QUIMERAS VISIONARIAS — Tercera Parte — Capítulo 3 (Prototipo): Pausa + Relato 2


—Esa fue toda una historia de heroísmo —concluyó Rayen al terminar de escuchar el relato de Dika—. Pero, entonces, los Hellmute son… ¿alienígenas?

—No, aunque podría decirse que si. —respondió Dika divertida con semejante idea— Son en realidad un grupo de antiguos sobrevivientes de Atlantis que han estado con nosotros durante millones de años esperando su oportunidad para apoderarse de nuestro mundo.

—¿Qué? —pregunto Rayen incrédulo—. ¿En serio?

—Siempre ha habido un debate sobre si existían antiguas civilizaciones antes de lo conocido, e incluso si eran más avanzadas o si había una que fue la madre de todas. Bueno, si existió una que lo inició todo, que juntó a todas las razas en un solo lugar y que era extremadamente avanzada y su nombre era: Atlantis. Pero, los que gobernaban la ciudad, al ser tan arrogantes, la llevaron a la autodestrucción junto con ellos y todos los habitantes de ésta. Y los pocos que pudieron escapar tuvieron que reconstruir la civilización, esparciéndose por todo el mundo. 

—Eso es increíble.

—Ya lo creo.

—Pero, ¿por qué los Hellmute quieren destruirnos?

—Porque somos un obstáculo en sus planes; quieren crear un mundo solo para ellos y les estorbamos. Por eso. Además de que, desde su punto de vista, nosotros somos seres inferiores que no deberíamos de existir. Y sé que es difícil de creer, teniendo en cuenta que se trata del mismo nombre de lo que estoy construyendo. —dijo Dika mirando el rostro de incredulidad de Rayen— Pero es la pura verdad.

—¿Y no has pensado que tal vez los Hellmute no son más que un grupo terrorista bien financiado y lleno de locos?

—Ya me gustaría, pero no es tan sencillo. Y es por eso que yo y Loan decidimos mandar a Kein y a Naiyomi tras ellos para acabarlos de una buena vez, ¿quieres que te cuente como les ha ido?

—Si, por favor.

Sin más, Dika comenzó con el tercer relato de los Hellmute.

***

En una metrópolis de África del norte, cuyo nombre se había olvidado, pero que sobresalía por lo oscuro de sus muros, se estaba llevando a cabo un enfrentamiento entre soldados estadunidenses y terroristas de esa región que hasta el momento habían resistido gracias al campo de fuerza que rodeaba esa localidad; lo que obligaba a los norteamericanos a estar rezagados, sumándose a que los terroristas si podían atacarles, mientras que ellos no por culpa del campo. Pero, si bien no se podía traspasar el campo por arriba, por abajo era otra historia. Algo que comprobaron los terroristas cuando algunos de ellos sintieron como temblaba el piso y vieron como debajo de ellos salía un vehículo en cuya punta había un enorme taladro que al parecer había taladrado la tierra desde afuera de la urbe hasta llegar adentro de la misma formado un gran túnel subterráneo por el que podían pasar perfectamente los soldados estadounidenses. Razón por la que los cinco francotiradores y más de treinta terroristas, que estaban cerca de la zona, se pusieron en posición para recibir a sus enemigos, luego de ver como el vehículo-taladro se desintegraba por si solo. O eso esperaban, porque, en vez de eso, los once primeros, que estaban cerca del agujero, fueron recibidos, cada uno, por un certero y mortal tiro en la cabeza sorprendiendo a todos los presentes; y se sorprendieron aún más cuando del túnel salió un AST que los dejo atónitos porque simplemente no se esperaban eso.

—¡¿A qué esperan?! —les pregunto un individuo que debía de ser un Hellmute a juzgar por la armadura que traía puesta—. ¡¡¡Atáquenlo!!!

Dudaron, pero al no tener de otra, fueron contra el AST y rápidamente se arrepintieron de hacerlo porque el agente, tras crear una espada-láser, los destajó sin ningún tipo de problema y en cuanto a los francotiradores los mató con sus propias balas al devolvérselas usando su arma que usó para regresárselas cada ves que uno de ellos le daba un tiro.

—Ahora solo quedas tú —le dijo el AST al Hellmute—. ¿Cómo te llamas?

—Scox, ¿Y tú eres?

—Kein, ¿Listo para morir?

—Maldito, ¿Crees que moriré tal fácilmente?

—Sí, si lo creo.

—¡Pequeña mierda! —Scox hizo salir de sus nudillos garras—. ¡El que morirá serás tú! ¡Prepárate!

Scox corrió hacia él, pero Kein se hizo a un lado y un potente tiro atravesó el pecho del Hellmute destruyéndole la GIN y matándolo en el proceso, con su cuerpo comenzando a desintegrase.

—Te lo dije. —dijo el AST mirando como el Hellmute se disolvía para luego crear y montar una moto oscura que le cubrió todo el cuerpo como si fuera un capullo con ruedas que usó para, al hacer que fuera rodeado (vertical y horizontalmente) por dos hojas muy afiladas que rotaban sobre sí mismas, conducir a toda velocidad por toda la ciudad destruyendo (y atropellando de paso) a los vehículos y máquinas de guerra de los terroristas hasta, tras traspasar la barrera defensiva, llegar al centro de la metrópolis en donde se encontraba el aparato que producía el campo de fuerza que no era más que un gran cilindro circular; e iba a chocar contra esa calandria, pero fue detenido por un individuo que se puso en su camino y que por medio de un fuerte golpe de una maza lo lanzó hacia atrás obligándolo a salir del vehículo antes que este se estrellara para enfrentársele, resultando no en uno, sino en tres individuos que le bloqueaban el paso.

—No te dejaremos, AST —le dijo el que le atacó con la maza que debía de ser un Hellmute al igual que sus compañeros—. No sabemos cómo ni porque estás aquí, pero yo, Ribesal, no te dejaré avanzar. 

—Ni yo, Volac. —afirmo el de la derecha creando un a espada muy larga.

—Tampoco, yo. Wall —reafirmo el de la izquierda formado un hacha.

—Pues yo, Kein. —dijo creando una a espada-sierra— Pienso diferente.

Se enfrentó a los tres al mismo tiempo y aunque al principio parecía una pelea dispareja pronto el AST tomó el control de ésta hasta que dio un gran salto hacia atrás, quedando de pie suspendido en un poste, y mediante una señal con el dedo medio les indicó que fueran a por él. Eso naturalmente los enfureció y los tres saltaron para atacarle, pero cada uno recibió un certero tiro en el pecho que les destruyó las GIN, haciendo que cayeran al suelo moribundos.

