QUIMERAS VISIONARIAS — Tercera Parte — Capítulo 1 (Prototipo): Los pistoleros

 

Nerdi es una pequeña aldea que se caracteriza por su forma circular y por tener cuatro salidas que van al exterior de la misma, desde el centro de su plaza; ubicándose entre los departamentos de Tumbes y Piura. Y, cuyos habitantes pese a la creencia popular, no viven en un ambiente de miseria, sino en un entorno, simplemente, no tan tecnológico como el de las grandes ciudades, siendo entonces, mucho más campestre que éstas. Dejándola, de esa forma, casi exiliada y a su suerte al no contar con los medios apropiados de comunicación entre pueblos y ciudades del país. Siendo, en este caso, el blanco perfecto para problemáticos individuos como los cuatro sujetos que estaban causando un gran alboroto en la taberna Jalbana ante la atenta mirada de la hija del dueño, Moira una bella joven de cabello anaranjado y de unos preciosos ojos verdes que al ver como éstos se estaban comportando, se dirigió hacia su padre, un hombre de nombre Utson quien se encontraba detrás de la barra de atención, de ese pequeño establecimiento de, tan solo, seis mesas ubicadas en una gran sala cuadrada, limpiando los vasos sucios con un viejo trapo de seda.

—Papá… —le dijo Moira en voz baja y señalando a los cuatro individuos, quienes estaban sentados en las sillas del tercer mueble, junto a la pared del salón, a la izquierda de la barra— ...esas personas, desde que han llegado, no han dejado de causar alboroto y ya empiezan a molestar a los demás clientes —su padre la miró para después observar, cautelosamente, a esos cuatro y ella continúo—. Creo que es mejor que les pida que se retiren.

—Está bien, hija. —dijo Utson dejando el vaso y el trapo sobre la barra, sin dejar de miran a esas personas que se vestían como malandrines—. Hazlo; pero ten cuidado.

—Sí, papá. —dijo caminando hacia los hombres, los cuales no paraban de reírse de sus tonterías—. Disculpen caballeros… —todos se callaron y la miraron fijamente— …perdonen que les interrumpa pero he de pedirles que, por favor, bajen la voz y que…

—No nos molestes, nena —la interrumpió uno que estaba sentado a su derecha; terminando de tomar la cerveza del vaso y sonriéndole de una forma muy desagradable—. Vete a traernos más tragos, ¿Quieres? 

Y, al decirle eso, éste le dio una palmada en el trasero; lo que provocó que ella le respondiera dándole un bofetón en la cara.

—¡Ya fue suficiente! —exclamo Moira mirándolos con furia y señalando la salida—. ¡Lárguense de aquí o llamaremos al comisario!

—Oye, cariño —dijo otro, que estaba sentado a la izquierda del que le tocó los glúteos, levantándose de la silla y mirándola fijamente—. Mi amigo tan solo te hizo un pequeño cumplido —extendió su mano derecha y le acarició el cabello— ¿Cuál es tu…?

Antes de que terminara de hablar, ella lo agarró de la muñeca para retorcerle el brazo y, sujetándole de la cabeza, lo inclinó sobre la mesa. En donde lo mantuvo prisionero, mientras que sus tres compañeros se empezaban a levantar de las sillas.

—¡Quietos! —les ordeno Utson a los hombres, al mismo tiempo que les apuntaba con una escopeta y salía por el lado izquierdo de la barra—. Aléjate de ellos, Moira. 

Ella le obedeció y, liberando al individuo, se apartó de la línea de tiro para colocarse al costado derecho de su padre; bajo la atenta mirada de los otros 23 comensales que observaban toda la escena quietos y en silencio.

—No los quiero volver a ver en mi taberna —sentenció Utson sin dejar de apuntarles con la escopeta—. ¡Váyanse o los botaré a tiros!

Pero, entonces, ante la sorpresa de todos, esos cuatro individuos comenzaron a reírse, como si todo fuera una buena broma.

—¡¿De qué se ríen?! —les pregunto Moira empezando a perder la paciencia con esos cuatro desgraciados.

—Niña, ¿Tú crees que, con ese juguete, este imbécil nos puede detener? —le preguntó el mismo hombre al que le había retorcido el brazo, entre carcajadas y señalando a su padre—. Obviamente, ustedes dos, no saben a quienes se enfrentan.

—Ni lo sabemos, ni nos importa. —dijo Utson recargando el arma y mirándolos con una furia asesina— ¡Lárguense de aquí!

—¿En serio? —pregunto el individuo sacando, inmediatamente, un revólver de su chaleco; al mismo tiempo que sus compañeros agarraban sus propias armas que consistían en: una pistola tipo ametralladora, una Uzi y un MP5; todas de nueva generación, pero sin poder evitar que Utson les disparara a los cuatro unas poderosas balas que les reventaron varias partes del cuerpo; tirándolos y esparciendo sus restos sangrientos por todo el piso incluyendo la mesa y la pared. No obstante, sin que nadie se lo esperara, éstos comenzaron a levantarse riéndose en el proceso y Moira pudo percatarse que sus heridas se cerraban rápidamente. Dejándolos pasmados a todos y permitiéndoles, al aprovecharse de esa impresión, dispararle a Utson un montón de proyectiles, matándolo y ocasionando que cayera al suelo, soltando la escopeta, con el cuerpo lleno de agujeros sangrantes, ante los ojos de su hija, que tan solo pudo gritar y correr para arrodillarse al lado de lo que quedaba de su padre; tratando, inútilmente, de que volviera en sí, con lágrimas en los ojos; bajo la sonrisa del individuo que dijo, muy feliz—. ¡Vamos, muchachos! ¡Empecemos con la fiesta!

Y los cuatro dispararon, a quema ropa, a cada uno de los clientes, quienes no pudieron hacer nada para defenderse de ellos, hasta matarlos a todos y formar una total y completa carnicería, que dejó sin habla a Moira. La cual, armándose de valor y limpiándose las lágrimas, soltó a su padre y agarró su escopeta, con el propósito de pararse y apuntales con la misma.

—No puedes dañarme con ese juguete, querida. —le dijo el individuo sonriéndole, guardándose el revólver y acercándosele; mientras que ella le disparaba hasta formarle un profundo agujero, en medio del pecho, que se cerró ante sus ojos. Y éste, al estar cerca de ella, le quitó el arma y la tiró al suelo de un puntapié, diciendo—. No te preocupes, te vamos a dejar con vida para que les digas a los demás miembros de esta asquerosa aldea... —boto un escupitajo al suelo y continúo— ...que si no quieren acabar muertos como las personas de aquí, van a tener que obedecer nuestras órdenes, ¿Te quedo claro?

—¡Vete al infierno! —le respondió la chica viéndolo con odio— ¡Nosotros, jamás obedeceríamos las órdenes de escorias como tú!

—¡Cállate! —le grito el individuo, completamente furioso—. Creo que voy a tener que enseñarte algunos modales.

Comenzó a bajarse la cremallera.

—Espera un momento, Berto. —le advirtió uno de los hombres tocándole el hombro—. Esto no era parte del plan y ya tenemos que irnos.

—Sí, hombre —afirmó otro, algo ansioso—. No olvides lo que nos podría hacer Imol si...

