QUIMERAS VISIONARIAS — Segunda Parte — Capítulo 4 (Prototipo): Primeras Ordenes
Kein
y Naiyomi se encontraban sentados en una de las mesas exclusivas para los
agentes especiales de TRONES dentro de una de las cafeterías de la empresa
conversando sobre lo ocurrido en Iquique hasta su llegada a santiago. Una
historia que ella le había pedido que contara y que deseaba oír con mucho
interés.
—¿En
serio? —le preguntó Naiyomi incrédula—. ¿Te recibieron apuntándote a la cara?
—Sí, pero no puedo culparlos. —respondió Kein,
sin darle demasiada importancia a ese suceso—. Es decir, no me conocían, nunca
me habían visto en persona y tenían que ser muy precavidos. Por lo que no se
les puede culpar, ¿verdad?
—¿Y
qué pasó después?
—Me
pidieron que les probara que era un Pishtaco. Así que opté por generar y
expandir un campo eléctrico que les destruyó todas las armas. Recién ahí
estuvieron convencidos.
—Y
asustados también.
—Créeme
que sí, pero funcionó. Después de eso, se presentó la líder del grupo, una
mujer de ojos rojos y cabello azul de nombre…
—Perdón,
disculpen que los interrumpa. —les dijo uno de los empleados de la empresa,
acercándose con precaución—. Pero, el señor Loan me ha pedido que les diga que
quiere verlos en su oficina ahora.
—Iremos
en un momento. —le contestó Kein al empleado, después de mirar a Naiyomi. Se
preguntaba, al igual que ella, qué era lo que el jefe quería con ellos— Puede
retirarse.
El
empleado se fue y Naiyomi lo miró algo emocionada.
—Kein,
¿crees que Loan nos vaya a dar una misión? ¿Crees que ésa sea la razón por la
que te llamó de regreso?
—Posiblemente,
y de ser así, al igual que como Zoe hizo conmigo, yo te voy a instruir, ya que
será tu primera misión como AST. ¿Estás preparada?
—Estoy
más que preparada. —respondió ella con convicción y emoción.
—Entonces,
vamos. Más tarde continuaré con mi historia.
***
—¿Crearon
un homúnculo usando los de datos las tablillas que robaron del banco? —preguntó
Naiyomi que no daba crédito a sus oídos.
—Y
no sólo eso, también un pequeño ejército de quimeras que están bajo su control.
—contestó Loan muy serio—. Y si no los detenemos, quién sabe lo que puedan
hacer.
—¿No
sería más sencillo mandar una bomba y destruir las instalaciones? —Quiso saber
Kein en un intento de ser más práctico.
—Sí,
¿Por qué no hacen simplemente eso?
—Porque
según el presidente de Chile, Ferol, las tablillas están ahí. —les explicó Loan
que también quería hacer lo mismo que ellos— Verán, hace algunos días, el llamó
a Naira diciéndole que…
***
—¿Qué
hizo qué? —pregunto Naira sin poder creer lo que acababa de escuchar.
—Tal
y como escucha. —respondió Ferol que la había llamado a su número presidencial—
Con las tablillas que me dió Allitos creé un homúnculo junto con un ejército de
quimeras en un laboratorio secreto que está en el Amazonas. Mis científicos
demoraron cuatro meses en crear a esos seres que se han escapado de nuestro
control. Y si no me cree, mire estos videos…
***
La
alarma sonó por toda la base, lo científicos trataban de huir y los guardias
intentaban protegerlos, pero nada pudieron hacer para resguardarse. Las
quimeras salieron de sus prisiones de vidrio y dieron inicio a una carnicería
que parecía no tener fin: a muchos los degollaron, a otros les arrancaban las
partes del cuerpo y, a los demás, los acribillaron a balazos al estar armados.
En cuanto al homúnculo, que también participó en la masacre, se tomó su tiempo
en matar a algunos a los que mutiló hasta asesinarlos, arrancándoles los dedos,
los ojos, los dientes, los brazos, las piernas, etc, para formar sacos de carne
invertidos, con los cuerpos de los muertos, que contenían las partes arrancadas
de los mismos, los cuales colgó en varias partes del lugar.
***
—
…cómo puede ver, señora Naira, esta y otras criaturas se has escapado de
nuestro control y necesito que usted o sus agentes de TRONES, se encarguen del
problema.
—¿Es
una especie de broma? —le pregunto furiosa—. ¡¿Espera que yo limpie su
desastre?!
—Señora
Lionel, entiendo que es un problema que generamos. Sin embargo, ¿prefiere que
se escapen y más adelante los ataquen y hagan lo que se les dé la gana?
—¡Inaudito!
