QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 4 (Prototipo): Un asalto sin respuesta


Sate, desde la ubicación secreta a varias cuadras lejos del MIRU de la calle Udul, la vio llegar y empezó a vigilarla, preguntándose si ella y Sanu estarían a la altura de la misión que se les había encomendado; de no ser así, las dos estarían caminando hacia su sentencia de muerte, sin importar que el AST decidiera aparecer.

***

No le gustaba la idea, pero tenía que hacerlo. Su familia necesitaba el dinero. Sobre todo, su pequeña hermana. Además, según le explicaron, lo único que harían era entrar al banco para intentar hackear el sistema y robar un poco del dinero electrónico almacenado en los centros de datos de los servidores guardados dentro de la bóveda. Por lo que nadie saldría herido. Y, para ello, lo único que tenía que hacer era subir un montaje en el sistema de grabación que borraría todo lo hecho por el hacker que haría su jugada ese día. Teniendo eso en mente, se puso a trabajar con la seguridad de que todo iría bien y acorde al plan.

***

Una mujer que tenía el rostro oculto por una máscara, cargaba un gran maletín de metal mientras caminaba de lo más normal por la calle Udul. Sin tener reparos, pese al aspecto que tenía, comenzó a subir por las escaleras del MIRU, pasando entre los dos guardias que estaban en la puerta de la entrada para pasar a un área que estaba entre la salida y el ingreso, cuya puerta cerró frente a ella.

—Disculpe, señorita —le dijo un guardia que estaba sentado en otra habitación al costado de la que se encontraba observándola a través de un muro de vidrio, cuya voz salía de un parlante—. No puede entrar porque el sistema ha detectado que usted puede crear armas de fuego. Si quiere ingresar, debe de permitir que le instalemos una CS de bloqueo en su GIN; además, tiene que deshacerse de la máscara que lleva, de lo contrario no se le permitirá pasar.

—Eso no será un problema —respondió la mujer, caminando hacia adelante y cortando la puerta con 2 afiladas hojas que creo en ambos brazos para luego dar una potente patada logrando así destruir el portón de vidrio reforzado que le impedía ingresar al MIRU. Ya dentro, se vistió con una NAR de color rojo para acto seguido crear una ametralladora, dispar varias veces al techo, gritando a los presentes—: ¡Fuera!

Todos la obedecieron, salvo los guardias de seguridad que, desde el círculo del segundo piso, le apuntaron con sus armas, así como los del primero, que se colocaron frente a ella.

—¡Quieta! —le ordenaron. La mujer creó otra ametralladora y, sin moverse del lugar ni nada por el estilo, los mató a todos solo presionando los botones de las armas dejando que los proyectiles autodirigidos fueran hacia los blancos que les correspondían. Matando y masacrando a los guardias que, pese a que también respondían, no podían atinarle, ya que aunque las balas llegaban hacia ella, estas la atravesaron como si se tratara de un holograma o, mejor dicho, al igual que alguien que podía desplazarse tan rápido que puede esquivar objetos, sin tener que deslizarse de donde está.

—Bien hecho, Keyaisl —le dijo una mujer que tenía puesta también una máscara y que había estado viendo todo desde el exterior de la puerta del banco, pero que ingresó al ver concluida la pelea—. Ahora enciende el CET para que yo me ocupe del resto.

—Lo haré, pero no cantes victoria tan fácilmente, Sanu —repuso Keyaisl, desmaterializando las armas para luego arrodillarse junto al maletín—. La policía llegará en cualquier momento y es muy probable que el Pishtaco venga con ellos.

—Lo sé, solo preocúpate de que nadie ingrese y yo me ocuparé de la bóveda; y una vez que me haya apoderado del artefacto, te ayudaré.

—¿A vencer al Pishtaco? —preguntó Keyaisl, poniendo un código en el panel del maletín para que este se abriera y revelara lo que en su interior había: una barra de metal con un cristal en la parte superior, una esfera de color rojo debajo de la barra y, alrededor de ella, cuatro frascos transparentes que guardaban un sinfín de nanomáquinas que estarían bajo el control del ECNA una vez que lo activara.

