QUIMERAS VISIONARIAS — Segunda Parte — Capítulo 5 (Prototipo): Victoria

 

Los tres estaban reunidos en la tienda de Rayen, dentro de la base ubicada en la Plaza Colón, al pie de la Torre Reloj. Hablaban con el general pues él les informaba sobre los tres objetivos que eran lo único que les impedía tomar la ciudad de Antofagasta.

— ...el portaaviones aéreo Tocuda, el Mall Plaza y el Hotel Terrado son las únicas sedes que se interponen en nuestro camino. Si los tomamos, conquistaremos la ciudad, pero, para eso, necesitaré que los tres trabajen simultáneamente. —Sin rodeos, les contó qué esperaba de ellos—. ¿Tienen alguna duda o pregunta que quieran hacerme?

No las hubo, se fueron a trabajar.

***

Muy por encima de la ciudad, flotaba el portaaviones Tocuda que debía de ser destruido para ganar la batalla aérea que se llevaba a cabo entre las fuerzas peruanas y las chilenas. Porque esa enorme construcción almacenaba, creaba y lanzaba a los aviones del ejército enemigo. Por eso, tenía que ser destruido. Una misión difícil, pero no imposible para un AST como Kein que iba manejando un avión de combate que se dirigía hacia el portaaviones. No sin antes batallar, al igual que sus compañeros soldados, contra los chilenos enemigos que se le cruzaban en el aire. Evadía sus disparos y misiles para luego contestar del mismo modo, hasta que llegó al portaaviones. Este lo atacó con su sistema de defensa y consiguió derribarlo. Antes de caer, Kein logró destruir una de sus cuatro turbinas principales al estrellar el avión contra el portaaviones, aunque saltó en el último segundo. Ya en el aire, hizo surgir de su espalda alas de metal que lo impulsaron hacia a la cabina de mando. Allí, al ingresar rompió la ventana, mató a todos los que estaban ahí dentro al hacer que sus alas se dividieran y se esparcieran en forma de plumas muy afiladas que se encargaron de masacrar a quienquiera que se cruzara en el camino. Por eso, dejó un rastro de cadáveres mutilados y ensangrentados. Al verse libre de los chilenos, pudo activar el sistema de autodestrucción de la Tocuda. Creó una aeromoto y se fue para ver desde lejos como el portaaviones estallaba en mil pedazos, así dio por concluida su parte en la misión. Ahora faltaba que Naiyomi y Zoe hicieran lo suyo.

***

El Mall Plaza era, como su nombre lo indicaba, un gran centro comercial, pero en tiempos de guerra se había convertido en el centro de comando del ejército chileno en la ciudad de Antofagasta. En tal lugar, se procesa la información que recibían de los soldados que batallaban por las calles de la ciudad. Desde allí, acorde con la situación, les daban las órdenes pertinentes de cómo actuar; por tanto, la destrucción de dicha área era de suma importancia para el avance del ejército peruano. Esa era la razón del ingreso de Naiyomi. Ella activó su CTO, se escabulló durante la lucha y fue hacia la parte trasera del Mall. Subió como una araña por las paredes de edificio hasta la azotea. Hábilmente, logró evadir a los soldados que  custodiaban esta zona, aprovechó que ellos estaban distraídos viendo una gran explosión en el cielo, seguida por la caída de grandes restos metálicos ardientes (de seguro la destrucción causada por Kein), para abrir un conducto de aire, introducirse por los conductos de ventilación y dirigirse, en silencio, hacia la habitación de mando, ubicada en una de las tiendas de Mall Plaza, en donde se recibían, analizaban y mandaban todos los datos a los soldados chilenos que requerían de esa información. Ingresó, esquivando a los soldados que custodiaban la puerta, bloqueó la entrada, a su vez la fundió y, luego, destruyó tanto el operador robot como la supercomputadora que manejaba con sus afiladas agujas. Su misión había concluido. No pasó mucho tiempo para que los soldados llamaran a la puerta pidiendo explicaciones y, al no obtener respuesta, la trajeron abajo. Para ese entonces, ella ya se había ido, les dejó un pequeño presente: una bomba incendiaria que se activó 30 segundos después de que tiraron la puerta quemándolos a todos.