Ferol, ¿cómo se le ocurre? Es usted un insano sin verguenza.
—No
le resto razón, Naira, pero insisto: ante esta emergencia ¿podrá cooperar?,
¿qué decide?
***
—
…ella se vio obligada a aceptar y Ferol le contó todo lo que sabía sobre los
experimentos y sobre esas criaturas. Y también le dijo que las tablillas se
encontraban ahí. No sabemos si eso es cierto o no, pero sea como sea no podemos
dejar pasar lo oportunidad de recuperar las tablillas que el estúpido de
Allitos les regaló, ¿comprenden? Es fundamental que las recobremos.
—Señor
Loan, exactamente, ¿cuál es nuestra misión? —pregunto Naiyomi algo asqueada
tras ver los videos.
—Fácil, ambos, junto con un grupo de diez soldados de fuerzas especiales capitaneados por la sargento Prisca, irán a esas instalaciones y se encargarán del problema y como son dos, cada uno tendrá su propia tarea: Kein, como tú tienes más experiencia en combate, céntrate en destruir a las quimeras y al homúnculo, Naiyomi, tú te encargarás de hallar las tablillas en la base. Si al final no encuentran nada y aún hay más de esas criaturas, quiero que todos salgan de ahí y nos llamen para que destruyamos toda esa área. Eso es todo, pueden irse y recuerden: si algo no es humano, disparen primero, pregunten después.
***
Había
trece personas en el cuarto de reunión de la base militar, ubicada en el
departamento de Amazonas. Diez soldados de fuerzas especiales sentados en sus
respectivas sillas, la sargento Prisca hablándoles desde un atril, una enorme
pantalla atrás de ella mostraba gráficamente lo que ella había referido. Kein y
Naiyomi, en el más completo silencio, se encontraban a los costados de la misma
en posición de firmes.
—…
y, en resumen —prosiguió Prisca, mirando fijamente a los soldados con sus ojos
morados que eran del mismo color que su cabello. Esperaba que le hicieran
preguntas en algún momento—, eso es todo lo que sabemos sobre las criaturas que
están dentro de las instalaciones y de lo ocurrido con el primer grupo que fue
enviado, ¿alguna pregunta? ¿No? Bien, ahora, este es el plan que usaremos para
llegar a la base: usaremos tres naves; en una viajaremos, mientras que las
otras dos, que estarán manejadas por una I.A. de nombre Hiroi, servirán como
carnada. De esta forma, engañamos a esos mutantes y llegaremos ahí sin ser
destruidos por ese torrente de aves quimerianas.
Un
soldado levantó la mano.
—¿Si?
¿Cuál es tu pregunta?
—¿Por
qué no viajamos por mar o por tierra?
—Porque
si lo hiciéramos nos demoraríamos demasiado, y es necesario llegar ahí lo más
rápido posible.
—¿Por
qué?
—Simple,
mientras más nos demoremos, más probabilidades hay de que el homúnculo y las
quimeras se vayan de las instalaciones. Cosa que hasta el momento no han hecho.
—¿Quién
será el piloto?
—Yo
—respondió Kein, dando un paso al frente—. Yo seré el piloto.
—Y
yo me encargaré de proteger a la nave de cualquier daño. —dijo Naiyomi, dando
también un paso al frente—. Ese será mi deber. Y lo haré estando arriba de la
nave.
—Escuchen,
si no tienen más preguntas, voy a informarles lo que haremos una vez que
estemos ahí… —les conto el plan de contingencia—. Eso seriá todo, ahora vayan a
la nave que tenemos un día muy largo por delante.
***
—¡Kein!
¡Ahí vienen! —dijo Naiyomi, avisándole desde el techo de la nave que venía toda
una bandada de pájaros mutantes que, como era de esperar y vieron gracias a los
satélites que tenían en órbita, vinieron a atacarlos como un torrente de agua.
Él, sin demora, se puso en acción y le ordenó a Hiroi que usara las dos
aeronaves para que hicieran de señuelo, mientras que ellos proseguían. Pero eso
no duró mucho. Una de las naves señuelo fue destruida por las aves quimerianas,
seguida de la otra. Pese a que maniobraron y dispararon sin cesar a las
criaturas aladas. Quedando sólo la piloteada por Kein que, al verse en esa
situación, hizo todo lo posible por evitar el destino de las anteriores,
creando incluso un campo eléctrico circular que extendió por toda la nave. Mas éste
no duraría mucho sin poner en riesgo la misión. Y, en efecto, en el campo fue
atravesado y destruido por los mutantes. Fue en ese momento que Naiyomi entró
en acción. Ella les lanzó fuertes llamaradas a los pájaros y logró convertirlos
en cenizas, obligándolos a abrirse y retirarse. Aunque ése no fue el fín. Éstas
se fusionaron unas con otras dando forma a seres emplumados que fueron contra
la AST, quien creó una lanza con la que pudo contraatacar y vencer a esos
humanoides que al dividirse, tras ser cortados, se combinaron en un gigante
emplumado. El cual no impresionó ni asustó a la Supay que, al resistir la
gigantesca bocanada de aire que la abominación le lanzó y que no pudo arrojarla
al aire, corrió hacia ésta, la envolvió en hilos que formó usando el cabello y,
al tenerla sujetada por ellos, los usó como conductores para dirigirle unos
fuertes fulgores que se encargaron de quemarlo hasta convertirlo en cenizas.