—No, a huir de él —le respondió Sanu, mientras su compañera sujetaba el CET con el que podrían, si bien no abrir la bóveda del banco, evitar que se teletransportaran los objetos (incluyendo el dinero, aunque no era necesario) a los almacenes subterráneos—. Honestamente dudo que tú y yo, incluso juntas, podamos llegar a vencerle; es mejor que en la medida de lo posible lo evitemos. Procura escapar si es demasiado para ti.

—Como digas —concordó Keyaisl, luego presionó uno de los botones del CET para que este se extendiera, el mismo que tomó la apariencia de una lanza que clavó fácilmente en el suelo. Al sostenerla bien erguida, consiguió que liberara un campo de energía que, en vez de proteger lo que adentro había, estaba diseñado para deshabilitar todas las trasmisiones que se hicieran al exterior o al interior, salvo las suyas, con lo que consiguieron sacarse un problema de encima.

—No lo olvides —le recordó Sanu, caminado hacia la bóveda que estaba en la parte trasera del banco—: huye si es demasiado poderoso para ti.

Sanu se fue, rápidamente Keyaisl presionó un botón que estaba dentro del maletín, activó el ECNA, que se elevó hasta llegar al cielo raso, provocando que las tapas de los frascos se abrieran y que de ellas salieran una enorme cantidad de nanomáquinas que formaron, casi al instante, nano-guerreros robots que seguirían sus órdenes al ser controlados por la esfera rojiza, que estaba bajo su poder. Escuchó a lo lejos las sirenas de la policía y, reuniendo a los robots, dio la orden para que se pusieran en todas las ventanas y en la azotea del edificio; su misión era disparar a cualquiera que tratara de aproximarse al banco. Pese a los riesgos, no tuvo miedo. No solo por ser valiente, sino por ser leal hasta el final a aquellos que le darían la libertad que tanto añoraba.

***

—Menos mal que llegaron —les dijo Damián al verlos acercarse con sus respectivas armaduras puestas—. Tenemos serios problemas aquí.

El MIRU de la calle Udul se encontraba completamente rodeado por policías que no cesaban de disparar a los individuos de la azotea y de las ventanas del banco que, pese a que eran alcanzados y derribados por los disparos, no dejaban de contraatacar; no le fue difícil a Kein imaginar la razón por la que Damián le había pedido imperiosamente que viniera a ayudarles.

—¿Cuál es la situación?

—Hace treinta minutos una persona, aún sin identificar y vestida con una armadura de combate, según nos dicen los testigos, ingresó al banco por la fuerza e hizo que todos los civiles salieran —le explicó Damián—. Creemos que luego mató a todos los guardias que estaban dentro para después soltar a estos nanorobots a los que enfrentamos ahora. Tenemos francotiradores en los tejados y atacamos con todo lo que podemos, pero cada vez que derribamos a uno aparece otro o se regenera para seguir atacándonos.

—Y por eso quieres que Kein se ocupe de esto —dedujo Valeria—, ya que él tendrá más posibilidades de derrotar a esos nanorobots que cualquier otro policía, ¿verdad?

—¿Y quién mejor que él? Pero, Kein, quiero dejar en claro que yo no apruebo a los AST, si bien puedo admitir que son de mucha utilidad en situaciones así, no estoy de acuerdo existan personas que actúan afuera del sistema, porque las leyes deben de ser respetadas y el fin no justifica los medios.

—Concuerdo con usted, pero cuando las normas y el procedimiento legal son insuficientes, entonces es necesario ir más allá para hacer lo correcto y es ahí cuando nosotros intervenimos, porque leyes existen para servir al hombre no para hacerlo su esclavo. —dijo Kein, pasando la mirada de él, al edificio y a los nanorobots, que no dejaban de disparar—. Es mejor que me ocupe de ellos antes de que cualquier otro salga lastimado.

—Alto, Kein. —Ella lo detuvo y le sujetó del brazo cuando el joven AST empezaba a caminar hacia el banco—. ¿Qué planeas hacer?

—Mi trabajo. No te preocupes, estaré bien. —La besó en los labios—. Simplemente espérame aquí, ¿de acuerdo?