—¡Silencio! —les ordeno Berto más molesto que antes y liberándose de la mano del otro—. Yo soy el jefe ahora, y yo decido que...

Pero dejó de hablar cuando, en ese momento, la puerta de la taberna se abrió y se cerró de forma automática para dejar pasar a un joven que se les quedo mirando. Y Moira pudo percatarse que era un joven de cabello oscuro y que traía puestas unas gafas de sol.

—¿Y quién es esté niño? —preguntó Berto mirando al desconocido con burla para, luego, mirar a sus compañeros—. ¡Mátenlo!

Al decirles eso, los tres apuntaron para dispararle al joven, pero, antes de que pudieran hacerlo, éste, increíblemente, materializó, en uno de los brazos, una ballesta con la que les disparó a los tres en la cabeza; arrancándolas del cuerpo de los malhechores y clavándolas en el muro de la taberna, las que luego se congelaron y se rompieron por si solas. Sorprendiendo a Moira y asustando a Berto.

—¡Aléjate de ella! —le exclamó el joven al individuo apuntándole con su arma y sin perderlo de vista.

—Sí, como digas. —dijo Berto alejándose de Moira, con las manos arriba y sudando de miedo—. Me rindo

No obstante, éste, uso la ballesta para lanzarle cuatro tiros a sus manos y piernas con el fin de clavarlo contra la pared e inmovilizarlo. Luego le lanzó un único tiro en el corazón que le atravesó por completo la caja toraxcíca

—Eso te mantendrá ocupado, basura.

En cuento a Moira, se puso de pie. Llamando la atención del joven, quien se guardó el arma al convertirla en un líquido oscuro, que fue absorbido por la gema azul que tenía en el pecho.

—¿Se encuentra bien? —le preguntó el chico quitándose su chaqueta de cuero y ofreciéndosela al ver que temblaba.

—Sí, gracias —contestó ella aceptando la prenda y tapándose con la misma—. ¿Quién es usted?

Y, antes de que el joven se lo pudiera decir, la puerta del establecimiento se volvió a abrir para dejar pasar al comisario Kaimer, quien rápidamente, junto con sus dos ayudantes Polux y Merik, entró en la taberna, con su revólver en la mano, completamente preparado para lidiar contra cualquier tipo de confrontación; sin embargo, al mirar los cadáveres ensangrentados que se esparcían por todo el lugar, se quedó, al igual que sus ayudantes, totalmente helado y Merik, el más joven de los tres, tras ver esto, vomitó parte de su desayuno.

—Dios santo, ¿qué ha pasado aquí? —preguntó Kaimer quien, al percatarse de ellos, le apunto al desconocido con su revólver— ¡¿Y quién, demonios, es usted?!

—Agente Especial de TRONES, Zoe —le respondió quitándose los lentes de sol, alzando las manos, y revelando unos ojos muy grises—. A su servicio.

Con lo que a Moira se le respondía su pregunta. Ya que, todo el mundo, incluso las personas de esa remota aldea, sabían que los AST eran una fuerza paramilitar que ayudaba al ejército y a la policía a lidiar con problemas difíciles de manejar, financiados por el gobierno peruano, pero perteneciendo a TRONES, la megacorporación más importante del Perú y del mundo. Y si habían enviado a uno de sus agentes a ese remoto lugar significaba que algo muy grande estaba a punto de ocurrir.

***

—Muy bien... —dijo Kaimer, sentado detrás del escritorio de su oficina de la pequeña Comisaría de la aldea, pensando en lo que le acababa de decir— ...recapítulemos —se levantó de la silla, caminó hacia la ventana, vio el panorama y se volteó para confrontarlo—. Usted, me dice que es uno de esos AST y que ha venido aquí para detener a esta banda de terroristas, autodenominados: los SRI; que han estado atacando a otras aldeas como ésta; usando armas de contrabando muy avanzadas y RON, para que les den cualquier cosa que tengan de valor... —Zoe le afirmó con la cabeza y él continúo— ...y, a los que se atrevieran a oponérseles, simplemente, los borran del mapa, ¿No es así?

—En efecto. —le respondió Zoe cómodamente sentado frente a Kaimer, quien volvió a sentarse en su silla y lo miro seriamente—. Y, si no me deja interrogar al prisionero, las cosas se podrían poner mucho peor.

—¿Mucho peor que veinticuatro personas brutalmente asesinas y una chica traumatizada de por vida? —preguntó el Comisario, aun algo escéptico a su historia—. Si ese es el caso: ¿porque, nuestro “amado” gobierno, no envió a más personas como usted, capaces de matar a tres “inmortales” sin, siquiera, salir lastimado? o ¿por qué no enviar al ejército?

—Porque conmigo es más que suficiente para detenerlos, señor Kaimer —respondió Zoe comenzado a perder la paciencia con el comisario, quien lo había mantenido retenido durante más de tres horas sin dejar de interrogarle como si él fuera el responsable de la masacre en la taberna Jalbana. Algo muy comprensible, teniendo en cuenta las circunstancias en las que apareció; pero, ridículo, si el policía en jefe, no comprendía la posición en la que se encontraba—. Y debe de entender, de una buena vez, que si yo no estuviera aquí para ayudarles; simplemente lo mataría a usted y a sus dos ayudantes, que están detrás de esa puerta, escuchándolo todo, y me largaría de aquí. Así que, por favor, deje de tratarme como si fuera el responsable de esos asesinatos.

Se miraron fijamente, durante un rato, y Kaimer se volvió a levantar de la silla para volver a mirar el paisaje, por el vidrio de la ventana. Mientras que Zoe se acomodaba, en su asiento, pensando en lo que tendría que hacerle al prisionero, una vez que el Comisario se lo permitiera, con el fin de saber todo acerca de esa banda. De la que tan solo sabían pocas cosas dichas por los aldeanos sobrevivientes de las aldeas destruidas, que se habían negado a someterse ante los mismos. Y, también, por lo que habían podido deducir de éstos.

Pero, también, no pudo evitar pensar en la chica que había salvado de esos cuatro granujas, quien, gracias a su intervención, no se vio obligado a pelear contra el comisionario y sus ayudantes. Quienes, pese a que se había presentado, tal vez le hubieran disparo de no ser por ella. La cual, inmediatamente, les dijo que él la había salvado de esos bastardos. Por lo que, ellos, le pidieron, “amablemente” y sin ponerle las esposas, que los acompañara a la Comisaria para hablar sobre lo ocurrido.

Sin embargo Zoe, antes de irse con ellos, les exigió que se llevaran también al SRI sobreviviente; para interrogarle una vez que terminara de hablar él con los mismos. No sin que antes, les explicara, a la joven, al comisario y los dos ayudantes, que la razón por la que, el malhechor, aún no se había muerto, pese a tener el corazón atravesado por una flecha, era porque su organismo estaba llenó de RON una poderosa sustancia bioquímica que, si era administrada con regularidad, podía cerrar y curar las peores heridas del cuerpo. Convirtiendo, entonces, a su consumidor, en lo más parecido, a un ser inmortal. Salvo que, de la misma forma que en la película, El Inmortal, estos podían morir si la cabeza era separada del cuerpo o si ésta era destruida. Tal y como él había hecho.

