QUIMERAS VISIONARIAS — Segunda Parte — Capítulo 4 (Prototipo): Primeras Ordenes

 

Kein y Naiyomi se encontraban sentados en una de las mesas exclusivas para los agentes especiales de TRONES dentro de una de las cafeterías de la empresa conversando sobre lo ocurrido en Iquique hasta su llegada a santiago. Una historia que ella le había pedido que contara y que deseaba oír con mucho interés.

—¿En serio? —le preguntó Naiyomi incrédula—. ¿Te recibieron apuntándote a la cara?

 —Sí, pero no puedo culparlos. —respondió Kein, sin darle demasiada importancia a ese suceso—. Es decir, no me conocían, nunca me habían visto en persona y tenían que ser muy precavidos. Por lo que no se les puede culpar, ¿verdad?

—¿Y qué pasó después?

—Me pidieron que les probara que era un Pishtaco. Así que opté por generar y expandir un campo eléctrico que les destruyó todas las armas. Recién ahí estuvieron convencidos.

—Y asustados también.

—Créeme que sí, pero funcionó. Después de eso, se presentó la líder del grupo, una mujer de ojos rojos y cabello azul de nombre…

—Perdón, disculpen que los interrumpa. —les dijo uno de los empleados de la empresa, acercándose con precaución—. Pero, el señor Loan me ha pedido que les diga que quiere verlos en su oficina ahora.

—Iremos en un momento. —le contestó Kein al empleado, después de mirar a Naiyomi. Se preguntaba, al igual que ella, qué era lo que el jefe quería con ellos— Puede retirarse.

El empleado se fue y Naiyomi lo miró algo emocionada.

—Kein, ¿crees que Loan nos vaya a dar una misión? ¿Crees que ésa sea la razón por la que te llamó de regreso?

—Posiblemente, y de ser así, al igual que como Zoe hizo conmigo, yo te voy a instruir, ya que será tu primera misión como AST. ¿Estás preparada?

—Estoy más que preparada. —respondió ella con convicción y emoción.

—Entonces, vamos. Más tarde continuaré con mi historia.

***

—¿Crearon un homúnculo usando los de datos las tablillas que robaron del banco? —preguntó Naiyomi que no daba crédito a sus oídos.

—Y no sólo eso, también un pequeño ejército de quimeras que están bajo su control. —contestó Loan muy serio—. Y si no los detenemos, quién sabe lo que puedan hacer.

—¿No sería más sencillo mandar una bomba y destruir las instalaciones? —Quiso saber Kein en un intento de ser más práctico.

—Sí, ¿Por qué no hacen simplemente eso?

—Porque según el presidente de Chile, Ferol, las tablillas están ahí. —les explicó Loan que también quería hacer lo mismo que ellos— Verán, hace algunos días, el llamó a Naira diciéndole que…

***

—¿Qué hizo qué? —pregunto Naira sin poder creer lo que acababa de escuchar.

—Tal y como escucha. —respondió Ferol que la había llamado a su número presidencial— Con las tablillas que me dió Allitos creé un homúnculo junto con un ejército de quimeras en un laboratorio secreto que está en el Amazonas. Mis científicos demoraron cuatro meses en crear a esos seres que se han escapado de nuestro control. Y si no me cree, mire estos videos…

***

La alarma sonó por toda la base, lo científicos trataban de huir y los guardias intentaban protegerlos, pero nada pudieron hacer para resguardarse. Las quimeras salieron de sus prisiones de vidrio y dieron inicio a una carnicería que parecía no tener fin: a muchos los degollaron, a otros les arrancaban las partes del cuerpo y, a los demás, los acribillaron a balazos al estar armados. En cuanto al homúnculo, que también participó en la masacre, se tomó su tiempo en matar a algunos a los que mutiló hasta asesinarlos, arrancándoles los dedos, los ojos, los dientes, los brazos, las piernas, etc, para formar sacos de carne invertidos, con los cuerpos de los muertos, que contenían las partes arrancadas de los mismos, los cuales colgó en varias partes del lugar.

***

— …cómo puede ver, señora Naira, esta y otras criaturas se has escapado de nuestro control y necesito que usted o sus agentes de TRONES, se encarguen del problema.

—¿Es una especie de broma? —le pregunto furiosa—. ¡¿Espera que yo limpie su desastre?!

—Señora Lionel, entiendo que es un problema que generamos. Sin embargo, ¿prefiere que se escapen y más adelante los ataquen y hagan lo que se les dé la gana?