Valeria lo soltó y él caminó a través de los autos de la policía, hasta situarse entre estos y el tramo que tenía que recorrer para ingresar al banco. Escaneó a los nanorobots, confirmando lo que eran y lo que tenía que hacer para destruirlos, y buscó, usando su visión que podía atravesar paredes, el ECNA que los controlaba. Lo localizó en el cielo raso dentro del edifico para después reparar en el CET y en el maletín que estaban en el suelo, y sin pensarlo demasiado, creó una pistola con la que disparó una potente bala perforadora que atravesó los muros del edifico hasta impactar en la esfera rojiza, sorprendentemente esta soportó la descarga; poseía un resistente campo de fuerza que repelió el proyectil, el que cayó en el suelo sin causarle ningún daño.

—Debo hacerlo de cerca —dijo Kein en voz alta, materializó una moto oscura que usó para recorrer todo el camino hasta la puerta del banco, sin preocuparse por los disparos de los nanorobots que no pudieron ni dañarlo ni atinarle. Se estrelló contra la puerta, la hizo añicos, y desmaterializó su vehículo al situarse debajo del ECNA. Al ver que los nanorobots se le venían encima, creó dos pistolas con las que les disparó proyectiles que, al ingresar en sus cuerpos de metal, explotaron desperdigando sus restos por el suelo. A los que estaban cerca de él, en tanto, portando diferentes armas de corto alcance, los redujo a pedazos al convertir sus pistolas en dos espadas. Hecho esto, volvió a materializar unas robustas pistolas que usó para dispararle al ECNA cinco potentes balas perforadoras que hicieron que el suelo en el que estaba se agrietara por la presión. Destruyó así el campo de fuerza y, con él, la esfera rojiza. Todos los nanorobots se desintegraron en el aire, sin dejar rastro.

—Muy bien hecho, Pishtaco —le dijo una voz femenina que venía de arriba, Kein pudo ver cómo una mujer caía de pie al suelo, tras saltar desde el círculo del segundo piso—, pero ahora te enfrentarás a mí, y te advierto que no soy un oponente fácil de vencer.

—¿Quién eres?

—Mi nombre es Keyaisl, y eso es todo lo que necesitas saber —dijo la mujer, sacando de los brazos dos hojas muy afiladas—. ¿Empezamos?

Sin nada más que decir, Kein juntó sus armas, creó una espada-sierra y adoptó una pose de pelea; Keyaisl, por su parte, usó los patines de sus botas de hierro, corrió en círculos alrededor de él a gran velocidad, para tratar de confundirlo y cortarlo a la menor oportunidad. Kein evadió todos sus ataques y se defendió con el arma recién formada. Ambos se sumergieron en una velocísima pelea en la que Keyaisl, aprovechaba la gran rapidez que tenía por los patines de hierro, embestía con rápidos movimientos y estocadas que no lograban herirlo, pues Kein se defendía y repelía los ataques con la misma precisión que ella, lo que convertía esa batalla en una danza de espadas que parecía no tener fin. Hasta que, mediante un certero y sorpresivo movimiento, Kein logró cortar los brazos y las piernas de Keyaisl, tirándola contra el suelo y dejándola boca abajo. Gracias a que pudo ver todo en cámara lenta por medio de las nanos.

—¿Cuál es tu meta? —le preguntó Kein a la vez ponía la espada-sierra sobre el cuello de Keyaisl—. ¿Qué buscas obtener con todo esto?

No le dijo nada.

—Respóndeme —ordenó Kein volteándola con el pie— No creo que seas una simple ladrona, como tampoco creo que estés trabajando sola. Dime la verdad y no te hagas la muerta. Las nanos de tu GIN te están curando la hemorragia.

—Estúpido —le dijo Keyaisl, revelando el rostro de una mujer de cabello y ojos plateados que sangraba por la boca—. Esto aún no se acaba. —para la sorpresa de Kein, los miembros cortados de la ladrona se regeneraron al instante, y esta se apartó del agente rearmándose— Todavía puedo luchar contra ti.