Así que desarmaron al malandrín quien no paraba de gemir de dolor, lo pusieron en una camilla y lo llevaron a la comisaría junto con él; al tiempo que Kaimer les ordenaba a algunos aldeanos que ayudaran a la joven a sacar los cadáveres de su establecimiento. Para que después, Orson, el sepulturero, se los pudiera llevar a la morgue, en donde éste haría los arreglos necesarios, con el fin de darles una cristiana sepultura.

Y ahora, después de muchas preguntas sobre: ¿quién era?, ¿porque estaba aquí? y ¿cuál era su propósito?, era el momento de hablar con el SRI y prepararse para lo que sea que se presentase.

—De acuerdo. —dijo Kaimer sentándose una vez más, en su silla y mirándolo a los ojos—. Le creo; pero, ahora dígame, ¿qué le va hacer al prisionero?

—Lo que sea necesario para sacarle toda la información sobre su banda. —respondió Zoe sin perder el contacto visual de Kaimer—. Lo que sea.

—Entiendo, bien... —dijo el comisario levantándose del asiento— ...en ese caso, mis muchachos lo llevarán ante el SRI —miró a la puerta y exclamó—. ¡Polux!, ¡Merik! —sus dos ayudantes ingresaron y cerraron la puerta, rápidamente—. Lleven, al Señor Zoe, a la celda en donde han puesto a ese desgraciado y ayúdenlo en lo que les pida.

—¡Sí, señor! —respondieron los dos al unísono; mientras que Zoe se levantaba, inmediatamente, de la silla.

—Gracias por su compresión, señor Kaimer —dijo Zoe estrechándole la mano—. Y espero poder contar con su apoyo.

—Claro que si. —dijo Kaimer sentándose de nuevo—. Pero debes de saber que voy a hablar con el alcalde sobre todo esto y que tú también tendrás que hacerlo, una vez que termines de interrogar a ese asesino. ¿Quedó claro?

—Tan claro como el agua —le respondió el AST afirmándole con la cabeza y dándole la espalda—. Nos vemos.

—Y no olvides... —dijo el comisario, haciendo que se detuviera y que lo mirara a la cara— ...que estás bajo mi jurisdicción, Zoe. Debes de seguir mis órdenes.

Zoe ignoró ese último comentario y salió de la oficina de Kaimer para ser conducido, por los dos ayudantes, a la celda del SRI. Quien se encontraba sujetando los barrotes de la celda; ya completamente recuperado del todo.

—¡No puedo creerlo! —exclamó Merik muy sorprendido por esto al igual Polux, quien se quedó con la boca semi-abierta. Y, Zoe, no podía culparlos por esto. Ya que no todos los días vez a una persona cuyo corazón ha sido atravesado por una flecha; volver a caminar como si nada hubiera pasado, después de algunas horas.

—Abran la celda, por favor.

Polux la abrió, Zoe ingresó y se quedó frente a frente al indeseable. El cual, al pasar un rato, trató de darle un golpe en la cara. Sin embargo, él fue mucho más rápido y lo tumbó al suelo cuando le dió un buen puñetazo en la mandíbula. Provocando, entonces, que los ayudantes del comisario se burlaran del malandrín; mientras que Zoe se arrodillaba junto al mismo.

—¿Sabes por qué estoy aquí? —le pregunto Zoe sin quitarle los ojos de encima y mirándolo con firmeza.

—Sí, lo sé. —le respondió el SRI observándolo con ganas de matarle— Y no te voy a decir nada.

—Y yo no te voy a preguntar nada; pero... - dijo Zoe arrancándole la nariz de un fuerte palmazo en la misma, gracias a la enorme fuerza que poseía, haciendo que el SRI se retorciera de dolor, al mismo tiempo que se agarraba la cara— ...cuándo quieras decirme algo, te escucharé. —volteó la cabeza y miró a los dos ayudantes, quiénes se habían quedado sin habla— ¿Hay alguna habitación privada, en donde pueda trabajar?

—Eh...sí... —le respondió Merik tragando saliva y mirándolo con precaución— ...por el pasillo, al lado izquierdo.

—Guíame. —dijo Zoe levantándose y agarrando los cabellos del desgraciado para arrastrarlo, entre gritos y forcejeos fuera de la celda; mientras que seguía a Merik a la habitación.

—¿Le llevo su nariz? —le pregunto Polux agarrándola y alzándola en la mano. Ocasionando que Zoe se volviera y que lo mirara con cara de pocos amigos—. Tan solo preguntaba.

Merik abrió la puerta del cuarto y Zoe junto con Polux entró arrastrando al SRI y lo dejó en medio de la habitación. Miró a los dos ayudantes.

—Déjenme a solas con él y no entren hasta que se los ordene.

E inmediatamente y sin dudarlo, los dos se apresuraron a obedecerle, sin mirar atrás; escuchando, al cabo de un rato, gritos de dolor.

***

Moira se encontraba en la habitación trasera del bar, velando a su padre a quien cubrió hasta el cuello con una sábana blanca para taparle sus heridas y poder llorarle, apoyándose sobre su pecho sin mancharse de sangre.

Ya que, después de que Zoe se fuera con el Comisario y los dos policías, los demás aldeanos inmediatamente, le ayudaron a sacar los cuerpos a la calle. En donde los juntaron y los alinearon en fila, al mismo tiempo que otros iban a llamar al sepulturero; mientras que algunos lloraban al ser éstos sus parientes. Y, en cuanto a los demás, fueron los suficientemente amables como para no preguntarle nada y ofrecerse a limpiar y ordenar la taberna, la cual estaba llena de sangre y agujeros de bala. Mientras que velaba a su papá en privado. Pidiéndoles que, por favor, no la molestaran hasta que llegara Orson. Cosa que hicieron.

Dejó de llorar, se limpió las lágrimas y miró el rostro de su padre que, para su sorpresa, estaba completamente sereno. Como si, simplemente, estuviera tomando una siesta. Lo que le hizo pensar en cómo, a veces, el mundo podía llegar a ser un lugar muy injusto, al arrebatarle la vida a un buen hombre como él, quien nunca, pese a ser alguien muy estricto, le levantó la mano y siempre estaba con ella cuando más lo necesitaba; criándola, de ese modo, con todo su corazón al morir su madre durante el parto; como debería de ser todo buen padre. Por lo que, al pensar en eso, tomó la decisión de dejar de lamentarse y de continuar adelante con su vida. Tal y como a su padre le hubiera gustado que hiciera. Y, en ese momento, alguien tocó la puerta.

—Adelante.

—Disculpa la intromisión, Moira. —le dijo una amable anciana de nombre Zira a quien ella conocía desde pequeña, abriendo la puerta de la habitación con suavidad— Pero me han pedido, que te diga que, el Señor Orson, ya está aquí y que se está llevando los cuerpos.

—Entiendo. —dijo Moira levantándose y mirándola seriamente—. En ese caso, le estaría muy agradecida que, por favor, me ayudara a llevarle el cuerpo de mi padre.

—Te ayudaré en todo lo que pueda. —dijo Zira entrando en el cuarto, agarrándola de los hombros con suavidad y observándola con precaución— Pero, dime, ¿estás bien? —ella contuvo sus lágrimas y la anciana, con un gran pesar en su cara, la abrazó con mucho afecto— Llora hasta que te sientas mejor. —ella, entonces, la abrazo también, y lloró en su hombro; sintiendo como un gran peso se le salía del pecho. Y, al pasar un rato, ambas se separaron y se miraron—. ¿Te sientes mejor?