—¿Qué ha… pasado? —preguntó Ribesal tratando de levantarse, mientras que sus compañeros yacían muertos en el suelo.

—Tú no eres el único que trabaja en equipo. —le respondió Kein mirando como moría con su cuerpo desintegrándose al igual que el de los otros. Acto seguido se acercó al cilindro y por medio del panel cercano a ésta la apagó. Decidió sentarse y esperar a los soldados norteamericanos que ya debían de estar ingresando en la ciudad para encargarse de lo que quedaba del grupo terrorista. Fue ahí cuando vio a su compañera AST aparecer frente a él, tras desactivar su CTO, con un muy potente rifle de francotirador a sus espaldas— Naiyomi, gracias. Sin tu ayuda me hubiera sido muy difícil.

—Para eso estoy aquí. —le dijo con una sonrisa pícara viéndolo ponerse de pie— Para facilitarte la vida.

Se miraron y sonrieron, pero pronto se pusieron serios.

—De nuevo los Hellmute han estado detrás de todo, tratando de causar un pandemónium.

—Como el de los juegos panamericanos, Balan. Lo que significa que debemos de ser más listos y estar más atentos a lo que ocurre en el mundo si queremos detenerlos porque de lo contrario ellos le harán honor a su nombre: Infierno Silencioso.

Kein tras escuchar esas palabras no pudo estar más de acuerdo. Al fin de cuentas fueron los Hellmute los que financiaron a los terroristas con los que habían estado luchado, por todo el país hasta llegar a ese punto. Buscando que todo ardiera prendiendo la mecha en el anonimato. Y por eso tenían que ser detenidos a toda costa. No podían y no iban a fallar.

***

En lo alto del cielo, surcaba un avión sin rumbo fijo en el que iban el presidente de Corea del norte y del sur. Ambos secuestrados por terroristas que buscaban una guerra entre esas naciones y que no querían que fueran una sola. Y para ello harían ver como si el ataque hubiera sido perpetrado por soldados de los dos bandos tras explotar el avión una vez que estuvieran en aguas internacionales. Pero pasó lo impensable: fueron abordados desde el aire.

—Lamia, ¿qué ocurre? —pregunto por medio de su GIN el que a todas luces parecía ser el líder de los terroristas, un individuo de nombre Nickar—. ¿Qué demonios ha sido ese sonido de choque y a quién le están disparando? —tras unos momentos de silencio—. ¿Qué? ¿Un AST a ingresado en el avión? Pues mátenlo, ¿qué está haciendo Moloch? ¿Tomando una siesta? ¿Cómo? ¿Ya lo han matado? Pues… ¿Hola? ¿Lamia? ¿estás ahí? ¡Maldición! —los miró, miró la puerta, se pusó entre ambos y creó dos pistolas con la que les apuntó a la cabeza—. Escúchame AST, sé que estás ahí y te advierto que si entras yo… —no pudo terminar la frase porque dos disparos, uno del techo y otro de la puerta, se encargaron de formarle entre sus manos dos bolas de caucho que evitaron que pudiera disparar las armas que sujetaba en ellas—. ¿Qué mierda?

En eso un AST entró en la habitación, rompiendo la puerta con el cuerpo, corrió de frente hacia Nickar y lo arrastró hasta chocar contra el muro, atravesando y yendo de corrido para pelear contra él hasta el final. Y vieron para la sorpresa de ambos como otra AST entraba por el techo del a la habitación, al formar un hoyo por medio del calor.

—No se preocupen, ahora los desato —les dijo la AST rompiendo sus esposas usando la fuerza de sus manos—. Síganme, este lugar va estallar.

—Pero, ¿y tu amigo? —pregunto uno de los presidentes.

—Él estará bien —respondió la AST con calma—, vámonos.

Los dos siguieron a la AST afuera de la habitación y al salir se encontraron con un espectáculo que los dejo boquiabiertos. Había un montón de cadáveres de terroristas esparcidos por todo el lugar: sangre por doquier, entrañas y miembros amputados. Causando tanto asco en los gobernantes que uno de ellos se puso a vomitar.

—Contrólese, señor. —le dijo la AST que claramente estaba acostumbrada a ese tipo de escenarios— Mantenga la calma, que aún no hemos pasado por lo peor.

—¿Aún no?

—No, aún no. —les hizo una seña para que la siguieran y les condujo hacia la puerta de salida que abrió de una patada no sin antes crear una gran envoltura de hilos que pegó en la espalada de cada uno de ellos— ¡Afuera, ya!

Los agarró a los dos y los tiró al mismo tiempo al exterior, saltando ella también. Y, estando descendiendo en el aire, fueron testigos de cómo el avión explotaba en mil pedazos. Destruyendo y matando a quien aún estuviera ahí; pero entre los escombros y el humo vieron como aparecía una esfera negra de la que, al abrirse, salió el mismo AST que se quedó a luchar contra Nickar; el cual planeo hacia ellos usando alas mecánicas que le salieron por la espalda. Tomó a la AST entre sus brazos y ésta, mediante un chasquido de sus dedos, hizo que las bolas de hilos se abrieran y se convirtieran en unos improvisados paracaídas que los hicieron aterrizar en las islas Filipinas, precisamente en Luzón. Dejando sorprendido a más de uno de los residentes de esa localidad. Les dieron las gracias a los caballeros de Trones, quienes los escoltarlos devuelta a Corea en donde firmaron el acuerdo de unión territorial. Un hecho histórico en el que los agentes que les salvaron la vida estuvieron presentes para luego continuar con su cacería de Hellmute.

***

—Muy bien, camaradas. Repasemos. —les dijo el comandante Yiro a sus tropas que estaban alineadas frente a él luego de que llegaran hacia un remoto silo nuclear en las nevadas tierras de Rusia— Hace aproximadamente veinticuatro horas perdimos contacto con el complejo de misiles nucleares número siete; al principio, pensamos que podría tratarse de un pequeño fallo causado por las tormentas de nieve, pero luego recibimos un video en el que pudimos ver como el personal era atacado por lo que parecía ser una fuerza invasora muy poderosa. Y es justo por eso por la que en esta misión nos acompañan dos AST. —señalo a los agentes que estaban entre ellos— Ya que si se tratan de terroristas que buscan (según los agentes) causar una guerra entre nuestra nación y cualquier otra potencia extranjera necesitamos toda la ayuda posible. ¿Está claro? —los soldados le dieron un: “¡Sí, señor!” al unidísimo— Kein, tú, con la mitad de mis hombres irán a la puerta principal y esperarán que esta sea abierta por Naiyomi y los míos; Naiyomi, ya sabes qué hacer.