—Así que es eso, tienes nanos regenerativas que te sanan a nivel molecular. Pero no te confíes. Solo es necesario destruir o cortarte la cabeza para matarte e incluso bastaría con atravesarte el corazón, y ni estas te volverán a armar.

—En ese caso, te ahorrare el trabajo. —dijo Keyaisl sonriendo como si le hubieran dado la mejor noticia de su vida para acto seguido, usando las hojas de sus brazos, cortarse la cabeza. Dejando impresionado al AST— Ya era suficiente… cumplí con mi labor…ahora solo quiero descansar y ser libre.

Kein pudo ver que la GIN de Keyaisl adoptó un color negro intenso y tanto ella como la gema comenzaron a desintegrarse frente a sus ojos, hasta no quedar absolutamente nada de la ladrona. Ni siquiera un minúsculo cabello. De pronto, se percató que ingresaban Valeria, Damián y los demás oficiales de policía.

—Kein, ¿te encuentras bien? —le preguntó Valeria, caminando hacia él.

—Sí, estoy bien —le respondió Kein, quitándose el casco sin dejar de mirar el lugar donde antes estaba Keyaisl—. Estoy bien.

No podía dejar de preguntarse qué clase de infierno tuvo que soportar para desear la muerte y que secretos debía de conocer esa mujer como para que tuviera que ser silenciada y borrada de esa manera.

***

—Eso ha sido un buen espectáculo, ¿no lo crees así, Sanu? —le preguntó Sate a Sanu, quien ya estaba a salvo, fuera de la escena, mirándolo todo desde la azotea de un edificio cercano al MIRU.

—Sí, aunque es una lástima lo de Keyaisl —mencionó sin sentir realmente nada por la muerte de su compañera shoort, debido a que el verdadero plan que habían orquestado sus jefes Howenhs era justamente ese. Las cámaras no le habían preocupado en lo más mínimo, no solo por el CTO especial que poseía al igual que los otros shoorts, sino porque estas no la mostrarían ni a ella ni a la conversación que tuvo previamente con Keyaisl ni nada que diera a entender que hubo dos personas involucradas en el asalto al banco. Gracias al soborno que hicieron con uno de los vigilantes de la entidad bancaria (quien había muerto en el asalto al banco), para que subiera un montaje en donde solo se veía a Keyaisl—. Pero qué se puede esperar de una mercenaria de tercera.

—No seas tan dura con ella, Sanu. Hizo su trabajo y lo hizo bien. Y ahora nos toca a nosotros hacer el nuestro. Por cierto, ¿estarás bien, ahí, esperado tú sola?

—Por favor, Sate. No me trates como si fuera una niña. Llama a Talen y asegúrate que haga bien la siguiente fase del plan, que no quiero tener a la policía y a un Pishtaco persiguiéndome por toda la ciudad.

—Como digas.

Sate cortó la llamada y ella se imaginó que en esos momentos debía de estarse comunicando con el otro shoort. Y Sanu no pudo evitar preguntarse quién ganaría aquel encuentro que era parte del plan de sus jefes: ¿Talen o Kein? Se inclinó a favor del agente de TRONES por lo ocurrido en el banco.

***

—Bien, ahora abra la bóveda. —le pido Kein al jefe del banco que en este momento estaba junto con él, Damián, Valeria y otros policías, viendo la zona en busca de pistas— Y, dígame, si falta algo o si hay alguna anomalía dentro de ella.

—Muy bien. —respondió el hombre dándole a la gran puerta la orden de abrirse por medio de la GIN, analizando todo lo de adentro una vez que esta estuvo abierta, mostrando un sin número de compartimentos en los que se almacenaban los tesoros de los clientes, estando muy al fondo los servidores que almacenaban tanto el dinero electrónico como la información clasificada de los usuarios— No hay nada. Todo está tal y como se dejó al cerrarse. Nada falta y no hay ninguna anomalía.

—Pero aun así esto muy extraño. —dijo Kein entrando un momento a la bóveda para luego salir— No hay marcas ni intentos de abrir la bóveda, es como si simplemente su objetivo no hubiera sido robarse nada del banco.