—Sí, muchas gracias. —dijo afirmando con la cabeza y sonriendo con tristeza—. Ya me siento mucho mejor.

Zira, igualmente, le sonrió y, luego, ambas mujeres, en silencio, agarraron el cuerpo de Utson y salieron de la habitación, con el fin de irse al exterior de la taberna; en donde el sepulturero las estaba esperando con una carreta llena de cadáveres.

***

—Por aquí, señor Jendo —le dijo Kaimer al alcalde guiándolo hacia donde se encontraban sus dos ayudantes; los cuales estaban vigilando la estrada del cuarto en donde se encontraba Zoe, interrogando al SRI. Acorde a lo que le dijeron qué estaba haciendo, ahí—. Ya llegamos.

Los dos ayudantes los saludaron y se apartaron de la puerta; mientras que ellos se detenían frente a la misma.

—¿Y está, completamente seguro de que ese chico es quien dice ser? —le preguntó Jendo mirándole con aire de importancia.

—Sí, ya no tengo ninguna duda sobre eso —respondió Kaimer, quien tras informarle de la situación al alcalde, tuvo que llevarlo, tal y como había anticipado que le pediría, a la Comisaria para que se pudiera entrevistar con el AST. Soportando sus continuas quejas sobre el porqué no se pudo evitar esa masacre—. Antes de ir a verlo me comuniqué con la central de TRONES y ellos me confirmaron la veracidad de sus palabras, así que ya no tengo ninguna duda. Ese chico es un AST y ha venido a encargarse de ese grupo terrorista —miró a sus chicos y les pregunto—. ¿Alguna novedad?

—Hace como treinta minutos, escuchábamos forcejeos y algunos alaridos —le respondió Polux muy serio—, pero ahora se han detenido.

—Ya veo —dijo Kaimer mirando la puerta y tocándola con fuerza—. ¡Zoe, vamos a entrar!

La voz del AST atravesó el metal de la puerta, diciéndoles con una clara indiferencia:

—Pueden pasar, ya he terminado con él.

Los cuatro entraron y se quedaron petrificados ante lo que vieron. Ya que frente a ellos, colgado boca abajo, con una soga oscura alrededor de los tobillos, estaba el SRI. Quién tenía 30 cuchillos negros en cada parte de su cuerpo, de los que chorreaba sangre; estando semi-decapitado, con un trapo negro en la boca y manchando todo el piso, debajo del mismo, de un fuerte rojo carmesí.

—Cielos... santo... —dijo el alcalde horrorizado; al mismo tiempo que Merik vomitaba su almuerzo, Polux palidecía y Kaimer se quedaba sin habla— ... ¿Está... muerto?

—No, pero lo estará dentro de poco. —le respondió Zoe, quien estaba frente al criminal; mirándolo fijamente—. Las nanomáquinas de su cuerpo están intentando, “desesperadamente”, salvarle la vida; sin embargo, su cabeza, al estar llena de sangre y, prácticamente decapitada, no puede emitir las ordenes, consientes e inconscientes, necesarias para que éstas puedan evitar que muera de un forma lenta y dolorosa —los miró a todos—. Justo el tipo de muerte que se merece alguien que ha matado a tantos inocentes.

—Zoe, por favor, termina con su miseria —dijo Kaimer sabiendo que eso era demasiado cruel, incluso para un bastardo como ése—. Tan solo mátelo.

—Bueno, si insiste. —le dijo Zoe congelando al terrorista al poner la mano sobre el cuerpo del mismo hasta hacer que se desquebrajara en pedazos— De todas formas, él ya me ha contado todo lo que necesitaba saber acerca de su organización.

—¿Y qué le ha dicho? —preguntó Jendo observando los restos cristalinos del SRI para, después, mirar al AST—. ¿Cuantos son?, ¿qué planean hacer? —se aproximó a Zoe e insistió— Por favor, dígamelo y sin rodeos, ¿contra qué nos enfrentamos? -

—Bueno... —dijo Zoe dándoles a todos una mirada muy sería— ... él me dijo que...

Lo que el AST les conto a continuación los dejo asombrados y asustados; pero logró calmarlos al contarles su plan, el cual pese a que era muy arriesgado era la mejor opción que tenían a la mano.

***

—Eso sería todo, Moira —le dijo Orson terminando de apuntar los datos que le pidió sobre su padre y firmando en su cuaderno de apuntes—. Mañana anunciaré la hora del entierro.

—Gracias, Señor. —dijo Moira terminado así con el trámite que tenía que realizar, al igual que los demás, para asegurarse que su último familiar fuera enterrado como debería de ser. En un ataúd, en el cementerio de la aldea, con su nombre en una lápida y al lado de su madre.

Ya que, ahora, se encontraba en la morgue, junto con Zira y los familiares de las víctimas de la masacre, realizando el proceso correspondiente.

Y, naturalmente, a esas alturas, ya les había contado a todos los aldeanos que estaban reunidos en el establecimiento lo que había pasado en la taberna. Dejándolos sin habla y, completamente, estupefactos; pero dejando bien claro que, de no ser por Zoe, hubiera sido probablemente violada y asesinada por los SRI.

—¿Quieres que te acompañe a tu casa, Moira? —le preguntó Zira aún muy preocupada por ella. Y más tras escuchar su historia.

—No, gracias —respondió ella con una sonrisa; apreciando el cariño, casi maternal, que le tenía—. Usted, ya me ayudó bastante y la verdad es que, ahora, quisiera estar sola.

Así que se despidió de esa amable anciana y salió fuera de la morgue para dirigirse a su casa, que se encontraba a 15 minutos de caminata; pensando que bien podría ocuparse de mantener el negocio de su padre ella sola, cosa que sería difícil pero no imposible, o podría simplemente contratar a alguien de la aldea para que le de una mano. Esa era también una buena idea. Pero la pregunta era: ¿a quién?

De repente, escuchó las campanas de la iglesia tocando su fuerte melodía. Sacándola de sus pensamientos y dándole a entender que se iba a realizar una reunión de emergencia; sin duda, alguna, para hablar sobre los acontecimientos de ese día. Y, por un momento, tuvo muchas ganas de ir; no solo con el deseo de escuchar lo que tenían de que decirles, el alcalde o el comisario, sino con el propósito de reencontrarse con Zoe para agradecerle que le hubiera salvado la vida. Sin embargo recordó que, en ese momento, no quería verse con nadie ni escuchar nada o pensar en lo ocurrido. Tan solo quería llegar a su hogar, darse un baño caliente y almorzar al ser ya las tres y cincuenta y cuatro de la tarde, se moría de hambre. Por lo que siguió caminando hacia su casa.

Llegó a su hogar, cerró la puerta al entrar, subió las escaleras, se metió en su habitación y se miró al espejo. Casi se había olvidado que tenía puesta la chaqueta de Zoe. Se la quitó y no pudo resistirse a la tentación de olerla percatándose del olor a cigarrillo que desprendía la prenda.

—Cielos. —pensó riéndose un poco de lo absurdo de la situación— Me siento como la protagonista de una de esas tontas telenovelas.