Fue en ese momento que ocurrió lo inesperado. Las turbinas de la aeronave
explotaron y Kein se vió obligado a aterrizar de emergencia—. ¿Todos están
bien? —les preguntó ella desde tierra al verlos salir de la deteriorada nave.
—Sí,
estamos bien, pero, Naiyomi, ¿qué pasó con las turbinas?, ¿los pájaros llegaron
a hacerles daño? —le pregunto Kein tan extrañado como ella.
—No
lo sé. De repente explotaron. No vi que las aves les pusieran las manos encima.
—¿Habrá
sido por una falla en los componentes? —se preguntó Kein a sí mismo.
—Chicos
—les dijo Prisca seriamente—, ahora no es el momento para preocuparnos por eso,
tenemos otros asuntos que atender. Será mejor que prosigamos con la misión.
Kein
y Naiyomi se miraron y decidieron seguir adelante. Ya se encargarían del asunto
de los motores más adelante. Llegaron a un claro en el bosque, guiados por sus
tótems y como era de noche levantaron un pequeño campamento. Estando ahora
todos sentados alrededor de una hoguera.
—Kein,
¿has sentido eso? —le preguntó Naiyomi, cuyos sentidos eran tan afilados como
los de él.
—Sí,
alguien se acerca. Y no viene solo.
Se
ocultaron, menos él porque iba a recibir a los visitantes y, cuando llegaron,
vio que se trataba de una chica nativa que era perseguida por diez quimeras a
las que hizo trizas rápidamente: a una le cortó la cabeza en dos; a otra, el
cuello; a la siguiente le dio un tajo tan profundo en el pecho que la derribó
y, a las demás, al reconvertir la espada en una doble con sierra, los despedazó
tras lanzárselas como un bumerán, que se encargó de liquidarlas. Mojando el
pasto con la sangre y las entrañas de esas bestias que no paraban de gritar.
Todos salieron, tranquilizaron a la pobre chica y le pidieron que les explique
lo ocurrido y ella se los contó…
***
Una
joven nativa se encontraba junto a su madre y a otros aldeanos, recogiendo la
savia de los árboles de un bosque cercano a la aldea en la que vivían.
—Lo
estás haciendo bien, Trunul —le dijo su madre. Ella le mostró primero cómo
clavaba un costal en uno de los árboles del claro en donde estaban trabajando.
Usaba, sencillamente, dos clavos y un pequeño martillo que sacó de su bolso.
Esperaba que ella hiciera lo mismo en el próximo, ya que era su primera vez
recolectando savia—. Ahora, saca tu cuchillo, corta el tronco y espera que
salga la savia.
Así
lo hizo y pudo observar cómo, de la herida que le había infringido al árbol,
empezó a salir, a borbotones, la preciada savia que usaban para muchas de sus
necesidades.
Al
ver cómo se llenaba el costal, no pudo evitar sentirse algo preocupada por su
padre, quien había ido a explorar la zona y aún no regresaba. Lo que le hizo
recordar que por el bosque había peligrosos animales que no dudarían, ni un
segundo, en atacar a una persona que se atreviera a invadir su territorio. Por
lo que, cuando el costal se terminó de llenar, decidió ir a buscarlo. Pero
primero retiró el saco del árbol, previamente lo cerró con una cuerda; proceso
que repitió con tres costales más.
—Mamá,
ya terminé —dijo Trunul guardando sus herramientas y colocando los costales al
alcance de la misma—. ¿Quieres que busque a papá?
—Sí,
ve y dile que ya podemos irnos. —le dijo su madre, acomodando los costales a
sus pies.
Se
alejó del grupo y, recordando el camino que tomó su padre, se adentró por el
bosque. Pero, entonces, comenzó a escuchar gritos que provenían del lugar en
donde había estado. Temiendo lo peor, regresó y vió como todos los aldeanos
eran asesinados por horribles humanoides que se abalanzaban sobre ellos para
golpearlos y morderlos. Pudo ver cómo su madre era asesinada, una de estas
bestias le arrancaba parte del cuello, salpicando el pasto con su sangre.