***

La batalla comenzó y Zoe se desplazaba velozmente, evadía los disparos de los chilenos que se ubicaban en los balcones del Hotel Terrado. Era un gran edificio, casi un rascacielos, muy bien fortificado que servía como último bastión de la resistencia chilena ante la caída inminente de la ciudad. Lo que significaba que si caía, también lo haría Antofagasta. Algo en lo que Zoe no planeaba fallar. Por eso, mientras los soldados que lo acompañaban se enfrentaban a tiros con los enemigos que les disparaban desde los palcos; él, pese a no tener la súper velocidad de Kein, corrió lo más rápido que pudo hacia la entrada del Hotel. Se enfrentó durante el camino con todos los militares que intentaron detenerlo: a uno le seccionó los brazos y la cabeza con dos cuchillos-sierra que creó, a dos les cortó el cuello y a los otros les atravesó con las flechas de su ballesta que, a su vez, les congelaba partes del cuerpo, desprendiéndoselas. Hasta que por fin llegó a las puertas del Hotel, allí usó su singular visión, como estaban pintadas de negro pudo ver que detrás de ellas le esperaban más chilenos totalmente armados. Así que decidió congelarlas, juntó una enorme cantidad de agua en sus manos, lanzó el agua al igual que un maremoto contra las puertas congeladas, logrando romperlas por la presión. Así arrastró a los enemigos hacia adelante, usó el agua para inmovilizar a los chilenos en un remolino líquido y, luego de que entraran sus aliados, los liberó para que estos los remataran a tiros. Tras aquello, supo que la misión ya había terminado y que podía dejar el resto a los demás. Se juntó con Naiyomi y Kein y los tres fueron a reunirse con el general Rayen para darle las buenas nuevas.

***

—¿La ciudad ha caído? —preguntó Ferol algo enfadado por la noticia. Claro, eso era de esperarse, pero en el fondo esperaba aguantar por más tiempo o, al menos, el tiempo suficiente como para lanzar su arma secreta y así evitar el desastre. Tenía esperanzas en ella. Si en verdad era tan extraordinaria lograría recuperar no solo esa ciudad sino también Iquique y Arica de un solo golpe.

—Eso me temo, señor. —le contestó uno de los 10 consejeros, todos reunidos en el rascacielos La Gran Torre Santiago—. Pero, el proyecto quimeras ya está terminado y listo para usarse. Y, si da la orden, hoy mismo podemos soltar a centenares de quimeras que recuperarán la ciudad siguiendo sus órdenes.

Ferol sonrió y se preguntó si Allitos, quien no creía en la vieja tecnología de los antiguos, aún le daría las tablillas que encontró por él. Si supiera lo que estas eran capaces de hacer. Tal vez sí, tal vez no, no importaba. Ahora tenía en su poder al ejército más poderoso de la tierra y lo usaría para aplastar a los que se le opusieran empezando por esos condenados AST que le habían arrebatado tres de sus ciudades, localidades que tenía pensado recuperar a como de lugar.

—Suéltenlos. —ordenó dando una maliciosa sonrisa.

***

Era de noche y los cuatro jugaban póker alrededor de una mesa circular dentro de una pequeña habitación ubicada sobre la azotea del hotel Antofagasta. Kein y Naiyomi iban ganando, Zoe y el general Rayen llevaban las de perder. Fue entonces cuando Kein realizó un movimiento que tomó a todos por sorpresa, permitiéndole ganar la partida al fingir estar en desventaja.

—Nos engañaste, Kein. —dijo Zoe, mirando a su pupilo con orgullo—. Mordimos el anzuelo y caímos en tu trampa.