—Tal vez esto no era más que una distracción para realizar una acción que preferían hacer sin ningún tipo de interferencia. —mencionó Damián llamando la atención de todos— Sé que suena muy conspirativo, pero podría ser.

—O, al revés. —razonó Valeria siendo ahora el centro de atención— Si quieren algo del banco e hicieron esto para ver a lo que se enfrentarían, y ahora la verdadera distracción va a comenzar.

—Ambas son válidas. —concordó Kein para luego mirar al jefe del MIRU— Disculpe, ¿podemos hablar en privado? Tengo algo que pedirle.

—Claro. Sígame a mi despacho

Los dos se fueron, dejando a los policías con la puerta de la bóveda cerrándose detrás de ellos. Y Valeria no pudo evitar preguntarse qué le quería pedir el AST en secreto al jefe bancario. Aunque de seguro pronto sabría el que.

***

—¿Quiere que le dé una lista completa de todos los objetos que guardamos en el banco? —preguntó el jefe del MIRU, que estaba ahora a solas con Kein en su oficina.

—Sí —confirmó Kein, tras recibir las grabaciones de las cámaras de seguridad que le había solicitado, las cuales, por desgracia, solo mostraban el accionar de Keyaisl, más no se veía a ningún otro ladrón en el banco, solamente a ella—. Sé que lo que pido viola las normas de privacidad de la empresa en la que trabaja, pero, como usted bien sabe, ningún ladrón, en su sano juicio, trataría de robarle algo a una entidad bancaria, por lo que hay razones de sobra para pensar que esta mujer no era una simple ladrona y que hay alguien más peligroso detrás de todo esto. Es por ello que necesito que me facilite esa lista; si dejamos de lado el beneficio económico, es muy probable que el objetivo apunte a algo que guarda dentro de este banco. Y necesito saber qué es y, si es necesario, transportarlo a un lugar más seguro.

—Entiendo —convino el jefe, que lo había visto todo por las videocámaras del banco desde su oficina que era tan segura como la misma bóveda del edificio, que había cerrado cuando los guardias le advirtieron del atraco—. No hay problema, le mandaré en media hora toda la información. Le agradezco que me lo haya pedido en privado.

—Gracias. Aquí tiene mis datos para que esté en contacto conmigo.

***

Llegaron al apartamento en la moto negra de Kein y apenas cerraron la puerta, ella fue a abrazarlo para, sin decirle nada, darle un amoroso beso que no evitó que le reprochara por lo ocurrido:

—Kein, estuviste increíble. Pero, por favor, aunque seas un Pishtaco, ten más cuidado en el futuro. No quiero perderte de nuevo.

—No me perderás. —La tomó de las manos y la miró a los ojos—. Nunca me perderás.

—Espero que tengas razón. Dime, ¿qué harás ahora?

—Ahora voy a informarle a Loan de lo sucedido en el banco.

—Sígueme y hazlo en la cocina que voy a preparar algo de café para los dos.

Fueron a la cocina, él se sentó a la mesa y ella se puso a preparar el café; sin poder evitar verlo a los ojos debido a que brillaban como señal de que su cerebro copiaba y mandaba a Hiroi, quien se lo daría a Loan, todos los recuerdos que tenía sobre el atraco al banco. Recibió, poco tiempo después, órdenes de descansar y de proseguir al día siguiente con la misión que se le había encomendado.

—¿Todo bien? —quiso saber Valeria, quien servía una taza de café Altomayo que invadía todo el ambiente con su aroma.

—Sí, solo me piden que descanse. Eso es todo.

—Qué bien —mencionó ella, tomando su propia taza de café— Por cierto, ¿ya viste las noticias?

—¿Las noticias?

—Mira esto.

Proyectó con su GIN una PV que mostró un titular muy interesante:

«Noticia de último minuto: un atraco bancario es detenido gracias a la intervención de los prestigiosos agentes especiales de la afamada megacorporación TRONES, mejor conocidos como los Pishtacos».

—¿Cómo es que se enteran? —se preguntó en voz alta.

—Tienen informantes en la jefatura, léelo.

