QUIMERAS VISIONARIAS — Segunda Parte — Epílogo (Prototipo): Precauciones


— …y esa es la historia —dijo Dika al terminar de cortarle a Rayen todo lo referente a lo ocurrido en el Amazonas y durante la guerra contra Chile—. ¿Qué opinas?

—Para empezar, que el homúnculo me da algo de pena. Es decir, al fin de cuentas, era solo una pobre criatura que quería morir al no tener a nadie en el mundo que le hiciera compañía.

—Es cierto, pero eso no justifica que matara a personas inocentes que no le habían hecho ningún daño. Ellos no lo habían creado y no tenían la culpa de nada.

—Tienes toda la razón; aunque, si es culpa nuestra que tuviéramos a un traidor entre nuestras filas y que no nos diéramos cuenta de ello o de sus intenciones. Voy ordenar que investigan a los oficiales de mayor a menor rango para evitar cualquier filtración. Bajo ningún concepto podemos permitirnos tener traidores entre nosotros.

—¿Quieres que use mis habilidades para ver si encuentras a uno más adelante?

—No, Dika. Yo nunca voy a pedirte que uses tus poderes para ayudarme.

—¿Por qué?

—Porque estaría mal. Tú me has dicho que, por lo general, tus visiones vienen y van, no las controlas del todo. Ahora bien, imagínate que actúo por una premonición que has tenido, y ésta es incorrecta. Automáticamente se te echaría la culpa si las cosas terminan mal. Y no quiero eso. Además, ya tienes bastante con esos sueños incómodos. Por eso, nunca te lo pediré. Aunque claro, si vez algo en lo que estas completamente segura, te agradeceré que me lo digas, como lo haces ahora.

—Eres mi guardián, Rayen.

—Y tú mi salvadora, Dika.

Ambos se sonrieron mutuamente.

—Así que, el hijo de Kein y de Naiyomi, salvara el mundo. Es para volverse locos.

—Lo sé, pero ese es el futuro que veo y que siempre me llega en mis visiones. Por eso no puedo ignorarlo. Debo de actuar acorde a ello, y prepararme para lo que me espera. Para lo que nos espera a todos.

—¿Sabes algo? Cuando me narrabas tu historia, no he podido evitar recordar el día en que en que nos conocimos. Y, cielos, no sé cómo es que saqué el valor para invitarte a salir. Porque déjame decirte algo, Dika, eres una mujer increible, por eso y por mucho más.

—Pues me alegra que lo hicieras. —dijo ella sonriéndole y dándole un beso en el cachete.

—¿Continuamos en la mañana?

—Claro, aún tengo mucho que contarte. El viaje por el espacio, la cazería en la que ahora están Kein y Naiyomi; y, sobre todo, como es que el mundo murió y volvió a renacer.

—Eso me gustará mucho oírlo.

Apagaron las luces, tras terminar de revisar algunos documentos pertenecientes a los empleos de cada uno, y se fueron a dormir. Esa noche Dika pudo descansar sin ningún problema al lado de Rayen que la abrazó en todo momento.

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