—¡Inaudito! Ferol, ¿cómo se le ocurre? Es usted un insano sin verguenza.

—No le resto razón, Naira, pero insisto: ante esta emergencia ¿podrá cooperar?, ¿qué decide?

***

— …ella se vio obligada a aceptar y Ferol le contó todo lo que sabía sobre los experimentos y sobre esas criaturas. Y también le dijo que las tablillas se encontraban ahí. No sabemos si eso es cierto o no, pero sea como sea no podemos dejar pasar lo oportunidad de recuperar las tablillas que el estúpido de Allitos les regaló, ¿comprenden? Es fundamental que las recobremos.

—Señor Loan, exactamente, ¿cuál es nuestra misión? —pregunto Naiyomi algo asqueada tras ver los videos.

—Fácil, ambos, junto con un grupo de diez soldados de fuerzas especiales capitaneados por la sargento Prisca, irán a esas instalaciones y se encargarán del problema y como son dos, cada uno tendrá su propia tarea: Kein, como tú tienes más experiencia en combate, céntrate en destruir a las quimeras y al homúnculo, Naiyomi, tú te encargarás de hallar las tablillas en la base. Si al final no encuentran nada y aún hay más de esas criaturas, quiero que todos salgan de ahí y nos llamen para que destruyamos toda esa área. Eso es todo, pueden irse y recuerden: si algo no es humano, disparen primero, pregunten después.

***

Había trece personas en el cuarto de reunión de la base militar, ubicada en el departamento de Amazonas. Diez soldados de fuerzas especiales sentados en sus respectivas sillas, la sargento Prisca hablándoles desde un atril, una enorme pantalla atrás de ella mostraba gráficamente lo que ella había referido. Kein y Naiyomi, en el más completo silencio, se encontraban a los costados de la misma en posición de firmes.

—… y, en resumen —prosiguió Prisca, mirando fijamente a los soldados con sus ojos morados que eran del mismo color que su cabello. Esperaba que le hicieran preguntas en algún momento—, eso es todo lo que sabemos sobre las criaturas que están dentro de las instalaciones y de lo ocurrido con el primer grupo que fue enviado, ¿alguna pregunta? ¿No? Bien, ahora, este es el plan que usaremos para llegar a la base: usaremos tres naves; en una viajaremos, mientras que las otras dos, que estarán manejadas por una I.A. de nombre Hiroi, servirán como carnada. De esta forma, engañamos a esos mutantes y llegaremos ahí sin ser destruidos por ese torrente de aves quimerianas.

Un soldado levantó la mano.

—¿Si? ¿Cuál es tu pregunta?

—¿Por qué no viajamos por mar o por tierra?

—Porque si lo hiciéramos nos demoraríamos demasiado, y es necesario llegar ahí lo más rápido posible.

—¿Por qué?

—Simple, mientras más nos demoremos, más probabilidades hay de que el homúnculo y las quimeras se vayan de las instalaciones. Cosa que hasta el momento no han hecho.

—¿Quién será el piloto?

—Yo —respondió Kein, dando un paso al frente—. Yo seré el piloto.

—Y yo me encargaré de proteger a la nave de cualquier daño. —dijo Naiyomi, dando también un paso al frente—. Ese será mi deber. Y lo haré estando arriba de la nave.

—Escuchen, si no tienen más preguntas, voy a informarles lo que haremos una vez que estemos ahí… —les conto el plan de contingencia—. Eso seriá todo, ahora vayan a la nave que tenemos un día muy largo por delante.

***

—¡Kein! ¡Ahí vienen! —dijo Naiyomi, avisándole desde el techo de la nave que venía toda una bandada de pájaros mutantes que, como era de esperar y vieron gracias a los satélites que tenían en órbita, vinieron a atacarlos como un torrente de agua. Él, sin demora, se puso en acción y le ordenó a Hiroi que usara las dos aeronaves para que hicieran de señuelo, mientras que ellos proseguían. Pero eso no duró mucho. Una de las naves señuelo fue destruida por las aves quimerianas, seguida de la otra. Pese a que maniobraron y dispararon sin cesar a las criaturas aladas. Quedando sólo la piloteada por Kein que, al verse en esa situación, hizo todo lo posible por evitar el destino de las anteriores, creando incluso un campo eléctrico circular que extendió por toda la nave. Mas éste no duraría mucho sin poner en riesgo la misión. Y, en efecto, en el campo fue atravesado y destruido por los mutantes. Fue en ese momento que Naiyomi entró en acción. Ella les lanzó fuertes llamaradas a los pájaros y logró convertirlos en cenizas, obligándolos a abrirse y retirarse. Aunque ése no fue el fín. Éstas se fusionaron unas con otras dando forma a seres emplumados que fueron contra la AST, quien creó una lanza con la que pudo contraatacar y vencer a esos humanoides que al dividirse, tras ser cortados, se combinaron en un gigante emplumado. El cual no impresionó ni asustó a la Supay que, al resistir la gigantesca bocanada de aire que la abominación le lanzó y que no pudo arrojarla al aire, corrió hacia ésta, la envolvió en hilos que formó usando el cabello y, al tenerla sujetada por ellos, los usó como conductores para dirigirle unos fuertes fulgores que se encargaron de quemarlo hasta convertirlo en cenizas. Fue en ese momento que ocurrió lo inesperado. Las turbinas de la aeronave explotaron y Kein se vió obligado a aterrizar de emergencia—. ¿Todos están bien? —les preguntó ella desde tierra al verlos salir de la deteriorada nave.