Colocó la chaqueta en su cama, se desvistió y entró en la ducha. Se terminó de bañar, se puso ropa nueva y se fue a la cocina para prepararse algo de comer. Cocinó una Malarrabia y, al terminar de almorzar y cepillarse los dientes, se dispuso a echarse a dormir con el fin de tratar de olvidar, durante algunas horas, las cosas tan terribles que habían pasado. Pero, su mente fue atacada por esos malos recuerdos y rezó con fuerza para que algo pasara que le ayudara a olvidar tantas cosas horribles. Y entonces, como respondiendo a sus plegarias, escuchó que le llamaban a la puerta y, al asomarse por la ventana, se percató que era Zoe el que la tocaba. Provocando que su corazón palpitara con fuerza y que bajara a recibirle; no sin antes arreglarse un poco.

—Hola, señor Zoe –dijo abriéndo la puerta y sonriéndole al igual que él— ¿Todo fue bien con el comisario?

—Sí. No hubo ningún problema. Y sientase libre de llamarme por mi nombre. ¿Yo puedo hacer lo mismo?

—Sí, claro. ¿Quieres pasar?

—Oh, sí, por favor. —dijo Zoe muy respetuoso— Si no es molestia.

Entró y ella se sintió muy feliz de tenerlo ahí, pero pese a eso sabía que no estaba es su hogar por gusto.

—Has venido a contarme algo referido a lo ocurrido en el bar, ¿verdad?

—Sí, como no has ido a la asamblea de la aldea no te vas a poder enterar de nada, así que pregunté por ti y me dijeron que aquí vives. Pero antes quiero que sepas que lamento mucho lo ocurrido con tu padre. —dijo muy apenado—. Realmente lamento no haber podido salvarlo.

—Está bien Zoe. No es culpa tuya; pero quiero que, por favor, me cuentes todo acerca de los SRI.

—Si, por supuesto. —dijo Zoe muy serio y con mucha educación— ¿Quieres que nos sentemos en la sala?

—No, mejor en el comedor. —le respondió ella caminando junto con él al lugar— Siéntate; te daré un Mate de Coca y algunas galletas

Se dirigió a la cocina, mientras que Zoe se sentaba en una de las sillas del comedor, y regresó 5 minutos después, con una bandeja con dos tazas llenas con la infusión y un plato con muchas galletitas de vainilla.

Tomó asiento y él, inmediatamente, le contó todo lo que sabía acerca de los SRI.

—¿Y qué te dijo el prisionero?

—Que nos enfrentamos a una banda de más de 50 “inmortales” —le respondió Zoe con total tranquilidad—, fuertemente armados y cuyo modus operandi es enviar a un pequeño grupo de ellos a una aldea y asustar a los aldeanos para que obedezcan sus órdenes. Pero si no lo logran o, si alguno de ellos es capturado o asesinado (sumándose al hecho de que no se han podido comunicar con Imol, el jefe de los SRI), todos se movilizan contra la aldea y matan hasta el último de sus habitantes —Moira le miró asombrada— Y, por último, me dijo que nos van a atacar esta misma noche. Ah, antes de que se me olvide, quiero que sepas que el prisionero está muerto.

—Ya... veo... —dijo Moira tratando de digerir semejante revelación— … y... ¿Qué vamos a hacer para defendernos?, ¿Llamar al ejército o …?

—No, verás, tal y como se lo dije al Comisario, conmigo es más que suficiente para detenerlos —le respondió Zoe con toda franqueza—. Y, además, aunque se les llamara, no llegarían a tiempo. Así que estamos solos. —Moira le miró con mucha preocupación y él se apresuró a decirle— Pero no te preocupes, tengo un buen plan contra ellos.

—¿Y cuál es? —preguntó Moira, rápidamente, esperando escuchar algo muy alentador.

—Es así... - le respondió Zoe explicándole su plan, hasta el último detalle— ...y, al tenerlos a todos reunidos, en el centro de la aldea, yo me ocuparé de ellos.

—Eso es una completa locura —dijo Moira sin estar satisfecha, tras escuchar la estrategia de Zoe— ¿Y le has contado todo esto al comisario y al alcalde?

—Sí y los dos están de acuerdo conmigo —le respondió Zoe rápidamente—. Y deben de estar diciéndoselo a todos los aldeanos, en la reunión de la Iglesia, en este preciso instante.

—Pues no me sorprendería que estuvieran discutiendo entre ellos, ahora mismo. A ver si entendí bien: haz colocado alrededor de las casas unas líneas azules que son en realidad vidrio reforzado que puede crecer y expandirse hasta convertirse en una barrera de cristal irrompible, ¿no es así? —Zoe le afirmo con la cabeza—. Y, según tu plan, en cuento lleguen los SRI, hasta el centro de la aldea, pasando por los cuatro caminos, las usarás para atraparlos; al juntarlas y formar una cúpula que, rápidamente, comprimirás hacia los mismos. ¿Esa es tu estrategia?

—Así es —le respondió Zoe con una pequeña sonrisa en el rostro—. Y lo mejor de todo, es que ningún aldeano saldrá lastimado. Ya que ellos estarán dentro de sus casas y éstas van a estar protegidas por las barreras de vidrio irrompibles —se miraron durante un instante—. Sé que mi plan es muy arriesgado; pero es lo mejor que pude hacer, en tan poco tiempo.

—Si no tenemos de otra —dijo ella sonriéndole para después mirarle con seriedad— Dime, Zoe, ¿Quién eres? ¿Cuál es tu historia? Me gustaría conocerte mejor.

—Bueno… yo soy o mejor dicho era un criminal. —Moira le miro confundida— Verás, lo mío es la típica historia: nací en una familia disfuncional, mi padre era un alcohólico violento y mi madre siempre recibía los golpes, muchas veces en mi defensa. Por eso, yo terminé por juntarme con la peor gente. Dando por resultado que me convirtiera en un ladroncillo de doce años. Pero un día intenté robarle a la última persona que debí de robar, al mismísimo jefe de TRONES, Loan. —ella se impresiono— Y como podrás imaginar el me pilló sin problemas, pero lejos de entregarme a las autoridades me pregunto: “¿te gustaría trabajar para mí?” Acepté y Loan hizo que encerraran de por vida a mi padre y que a mi madre la mudaran a una buena casa en Ancash, la voy a ver de vez en cuando. En cuanto mí, días después, me dijeron que había sido elegido para ser un AST. Y me convertí en lo que vez ahora.

—Ya veo. —dijo Moira pensando en cada palabra—. ¿Y eres feliz?

—No me quejo. —contestó Zoe con soltura— Aunque claro, es una vida llena de riesgos, pero vale la pena vivirla. —la miró en silencio— Y bien, creo que es hora de que me vaya.

—¿Te vas a ir? —preguntó Moira extrañada.

—Ya te conté lo que tenía que decirte —explicó Zoe comenzado a levantarse del asiento—. Además, quería agradecerte por haberme ayudado con el comisario y sus ayudantes. Ya no hay razón para que me quede aquí. Así que ahora iré a fuera a esperar a esos terroristas. Gracias por tu hospitalidad.

—Espera, Zoe. —apresuró ella levantándose también de la silla— Si quieres puedes quedarte aquí, por esta noche, a esperar a que lleguen los SRI.

 —¿Estas segura? —pregunto Zoe algo sorprendido por la invitación.