—¡¡¡Madre!!!
—gritó Trunul, intentando llegar a su lado, sin importarle que esos engendros
la pudieran asesinar; pero fue detenida por su padre. Él, con lágrimas en los
ojos, la agarró del brazo.
—Ven
conmigo —dijo, ahora sujetándola de la mano—. Ya no hay nada que podamos hacer
por ella.
Ambos
trataron de correr hacia la aldea; pero, por el camino, fueron detenidos por
uno de los humanoides que cayó, desde un árbol cercano, frente a los dos.
—¡Trunul,
escóndete! —le ordenó, soltándole la mano y sacando su machete de la cintura.
Ella, obedeció en seguida, se escondió detrás de un árbol y vio como su padre
se enfrentaba a la bestia; para, después, ser atacado por otro ser que cayó
encima de él, lo tiró al suelo y le arrancó la cabeza; mientras que su
compañero saltaba sobre su cuerpo para comérselo. La joven sintió como se le
encogía el corazón y, con lágrimas en los ojos, huyó a la aldea. Esperaba poder
encontrar ayuda, pero su sorpresa fue mayúscula cuando la encontró destruida y
en llamas, hechos generados por esas criaturas que al verla comenzaron a
perseguirla.
***
—
…con que eso pasó —dijo Naiyomi, viendo a la chica con pena—. ¿Y a dónde
pensabas huir?
—A
ningún lugar en especifico, solo quería escapar de esas cosas.
—Pero,
¿cómo pudiste huir de ellas? —pregunto Kein que (al igual que los demás) podía
entender a la nativa, gracias a las GIN, quien le miró con extrañesa— Estas
criaturas son muy rápidas, asi que me cuesta un poco creer que no pudieran
seguirte el paso y menos atraparte, teniéndote tan cerca.
—Bueno,
yo… —la cara de la joven adoptó un tono siniestro— …ahora lo recuerdo… no escapé…
me dejaron huir… —se pudo la mano en la boca con asco— …pero antes me hicieron
tragar algo… yo…
Todos
retrocedieron al ver como de pronto el cuerpo de la nativa comenzaba a hincharse
y a convulsionar; convirtiendose, al terminar con esa horrorosa metamorfosis, en
una criatura cuya mejor descripción seria el de un humanoide con cuerpo de
cangrejo que dió un mensaje por medio de las fauces babosas que ahora tenía:
—Escúchenme:
soy el que buscan y los estoy esperando en mi castillo, ahí, en el centro del
bosque. Solo vengan si tienen el valor de enfrentarme, por que si no… —miro a
Prisca que se quedó inmóvil— …terminarán como ella, la primera en morir.
El
cangrejo mutante se avalanzó sobre la sargento, más ella se salvó gracias a que
Naiyomi, anticipandose, se interpuso entre el ser y la soldado, logrando salvarla,
al introducir la lanza que creó dentro de las mandíbulas del monstruo
(rompiéndole algunos dientes), para luego hacerla explotar al generar fuertes
llamaradas dentro del cuerpo de la criatura que se hinchó hasta reventar.
Esparciendo sus restos carbonisados por todos lados.
—Ah…
gracias… Naiyomi… —le agradeció Prisca recuperando el aliento—. Muchas gracias.
—Cuando
quiera.
—¿Estás
bien, Naiyomi? —le pregunto Kein acercándosele y tomándola de la mano—. No te
lastimaste, ¿verdad?
—Estoy
bien, pero ahora entiendo porqué nuestros tótems nos guiaron hasta aquí. —indicó
señalando la zona— Fue para hacernos ver las atrocidades cometidas por ese humúnculo.
No podemos tenerle contemplaciones. Ninguna.
—Opino igual. Ni una sola.
***
Se
encontraron frente a un paisaje desolador: tanto las tiendas como las aeronaves
estaban destruidas y por la zona había un montón de cadáveres humanos y de
quimeras pudriéndose al sol.
—No
tuvieron ni la más mínima oportunidad. —dijo Kein que dejó de mirarlos para
luego enfocarse en las instalaciones de adelante, de donde seguía saliendo esa
misteriosa luz rojiza— Andando, tenemos que entrar.
Como
tenían los códigos de acceso, gracias a Ferol, pudieron ingresar sin problemas.
Ya adentro, se dirigieron, orientados por el mapa brindado por el mandatario,
hacia el cuarto en donde debía de estar el homúnculo, no sin antes pasar por
varios pasillos y habitaciones cerradas por puertas automáticas.