Se puso a leer el artículo, que ella puso entre los dos.

«Esta misma tarde, en la ciudad del Cusco, una ladrona, fuertemente armada, y aún sin identificar, trató de robar el MIRU de la calle Udul, asesinó a todos los guardias de seguridad del banco, pero dejó ir, increíblemente, a todos los civiles. Luego soltó a un pequeño ejército de robots instantáneos que evitaron que la policía pudiera ingresar en el edificio, mas no fueron rivales para el Pishtaco quien se encargó por sí solo de los robots y de la bandida, retirándose luego de la zona sin prestar mayor declaración».

El artículo incluía muchas fotografías y vídeos del enfrentamiento que había ocurrido tanto afuera como en el interior del banco.

«Lo que demuestra una vez más que estos personajes son una fuerza necesaria para mantener la paz y la seguridad en nuestro país».

Muchas fotografías de AST sobre motos y con las características armaduras oscuras, junto a sus correspondientes símbolos Nazca en la espalda, aparecían en la noticia.

«Aunque no faltan quienes los tachan de simples sicarios protegidos por el Gobierno, pero las cifras hablan por sí mismas.».

—Ahora no solo eres famoso, Kein —le dijo, mirándolo con admiración—. Eres un héroe.

—En realidad no creo que sea para tanto, solo hacía mi trabajo —comentó él, un poco avergonzado.

—Eres demasiado modesto, Kein —concluyó ella—. Eso no está mal, pero tampoco deberías minimizar tu trabajo. Es decir, de no ser por ti, muchos de nosotros hubiéramos muerto por culpa de esa ladrona y sus nanorobots.

—Supongo que tienes razón, pero… —dijo adoptado una postura más seria— …debes de entender que, lo que te dije es cierto, la razón por la que elegí esta vida fue para vengarme del asesino de mis padres.

—¿El chileno rubio del metro?

—Ese mismo. La sola idea de partirlo en dos es lo me ha estado dando fuerzas. Honestamente, apenas me importan los demás. Y te lo digo para que no tengas una idea errónea sobre mí. No soy un héroe y no busco hacer el bien.

—No lo creo, Kein. ¿Alguna vez me has preguntado por mis razones para convertirme en una agente de policía?

—No, no lo hice, pero me gustaría saberlo.

—Por Damián. Tras la muerte de mis padres, yo estaba descarriada, pero él me mostro el buen camino. Se convirtió en mi modelo a seguir. Por eso no dudé en ingresar en la policía. Para poder ayudarle y protegerle como él me había protegido a mí. Y créeme que no elegí esto al azar. Sabía que tendría que enfrentarme a criminales y que expondría mi salud física y mental. Y, aun así, la elegí para dar así mi granito de arena y hacer de mi ciudad un lugar en donde se pudiera vivir en paz, y creo que tú también quieres hacer lo mismo. Kein, yo no creo que eligieras ser un pishtaco solo por venganza y la verdad es que creo te uniste a ellos porque no querías que algo como lo ocurrido en los metros volviera a pasar, ¿verdad? Es más, estoy segura que tú, realmente con esto, has querido que tus padres se sientan orgullosos de ti, porque ahora puedes salvar y proteger a personas de indeseables. Y, en mi humilde opinión, te puedo asegurar que ellos, desde el cielo, te están mirando y están muy felices con la persona que eres ahora.

—¿En serio lo crees?

—Claro que sí —le respondió tomándolo de la mano—. Al igual que yo. —Ambos sonrieron— Y, por cierto, yo también tengo otra razón para unirme a la policía, algo parecida a la tuya.

—¿Cuál?

—Justicia.

—¿Justicia? ¿Quieres ajusticiar a alguien?

—Sí, quiero que los responsables de la muerte de mi padre paguen por lo que le hicieron.

—¿Pero no me habías contado que él se había suicidado?

—No te conté los detalles. La verdad es que lo hipnotizaron por medio de una máquina de hipnosis e hicieron que el mismo se suicidara.

—¿Quiénes y por qué?