Cada uno se fue a cumplir con su atarea y él se quedó a la retaguardia para dar las órdenes, viéndolo todo a través de los visores de los cascos de sus soldados y de los AST. Vio como Naiyomi ingresó al silo tras forzar una rendija que estaba por arriba de la construcción y que daba a unas escaleras que descendían a una sala, pero ella primero bajó sola, en forma de esfera, y eso fue una buena idea porque fue recibida por una lluvia de balas por parte de las ametralladoras automáticas que habían instalado en esa zona. Las destruyó derritiéndolas usando el fuego y, ya libre de ellas, dejó que los soldados que venían con ella ingresaran. Ahí dentro se pudo conectar con el sistema computarizado del silo por medio de un panel de control que estaba en la pared. Hecho esto, abrió la puerta principal y Kein pudo, junto con los soldados que le acompañaban, luchar contra los terroristas que estaban a las órdenes de los Hellmute, que ya habían iniciado con el despegue de uno de los misiles. Uno que no podrían detener a tiempo.

—Kein, Naiyomi, ese misil está a punto de despegar. Si no lo detenemos comenzara una nueva guerra mundial. Tenemos que hacer algo.

—Yo me haré cargo. —propusó Naiyomi que se estaba dirigiendo hacia el misil— Lo detendré desde el aire.

—¿Qué? ¿De que estas…?

—No se preocupe, comandante. —repusó Kein que en ese momento le rompía el cuello a un terrorista— Ella sabe lo que hace.

Vió una de las cosas que jamás creyó que vería en su vida: fue testigo de cómo Naiyomi saltaba sobre el misil, se adhería a el y dejaba que este despegara con ella sobre el mismo. Tuvo que salir del camión en donde se encontraba sentado para verlo con sus propios ojos. Lo hizo y aun así no podía creerlo, pero era verdad. No lo entendía, ¿Cómo era posible que…?

—Señor, ya estoy llegando al centro de mando. —le dijo Kein sacándolo de su estupor— Voy a entrar.

Kein subió las escaleras que daban a las puertas de la sala de control, pero alguien cayó frente a él y se vio obligado a retroceder.

—No vas a pasar, AST. —le dijo el Hellmute preparado y listo para el combate— Yo, Andras no te lo permitiré.

Sin mediar palabra, Kein, mediante su súper velocidad, envistió a Andras y lo clavó en las puertas empleando una espada-láser que además le atravesó la GIN y que luego usó para cortarlo en muchos pedazos que se desparramaron en el suelo, mientras que él sujetaba su cabeza que aplastó con sus manos de camino al centro de mando en donde se encontró con otro Hellmute.

—Yo, Xaphan, te saludo, AST —le dijo el terrorista terminando de usar la computadora central de la habitación— Tienes mi admiración por haber llegado tan lejos, pero los misiles serán lanzados y una nueva guerra estallará y no podrás detenerla. —sin más destruyó la computadora— Haz perdido.

—No lo creo —contradijo el AST trasformando su espada en una pistola que iba a usar para dispararle a Xaphan, pero en ese momento otro Hellmute descendió del techo y por medio de un golpe con la mano le quito el arma; empleando otros también para obligar a Kein a mantener la distancias—. ¿Y tú eres?

—Pruflas, ¿bailamos?

Lucharon mano a mano, y pronto Kein superó a Pruflas al que le rompio los brazos mediante llaves para después atravesarle el pecho y romperle la GIN con sus propias manos. Solo quedo Xaphan que se le abalanzó en un intento por acuchillarle, pero él le quitó el arma, lo abrazó completo por detrás y lo electrocutó hasta que su gema se destruyó y todo su cuerpo se hizo cenizas. Tras eso entraron los soldados aliados, que solo se le quedaron mirando.

—Kein, ¿crees que puedas detener el lanzamiento de los misiles? —pregunto Yiro tras ver todo lo ocurrido.

—Sí. —le respondió el AST que se acercó a la computadora que controlaba a los misiles y que había sido destruida por Xaphan— Mire. —puso la palma sobre los restos del ordenador y de ella salió un líquido oscuro que al hacer contacto con ellos se encargó de reconstruirla hasta tener su aspecto original— Ahora detendré la secuencia. —unos minutos después— Ya está, todo en orden.

—Menos mal, ¿y qué hay del que ya despegó? ¿lo has apagado también?

—Ya salió de la frecuencia, no puedo desactivarlo. Pero, Naiyomi, me dijo que lo haría explotar una vez que estuviera en el espacio. Habrá que esperar. Lo veré afuera.

Paso un tiempo, Kein salió y ambos vieron como en lo alto del cielo se producía un gran estallido.

—Lo siento, por tu amiga. —le dijo Yiro con legitima lastima.

—¿De qué está hablando? —pregunto Kein extrañado.

—Bueno… ella…

—Ella no ha muerto. —le afirmó Kein dejándolo incrédulo— Use sus binoculares, la verá descendiendo.

Los usó y vió que en efecto Naiyomi, por medio de una especie de paracaídas, descendía hacia ellos; en donde fue recibida con aplausos y elogios por parte de todos los presentes. Y eso fue solo el principio, ya que esa noche todos celebraron la victoria de ese día, en compañía de los AST que la hicieron posible.  

***

En un complejo de almacenes de la ciudad de Ventspils, Letonia, se estaba llevando a cabo una reunión muy importante de una célula terrorista cuyo líder tenía en su poder una bomba nuclear, el cual no paraba de alardear sobre como ahora sus enemigos sucumbirían ante el poder que tenían entre sus manos (literalmente); obviando el hecho de que de no ser por las dos Hellmute que estaban a su lado no hubiera podido conseguir esa arma que presentaba a sus hombres con orgullo. Pero los alardes se acabaron cuando la policía ingreso al lugar dando inicio a un tiroteo en el que murió la mayor parte de los terroristas, mientras que otros eran arrestados. En cuanto al jefe, pudo escapar de la masacre gracias a los que le dieron el artefacto. Que lo condujeron por calles y pasajes laberinticos hasta que uno de ellos se dé tuvo en seco.

—¿Qué ocurre, Rahovart? —preguntó el de nombre Tap.

—Nos están siguiendo. —respondió el Hellmute creando una lanza— Me ocuparé de ellos, ustedes reúnanse con Ukobach en la iglesia y háganla volar tal y como lo planeamos.

Lo vieron saltar a la azotea de uno de los edificios y desaparecer; ellos prosiguieron y pronto escucharon sonidos de lucha. Llegaron sin problemas a la iglesia, se reunieron con Ukobach y armaron la bomba que comenzó con la cuenta regresiva. Momentos después apareció un AST, inconfundible por la armadura oscura, que caminó hacia ellos para enfrentarlos creando una espada-láser.