—Alto
—ordenó Kein. Al momento de llegar a una puerta que se abrió, revelando un gran
ambiente semioscuro—. Déjenme revisar —entró y las luces se prendieron para
mostrarle grandes cilindros en los que yacían las quimeras especiales de las
que Ferol les había advertido. Monstruos que eran mucho más fuertes, rápidos e
inteligentes que todos los demás combinados. Y que representaban el verdadero
peligro—. ¡Todos atrás!
Quiso
irse con los demás, pero la puerta se cerró y se quedó solo con las criaturas
que se reanimaron y salieron de los tubos rompiéndolos, no dejándole más opción
que entablar pelea contra los mismos.
***
El
homúnculo se sentía complacido. Por fin habían venido las personas que eran
realmente merecedoras de su atención y que le ayudarían a cumplir con su único
deseo. Los había puesto a prueba durante el camino hasta su guarida por medio
de sus sirvientes a los que mandó usando túneles que construyeron bajo tierra y
ahora los probaría solo una vez más para comprobar si en verdad eran dignos de
liberarlo de su miseria. En cuanto a los demás, no eran merecedores de nada,
por lo que decidió deshacerse de ellos inmediatamente, excepto de esa tal
Prisca. Luego de leer su mente, su objetivo secreto le llamó mucho la atención
y decidió darle una pequeña ayuda para ver si era capaz de cumplir con esa
misión pese a las adversidades.
***
Las
dos caminaban por laberínticos pasajes, afortunadamente gracias al mapa que
tenían sabían más o menos por donde estaban, luego de que las puertas
automáticas de ambos lados del pasillo se cerraran y, como si se tratara de un
ascensor, las dejó en esa zona, alejadas del resto.
—Esto
no puede ser bueno. —dijo Naiyomi escuchando ruidos de bestias que se estaban
acercando.
—Sí,
eso no puede ser nada bueno. —corroboró Prisca que se encontraba detrás de
ella, presionó un botón y una pesada puerta bajó y las separó.
—¡Prisca!
¿Pero qué haces? —le pregunto Naiyomi, golpeando la puerta, mirándola a través
de la ventana de la misma.
—Mi
trabajo, lo siento, Naiyomi; pero así son las cosas. —contestó, retirándose, no
sin antes ver a todo un grupo de quimeras detrás de la AST.
***
Por
medio de la increíble velocidad que poseían, trataron de atacarlo usando
diferentes armas de corto alcance; más él, al ser mucho más rápido, pudo
contraatacar dando estocadas mortales a las criaturas cuyos cuerpos se
juntaron, como si fueran de plastilina, hasta formar a un gigante que usó el
único ojo que tenía para dispararle un potente rayo calorífico del que se
protegió, tras hacer unas volteretas hacia atrás, con un escudo que también
empleó para redirigir el láser hacia la abominación, quemándole incluso el
órgano. Ya libre, le lanzó la protección que creó y ésta cortó la cabeza del
ser tirándola al suelo. De forma inmediata. Tanto la extremidad cortada como el
resto se volvieron a mesclar y, en esa ocasión, nació un gran jaguar de cuernos
y cola parecida a la de un escorpión, que al usarla le disparó un poderoso
ácido sulfúrico que desintegró las paredes y el suelo del recinto al intentar
atinarle; algo que terminó cuando Kein le disparó a la cola a fin de destruirla.
Lo cual motivó al mutante a saltar en todas las direcciones, a una velocidad
asombrosa, y lanzarle zarpazos tan veloces que lograban atinarle. Se recuperó y
le introdujo dos pistolas en el hocico con las que lo hizo estallar al
dispararle, sin cesar, balas explosivas. Aunque ese no fue el fin. De nuevo los
restos se juntaros y esta vez dieron a luz a lo que parecía ser una masa oscura
y gelatinosa de la que salió la cabeza de una gran serpiente que, con las
mandíbulas abiertas, fue a atacarlo. Él la sostuvo, pero salieron dos más que,
al embestirlo, no le dieron tiempo de reaccionar. Lo aprisionaron con las
quijadas, lo subieron y lo lanzaron al aire para que una de ellas se lo tragara
entero. Fin que no lograron, pues usó una espada-sierra para cortar a la
serpiente por la mitad. Después se enfrascó en una lucha constante contra todas
las demás que volvían a regenerarse tras ser cercenadas hasta que se dio cuenta
de lo que tenía que hacer para terminar de una buena vez con esa aberración.
Aprovechando las alas que creó para la ocasión, esquivó a las serpientes hasta
llegar a la aglomeración de donde habían salido y teniendo el arma lista la
clavo con todas sus fuerzas en la misma tras lo cual generó una enorme descarga
eléctrica para quemar al engendro hasta desintegrarlo. Fue ahí cuando la puerta
automática que se había cerrado se volvió a abrir y él se vio obligado a entrar
en la habitación y dejarse llevar por ella.
