QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 5 (Prototipo): Justicia y venganza


Se impuso la noche y en las afueras del gran hospital Baldin se había reunido una multitud, no podían acercarse ni mucho menos ingresar debido a las vallas de seguridad que los policías habían colocado alrededor de la zona. Las puertas levadizas del edifico, de las que habían salido desagradables sonidos de carne desgarrada y masticada y en las que ahora imperaba el más completo silencio, estaban cerradas.

Nadie por los alrededores sabía con exactitud lo que había ocurrido ahí dentro, nadie, excepto Damián quien al terminar con todos los asuntos por realizar en el banco al que intentaron asaltar horas atrás. Revisaba y firmaba documentos importantes en su oficina, cuando Ailen entró presurosa en la oficina.

—Damián, han atacado y masacrado a las personas del hospital Baldin.

—¿Cómo? —preguntó a la subjefa de policía, incrédulo.

—Pon el canal nacional y compruébalo por ti mismo.

Lo hizo, en las noticias pasaban vídeos e imágenes de un hombre rubio de ojos negros que entró en el hospital, usando su GIN para hacer que las puertas del edificio se cerraran, e inmediatamente hizo salir de una gran maleta de metal a un cúmulo de gusanos que atacaron a los civiles del recinto, estos ingresaron en sus cuerpos convirtiéndolos en humanoides grisáceos de ojos amarillos que comenzaron a matar a las demás personas que estaban dentro de las instalaciones, en lo que fue una horrible escena de sangre, dolor y muerte.

—Hasta ahí llegan los vídeos, retrasmitidos desde las cámaras de seguridad del hospital a los medios de prensa con el mensaje: «Esto es lo que les pasará a los peruanos si no se rinden ante Chile», y han causado una tremenda conmoción en el país. Todos están a favor de que la guerra continúe y piden a gritos que los responsables sean ejecutados.

—¿No es una broma de mal gusto? ¿En realidad ha ocurrido?

—Me puse en contacto con algunas patrullas cercanas y todas confirman lo que has visto. El hospital está cerrado y de él salen gritos de auxilio y aullidos de bestias.

—¡Maldición! Ha vuelto a pasar. Ailen, ¿tienes los datos de este hombre?

—Los he buscado sin éxito. Es como si esa persona no existiera. Sin embargo, muchos, creen que podría ser uno de los agentes chilenos que han estado propagando la Infección Gris. De hecho, es muy parecido a uno de los siete individuos que estuvieron presentes en la masacre de los metros hace dieciocho años atrás y que dejaron con vida a algunos sobrevivientes para que dieran un mensaje de rendición.

—Más razón para sospechar de ellos entonces. ¿Ya has ordenado la evacuación de las personas cercanas?

—Sí, además he ordenado que se coloquen vallas de seguridad por toda la zona, ya están siendo vigiladas por nuestros hombres.

—Muy bien, necesitaré ponerme en contacto de nuevo con Kein y…

—Damián, esto ya lo sabe todo el mundo. Recibí una llamada de Hiroi y me dijo que Kein está camino al hospital, y creo que Valeria puede estar con él.

—Bueno. Si ese es el caso, necesito que reúnas una fuerza para que yo y mis muchachos vayamos al hospital. Solo espero que Kein no permita que Valeria ingrese al hospital.

—Por todo lo que me has contado sobre él, estoy segura de que no cometería semejante torpeza. Damián —se inclinó y lo besó—, tú tampoco lo hagas. Te mantendré informado.

Cuando Ailen salió, él se quedó con una sonrisa en la cara, pero inmediatamente puso manos a la obra. Llamó a algunos policías que estaban en la zona, se vistió con la NAR color azul oscuro que caracterizaba a los de su oficio y, con su escuadrón listo para la guerra, salió hacia el hospital Baldin. Durante el camino su GIN comenzó a parpadear y a vibrar, lo que indicaba que estaba recibiendo una llamada. Le ordenó a la gema crear un pequeño auricular con micrófono en su oreja y proyectó una PV delante de él.