—Vete, Rumer. Nosotros nos ocupamos de él —le dijo uno de ellos que, al igual que su compañero Hellmute, formó un arma blanca y rodeo al AST—. ¡Vete, ya!

Rumer le obedeció sin más, salió por la parte trasera de la iglesia, no sin antes ver como éstos peleaban contra el AST durante un instante. Abrió una alcantarilla y entró con la intención de escapar por el drenaje. Y luego de mucho andar al fin salió y se detuvo a ver la explosión, pero para su sorpresa la bomba no estalló en la iglesia, sino en el aire. A muchos kilómetros sobre la tierra. Entonces, sintió que una mano invisible le agarraba con fuerza por la garganta y lo ponía contra la pared, y vió para su horror como una AST se materializaba frente a él, al desactivar su CTO.

—Déjame explicártelo, ya que te vez confundido. —le dijo la AST sin dejar de aprisionarlo— Mi compañero mató a los tuyos, agarró la bomba, fue al techo de la iglesia, la lanzó bien alto y ésta estalló en el aire, tan simple como eso. Y ahora… —hizo salir de su mano libre una larga y puntiaguda aguja— …me vas a decir todo lo que sepas.

Le introdujo la aguja en la cabeza y por ende en el cerebro, y gritó de dolor. La vida se le escapó del cuerpo y su conciencia se fue. No obstante, su cuerpo comenzó a convulsionarse y la AST tuvo que quemarlo antes de que se convirtiera en una bomba humana sin cerebro y alma, aunque ya lo era en vida. 

***

Los bosques de Bogotá, Colombia, era hermosos al igual que sus ríos, pero lo que no era para nada bonito eran los cadáveres amarrados a los arboles como advertencia de mantenerse alejados de los dominios del cártel de drogas altamente organizado que dominaba esa zona en particular de la jungla en donde fabricaban su mortal veneno, algo que la marina de Estados Unidos en colaboración con los agentes de Trones no iban a permitir. Para lo que se habían dividido en dos grupos uno que iría por el rio hacia la base de los terroristas y otro que caminaría por la espesura hacia esa misma ubicación. Con la finalidad de rodearlos. Pero el problema era que no podían atacarlos sin más porque tenían en su poder a dos rehenes políticos que serían los primeros en morir si intentaban cualquier ataque. Y ahí era donde los AST entraban en acción.

—Ya llegamos —les dijo Zarit, el barquero que habían contratado para que los condujera en secreto por ese rio hacia el pequeño muelle de los terroristas—. ¿De verdad lo harán solo ustedes nomás?

—Sí, es mejor así. —le contestó Naiyomi al nativo que poco le importó que ella y el otro AST mataran al terrorista que vigilaba el atracadero, en donde encalló la embarcación— Quédese, aquí. Y no se mueva. Si no regresamos en dos horas, váyase.

—Como ordene. —le respondió Zarit que se puso a leer las noticias con una Tablet, tras activar un camuflaje que le cubrió por completo.

Kein y Naiyomi se sumergieron en la espesura del bosque y después de treinta minutos de caminata encontraron la base, que era bastante grande y amurallada, con dos torres vigías en sus cuatro entradas.

—Yo, iré. —dijo Kein que se disfrazó de un nativo y fue derechito, con las manos en alto, hacia el vigilante de la puerta que le apuntó con su arma.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó el vigía que se le acercó—. ¿Qué quieres?

Kein apuntó con su dedo al vigilante derecho de la torre izquierda y el vigía vió como éste moría de un tiro a la cabeza para luego ver como al otro le sucedía exactamente lo mismo, mas éste no pudo dar la alarma porque el AST le tapó la boca y lo apuñaló por la espalda.

—Naiyomi, voy a entrar. —le dijo Kein tras absorber la memoria del vigía y disfrazarse de él al copiar su aspecto— Te mando la ubicación de los rehenes, yo haré el resto.

Kein, disfrazado del vigía, entró sin problemas en la base y se abrió camino hasta el edificio principal de la zona en la que estaba operando un Hellmute de nombre Paimon que puso el grito en el cielo cuando comenzó a disparar a diestra y a siniestra tanto a la infraestructura como a los individuos que estaban en ella.

—¡¿Pero qué demonios crees que haces?! —le grito Paimon agarrando con fuerza la barandilla del segundo piso.

—Mi trabajo. —le contesto Kein sacándose el disfraz y revelando su verdadera identidad, mientras que los hombres del Hellmute le apuntaban— Y apenas y he empezado.

—Ah, un AST. —dijo con burla Paimon recuperando la calma y dando la orden de no disparar— Veamos qué tan duro eres cuando hay vidas en juego, ¡traigan a los rehenes!

—Señor, los rehenes han desaparecido. —dijo uno de los hombres de Paimon que regresó minutos después de que él diera la orden.

—¿Qué?

—Me he fijado. En el muro de ambas celdas hay un agujero oculto por un holograma que también proyectaba a los rehenes. Y es extraño, es como si la pared se hubiera quemado desde afuera.

—Maldita sea. —miro a Kein con odio— Tu hiciste ésto, ¿verdad? Tú y tu condenada compañera. Pues no les servirá de nada. —salto del segundo piso y formo una gran espada doble— Os venceremos y continuaremos con nuestra producción. Y, déjame decirte algo, AST, mi compañero, Gomory, es más fuerte que yo y la hará pedazos.

—Entonces, no tengo de que preocuparme. —respondió Kein descuadrando a Paimon— Porque mi compañera es mucho más fuerte que yo, y ésa es la razón por la que siempre se queda detrás de mí: para cuidarme las espaldas. 

***

Naiyomi corría por el bosque con los dos rehenes detrás de ella cuando sintió la presencia de alguien que les acechaba. Por eso hizo que se detuvieran. Para enfrentarlo.

—¡SE QUE ESTAS AHÍ! ¡SAL DE UNA VEZ Y MUESTRATE!

—Me impresionas —le dijo el Hellmute que descendió de los árboles justo en frente de ellos— Ya sabías que te estaba siguiendo, pero preferiste guardar silencio hasta que estuviéramos lejos de la base. ¿Es que quieres enfrentarme sin que nadie intervenga?

—No quiero que tus amigos te ayuden, eso es todo. Ahora, ¿vienes o no? —le pregunto Naiyomi sacando largas agujas de entre los dedos de la mano.

—Con gusto. —respondió el Hellmute sacando dos hojas de sus brazos y yendo hacia ella para clavárselos; sin poder lograrlo gracias a que fue detenido y amarrado por hielos que lo suspendieron en el aire—. ¿Qué demonios me has hecho?