***
Los
diez soldados por fin llegaron a su destino: una habitación llena de sacos de
carne que colgaban del techo, que a simple vista parecien inmóviles. Pero,
cuando éstas se abrieron, revelando su contenido, se vieron rodeados y a merced
de quimeras ensangrentadas, recién nacidas y hambrientas. No es necesario decir
que fueron despedazados por éstas.
***
Fue
fácil, un humano ordinario hubiera muerto sin duda alguna. Pero ella no era una
persona ordinaria. Como prueba de eso, solo bastaba ver la enorme cantidad de
cadáveres de quimeras incineradas que estaban a su alrededor. Todos monstruos
muy fuertes, pero débiles frente a ella que perecieron a manos de sus mortales
llamaradas. Ahora solo tenía que ir tras Prisca. Para llegar a ella, derritió
la puerta y, usando un rastreador que le había colocado en secreto (al igual
que a los demás), fue por ella.
***
Prisca
lo consiguió, había llegado al cuarto privado de Dalos, en él había guardado
todos los datos secretos de su investigación. Sustrajo la información, se la
mandó al Hellmute y eliminó todo lo demás para que ninguno de los AST pudiera
acceder a ella. Se preparó para irse, pero Naiyomi apareció y, sin compartir
palabras, la sometió, sin titubear.
—Fuiste
tú la que saboteó las turbinas de la aeronave, ¿verdad? —le interrogó e hizo
presión en el brazo—. Querías entorpecer nuestro viaje para en algún momento,
separarte y hacer esto. Usaste todas las oportunidades que se te ofrecieron y
jugaste muy bien tus cartas, pero no contaste con que te colocara un rastreador
secreto e indetectable, como al resto, en caso de que nos separáramos. Vas a
decirme todo sobre tu operación, ¿me has oído?
—¿Crees
que será así de fácil?
—No,
no lo será. —contestó colocándole su mano en su nuca— Será mortal y muy
doloroso para ti.
Y
así lo fue.
***
Kein
estaba cansado de seguir en ese ascensor que no paraba de moverse, pero cuando
se detuvo y la puerta automática de atrás se abrió fue muy grato reencontrarse
con Naiyomi. Ambos se abrazaron al verse.
—Naiyomi,
¿estás bien?, ¿dónde están Prisca y los otros?
—No
lo sé, pero Prisca era una traidora.
—¿Una
traidora?
—Sí,
en realidad era una espía que trabajaba para el gobierno chileno. Fue ella la
que saboteó las turbinas de la aeronave y nos usó para llegar hasta aquí.
—¿Qué
es lo que buscaba?
—Los
datos de la investigación de un tal Dalos, que dejó en su habitación.
—¿Qué
le hiciste?
—Le
absorbí la memoria, lo que obtuve no es mucho, pero es algo.
—¿Pero
te encuentras bien? La primera vez siempre es la más difícil.
—Estoy
bien. —respondió y Kein notó que le temblaban las manos, lo que no era una
buena señal.
—Mmmm…
bien, y me imagino que con la información que obtuviste de ella podemos afirmar
con certeza que las tablillas nunca estuvieron aquí, ¿no es así? —ella le
afirmó con la cabeza—. Si ese es el caso, Naiyomi, tu misión ya terminó, pero
la mía aún no. Sin embargo, podríamos irnos y llamar a Loan y decirle lo
ocurrido para que lance una bomba y destruya todo este lugar, ¿tú qué opinas?
—Creo
que deberíamos de enfrentarnos de todas maneras a ese homúnculo. Las quimeras
pueden ser destruidas por la bomba, pero esa criatura podría sobrevivir y
escapar, y eso no lo podemos permitir. Tenemos que detenerla. Por eso, creo que
debemos matarla personalmente y asegurarnos de que muera.
—Tienes
razón. —afirmó Kein tras meditar— No podemos correr el riesgo de que sobreviva.
Tenemos que matarla. —La puerta automática de adelante se abrió—. ¿Lista?
—Lista
Entraron,
la puerta se cerró y vieron al homúnculo en el centro de la sala. Estaba
esperándolos, sentado en el suelo sin decir o hacer nada. Se le acercaron, pero
mantuvieron las distancias.
—Ya
era hora, comenzaba a preguntarme si iban a entrar o no. —les dijo, cosa que
les sorprendió un poco. No esperaban que pudiera pronunciar palabras sin tener
una boca a la vista y la criatura se dio cuenta de eso—. Vaya, ¿tanto les
sorprende que pueda hablar? Aunque si son inteligentes se darán cuanta de
cierto detalle.
