ha salvado a todos de ellos. Eso significa mucho para mí, y para los demás
también.
—Solo
he cumplido con mi deber eso es todo. —explico sonrojado por lo dicho por
Triana y por estar junto a ella desnuda, cosa que no pasó por alto por la misma
y que le gustó.
—Eres
muy humilde. —dijo la nativa sonriendo al saber que él se estaba excitando.
Ambos
se quedaron en silencio un rato hasta que Triana habló.
—Sabes,
nunca me he sentido como parte de mi gente. —Zahir le miró a la cara intrigado—
Y eso es porque soy de sangre mesclada. Mis padres se casaron por política y yo
nací como un símbolo de la unión de dos reinos. Pero lo irónico de eso es que
esa unión no duró demasiado. Mi madre murió poco después de darme a luz y mi
padre poco pudo hacer para mantener esa unión entre reinos de razas distintas.
Y, en cuanto a mí, al ser una de sangre mesclada, nadie quiso tener nada que
ver conmigo. No tengo ni un solo amigo. Y aunque la gente me habla y me trata
con respeto, solo lo hacen porque soy hija del rey. Si no fuera por eso…
—suspiró— Sinceramente, a veces, no sé ni lo que soy. —le miró— Y no sé porque
te estoy contando esto. No sé. Tal vez
simplemente me lo quiero quitar del pecho o algo así. Pero ahora me siento
mucho mejor. Mucho mejor.
—Eres
como yo. —dijo Zahir pensativo— A mí también me pasa lo mismo. Yo tampoco me
siento como parte de los míos. La gran mayoría de ellos me temen por ser tan
poderoso. Y por eso me siento feliz de estar junto a una persona que no me
teme. —se levantó, se acercó a la joven y le agarró la cara con sus manos— Y yo
sé lo que eres Triana. Eres una hermosa y maravillosa persona que no tiene nada
de que avergonzarse.
La
besó y, sin que ella se resistiera, la empujo hacia abajo para comenzar a tocarla.
—Espera,
Zahir.
—¿Qué
ocurre? ¿no quieres?
—No,
es que nos están viendo.
—Pues
que nos vean. —dijo sonriendo el AST— Les mostraremos todo un espectáculo.
Ella
no se opuso.
***
Desde
lejos, desde la colina de una montaña muy alta, Zahir y Triana vieron como la
ciudadela descendía hasta unirse con el suelo, generando una gran cantidad de
polvo que no evitó que se abriera las puertas para recibir a los nativos
deseosos de entrar y ver las maravillas tecnológicas de la raza GIN que muy
pronto formaría parte de ellos mismos.
—Ahora
todo comenzará. —afirmó Zahir al lado de Triana soltando las nanos de la caja de
pandora al aíre que sacó de su oído— Para ellos y para nosotros.
—¿Cuándo
entrarán en acción? —le preguntó ella que ya lo sabía todo y cuyo padre había
aceptado la relación entre los dos.
—Estan
programadas para actuar cuando la raza de los GIN se vuelva autodestructiva. Pero
para ese entonces ni tu ni yo estaremos aquí para presenciarlo. Ya nos habremos
ido. No es algo por lo que debamos de preocuparnos, lo que deba de pasar pasará.
—Pero,
¿No crees en la posibilidad que aquello que has visto no se cumpla?
—Si
Hiroi, que ya no necesita habitar en mi, continúa como la única gobernante de
la ciudad, tal vez. Y sinceramente así lo espero.
—Y
pese a eso soltaste esas nanomaquinas que pueden destruirlo todo. En secreto y a
espaldas de tus compañeros. Sin siquiera avisarles de lo que pasaria si actúan
de una forma incorrecta.
—Por
una buena razón: si se los dijera, primero, se negarían a que lo hiciera,
segundo, tratarían por todos los medios de contrarrestar el mecanismo de las
nanos en la capa de ozono y, tercero, ellos seguirían un camino aun más
terrible de dejarlos. Por eso es que lo he hecho. Y solo te lo dije a ti. Por
que no quiero que haya secretos entre nosotros.
—Yo
igual, gracias. Por eso y por todo.
Se besaron y vieron con gran felicidad a la gran ciudad amurallada de Atlantis. Imponente y extensa, alzándose ante todo, con las aves volando y los potentes rayos del sol. Donde los GIN encontraron un refugio y los nativos una nueva forma de vida. Y ambos fueron a reunirse con todos sus compañeros en la magnífica metrópolis.

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