—Nada salvo hacer que caigas en mi red de telaraña y ahora muere. —diciendo esto cerró el puño haciendo que los hilos se movieran y que se encargaran de desmembrar al Hellmute; todas sus extremidades se desprendieron una de la otra y Naiyomi con una sola aguja le destruyó la GIN sacando al terrorista de su miseria. Éste se desintegró y ella eliminó la red— Vámonos.

Continuaron hasta llegar al muelle y, estando ahí, Zarit, que la reconoció, se deshizo de su camuflaje y la llamó.

—Gracias por esperarnos.

—Usted me paga por esto, ¿qué hay de su compañero?

—Yo me ocuparé de él. Escuche, lleve a éstos dos rio abajo, ahí los estará esperando un escuadrón militar que se encargará de ellos. El cabo que dirige esa unidad se encarga darle la otra mitad de su paga.

—Muy bien, pero ¿usted que va hacer ahora?

—Mi trabajo.

Se fue y se internó en la selva una vez más.

***

Voros, el capitán del pequeño ejército que estaba aguadando en el bosque a la espera de la señal para que ingresaran dentro de la base del cártel, se estaba impacientando. Él era un hombre de acción y le gustaba hacer las cosas de forma directa. Por eso fue toda una alegría cuando Naiyomi le llamo informándole del éxito del plan y que ya podían ingresar para terminar el trabajo. Dió la orden y todos fueron a la lucha.

***

—¿Escuchas eso? —le preguntó Kein mientras hacían fuerza, una espada contra la otra—. Los militares han entrado, lo que significa que los rehenes ya están a salvo. Tú amigo a muerto y tu pronto te le unirás. Han perdido.

—¡No mientras yo siga respirando! —contradijo Paimon haciendo presión para sacárselo de encima y empujarlo hacia atrás.

—Eso se puede arreglar fácilmente. —Kein fue al encuentro de Paimon y, mediante rápidos movimientos, logro situarse a su espalda la cual atravesó con su espada-láser, destruyéndole le GIN en el proceso— Te lo dije.

Se dio la vuelta y le cortó la cabeza, y los terroristas que vieron toda la confrontación de principio a fin salieron corriendo despavoridos para ser arrestados por los militantes estadunidenses que los esperaban afuera. Kein se reunió con Naiyomi y ambos se fueron a proseguir con la cacería de Hellmute.

 ***

Había dos puentes, uno al frente del otro, en uno dos Hellmute y el otro uno de ellos, pero los tres tenían el mismo objetivo: un camión que era custodiado por autos blindados en el que iba un importante caudillo militar, que si era liberado significaría el resurgimiento de una importante célula terrorista. Algo que ellos deseaban; siendo ese el motivo por el que estaban ahí, en Italia, precisamente afuera del distrito este de Venecia. El camión y su escolta llegó y ellos se pusieron en acción: Furfur saltó del puente y golpeó el primer vehículo de la caravana haciendo que se pusiera boca arriba, lo sostuvo y, con su increíble fuerza, lo lanzó hacia un mural e hizo lo mismo con el siguiente transporte; Buer le imitó, pero desde atrás, contra los dos últimos carros; y Alocer, usando un fusil de francotirador, mató a los conductores del camión. Así ya estaban libres para llevarse y liberar al caudillo.

—Buer, ve a traer a nuestro hombre, yo abriré las puertas —le dijo Furfur caminado hacia el camión y entrando en la cabina para presionar el botón que abría las puertas de atrás, mientras que el otro Hellmute se encargaba de recoger al caudillo, o eso era lo que tenía que pasar porque, en vez de eso, escuchó sonidos de pelea y cuando salió para ver lo que ocurría vio la hoja de una espada-láser sobresalir de la caja del vehículo para después ver emerger a un AST de la parte trasera del transporte, que al parecer había estado todo el tiempo ahí dentro esperándolos en vez del jefe terrorista—. ¿Tú?

—Fue muy fácil engañarlos. —en eso escucho el sonido de un disparo y vio caer muerto a Alocer con el pecho reventado— Muy fácil.

Intentó reaccionar, pero fue demasiado tarde, también recibió un tiro en el pecho que le destruyo la GIN y murió sin dejar nada en el mundo, salvo un triste recuerdo.

 ***

Un helicóptero volaba por encima del océano Ártico en dirección hacia un rompehielos ruso de energía nuclear que había sido secuestrado por terroristas y que estaba en curso de colisión con la ciudad de Vardo, Noruega; y, como era un hecho, que habría muertes masivas si el barco impactaba en la ciudad fronteriza, los soldados que viajaban en el transporte aéreo tenían que detenerlo. Por eso, al llegar, usando cuerdas, bajaron al navío con la intención de hacerle frente a los criminales y detener la nave, pero en vez de eso fueron atacados y masacrados por robots asesinos de tipo B que los hicieron pedazos sin dejar a uno solo con vida. En cuanto al autogiro fue atacado por los autómatas que lograron saltar e ingresar en el helicóptero cuyo piloto lo estrelló contra el barco. Nadie sobrevivió.

***

—…y eso es todo —les dijo el capitán Cecilio tras mostrarles los videos captados por los cascos de los soldaos que fueron al rompehielos usando su GIN—. De ahí perdimos contacto, ¿qué piensan hacer?

—Nuestro trabajo, como siempre. —respondió Naiyomi sentada al igual que Kein en una de las sillas dentro de la cabina del centro de mando del buque patrulla que navega el mar en dirección hacia el barco en cuestión— Aunque yo me inclinaría por destruirlo con un misil.

—Yo también, pero hay una señal de auxilio que proviene del almacén de esa nave —explicó el otro AST que pensaba como si compañera— Por eso debemos ingresar y salvar a los que estén aun ahí dentro.

—Algo difícil, teniendo en cuenta las circunstancias. —mencionó Cecilio pensativo.

—Pero no imposible para nosotros. —aseguró Naiyomi segura de si misma y de Kein.

—Señor, ya llegamos. —le informó uno de sus hombres.

—Bien, vamos afuera. —dijo Cecilio y los tres salieron a la proa en donde pudieron ver al impotente rompehielos que seguía su curso de colisión en la oscuridad de la noche y del mar tormentoso, que no paraba de chocar con la estructura metálica del navío—. ¿Seguros que no quieren la ayuda de mis hombres?

—Ellos nos estorbarían —le contestó Kein firmemente—. Solo quédense aquí y esperen nuestro regreso, y si no lo hacemos váyanse.

Corrió y dió un gran salto hacia el rompehielos y logró caer en la cubierta del barco; de ahí su compañera, tras despedirse, hizo lo mismo; y él, tras mirar un rato más el navío, regreso con sus hombres en el centro de mando.

—¿Cree que lo lograran, señor?