—Tú
mente se comunica con la nuestra, estás usando la telepatía. —acertó Naiyomi
sin tener que pensarlo demasiado— Y me imagino que, además de esa habilidad,
tienes otras facultades psíquicas, ¿verdad?
—En
efecto, y tengo muchas más, pero no las usaré en la pelea que tendré contra
ustedes dos. No, será una lucha en la que solo usaré mis habilidades físicas y
espero lo mismo de vosotros. Una pelea justa y limpia.
—Espera,
antes de eso, dime, ¿Qué es esa luz rojiza que se alza sobre las instalaciones?
—pregunto Kein mirando con precaución—. Y, si eres capaz de saber las
intenciones de la gente y de comunicarte, ¿porque has buscado ser enemigo de
todo el mundo?
—¿Qué
importancia tiene eso? De lo único que tienes que preocuparte es de esto: si no
me matan, atravesándome el corazón —con su afilado dedo se rajó la carne y se
hizo una equis sangrante en el lado izquierdo del pecho—, la luz que
mencionaste no se detendrá y, si no para, terminará por cubrir toda la capa de
ozono y, si lo hace, soltará en el aire un virus que hará mutar a los humanos
en quimeras. Por lo que la única opción que tienen es destruirme.
—¿Pero
por qué haces esto? —preguntó Naiyomi tan confundida como Kein—. No tiene…
—Basta.
Solo tienen una opción. —dijo el homúnculo sacando de la palma de sus manos dos
largas y afiladas espinas que empleó a modo de espadas— Matarme o morir junto
con el resto de la humanidad. La elección es suya.
Kein
y Naiyomi se miraron y estuvieron de acuerdo, no podían permitir que eso
pasara. Crearon sus respectivas armas; pero, en vez de ir los dos en contra del
homúnculo, Kein la detuvo pues tenía la intención de hacerle frente él solo.
—No,
Naiyomi. Déjame esto a mí. Es mi misión después de todo. Y, si va a ser una pelea
limpia, debe ser uno contra uno.
***
A
muchos kilómetros de las instalaciones chilenas del Amazonas, un helicóptero
militar surcaba el cielo. Albergaba un AST, que no era otro que Zoe, que había
sido llamado y traído hasta ahí con el fin de ayudar a los chicos en todo lo
posible. No tenía otra idea en mente.
***
Los
dos, Kein y el homúnculo, corrieron hasta estar frente a frente; Kein logró
esquivar su ataque al igual que los que sucedieron. La bestia estiró sus
miembros, usó también las espinas con las que intentó cortarlo en varias
ocasiones. Llegó incluso a usar una plancha metálica que sacó del suelo, para
luego cortarla en muchos pedazos y lanzárselos mediante una patada voladora.
Kein se protegió de los trozos al cortarlos con su espada-sierra, pero el
homúnculo se aprovechó de eso para atacarlo por sorpresa a una velocidad tan
impresionante que se vió obligado a retroceder y defenderse. La bestia hacía
presión con sus espinas, mientras que Kein se protegía con su arma. Al ver
esto, Naiyomi pensó en ir a ayudarle, pero cambió de idea cuando vio como Kein
revertía la situación al hacer también la suficiente presión como para agrietar
el suelo y sacarse de encima al mutante que no tuvo otra alternativa que
esquivar sus ataques. De pronto, se vió indefenso cuando Kein cortó sus
espinas. Este momento fue aprovechado por Kein que trató de darle un corte
mortal en la cabeza. Pero el ser incumplió con su palabra y usó sus poderes
psíquicos para hacer retroceder a Kein que lo miró sorprendido.
—Creí
que sería una pelea en la que solo usarías tus habilidades físicas.
—Por
favor, no puedo ponértelo tan fácil. —respondió, a la vez que creaba otro par
de espinas y se ponía en posición de pelea— Tienes que esforzarte más.
—En
ese caso daré todo de mí. —Clavó la espada-sierra en el suelo y lanzó
relámpagos directamente hacia la criatura, pero solo destruyeron el área
alrededor del homúnculo debido a que el ser se protegió con un campo de fuerza
mental circular. Kein, viendo esto, comenzó a acumular una enorme cantidad de
aire en la palma de la mano que alzó a lo alto hasta convertirlo en un
aplastante torbellino horizontal que dirigió hacia el campo del homúnculo con
tanta fuerza que logro romperlo y, de paso, dañar al monstruo que comprendió,
al recuperarse, que aquel campo era ahora completamente inútil. Volvieron a
pelear, uno frente al otro, fieramente hasta que llegó un momento en que ambos
se dieron la espalda y mediante un rápido movimiento se atacaron mutuamente.