—Sí, no hay problema. —le respondió Moira queriendo que se quede—. El cuarto de huéspedes está subiendo las escaleras a la mano derecha. Sígueme.

Zoe la acompañó en silencio escales arriba; mientras que ella pensaba en qué hacer para acercase más a él y evitar que se alejara de ella. Ya que, al tenerlo cerca, se había percatado que no quería separarse del AST, lo quería a su lado a toda costa.

—Muchas gracias, Moira —le dijo Zoe para luego darle la espalda—. Nos vemos.

—¡Espera! —dijo Moira caminado hacía Zoe, al mismo tiempo que él se daba la vuelta. Ocasionado que los dos se abrazaran— No te vayas... —le miro el rostro— ...quédate conmigo.

Ambos se besaron y, al terminar, ella le sonrió y lo condujo hacia su cuarto en donde ambos empezaron a amarse, como si no hubiera un mañana. Sin que Moira llegara a sospechar que el agente le había suministrado, en el momento en que la conoció, feromonas por medio de sus nanos, que lo hacian irresistible. ¿Por qué? Para obtener ese resultado, debido a que era muy bella. De lo contrario no estaría ahí, aprovechandose de la situcion.

***

Imol se encontraba pensando en el próximo movimiento que tendría que hacer; al no recibir ningún mensaje de los muchachos que había enviado a la aldea Nerdi, para que asustaran a sus habitantes y convertirlos en sus próximas víctimas. Lo que significa que todos ellos, habían sido o asesinados o capturados por las personas de esa localidad. Así que tendría que movilizar a los SRI para enseñarles, a esos asquerosos aldeanos, quien era el que mandaba por aquí. O sea, él y nadie más. Al ser este su reino y él su gobernante. Dejando a los demás como sus fieles súbditos. Y, a los que no, como los enemigos del imperio que estaba construyendo con el sudor de su frente.

Se levantó de la mesa que robó y salió de su cuarto privado, para encontrarse dentro de una cueva oculta entre las provincias; que llevaba su mismo nombre, la cual estaba bien iluminada y con mucho espacio. Llena de las cosas que les habían robado él y sus siervos a los aldeanos de las aldeas que dominaban en secreto. Y en donde vivía, junto con los demás SRI, a su gusto. De la misma forma que los cuarenta ladrones del cuento de “Las mil y una noches”. Salvo que ellos eran más de cincuenta y no usaban una frase especial para abrir u ocultar la caverna; sino un proyector holográfico para camuflar la entrada y hacer que parezca una pared.

Caminó por la cueva, en cuyas paredes habían muchos garabatos, con diferentes tipos de mensajes muy llamativos que eran en su mayoría ofensivos, y llego a su centro para encontrarse con sus vasallos; todos reunidos contando el botín, comiendo, bebiendo y durmiendo como de costumbre. Así que les silbo, llamando su atención.

—¡A las motocicletas, muchachos! ¡Que vamos a Nerdi, a matar!

Todos los SRI lo vitorearon con fuerza y se dirigieron a sus vehículos; al mismo tiempo que preparaban sus armas para ir a realizar toda una masacre de rutina.

***

Moira yacía en su cama, completamente denuda, siendo amada, con todo su afecto, por Zoe; quien estaba, también, sin ropa. Amándola hasta dejarla completamente satisfecha.

—Gracias, Zoe —dijo la joven sin hacerse ilusiones porque muy probamente para el AST eso solo era algo de una sola vez—. Me has hecho muy feliz. 

—Y tú a mí Moira. —le afirmó Zoe abrazándola y besándola con afecto—. Y tú a mí. 

***

Imol y los SRI estaban conduciendo a toda máquina y con él a la cabeza, hacia la aldea Nerdi, con la única intención de hacerla pedazos; junto con todos sus habitantes. A los cuales les enseñaría el precio a pagar por atreverse a oponérsele.

Él se encontraba en su propio carro, todo terreno, equipado con mini-cohetes y con un fuerte lanzallamas; mientras que el resto de sus súbditos, iban en motocicletas equipadas con poderosas armas de fuego instaladas y listas para dispararle a cualquiera que se les cruzara por el camino. Así que, sin duda alguna, lograrían masacrar hasta el último de esos desgraciados. No obstante, dejarían con vida a algunos; con el fin de que sirvieran como ejemplo, a otros aldeanos insurgentes. Y, de ser posible, rescatarían a esos inocentes chicos que simplemente fueron a enseñarles una pequeña lección, sin pasarse de listos.

Y, al faltarles unos minutos para llegar, Imol se percató que ya era de noche; por lo que sería muy hermoso ver como ardía ese lugar en la oscuridad. Iluminándola como un faro de esperanza para las otras aldeas que necesitan su protección y guía bajo un pequeño precio: todas sus posesiones junto con sus mujeres y niños.

***

—¿Es cierto lo que dijiste? —le preguntó Moira acurrucándose a su costado y mirándole con cariño—. ¿Quieres darme una sortija?

—Sí, y no solo porque en verdad me gustas —le aseguro Zoe tomándola de la mano derecha y formándole en el dedo medio una preciosa argolla de metal—. Sino porque de esta forma sabrás como estoy, ya que lo que yo creo con mis nanos, se mantiene; siempre y cuando yo esté vivo. Así que, mientras que este anillo, no se deforme o se derrita, podrás saber si estoy bien o si me encuentro en peligro. Pero, claro, eso no va a pasar.

—Zoe…tú me has hecho muy feliz. Por lo que, sin importar lo que pase esta noche, tienes que regresar conmigo. No importa cómo; debes de hacerlo y sin importar que debas de hacer.

—Lo haré. —dijo Zoe abrazándola—. Y, no es una promesa, es un hecho.

Pero, de repente, vio como los ojos de Zoe brillaban y como él adoptaba una postura más seria, algo que la preocupó.

—Zoe, ¿qué ocurre? ¿Por qué tus ojos están brillando?

—Porque los satélites que están orbitando cerca de aquí me están informando que los SRI se aproximan a la aldea. —le respondió Zoe mirándola seriamente—. Ha comenzado.

***

¿Qué estaba pasando? O, mejor dicho, ¿Cómo, demonios, era posible que estuvieran en esa clase de situación? Se preguntó Imol. Quien, minutos antes de entrar en la aldea, les ordenó a sus soldados que rodearan el sitio y que entraran por sus cuatro entradas, disparando a las casas y a sus habitantes, hasta reunirse en su centro. Realizando la primera acción; pero no la segunda. Al estar esta, al parecer, protegida por una especie de campo de vidrio que bloqueaba cada uno de sus ataques y los absorbía; sin importar lo poderosos que fueran. Dando, entonces, inicio a lo que los puso en un serio problema. Cuando ni él y ni los suyos pudieron, bajándose de sus vehículos para explorar la zona, irse del lugar en donde se encontraban. Al estar, claramente, encerrados en una especie de domo incorpóreo que los mantenía prisioneros, en ese lugar, sin ninguna posibilidad de escapar. Pero él sabía que eso era imposible, ya que se suponía que ahí no tenían esa clase de tecnología o poder.

***

—Ahora, hay que esperar a que se desesperen —le dijo Zoe mirando el mapa virtual de la aldea que estaba proyectando desde la GIN sobre el escritorio del cuarto. Quien, al igual que ella, ya estaba completamente vestido y listo para pelear contra los SRI—. Y, cuando lo hagan, usaran sus armas.