—Ahora lo averiguaremos —activó las pantallas de la cabina y todos se pusieron a ver el espectáculo.

***

Todo sucedió muy rápido y de todas partes vinieron en manadas, robots de tipo B que solo querían aniquilarlos. Más no lo lograron porque ellos, actuando con rapidez, los destruyeron usando poderosas ametralladoras hasta aniquilarlos por completo para luego dividirse, equipados con fusiles de asalto, e ir hacia la señal de socorro. Durante el camino cada uno se enfrentó a más autómatas hasta encontrarse de nuevo en los almacenes y entrar en la cabina de dónde provenía el S.O.S., pero se sorprendieron al encontrarla vacía, salvo por un pequeño aparato que tenía el aspecto de un pequeño parlante. Y de repente las puestas de la caja se cerraron y ellos quedaron atrapados en ella.

—Hola, agentes —les dijo una voz que provenía del parlante—. Espero que estén cómodos. Soy Haborym, y por todos los Hellmute que han matado, van a morir. Ya que ese barco se convertirá en su prisión y tumba.

***

Haborym se encontraba viéndolo todo desde el periscopio del submarino que era manejado por sus subordinados que eran también robots (de tipo A y C) que esperan sus órdenes; las que no tardarían en llegar.

—Preparen los torpedos —les dijo sonriendo—. ¡Y habran fuego!

Le obedecieron y varios misiles fueron disparos hacían el rompehielos en cuya estructura se formó dos grandes agujeros por los que entró agua. El barco comenzó a hundirse y el Hellmute no pudo estar más feliz.

***

—El barco se hunde —dijo Kein sintiendo al igual que Naiyomi como éste se desequilibraba—. Y estamos atrapados aquí.

—No por mucho. —sentenció la AST yendo a las puertas de la cabina, poniendo sus manos en ellas y calentándolas tanto que formo un gran agujero en las mismas— Ahora podemos salir.

Los dos corrieron por los corredores y pisillos del barco hasta que salieron a la cubierta del navío y dando un gran salto cayeron en la proa del buque patrullero en donde vieron como el rompehielos terminaba por hundirse en el océano. Cecilio y algunos de sus hombres fueron al encuentro de ambos.

—¿Se encuentran bien?

—Sí, no fue nada. —afirmó Naiyomi con algo de sarcasmo— Solo un día típico en nuestras vidas.

—Ah…Naiyomi. —dijo Kein señalando un submarino que emergió del mar— Esto aún no termina.

—Ese de ahí debe de ser Haborym —dedujo al ver a un Hellmute salir de la embarcación e ir hacia las ametralladoras del sumergible que estaban sobre la vela—, capitán haga que el patrullero colisione contra ese submarino, mientras que yo voy a las torretas para dispararle, Kein, ¿estás listo para esto?

—Nací listo.

Cecilio les obedeció y en una lluvia de balas fueron contra el submarino que resistió el golpe del patrullero, más Haborym no pudo aguantar la envestida que Kein le hizo cuando, impulsado por el golpe de ambas embarcaciones, salto contra el Hellmute y lo tiro de la vela contra el suelo metálico del sumergible, arrastrándolo.  El terrorista se lo quitó de encima usando ambos pies, el AST realizó una voltereta y los dos quedaron frente a frente. Y, mientras que Naiyomi entraba dentro del submarino para encargarse de los subalternos de Haborym, Kein lo empalo contra la vela, usando una espada-láser y su súper velocidad. Destruyéndole la GIN y terminado con la vida de otro Hellmute. Pero eso no significa el fin de la cacería.

***

Muy poca gente lo sabía, pero en Argentina, precisamente en el Puerto Iguazú, existía un complejo minero clandestino del que se extraía oro con el que se financiaba un grupo de terrorista, cuyo líder Xeron, en ese preciso momento, se encontraba presenciando el interrogatorio que se le hacía a un agente invasor que había estado fisgoneando por el área. El interrogador, un Hellmute de nombre Lechies, lo había amarrado al techo y lo golpeaba fieramente en diferentes partes del cuerpo sin éxito porque el joven, pese a las heridas infligidas, no decía absolutamente nada.

—Tal vez sea mudo. —sugirió Xeron un tanto impresionado por la resistencia del joven.

—Eso no es posible, señor. —respondió Lechies golpeando de nuevo al joven en la cara— En el mundo ya no existen ni mudos, ni ciegos o sordos. No éste solo quiere hacerse el duro, pero yo sé cómo hacerle hablar —se fijó en los otros dos Hellmute que estaban en la habitación— Malphas, Orobas traigan mis herramientas.

—Eso no será necesario. —dijo el joven mirando con desprecio al que lo había golpeado.

—Asiqué hablas —se burló Lechies—. A ver, dime, ¿porque no voy a necesitar mis herramientas?  ¿Es que al fin vas a decirnos quien eres y porque estás aquí?

—Sí, soy un AST y estoy aquí para matarlos —su aspecto cambió al de un rubio de ojos celeste; ahora lo reconocían— Y he estado haciendo tiempo para que mi compañera, junto con el ejército, pudieran entrar y matar a los suyos, mientras aguantaba tus débiles golpes —se escuchó una fuerte explosión que vino junto con gritos y disparos— Os lo dije.

El AST se liberó de las esposas que lo sujetaban y como Lechies le daba la espalda, al distraerse por la explosión, le acuchillo por detrás con una daga tan larga que le atravesó por completo la caja torácica junto con la GIN del pecho. Luego de forma veloz sustrajo el arma que convirtió en un potente revólver y que usó para dispararles a Malphas y Orobas en sus gemas, rompiéndolas y matándolos en el proceso. Los tres Hellmute se disolvieron en el suelo. Dejándolo solo con el agente de Trones que, tras vestirse, le absorbió hasta el último recuerdo. Minutos después la compañera del AST, se cercioró que estuviera bien y juntos continuaron con la misión.

***

Yuna, una tierna y jovial jovencita, se encontraba caminado por las calles de Tokio, Japón, aburrida y con ganas de hacer o ver algo interesante, y cuando se enteró de que en una de las zonas del proyecto de renovación urbana ocurrió un atentado terrorista contra el funcionario encargado de llevar a cabo dicho proyecto a la realidad, fue a ver de primera mano lo que ocurría, al estar cerca de lugar. Aunque claro, al llegar, había una barrera policial que le impedía el paso, como a los otros curiosos, pero eso no evitó que con la GIN hackeara las cámaras y viera lo que estaba pasando ahí dentro, rodeando el área para no perderse nada. Y pudo ver a dos AST luchar junto a la policía contra un grupo de terroristas que eran comandados por un individuo que al verse sobrepasado comenzó a huir por diferentes calles hasta toparse con ella.