—Eso significa que podrás elegir quién de nosotros irá a relevar a los guardias de la zona suroeste. —afirmó Rayen tan sorprendido como todos—. ¿A quién eliges?

—A ninguno, yo iré a cambio de algo.

—¿De qué será? —preguntó Zoe, con sumo interés.

Kein se acercó a Naiyomi y le susurró algo en el oído que le puso la cara roja como un tomate.

—¡Kein! —exclamó ella, dándole una palmada en el hombro y le sonrió al igual que él.

—Iré afuera. —Se fue y todos miraron a Naiyomi.

—¿Te pidió practicar una nueva posición? —preguntó Zoe con malicia.

—Una dama no habla sobre esos asuntos. —dijo juntando las cartas—. ¿Seguimos?

 Volvieron a jugar póker y esta vez la apuesta era que el ganador…

***

Afuera había un clima lluvioso y tormentoso, pero eso no le molestó a Kein que caminó hacia los guardias que vigilaban la zona suroeste de la azotea, para pedirles que se fuesen a descasar, informándoles que él era el relevo. Se fueron y él se quedó solo, mirando los alrededores que eran opacados por el edifico del frente, el hotel Terrado que era casi un rascacielos. Este no se convirtió en su nueva base de operaciones por decisión del general Rayen que quería usarlo solo como un alberge en donde vigilarían a los soldados chilenos capturados. De repente, escuchó varios sonidos de patas que se movían. Al mismo tiempo, un relámpago iluminó el cielo y Kein vio a las mismísimas quimeras, con las que él y Naiyomi se había enfrentado dos meses atrás en el Amazonas. Trepaban como hormigas por las paredes del hotel. En poco tiempo, subieron hasta llegar donde él se encontraba, les disparó hasta rematarlas, pero pronto se vio sobrepasado por ellas y entendió que todos tenían que escapar, no del hotel sino de la ciudad de Antofagasta lo más pronto posible.

***

Vinieron de todas partes, en manadas. Actuaban como una plaga de langostas que mataban y destruía todo a su paso. Pronto todas las alarmas de la ciudad sonaron y sus calles se llenaron de cadáveres ensangrentados. Eran demasiado fuertes y nada parecía poder detenerlas. Nada. Ni siquiera los AST. O eso parecía…

***

—¿Escuchan eso? —preguntó Zoe poniéndose de pie, afilando su oído— No es una, sino varias alarmas.

—Y no solo eso. —dijo Rayen, levantándose como los otros— No dejan de escucharse disparos, ¿qué es lo que está…?

—¡Quimeras! —dijo un Kein jadeante, entrando al cuarto a prisa—. Somos atacados por quimeras, las mismas que vimos en el Amazonas.

—¿Qué? —preguntó Naiyomi, tan sorprendida como los demás—. ¿Estás seguro?

—Totalmente y son millares, tenemos que irnos de aquí.

En eso escucharon la explosión del helicóptero que estaba estacionado en el lado este de la azotea, ya no podían escapar. Por ello Zoe cubrió las paredes, el techo, la puerta y ventanas de la habitación con un muro de hielo, a tiempo porque comenzaron a escuchar golpes y alaridos provenientes de afuera.

—Eso las detendrá por ahora. —explico Zoe muy serio— Pero tenemos que ver la forma de cómo salir de aquí.

—Ya sé cómo —dijo Naiyomi mirando hacia una de las paredes de la habitación, creando una bola de fuego en la mano—. Todos prepárense.

Algunas de las quimeras que estaban afuera, salieron disparadas en todas direcciones cuando uno de los muros estalló y entre el humo salieron tres motos conducidas por los AST, con el general compartiendo asiento. Quienes condujeron a toda marcha hasta llegar al borde de la azotea, tirarse al vacio y hacer que los vehículos se eleven en el aíre, permitiéndoles escapar. Una de ellas les lanzó un grito de ira al verlos huir de la zona y por ende de sus garras.