«Llamada entrante de Valeria».

Aceptó la llamada y Valeria apareció en la pantalla virtual.

—Hola, papá. ¿Ya sabes lo que ha ocurrido en el hospital Baldin?

—Sí, Valeria. Voy en camino, y supongo que tú estás ahí junto con Kein, ¿verdad?

—No, de hecho, estoy afuera del hospital y él ha entrado solo, junto con una CAD.

—¿Acaso abrió las puertas?

—Para ser más precisos, estas se abrieron solas cuando él se acercó a ellas y volvieron a cerrarse en el momento en que entró. Ahora lo estamos siguiendo por medio de la CAD. Aún no aparecen los humanoides.

—Bien, estoy por llegar, nos veremos ahí.

***

—Valeria, no entres —le pidió Kein tras ver, igual que los demás, que una de las puertas levadizas del hospital se abría para dejarlo pasar, era claro que lo observaban a través de las cámaras del edificio—. Y cuando lleguen los demás, diles por favor que no intervengan hasta que yo acabe.

Ambos, al llegar, tuvieron que pasar por el mar de gente que se había congregado cerca del hospital. Cuando llegaron a las vallas de seguridad un par de policías los escanearon con sus GIN, confirmaron sus identidades y les permitieron ingresar en la zona.

—Kein…

—¡Espere un momento, señor! —le dijo un oficial cuando se disponía a entrar—. Damián me ordenó que le diera esto. —El oficial formó una CAD que se elevó rápidamente, colocándose cerca de Kein de forma automática—. Después del primer ataque, se ordenó que esta cámara aérea le sea entregada ante otro posible ataque, de esa forma podríamos registrarlo todo y saber si necesita ayuda contra esos humanoides.

—Valoro las precauciones de Damián, pero no será necesario —dijo el AST, ignorando a la cámara aérea que comenzó a seguirlo.

—Kein, por favor ten mucho cuidado —le pidió Valeria—. Es muy peligroso lo que enfrentarás ahí dentro.

—Lo haré.

Entró y la puerta se cerró tras él.

***

Cuando Damián y sus hombres arribaron se reunieron con su hija, quien los ayudó a asegurar aún más la zona. Hecho esto, todos se prepararon para ingresar cuando él diera la orden. Sin embargo, gracias a la CAD pudieron ver cómo el AST, sin problemas, se encargaba de las criaturas, demostrándoles que cuando decía que lo dejaran encargarse solo de la situación no estaba presumiendo, él podía.

***

Desde un campanario, en una zona bien alejada del hospital Baldin, Sate, uno de los siete convictos «contratados» por Temáukel, observaba todo, a la espera de la aparición del AST que enviarían para lidiar con el desastre que ellos habían causado. Tenía ahora la misión de, no solo mantener contacto con Sanu, sino de avisarle a Talen cuando llegara el agente. Sin pensar en defraudar a su contratista, al que solo conocía por un seudónimo, esperó al AST durante varios minutos, en los que no ocurrió nada relevante, hasta que finalmente llegó con su compañera. Al ver esto, no perdió el tiempo y se comunicó con Talen; la pelea era inminente.

***

Al principio, el lugar estaba a oscuras, pero los faroles empezaron a iluminar intermitentemente y pudo ver que la zona se encontraba llena de sangre, sin que hubiera cadáveres a la vista; tampoco vio rastro alguno del responsable, que había reconocido como el mismo hombre del metro Mesdos, lo que significaba que por fin había llegado el día que tanto había esperado. Motivo por el que un sinnúmero de pensamientos y emociones se cruzaban en él. Sumado a la enorme ansiedad que sentía por estar en ese ambiente. Pero pudo controlarse y dejó de pensar en ello, al percibir que algo caía del techo hacia él. Instintivamente se dio la vuelta, creó una pistola y disparó; era una de las criaturas que vio en los vídeos que le había mandado Hiroi. De un solo tiro, el monstruo estalló en mil pedazos. Escuchó un potente griterío y vio salir en manada a los humanoides, que lo rodearon desde todas las direcciones. Creó una espada, convirtió su pistola en otra y se dispuso a enfrentarlos.