—¡Ven, aquí! —le ordeno sujetándola y tapándole la boca mientras retrocedía junto con ella hacia una casa abandonada—. No te mataré si te quedas quieta.

No le creyó y se hubiera desesperado de no ser porque de una de las paredes de la casa salieron un par de manos que agarraron al jefe terrorista y lo arrojaron hacia otra habitación, contra el suelo, lejos de ella.

—¿Estas bien? —le preguntó la AST que vió por las cámaras—. Quédate detrás de mí y no te muevas. —No pensaba desobedecerla y fue testiga de cómo el otro AST se enfrentaba a puño limpio contra el terrorista llegando ambos a usar armas blancas, terminando la lucha cuando la espada-láser del agente atravesó el pecho y la GIN del criminal que, para su sorpresa, se desintegro en el piso, sin dejar rastro alguno— Y ése fue el final de Deimos.

Llegó la policía, ella dio su declaración, obviando naturalmente sus habilidades como hacker y se fue a casa, no sin antes recibir de parte de los AST un elogio por su valentía y un recuerdo: un aguja larga y plateada.

***

En Estados Unidos, específicamente en Boston, Massachusetts, se ubica el hospital “Mass General” que es el centro médico más grande del país y cuyo fin es el de atender a los miles de pacientes que le llegan cada año, fundado en 1811; pero ese año en particular no daba abasto, como las otras clínicas de la nación, porque tenían que atender a un sinnúmero de drogadictos traídos de las calles por la policía cuyo fin era el de tratarlos antes de que se convirtieran en bombas humanas por las drogas que los Hellmute les habían suministrados con la ayuda de los traficantes que solo pensaban en el dinero fácil. Y era difícil sobre todo porque muchos de esos toxicómanos no querían ayuda.

—¡Déjenme ir! —exigió Berna una drogadicta que había sido llevada a la fuerza a la clínica—. ¡No quiero estar aquí!

—Cálmese, señorita. —le pidió Aldo que era el doctor que iba tratarla— Le voy a explicar por qué la han traído acá; pero si no se calma les ordenaré a los dos oficiales que la obliguen a estarse quieta. —la mujer dejó de retorcerse en el asiento y el miró a los policías— Pueden irse. —se fueron de la habitación y el doctor se fijó otra vez en la drogadicta— Dígame, ¿sabe que significan las iniciales AST?

—¿AST? ¿Agente Especial de Trones?

—Correcto. Verá hace unos días dos de esos agentes vinieron al país y junto con la policía rompieron toda una red de narcotraficantes —le explicó mostrándole videos de ese evento con la GIN— Ahora, bien, lo que realmente destaca de este evento, es que descubrieron que estos traficantes suministraban a individuos como usted una droga mutagénica que en el lapso de cuarenta y ocho horas convierte a los que la consumen en bombas humanas, como a estos —le mostro imágenes y videos de personas que se hinchaban y estallaban—. Me imagino se habrá enterado de las noticias, ¿no? Sobre los atentados terrorista que ha habido en diferentes partes del país. Bueno, resulta, que eran drogadictos que consumían dicha droga.

—Pero, ¿Por qué? ¿Por qué hicieron eso?

—Por el dinero. Recibieron mucho dinero de una organización terrorista de nombre Hellmute que fue la encargada de suministrarles la droga. De lo contrario dudo que lo hubieran hecho. ¿Y que buscaban estos terroristas al causar pánico en las calles? No se sabe a ciencia cierta, aunque según los AST ellos buscan que el mundo arda.

—¿Y qué me va a pasar? —pegunto Berna con miedo—. ¿Me convertiré en una bomba humana?

—No si se deja tratar, y esa es la razón por la que está aquí —Aldo preparó una inyección— Voy a inyectarle una nanos que se encargaran de buscar y eliminar el mutageno en cuestión, y eso será todo.

—¿Y podré irme?

—Sí, podrá irse; pero espero que esto la motive a dejar las drogas; ahora estire el brazo.

Le obedeció, le inyectó la sustancia y la mujer se fue tranquila, permitiendo que otro drogadicto entrara a la habitación al que el doctor tendría que calmar del mismo modo. Sería un día muy largo para él, pero así era el trabajo; nunca era fácil.

***

Kein estaba, mirando por la ventana del cuarto piso de la embajada estadunidense (en uno de los países más conflictivos del mundo) a la muchedumbre de gente que se había reunido alrededor del edificio para exigir la liberación de un líder terrorista que tanto él como Naiyomi ayudaron a capturar y que por varias razones lo habían tenido que apresar ahí dentro. Pero sus seguidores, que eran encabezados por tres Hellmute, lo querían libre y no paraban de atacar a la embajada que resistía gracias al campo de fuerza que le rodeaba, aunque eso no dudaría demasiado.

—Kein, ya he hablado con la base y me dicen que el helicóptero llegará en cuarenta minutos. —le explicó Naiyomi acercándosele y refiriéndose al transporte que usarían para llevar al líder terrorista a una cárcel de máxima seguridad—. Pero, el problema es que el campo ya no aguantara mucho más tiempo.

—Puede que no sea necesario que lo haga.

—¿A qué te refieres con eso?

—Verás: poseo una técnica con la que puedo barrer a esa enorme multitud de un solo golpe; pero el problema es que para hacerla necesito acumular energía durante al menos treinta minutos, y en ese lapso de tiempo estoy desprotegido. Si subimos a la azotea del edifico, damos la orden de que quiten la cuarta parte del campo y me proteges, puede que lo logremos.

—Me parece bien.

Dieron la orden, subieron y Kein se sentó tras crear una espada que clavó frente a él. No paso mucho tiempo para que los tres Hellmute se dieran cuenta de lo que ocurría y saltaran a la azotea.

—¿Quiénes son ustedes? —pregunto Naiyomi formando una lanza.

—Yo soy Torngarsuk. —respondió el de centro formando un tridente. 

—Yo, Zaebos. —contestó el de izquierda creando una gran hacha.

—Y, yo Ronwe. —indicó el de la derecha haciendo una espada.

—Y ahora que nos conocemos —dijo Torngarsuk poniéndose en posición de ataque al igual que sus compañeros—, vamos a matarte.