***

Ferol estaba satisfecho. En una sola noche, con una sola tropa de su nuevo ejército, había reconquistado toda la ciudad de Antofagasta. Muy pronto, seguirían las demás y, después, un nuevo “Día rojo”, solo que esta vez sí lo conseguirían.

***

Estaban en problemas, eso era muy obvio. El avance del ejército chileno quimeriano era prácticamente imparable y la prueba de eso era que habían perdido la ciudad de Antofagasta y de Iquique, y estaban a punto de perder la ciudad de Arica. Pero lo peor de todo fue que Ferol había ordenado una segunda invasión al Perú, lo que empeoraba las cosas. Tenían que detener a esos monstruos a como dé lugar, de lo contrario sucumbirían ante el poder del país invasor. Y para evitar eso Dika, junto con el general Rayen y 30 de sus hombres estaban temprano por la mañana en el Nevado Ojos del Salado para instalar una torre que se encargaría de esparcir por el aire un polen muy especial que se encargaría de envenenar y matar a las quimeras que estaban tanto en Chile como en su país al ser conducido por los vientos del monte. Un veneno que no fue difícil de crear porque solo bastó capturar a algunas y hacerlas pasar por varios experimentos hasta averiguar cómo matarlas. Algo tan fácil para alguien como ella, como fue llegar hasta ahí e instalar la torre, pero lo difícil fue darle una respuesta al general cuando le hizo una proposición.

—¿Es en serio, Rayen? —preguntó en tanto, desde la computadora que estaba en la parte de abajo, hacía algunos ajustes a la torre—. ¿Me pides matrimonio? ¿Aquí? ¿Ahora?

—Bueno, como están las cosas… no se lo que podría pasar… —le contestó Rayen con una ligera sonrisa— …y no quisira arrepentirme de no haber hecho algo que realmente quiero hacer ¿Qué opinas? ¿Aceptas?

Dika sonrió. En su profesión como científica y AST rara vez conocía a hombres y sobre todo a hombres que valieran la pena. Y Rayen si que lo valia. Pero el compromiso no era exactamente lo suyo, más era cierto lo que decía… asi que tal vez… en eso, se acercó uno de los soldados con un mensaje urgente:

—Disculpen, pero hemos detectado que cuatro helicópteros se acercan a nuestra posición por el sureste.

—¿Chilenos? —preguntó Rayen con preocupación.

—Afirmativo, señor.

—Entonces, yo me ocuparé de ellos. —dijo Dika. Dejó la máquina y comenzó a caminar hacia donde el soldado dijo que venían los helicópteros chilenos.

—Espere, ¿vas a encargarte tú sola de ellos? —le preguntó Rayen tratando de detenerla al ponerse en su camino.

—Rayen, no olvides que soy una AST. —contestó con una sonrisa— No te preocupes por mi. Esteré bien. Mejor preocúpate por mantener a salvo la torre, mientras que yo me ocupo de esos helicópteros enemigos.

Abrió un agujero de gusano y se teletransportó a 10 kilómetros lejos de la torre metálica y cerca de los 4 helicópteros enemigos a los que vio a una gran distancia gracias a su extraordinaria visión. Ella, mediante sus excepcionales poderes psíquicos, pudo destruirlos. Los detuvo en el aire alzando sus manos y logró que chocaran unos contra otros al juntarlas nuevamente. No obstante, de las explosiones cayeron de pie 12 soldados chilenos que portaban armaduras tipo ASA, por ello pudieron sobrevivir a la destrucción de los transportes aéreos y ya se encontraban listos para dar pelea. Hecho que puso contenta a Dika porque desde hacía mucho tiempo quería volver a ponerse su armadura de AST para ejercitarse un poco. Se la puso y, alzando la mano, usó la presión mental para romper los campos de fuerza que protegían a los soldados que, al darse cuenta, le lanzaron una gran carga de proyectiles que nunca llegaron a tocarla, puesto que ella los detuvo en el aire con la mano y los redirigió hacia los soldados que usaron sus propulsores para evadirlos sin mucho éxito ya que algunos sucumbieron. Los demás los siguieron porque Dika creó dos dagas Sai y fue por todos ellos, impulsándose con su honda psíquica. Los despedazó con sus armas, los hizo añicos con su fuerza y los remató con sus habilidades mentales. Al terminar, la nieve estaba cubierta de sangre, carne y restos metálicos. Una vez cumplida su tarea volvió con los suyos.