Sin embargo, solo Kein pudo atravesar al homúnculo, perforándole tanto el pecho
como el corazón, justo en el lugar en donde se marcó con la equis. Así terminó
la lucha. El homúnculo cayó de rodillas al suelo.
—Ahora,
dinos, ¿por qué has hecho todo esto? —le preguntó Naiyomi, luego de caminar
hacia ellos.
—¿Acaso
no es obvio? —Cuestionó mirándola a los ojos y, al hacerlo, ella comprendió.
—¿Tú…?
—Esa
luz, ¿realmente haría lo que tú dijiste? —interrogó Kein que también lo había
comprendido—. O solo era una mentira más.
—Solo
era un elemento motivador y funcionó. —Inclinó la cabeza hacia abajo mostrando
el cuello— Vamos, termina de una vez.
Kein
miro a Naiyomi, ella asintió con la cabeza y Kein decapitó al homúnculo.
Privándolo de toda vida. Ambos miraron a la criatura y Naiyomi fue la primera
en hablar:
—Kein,
¿el homúnculo quería…?
—Sí,
quería morir e hizo todo esto para conseguirlo.
—¿Tienes
alguna idea de por qué?
—Tal
vez porque estaba solo.
—¿Solo?
—Bueno,
¿qué tal suena esto? Esta criatura no tenía a nadie en el mundo, solo estaba él
y obviamente nadie iba a crearle una compañera. Puede que se haya dado cuenta
de su soledad y la sola idea de permanecer así haya sido tan terrible que
deseara no seguir viviendo. Todos, incluso los más solitarios, necesitan la
compañía de alguien de vez en cuando. Un amigo, un familiar o, simplemente,
otro ser humano; pero esta criatura no tenía absolutamente a nadie y eso la
descontroló. Y como no podía matarse con sus propias manos, nos usó a nosotros.
¿Qué te parece mi teoría?
—Me
parece algo sacado de Frankenstein, pero creo que tienes razón. ¿Ahora qué
hacemos?
—Creo
que lo mejor será averiguar que les pasó a esos diez soldados, crees que
puedas…
—Déjame
ver… —dijo ella viendo la información en una PV—, están muertos. Activé los
rastreados que les coloqué y no recibo señales de vida. El homúnculo debió de
haberlos dejado a disposición de un grupo de quimeras.
—En
ese caso, ya nada tenemos que hacer acá. Vámonos.
Durante
el camino de regreso, recibieron una llamada de Zoe, que les dijo:
—Hola,
chicos. ¿Cómo están? Miren, Loan me envió para ayudarles y me encuentro en un
helicóptero estacionado afuera de las instalaciones. Necesito saber cuál es la
situación para poder ayudarlos.
—Todo
está bien, Zoe. Ahora salimos a recibirte. —le explicó Kein caminado junto con Naiyomi
por los vacíos pasadizos del complejo. Sabiendo que después ese lugar seriá
destruido. Eliminando cualquier quimera que aun quedara con vida.
—De
acuerdo, aquí los espero.
Salieron
y se encontraron con Zoe esperándolos pacientemente, quien a verlos venir fue a
su encuentro.
—¿Y
bien chicos? ¿Cómo les fue?
—Bien,
pero las tablillas no están aquí. —contestó Kein— Ferol nos engañó.
—Eso
no tendría por qué sorprendernos. —dijo Zoe de forma despectiva— Miren, han
hecho un excelente trabajo ahí dentro, pero la verdadera batalla está más al
sur. Así pues, ¿qué me dicen? ¿Están listos?
Kein
y Naiyomi se miraron sonriendo antes de darle una respuesta.
***
—¿Ya
puedo verlos? —preguntó Ferol a Dalos, ambos se encontraban en la base
científica Titec ubicada en la isla artificial de Pomu.
—Sí,
señor. —respondió el científico haciendo una pequeña inclinación a modo de
respeto— Sígame por favor.
Lo
siguió por los pasillos de las instalaciones de la amplia base científica y
militar hacia a un cuarto en donde, al ingresar, pudo ver cómo por las ventanas
y en el interior una gran cantidad de cilindros de vidrio, allí crecían a una
enorme velocidad, un montón de fetos de quimeras.
—Gracias
a la información que nos dio Prisca, pronto tendremos a su ejército, señor.
—dijo Dalos sonriendo con satisfacción— Muy pronto.
Eso hizo que Ferol se pusiera feliz, ya que todo estaba marchando según lo planeado. Porque, demás de las tablillas, tenía la información que necesitaba para construir un ejército de quimeras que le obedecerían a él y solo a él, sin la necesidad de un homúnculo. Y, si con eso ganaban la guerra, nada más importaría. Absolutamente, nada.

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