Todos lucharon contra Naiyomi que, pese a estar en desventaja numérica, pudo mantenerlos a raya durante bastante tiempo, en el que tanto ella como los Hellmute, se dieron cuenta que el cielo se tornaba cada vez más tormentoso, y no les fue difícil intuir que Kein era la razón tras de ello, por eso los tres intentaron atacarle en más de una ocasión, pero la AST creó un muro de fuego alrededor de él, siendo casi imposible que pudieran llegar a su compañero que al fin terminó causando que todo su cuerpo estuviera rodeado por energía eléctrica que usó para atacar a los Hellmute haciendo que estallaran en pedazos al igual que sus GIN. Caminó hasta el borde de la azotea, levantó la espada hacia el aire y la bajó causando que del cielo descendiera un enorme colibrí eléctrico de color rojo que impactó contra la muchedumbre y estalló. Cuando el humo se disipó, solo había in enorme cráter y nada más. Kein cayó rendido de espaldas y Naiyomi lo sostuvo.

—Creo que dormiré un poco ahora.

—Hazlo —le pidió Naiyomi sonriendo—, te los has ganado.

Kein cerró los ojos y ella se lo quedó mirando con una sonrisa, tiempo después vino el helicóptero de rescate.

***

—Ya llegamos. —dijo el conductor del auto patrulla que los llevo a un imponente rascacielos que no era más que el centro de control climático Mundi en Belfast, Irlanda, en donde se había reunido una gran cantidad de policías que esperaban la oportunidad de poder ingresar— El jefe de policía es el del fondo.

—Ah, ya era hora que llegaran. —les dijo el jefe Darot tras verlos salir del vehículo e ir hacia su encuentro— Los estábamos esperando.

—¿Cuál es la situación? —preguntó Naiyomi, mientras que Kein miraba la zona.

—Hace dos horas, un terrorista, muy posiblemente un Hellmute, uno muy poderoso, irrumpió en las oficinas de Mundi. —explicó Darot mirando un rato el edifico— Masacro a todo el personal y, aunque son conjeturas, pensamos que planean causar un desastre climático.

—O, tal vez, algo mucho peor. —mencionó Kein sombríamente— Ahora nosotros nos haremos cargo. —miró a Naiyomi— Vamos.

Los dos entraron al edificio y en la entrada cadáveres ensangrentados y aplastados por lo que parecía ser una especia de maza. Se contactaron con las cámaras del recinto y encontraron el Hellmute. Fueron al ascensor y, como sabían los códigos de acceso, presionaron el del último piso que los llevó al centro mismo de la tierra de forma muy veloz.

—Lo sientes, ¿verdad, Naiyomi? —le pregunto Kein; al tiempo que descendían en el ascensor.

—Sí, este es diferente a los otros Hellmute con los que nos hemos enfrentados. Debe de ser un…

—General —termino la oración—. Y por eso es que vino solo, para no tener estorbos en el camino.

El ascensor se detuvo y ellos ingresaron en una gran sala de cristal reforzado transparente en el que se podía ver el mismo centro candente de la tierra. Pero ellos se fijaron en los cadáveres regados y el Hellmute que estaba ahí haciendo algunas configuraciones en la computadora central. Se detuvo y los miro fijamente.

—Así que han llegado. —dijo sacando de su espalda un martillo de guerra— No importa. Los mataré y terminaré con mi trabajo. Y toda la sangre derramada habrá valido la pena.

—¿Y que estas haciendo, si se puede saber?. —le preguntó Naiyomi creando una lanza-láser con Kein formando una espada-láser.

—Es sencillo: la computadora de arriba controla todo el clima de la tierra; en cambio esta, controla las capas tectónicas del mundo. Lo que haré será configurarlas para que en todas partes del globo ocurran terremotos sísmicos, huracanes, maremotos y todos los desastres naturales imaginables. Así daré punto final a la misión que me fue encomendada junto con los míos.

—No entiendo, ¿porque tú y los tuyos buscan destruir el mundo? —cuestionó Naiyomi tan horrorizada como Kein tras escuchar el plan del Hellmute—. ¿Por qué lo hacen?

—Por los nuestros. —explicó el Hellmute con firmeza— Ahí arriba, nuestro señor aguarda con cientos de cápsulas que encierran embriones “GIN”. Y para que puedan vivir y empezar de nuevo, ustedes tienen que morir. Es así de sencillo.

—¿“GIN”? —pregunto Naiyomi debido a que ese nombre era igual al de las gemas que usaban.

—Es el nombre de los verdaderos herederos del mundo, el nombre de los que estuvieron aquí mucho antes que todos ustedes.

—Sea eso cierto o no, podríamos convivir. —sugirió Kein de forma práctica— No hay razón para luchar entre nosotros. Podemos vivir en paz.

—¿Es una broma? ¿Con seres inferiores a nosotros? ¡Jamás! Su destino es morir en nuestras manos. Y, yo, Behemot, lo haré realidad. Ahora vengan, los hare pedazos.

No hubo nada más que decir, ambos AST se enfrentaron contra Behemot y, a diferencia de los otros Hellmute, él si les dio batalla. Ya que era más rápido y muchísimo más fuerte que los otros tanto que pese a que luchaban en equipo apenas y podían dañarle. Llegando un punto en que Behemot golpeó a Kein tan fuerte que lo arrojó contra el piso y, estando a punto de recibir un martillazo de parte del Hellmute, logró sobrevivir gracias a que Naiyomi le protegió con su lanza. Más no podrían aguantar mucho tiempo, sumado a que el suelo comenzaba a agrietarse por los potentes golpes de Behemot, pero Kein pudo recomponerse y alejar a el Hellmute de ellos por medio de un choque eléctrico. Fue ahí cuando al AST se le vino una idea que se la susurro a su compañera, la cual le lanzó a Behemot grandes llamaradas de fuego de las que él se protegió con un campo de fuerza librado por su martillo; pero Kein le disparó al campo y pudo desintegrarlo al ser balas especiales que lo deshabilitaron haciendo que éste recibiera de lleno las llamas de Naiyomi. El Hellmute gritó de dolor, pero eso no bastaba para vencerlo, por eso, cuando la AST dejó de lanzarle llamas, Kein, corriendo a gran velocidad, usando toda su fuerza y mientras que Behemot le ataca, le cortó al martillo que se había reblandecido por el fuego para luego darse la vuelta, como el otro, y cortar la garganta del Hellmute que se arrodilló con la sangre chorreándole del cuello. Pero no se rindió, trato de abalanzarse sobre el AST y él lo sujetó y lo lanzó contra el agujero que se había formado en el muro de cristal por las llamas de Naiyomi. Lo vieron caer hasta el centro incandescente de la tierra y morir en el fuego.

—¿Crees que terminó? —le preguntó Naiyomi acercándosele.

—No lo sé. —dijo Kein mirando a la AST— Solo nos queda esperar y rezar.

No le dieron más vueltas al asunto, reconfiguraron las computadoras a sus programas originales, regresaron al hotel, durmieron en la misma cama, se amaron, y regresaron a casa acorde a las nuevas instrucciones que les dio Hiroi.

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