—Ya veo... —dijo Moira mirando la proyección y comprendiendo, rápidamente, la estrategia de Zoe— ...de esa forma los podrás vencer, sin mucha dificultad y con pocas posibilidades de salir lastimado.

—Correcto —dijo Zoe dejando de mirar el mapa y observándola—. Pero, aunque tuvieran sus municiones, jamás podrían dañarme.

—¿Por qué? —preguntó Moira mirándolo seria e interrogativamente— ¿Acaso es cierto eso que los AST usan una especie de armadura o algo así?

Zoe le respondió solo con una sonrisa de oreja a oreja que la dejó extrañada.

***

—¡Súbanse a sus vehículos y dispararen al aire! —les ordenó Imol a sus hombres, al tiempo que subía a su carro y empezaba a dispararle a la cúpula de cristal con sus mini-cohetes. Ocasionando de esa forma, fuertes explosiones en la misma, pero sin lograr dañarla. Cosa que lo enfureció. Y, en cuanto a sus subordinados, siguieron su mismo ejemplo y dispararon poderosas balas que nada pudieron hacer para destruir el domo que los seguía aprisionando, como ratas; pese a toda la potencia de fuego que le deban.

Y él, al ver esto y dejando de lado a los demás, empezó a preocuparse. Porque sus instintos, en los que siempre confiaba, le decían que si no lograba escapar de esa cúpula de cristal, iba a morir de una forma horrible y dolorosa. Posibilidad que no podía permitirse, sin importar que tuviera que dejar a los otros a su suerte, por el simple hecho de ser la cabeza de su reino y, mientras que estuviera con vida, su imperio viviría. Por lo que tenía que sobrevivir a como dé lugar.

Pero, muy pronto, las municiones se le acabaron a él y a los SRI; haciendo que sintiera, desde hacía mucho tiempo atrás, un miedo que comenzó a extenderse hacia sus subordinados. Los cuales empezaron a gritar y a lanzar maldiciones al aire. Y él sabía lo que tenía que hacer para calmarlos.

—¡Dejen de gritar o los incinero!

Todos se callaron en el acto y él se puso a pensar en cómo salir de esa situación de vida o muerte. Sin embargo, en ese momento, vio que se les acercaba un joven que se detuvo justo al límite del domo. Y no le fue muy difícil suponer, gracias a sus instintos, que ése era el responsable de la precaria situación en la que se encontraban. Por lo que pensó en matarlo; aunque ahora, al verlo bien, le pareció bastante atractivo y se le ocurrió que, tal vez, si salía de esa, podría capturarlo y convertirlo en su mascota privada para que le diera placer.

—¡Miembros del SRI! ¡Soy el AST del agua y del hielo representado por el símbolo nazca del mono y he sido enviado, aquí, para hacerles pagar por sus crímenes!

Tras escuchar eso, se le quitaron las ganas de metérsela por atrás y se asustó de verdad; ya que, por lo que había oído hablar acerca de ellos, no perdonaban la vida a nadie.

***

Zoe, al decirles eso, le ordenó a la GIN que lo vistiera con el uniforme de batalla. Por ende, un sinnúmero de nanos salió por los agujeros de la gema, adoptando la forma de un líquido oscuro que le cubrió todo el cuerpo y que se convirtió, rápidamente, en una sublime armadura oscura. Dura e impenetrable como el titanio. Con la que corrió y saltó hacia el domo, que se abrió para permitirle pasar y que se cerró tras él, elevándose sobre los SRI y cayendo en medio de los mismos. Los cuales se quedaron quietos e inmóviles, observándolo mientras que se ponía de pie, sin que supieran que hacer; hasta que una potente voz que salía de un carro todo terreno con megáfono, en donde supuso que debía de encontrarse Imol, les dio una airada orden.

—¡Mátenlo! ¡¿Que, demonios, están esperando?! ¡Atáquenlo! ¡Es tan solo un hombre! ¡Y no olviden que somos inmortales! ¡Nadie y nada nos puede detener!

Todos sacaron sus cuchillos, machetes y hachas, al ya no tener municiones con las que dispararle y fueron a su encuentro con la intención de atacarlo, ignorando que el RON de sus cuerpos era ineficaz contra él por la sencilla razón de que podía congelarlos hasta desquebrajarlos. Creo un largo y filoso cuchillo-sierra y corrió en una sola dirección cortando a los que se atravesaban por el camino infligiéndoles heridas que terminaban por congelarlos y hacerlos trizas saltando hacia adelante haciendo una voltereta en el aire dando la vuelta y girando sobre si mismo para caer de pie sobre sus pasos y dispararles a los demás con flechas que salían de la ballesta que creó. Flechas que arrancaban las cabezas de los SRI, dejando solo sus cuerpos mientras que la cabeza se hacía añicos por el hielo que la congelaba. Y pronto, sólo quedaron él e Imol que, en su desesperación, le apuntó con el cañón de metal que salía del techo del vehículo y le disparó con una potente ola de fuego que iluminó la noche.

***

Al demonio con todo, pensó Imol; mientras que activaba el lanzallamas y achicharraba al AST. Saldría de esa, a como dé lugar, y crearía una nueva banda; mucho mejor y más fuerte. Y, lo primero que haría, al lograrlo sería volver y destruir esa aldea, con todos sus habitantes, hasta sus cimientos. Compromiso que lo haría muy feliz. Pero toda esa ilusión se vino abajo cuando vio para su asombro como el AST salía del fuego dando un gran salto cayendo justo encima de su vehículo al que congeló solo con tocarlo. Obligándolo a salir del auto que fue congelado al completo, desquebrajándose. Dejándolo frente a frente al AST que estaba sin ningún daño a la vista.

—Te voy a matar, pero antes vas a responderme algunas preguntas.

—¡Jodete! —le grito Imol vestido ya con una armadura por medio de su GIN y disparándole con dos revólveres que creó también con la gema; pero, el AST, siendo más rápido, uso el cuchillos-sierra para devolverle los disparos que fueron a impactar directamente contra ambas armas que fueron removidas de sus manos por lo que tuvo que crear un machete militar e ir hacia el AST para enfrentarlo sin saber que el otro ni siquiera se molestaría en hacer eso porque solo lo señalo con uno de sus dedos e hizo que de este saliera una enorme ventisca de hielo que se encargó de congelarlo y aprisionarlo, dejando solo su cabeza expuesta—. ¡Libérame!

—No hasta que me respondas ciertas preguntas. —le contesto el AST caminado hacia él— Luego… —le puso el dedo índice en el casco haciendo que se congelara y que se resquebrajara revelando su rostro— …liberaré tu cabeza de tus hombros.

—Vete a la mierda. —dijo Imol dando un escupitajo que fue detenido por la mano del agente— No tengo nada que decirte.

—Eso lo veremos. —contradijo el AST sacando una gran y afilada aguja de la palma de su mano— Veamos que tiene que decirme tu cerebro.

—¡No, espera! —se apresuró a decir Imol ahora sintiendo miedo de verdad ante la idea de morir de esa manera—. Está bien te diré lo quieras saber.

—Bien, primera pregunta: ¿son realmente un grupo terrorista o solo maleantes que fingen serlo? A mi jefe le gustaría comprobarlo.