***

Después de haberse divertido bastante masacrando a las personas del hospital Baldin mediante esas marionetas, Talen, un shoort y, por lo tanto, un sirviente de Temáukel, se encontraba ahora jugando «DOOM Eternal», un emocionante videojuego, cómodamente sentado en una de las tantas hileras de asientos del hospital. Se había transfigurado a como lucía el día del ataque en la Estación Mesdos, esto con el fin de causar un mayor impacto en el suceso y en el mensaje que tenía que transmitir a todos los ciudadanos del Perú, al ser todo esto parte de una enorme estratagema en la que ya se encontraba trabajando desde hacía dieciocho años atrás con los otros seis reclusos, todos obligados a trabajar para el mismo misterioso individuo. De lo que no se quejaba, al tener esa clase de diversión. Menos ahora que estaba rodeado por la muerte de tantos. Mas se sentía algo triste por verse obligado a matar a una madre que, junto con su hija, enferma de Infección Gris, trato de escapar del sanatorio, ya que ambas le recordaron a la madre y hermana que perdió tiempo atrás, pero tenía que seguir las órdenes de Temáukel al pie de la letra, porque… de no hacerlo... en eso, Talen recibió una llamada de tipo confidencial, justo cuando estaba por matar al último demonio, que debía de ser de Sate, porque se le apareció en una PV con una silueta en blanco y una voz distorsionada.

—¿Eres tú, Sate?

—Sí, Talen, soy yo. Y te informó que el AST ya ha llegado.

—Bien, le abriré la puerta. Por cierto, Sate, ¿es realmente necesario que usemos llamadas confidenciales? He hackeado todo el sistema de seguridad del hospital, nadie puede vernos u oírnos aquí.

—Lo sé, pero así son las órdenes de Temáukel, Talen. Ya deberías saber que a él o a ella no le gusta dejar nada a la suerte. Pero, cambiando de tema, termina de holgazanear y deja que el AST ingrese.

—No me mangonees, Sate. —Cortó la llamada bruscamente, se vistió hasta el cuello con una NAR de color rojo intenso y dio una orden mental; cuatro humanoides se le acercaron y, junto con él, se camuflaron en el medio ambiente activando el CTO. Ya estaba listo para recibir al agente.

***

Los humanoides se le abalanzaron, luego de que tirara las espadas. Levantó el dedo y creó varias descargas eléctricas con forma de colibrí que fueron hacia cada uno de los mutantes, formando una red de alto voltaje que terminó por quemarlos y hacerlos explotar, desparramando sus miembros y entrañas por el suelo, sin dejar a uno solo con vida. Ahora lo único que le faltaba era ocuparse del terrorista chileno.

***

Talen, quien había visto la pelea de Kein contra los mutantes, se decepcionó por la rapidez con que esas inútiles marionetas habían sido eliminadas. Pero eso no le quitó el interés de luchar contra ese oponente, a quien estaba seguro de conocer de tiempo atrás, por lo que, en compañía de los últimos de esos seres desechables, se presentó ante el AST.

***

Antes de ocuparse del hombre que arruinó su vida y la de tantos otros, al verse libre del peligro que representaban los humanoides, pudo observar que sus restos se disolvían; estaban programados para eso. Pero antes de que pudiera analizar más las cosas, se percató que un colibrí de luz, al que solo él y los suyos podían ver, volaba hacia una de las hileras de asientos y se posaba en uno de los respaldares. Por lo que creo una pistola y dio un disparo ahí cerca, causando que el individuo rubio apareciera en compañía de cuatro mutantes.

—Magnífico, simplemente magnífico —le dijo aquel hombre, aplaudiendo mientras Kein le apuntaba con el arma—. Pudiste matar a todas mis mascotas sin siquiera recibir un solo rasguño y me detectaste; vosotros, los agentes de TRONES, son realmente increíbles.