—Por Medardo, uno de los líderes del Hampa que vive aquí en la ciudad. Puede que no lo parezca a simple vista, pero él controla todo el crimen organizado del Cusco, fingiendo ser un simple empresario teatral. Él dio la orden y lo hizo porque mi padre, que era policía y compañero de Damián, había descubierto que tenía una asociación con el anterior el jefe de policía. Se enteró de lo que sabía y, antes de que lo pudiera hacer público, ordenó que lo mataran. Yo, ese día, no estaba en casa, sino en la escuela, y, cuando llegué, lo encontré ahorcado del techo con una nota de suicidio debajo de sus pies.

—Lo siento mucho, Valeria.

—Está bien. Lo que importa es que ni yo ni Damián nos creímos el cuento que mi padre estuviera tan deprimido por la muerte de mi madre que decidirá quitarse la vida, dejándome prácticamente sola en el mundo. Por eso él comenzó a investigar en secreto lo ocurrido y descubrió que en mi GIN había una copia de toda la información incriminatoria que mi padre había almacenado en la suya, pero que fue borrada por quienes le atacaron. Y esos datos fueron suficientes para el jefe supremo de la PNP mandara el arresto inmediato de ese policía corrupto que cayó junto con muchos otros más. Pero, si bien hubo un largo proceso judicial, Medardo salió libre porque convenció a ese cerdo a echarse toda la culpa de lo acontecido, incluso a decir que él era en realidad el líder que controlaba esa parte del bajo mundo. Que, aunque no lo creas, funciono.

—Eso está mal.

—Ya lo creo, pero es así nuestro sistema de justicia, no es perfecto, más no hay otra cosa.

—Y por eso te hiciste policía, porque quieres llevar a ese hombre y a sus cómplices tras las rejas empleando el sistema que ellos mismos burlaron.

—Así es. Y Damián, que fue ascendido a jefe por lo que hizo, me dijo claramente, el día que le conté que quería ser policía, que no me permitiría unirme o quedarme en la fuerza si buscaba venganza. Bueno, pues no la busco. Yo lo que quiero es justicia, algo muy diferente.

—Respeto todo lo que has dicho. Aunque, dime, ¿de casualidad quieres que te ayuden en esto o que yo…?

—Mira, no te voy a mentir. Si, una parte de mí desea fervientemente ver muertos a todos los responsables de la muerte de mi padre, pero no puedo sucumbir a esos deseos. Si lo hiciera, sería como votar a la basura todo lo que Damián me enseñó. Además, hay que ser realistas, tú, pese a que tienes “licencia para matar”, no puedes ir por ahí matando a cada criminal que te encuentres, no está bien. Es decir, esto no es Marvel y no eres el Castigador con permiso del gobierno para actuar. Y, los criminales, por más ruines que sean, no dejan de ser seres humanos con tantos derechos como tú y yo.

—Sí, tienes razón. Además, nosotros los AST también nos regimos por reglas y normas. Por ejemplo, si podía matar a esos sicarios que entraron en esa tienda porque representaban una amenaza para todos y nos estaban amenazando. De lo contrario no hubiera actuado como lo hice.

—Lo cual está bien, ya que no debes de extralimitarte con los derechos que tienes. Pero, ya que lo mencionas, ¿sabes de que iba todo eso?

—La verdad no. No tengo ni idea, pero mandé la información para que sea analizada. Ya me darán los resultados más adelante. Ahora, solo queda hacer lo que me dijeron que haga y esperar.

—Bien, ¿continuamos?

Eso lo tomó por sorpresa, más supo al instante lo que ella deseaba, le contestó con una sonrisa y, en pocos minutos, ambos se encontraban haciendo el amor frenéticamente sobre la mesa de la cocina. Y hubieran seguido y seguido hasta la llegada de Damián, pero ese día estaba plagado de acontecimientos inesperados. Cosa que Valeria comprobó al ver como los ojos de Kein brillaban, lo que significaba que recibía nuevas instrucciones. Esto lo obligó a adoptar, a cada momento que pasaba, una mirada más seria en el rostro.

—Kein —preguntó Valeria, con preocupación—, ¿qué ocurre?

—Ha habido una masacre en el hospital Baldin.

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