—Eso ultimó. Ya viste a mis hombres y mírame a mí, ¿acaso parezco que sigo alguna ideología marxista? Fingimos ser un grupo terrorista para dar más miedo a nuestras víctimas. Eso es todo.

—¿Fueron ustedes quienes atacaron el cargamento bioquímico de TRONES que estaba siento trasportado entre los departamentos, en el que estaba el RON?

—Sí, fuimos nosotros.

—¿Y quién les dio esa información?

—La misma persona que nos juntó y nos dio esta idea, demonios incluso me dió esta gema.

—¿Quién?

—Solo se su nombre Caym y que pertenece a una organización de nombre Hellmute.

Tras decir eso ocurrió algo terrible. La gema de Imol comenzó a parpadear y su cuerpo a convulsionar y a hincharse por lo que el AST, percatándose de lo que podía ocurrir, se alejó creando un escudo y, así, pudo protegerse del impacto de la explosión que provoco el estallido del jefe de los SRI. No quedando nada de él salvo los restos calcinados del mismo.

***

—Me tengo que ir —les dijo Zoe al comisario y a sus dos ayudantes, vestido con ropa de civil, tras explicarles todo lo ocurrido—, alguien me está esperando.

—¿Quién? —preguntó Kaimer, el cual, junto con Polux y Merik, llegó al lugar, minutos después, de que él se desasiera de todos los campos de cristal—. ¿Otro AST?

—No, mi amante —contesto Zoe lanzando un viento helado a lo que quedaba del fuego; apagándolo completamente—. Y debe de estar preocupada.

—¿En serio? —inquirió Kaimer sin creérselo, al igual que Polux y Merik; quienes se le quedaron mirando. Y él, simplemente, les respondió con una sonrisa—. Bueno, en ese caso, creo que es mejor que no la haga esperar. —le dio la mano—. Pero espero verlo mañana en el despacho del alcalde. El querrá felicitarlo, personalmente, por lo que ha hecho.

—Por mí no hay problema. —dijo Zoe soltándole la mano y retirándose del lugar; que apestaba a muerte y a destrucción. Con la única intención de regresar al lado de Moira.

***

Moira se encontraba esperando a Zoe en su hogar estando muy preocupada por él. Ya que, por desgracia, su casa no se encontraba cerca del centro de la aldea. Por lo que no podía fijarse por las ventanas y ver si se encontraba bien. Además, los gritos que pudo escuchar, tan solo sirvieron para preocuparla aún más. Y, por un momento, pensó en salir, pese a que le había prometido esperarlo en casa, e ir a buscarle.

Sin embargo recordó, en ese momento, lo que le dijo acerca del anillo que le formó en su dedo y al verlo, sin ninguna deformación, se alivió. Y rezó para que Zoe pudiera volver sano y salvo a su lado.

El griterío se acabó, pasaron dos horas y alguien tocó a su puerta. Se fijó por la ventana y lo vió sonriéndole. Así que bajó rápidamente las escaleras, para abrirle la puerta y ambos, sin perder el tiempo y estando solos adentro, se amaron, entregándose en cuerpo y en espíritu.

***

—Sabes que tengo que irme, ¿verdad? —preguntó Zoe estando ellos ahora desnudos contra la pared de la sala con ella acurrucada sobre su pecho—. No puedo quedarme aquí. Como AST debo de viajar constantemente por todo el país ayudando al ejército o a la policía. Así que no puedo quedarme. Lo siento, pero no es posible.

—Entiendo. —respondió ella apenada, pero sabiendo que él tenía razón. Además, ellos pertenecían a dos mundos muy distintos— Ya lo sabía. Esto no podía durar. Pero al menos déjame estar así un poco más.

—¿Pero sabes? Eso no significa que no pueda quedarme aquí un par de días a descansar, antes que me envíen a otra misión —le explicó Zoe tomándola por sorpresa—, ¿qué me dices?

Moira solo le sonrió.

***

Habían pasado dos meses desde el ataque de lo SRI y ya todo había vuelto a la normalidad en pueblo de Nerdi, al igual que en la taberna Jalbana que ahora era atendida por tres personas: Zira, en la barra, que con gusto accedió a la propuesta de trabajar ahí; Moira como mesera, algo que se le daba muy bien; y, Zoe, igualmente de mesero, pero también encargado de la limpieza. Los tres hacían un buen equipo y se llevaban muy bien; pero ese día en particular había ocurrido un acontecimiento terrible: Perú le había declarado la guerra a Chile, tras el ataque de dicho país al suyo. Y Moira quería saber en como eso afectaba a Zoe. Por eso, aprovechando que ya no habían clientes y que Zira fue a tras del bar para recoger un encargo de suministros, le pidió a Zoe que se sentara frente a ella y le hizo la primera pregunta:

—Zoe, vas a ir a la guerra. ¿verdad?  —él la miró fijamente—. Como eres un agente especial…

—Sí, ya recibí mis órdenes. Hoy mismo me voy.

—Ya veo…

—Estaré bien —dijo tomándola de la mano—. No olvides lo que soy y quien soy.

—Tienes razón —respondió ella dando una sonrisa que fue correspondida por Zoe—. Cambiando de tema, hay algo que me gustaría saber.

—¿Si? ¿qué cosa?

—¿Qué son los Hellmute? —pregunto recordando lo que le dijo Zoe sobre el jefe de los SRI—. ¿Ya te dijeron lo que son?

—Bueno… —comenzó Zoe fijándose que no hubiera nadie por los alrededores— …según lo que me explicaron, aunque no se todos los detalles, Loan prefiere decírmelo en persona, los Hellmute son una organización terrorista que estuvo detrás de la tercera guerra mundial.

—¿En serio? —pregunto Moira estupefacta—. ¿Y por qué armaron este grupo y los hicieron atacar aldeas?

—Al parecer para distraernos.

—¿Distraerlos? ¿de qué?

—Es sencillo: ellos usan a estos pordioseros para robar parte de nuestra tecnología y hacen que la empleen con fines destructivos y llamativos, nosotros nos fijamos en los ladrones y no nos percatamos que los que han orquestado todo esto se han llevado la mayor parte de lo nuestro. Así tienen carta libre, mientras que sus tontas marionetas pagan el precio.

—Ahora entiendo, ¿y que van hacer?

—Por el momento, intentar seguirles la pista y averiguar sus intenciones que no pueden ser nada buenas.

—No tienes ni que decirlo. —dijo Moira y fue ahí cuando vieron entrar a Zira, que fue hacia ellos.

—Ya terminaron de guardar todo en la bodega. —los miro fijamente—. ¿Todo está bien? Se ven preocupados.

—Es que, como sabrás: ha estallado la guerra y me llaman a las filas —contesto Zoe poniéndose de pie—. Y ya debo de irme.

 —¿Podemos verte marchar? —pregunto Moira levantándose igualmente del asiento.

—Claro, no lo pensaría de otra forma.

Los tres salieron al exterior en donde Zoe formó una moto oscura que montó y usó para irse de la aldea, no sin antes despedirse de ella y Zira quienes le miraron alejarse hasta perderse en el horizonte. Y Moira, al verlo partir, solo pudo pensar en cómo le gustaría ir con él, pero recordó que ahí estaba su vida y, aunque sabía que nunca le volveria a ver, jamás olvidaría al AST que la amó.

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