—¿Quién eres? —le preguntó Kein, reprimiendo las ganas que tenía de dispararle; antes debía de sacarle la mayor cantidad de información posible—. ¿Y qué es lo que quieres?

La cámara aérea se posicionó a lado del AST mientras grababa al hombre rubio acompañado de sus mutantes.

—Soy Talen y lo que quiero es divertirme.

—¿Divertirte? —le preguntó Kein, escaneándolo al igual que escaneaba a los humanoides sin que Talen se percatara de lo que ocurría—. ¿A qué te refieres con eso?

—Mira a tu alrededor. ¿Acaso esto no es emocionante? —preguntó con ironía—. Estamos rodeados por la muerte y la miseria de los cientos que acaban de morir, ¿no encuentras eso divertido? Porque yo sí y me encanta. En realidad, nada más me importa. Ni las razones de mis jefes para ordenarme hacerlo ni las tuyas para tratar de detenerme. Siempre y cuando pueda experimentar y gozar con la carnicería, es suficiente para mí. —Terminó el escaneo y, según este, los mutantes eran el producto de la metamorfosis de civiles transformados por la unión de un sinnúmero de nanomáquinas muy avanzadas; en cuanto a Talen las defensas antingreso de su GIN eran demasiado fuertes como para entrar en su sistema por vía inalámbrica. Si quería saber los secretos que él guardaba dentro de la gema tendría que ingresar a ella manualmente, tal vez usando un CNC o ingresando a la mente del terrorista por medio de la aguja—. ¿Eso responde tu pregunta?

—¿Quiénes son tus jefes? ¿Cómo se llama vuestro grupo?

—Oh, por favor. ¿Acaso no es obvio que soy un soldado chileno? ¿y que sirvo a mi país? Pero, si quieres un nombre, nosotros nos llamamos los shoorts y estamos más que dispuestos a hacer lo necesario para ganar esta guerra, lo que sea. Por ejemplo, causar una masacre, atraer a un AST (el máximo soldado peruano) y aplastarlo frente a sus compatriotas para desmoralizarlos. Un buen plan, ¿no?

—Entiendo, pero antes, dime esto, ¿eres sí o no uno de los siete chilenos que causaron las masacres en los metros hace dieciocho años atrás?

—¿Oh, eso? Sí, sí soy uno de ellos. Y supongo que tú eres aquel niño que dejé con vida para que diera nuestro mensaje, ¿verdad?

—¿Cómo lo supiste? —preguntó Kein bajando el arma y quitándose el casco para ver al hombre que más odiaba en el mundo con sus propios ojos, sin la interferencia del yelmo.

—No olvides que te vi sin casco a través de las cámaras que estaban afuera del hospital. Cuando te conocí por primera vez, tenías la mirada de un muerto en los ojos, y aún la tienes. Puedes cambiar tu apariencia todo lo que quieras, pero gracias a mí siempre tendrás la mirada de un cadáver.

—Pues tú también tendrás esta mirada cuando separe tu cabeza del resto de tu cuerpo, maldito bastardo. ¿Porque sabes? El día de hoy me he relacionado con dos personas muy buenas que han buscado enseñarme que debo de ser piadoso con los criminales y dejar que el sistema los juzgue como dicta la ley. Pero no creo que ni a ellos ni a nadie le importe que me olvide de todo eso y te haga pedazos. Y es justamente eso lo que voy a hacer.

—¿En serio? ¿Crees que puedas? Si ya no eres el niño llorón que encontré ocultándose en el baño de mujeres, tal vez tengas una posibilidad. Veamos que puedes hacer. —Se puso entre risas el ultimó complemento de su NAR: el casco. Kein lo imitó—. Empecemos, estoy harto de tanta palabrería.