—Dika, eso estuvo increíble. —La felicitó Rayen que, como los otros, habían visto la pelea con unos binoculares—. Perdona si te subestimé.

—No hay problema, suele pasar. —dijo Dika, dirigiéndose hacia la computadora de la torre— Ahora veamos si esto funciona. —Le hizo los últimos ajustes y la encendió. La punta de la torre se abrió como si fuera una flor y de ella salió un polen que comenzó a esparcirse por el aire—. Bien, ahora solo queda rezar y esperar. Ah, y… —miró a Rayen con una sonrisa— …me gustaría discutir tu propuesta con una copa.

Rayen la miró con una mirada de la que emanaba felicidad y dicha.

***

Todo iba según lo planeado. Y el capitán de la aeronave Mot, la nave principal que daba órdenes a las otras seis naves esparcidas por el departamento de Lima, no podía estar más contento. Más porque desde el puente de manda podía ver el avance del ejército chileno, tanto humano como quimeriano, por toda la zona, sobre todo por la ciudad capital del país. Estando ellos precisamente sobre la metrópolis a la que atacaban. Todo parecía marchar bien, pero algo llamó la atención de todos en el puente: de repente, por alguna razón, las quimeras, que seguían esparcidas por las calles, comenzaron a morir sin mayor explicación y eso no fue todo: un enorme grupo de individuos que vestían armaduras oscuras, como si se trataran de AST, masacraban con diferentes armas al ejército chileno. Tras ajustar el zoom, pudieron ver que en un alto edificio los miraba, con los brazos entrecruzados, el mismísimo Loan vestido con su propia armadura. Él, al permitir que su sombra se expandiera por toda la azotea del rascacielos (adoptando la forma de una ballena), dejó ver cómo salían los individuos de ropaje negro que saltaban a las calles con el fin de combatir contra sus tropas. A partir de ese momento, las cosas empeoraron: de la tierra salieron, unas largas y gruesas estalagmitas que atravesaron a cada una de las naves y las hicieron explotar. Incluyendo la suya, muriendo en pura agonía.

***

Hian los miraba desde las cámaras de seguridad de la isla artificial Pomu y también desde las videocámaras de la base científica Titec, a las que había hackeado igualmente. ¿Su misión? Detener la producción del ejército de quimeras y recuperar las tablillas que eran de vital importancia. Para lo que Zoe se encargaría de la distracción, así que estrelló un helicóptero en el centro de las instalaciones, e inició un tiroteo con los guardias. En tanto, Kein ingresaba en secreto a las instalaciones por los ductos del desagüe a los que Hian lo llevó en una lancha que luego ubicó debajo del puente que conectaba el islote con el continente de Chile, para sentarse y disfrutar del espectáculo, luego de camuflar la barca. Pudo ver como Zoe, tras ocultarse en un búnker de hielo que creó para atacar y defenderse, usaba sus poderes para que el agua del mar viniera y se juntara dentro del búnker, viendo también como enzima de éste se formaba el símbolo nazca del simio, a fin de que salieran potentes chorros de nitrógeno líquido por las aberturas del refugio que congelaron a los guardias y a las defensas de la base. También observó cómo Kein se hizo pasar por un científico, luego se encontró con Dalos y compañía, que pretendía escapar con las tablillas guardadas en un maletín, a todos ellos los mató a tiros para después provocar una reacción en cadena que causó una explosión catastrófica en 30 minutos. Tiempo suficiente para salir por la puerta principal, reunirse con Zoe que había acabado con todos, ir al puente, saltar a la lancha que ya no estaba camuflada e irse, no sin antes, disfrutar de los fuegos artificiales, producto de la gran explosión de las instalaciones Titec. Pero, aun poco antes de eso, Dalos le dijo a Kein que él y los suyos, jamas detendrían a los Hellmute y que su verdadero nombre era Belfegor, el mismo que el de un demonio del infierno. Una revelación que dejo confundido a más de uno.