Talen tronó sus dedos y los humanoides, lanzando un grito feroz, saltaron entre las columnas de la zona para llegar hasta el AST, tenían las garras y dientes listos para atacarlo. Sin embargo, Kein, con unos cuantos disparos, los hizo explotar en el aire. Esta situación fue aprovechada por Talen para correr, mientras los mutantes saltaban hasta llegar a Kein y crear una enorme hoz. En tanto las bestias estallaban en cientos de pedazos, dio un gran salto para intentar cortar al Pishtaco por la mitad. No tuvo éxito, gracias a que Kein se agachó y dio después una voltereta hacia atrás cuando Talen trató de partirlo en dos una vez más. Creó un buen espacio entre ambos, le disparó desde el aire hasta caer de rodillas al piso. Tras eso, los dos corrieron para atacarse. En un rápido movimiento, Kein convirtió la pistola en una espada-sierra, que usó para dar inicio a una épica pelea.

Kein tenía una gran ventaja sobre Talen, que, pese a ser muy fuerte y hábil, no podía igualarlo en destreza y velocidad. Incluso usando unos proyectiles en forma de disco, que lanzó desde los brazos y que empleó para tratar de cortarle con los mismos, al poder estos atravesarlo todo como si fuera de mantequilla. Mas el AST esquivaba las arremetidas de su oponente y contraatacaba con ataques muy certeros, pero no podía atravesar su dura armadura apenas y logró provocar algunos cortes superficiales; esto le hizo entender que para atravesarlo necesitaba hacer que la espada-sierra fuera más afilada y aumentar tanto la musculatura como la velocidad de su cuerpo, y felizmente era completamente capaz de hacerlo.

—Al parecer, estamos igualados, niño —le dijo Talen después de que ambos se atacaron mutuamente y se alejaron para pensar en su próximo movimiento—. No puedo tocarte, pero tú no puedes atravesar mi armadura. Esto nos llevará toda la noche.

—No, no nos llevará toda la noche y no estamos igualados —contestó Kein, concentrándose para mejorar su arma, hizo que el filo fuera el de un potente e incisivo láser rojo que emanaba de ella pequeños rayos del mismo color—. Debes de saber algo, nosotros, los agentes de TRONES, elegimos a un animal que nos guste de las líneas de Nazca para que nos represente, porque con él simbolizamos nuestro poder. Y yo elegí al colibrí. Por el simple hecho de que es el ave más rápida y precisa de toda la tierra. —Se posicionó como un corredor y logró aumentar su musculatura; sujetaba con ambas manos la espada, listo para el ataque—. Prepárate para sentir todo su poder.

Siendo más rápido que el sonido Kein corrió hacia Talen, quien no pudo evitar que él le propinara dos certeros espadazos en el costado, de ese modo le causó un fuerte sangrado. Luego, saltando de columna en columna, como los mutantes, fue hacia Talen para apuñalarlo hasta lograr encajarle la punta de la espada-sierra en el tórax, empujó el arma hasta que chocara contra una columna cercana en la que hizo presión para que su arma atravesara la armadura, la caja torácica y el corazón del shoort, incluso traspasó el poste y le cortó los dedos cuanto este trató de sujetarle el arma.

—Demonios, niño —dijo Talen mostrándole su rostro contorsionado por el dolor—. Lo lograste.

Liberó la espada-sierra láser de la columna y vio a Talen desangrarse y pronunciar un sollozo de agonía, caía al suelo. Kein, sintió una extraña sensación de paz y se deshizo de su arma, se arrodilló y se puso encima de Talen para absorberle las memorias, pero, sorpresivamente, el cuerpo de Talen, de la misma forma que el de Keyaisl, comenzó desintegrarse hasta evaporarse en el aire, sin dejar ningún rastro. Dejando solo a Kein, viendo el panorama desolador, causado por la lucha, quien volvió a sentir angustia, más al recordar y percatarse que la cámara aérea no había dejado de grabar los sucesos, en ese instante la sujetó para aplastarla con sus manos, no sin antes decir:

—El espectáculo se acabó.  

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