***

…Pueblo de Chile, les hablo desde la Torre Entel. Mi nombre es Sira, soy de los suyos y quiero que escuchen esto…

“…¿Está seguro de querer hacer esto, señor presidente? Si las bombas nucleares caen sobre Arica matarán no solo a las tropas peruanas, sino también a las nuestras…Sí, háganlo nomas, esos soldados ya perdieron de todas maneras y son reemplazables… ¿Pero qué hay del pueblo? Cuando se enteren de esto…Escucha idiota, el pueblo no es más que una masa estúpida y manejable que solo sirve para mantener ciertos sectores del país. Bastará con que inventemos una buena historia y se lo creerán.  Así que pónganse a trabajar en una…”

…¿Todos ustedes han oído? Eso piensa nuestro gobernante de nosotros. A él no le importa sacrificarnos con tal de obtener lo que quiere. Por eso les pido que se levanten en armas y peleen contra ese monstruo que ha oprimido a nuestro país durante dieciocho años, sumergiéndonos en una guerra injustificada contra nuestro país vecino. ¡Levántense! Ahora es el momento.

***

Naira estaba complacida, todo había marchado perfectamente y acorde al plan: Dika puso en funcionamiento la torre que liberó el polen que mataría a las quimeras en cuestión de horas; Loan protegió exitosamente el país durante la segunda invasión; Kein y Zoe destruyeron las instalaciones en donde se fabricaban a las quimeras, recuperando las tablillas arcanas que estaba ahí dentro y Naiyomi ayudó a la líder de la resistencia para que diera el mensaje de rebelión que la población chilena necesitaba oír. Todo en un solo día, pero aún faltaba una última cosa antes de cantar victoria y poder descansar.

—Loan, quiero que los AST que aún están en Chile vayan y maten a Ferol. —le dijo a su exesposo luego de que él le diera las buenas nuevas a través de una PV. Ella se encontraba en su cuarto privado, dentro del bunker presidencial—. ¿Crees que sea posible?

—Sin problemas, ordenaré a Zoe que regrese con las tablillas y les diré a Kein y a Naiyomi que se ocupen de él. Te mantendré informada. —Cortó la llamada y Naira se dispuso a esperar. Pasaron dos horas en tanto ella estuvo ocupada viendo informes, cuando Loan volvió a llamarla—. Te tengo buenas noticias, Naira. Lo lograron. Ferol está muerto y la guerra terminó. Oficialmente ya se está anunciando en los canales de Chile.

—Bien, gracias, Loan. Te llamo más tarde. —Terminó con la llamada y se acomodó en su silla. Al fin todo había terminado y de ahí vendrían sucesos importantes: se harían celebraciones por la victoria, condecoraría a los héroes que ayudaron a ganar la guerra y nombrarían a un nuevo gobernante chileno. Probablemente a Sira, cuyo grupo revolucionario, según los datos que mandaron, había tomado el Palacio de La Moneda, el Palacio de los Tribunales de Justicia de Santiago y el edificio del Congreso Nacional de Chile. El Presidente del Congreso, con el aval de los congresistas, firmaría un acta de rendición en la que inevitablemente les entregarían Arica más una compensación económica. Algo que era irónico porque al final había ocurrido exactamente lo que Állitos deseó desde un principio. Pero eso ya no importaba. Ahora solo quería descansar. Por eso cerró los ojos y dejó que el sueño la venciera.

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