—Sí, estamos bien, pero, Naiyomi, ¿qué pasó con las turbinas?, ¿los pájaros llegaron a hacerles daño? —le pregunto Kein tan extrañado como ella.

—No lo sé. De repente explotaron. No vi que las aves les pusieran las manos encima.

—¿Habrá sido por una falla en los componentes? —se preguntó Kein a sí mismo.

—Chicos —les dijo Prisca seriamente—, ahora no es el momento para preocuparnos por eso, tenemos otros asuntos que atender. Será mejor que prosigamos con la misión.

Kein y Naiyomi se miraron y decidieron seguir adelante. Ya se encargarían del asunto de los motores más adelante. Llegaron a un claro en el bosque, guiados por sus tótems y como era de noche levantaron un pequeño campamento. Estando ahora todos sentados alrededor de una hoguera.

—Kein, ¿has sentido eso? —le preguntó Naiyomi, cuyos sentidos eran tan afilados como los de él.

—Sí, alguien se acerca. Y no viene solo.

Se ocultaron, menos él porque iba a recibir a los visitantes y, cuando llegaron, vio que se trataba de una chica nativa que era perseguida por diez quimeras a las que hizo trizas rápidamente: a una le cortó la cabeza en dos; a otra, el cuello; a la siguiente le dio un tajo tan profundo en el pecho que la derribó y, a las demás, al reconvertir la espada en una doble con sierra, los despedazó tras lanzárselas como un bumerán, que se encargó de liquidarlas. Mojando el pasto con la sangre y las entrañas de esas bestias que no paraban de gritar. Todos salieron, tranquilizaron a la pobre chica y le pidieron que les explique lo ocurrido y ella se los contó…

***

Una joven nativa se encontraba junto a su madre y a otros aldeanos, recogiendo la savia de los árboles de un bosque cercano a la aldea en la que vivían.

—Lo estás haciendo bien, Trunul —le dijo su madre. Ella le mostró primero cómo clavaba un costal en uno de los árboles del claro en donde estaban trabajando. Usaba, sencillamente, dos clavos y un pequeño martillo que sacó de su bolso. Esperaba que ella hiciera lo mismo en el próximo, ya que era su primera vez recolectando savia—. Ahora, saca tu cuchillo, corta el tronco y espera que salga la savia.

Así lo hizo y pudo observar cómo, de la herida que le había infringido al árbol, empezó a salir, a borbotones, la preciada savia que usaban para muchas de sus necesidades.

Al ver cómo se llenaba el costal, no pudo evitar sentirse algo preocupada por su padre, quien había ido a explorar la zona y aún no regresaba. Lo que le hizo recordar que por el bosque había peligrosos animales que no dudarían, ni un segundo, en atacar a una persona que se atreviera a invadir su territorio. Por lo que, cuando el costal se terminó de llenar, decidió ir a buscarlo. Pero primero retiró el saco del árbol, previamente lo cerró con una cuerda; proceso que repitió con tres costales más.

—Mamá, ya terminé —dijo Trunul guardando sus herramientas y colocando los costales al alcance de la misma—. ¿Quieres que busque a papá?

—Sí, ve y dile que ya podemos irnos. —le dijo su madre, acomodando los costales a sus pies.

Se alejó del grupo y, recordando el camino que tomó su padre, se adentró por el bosque. Pero, entonces, comenzó a escuchar gritos que provenían del lugar en donde había estado. Temiendo lo peor, regresó y vió como todos los aldeanos eran asesinados por horribles humanoides que se abalanzaban sobre ellos para golpearlos y morderlos. Pudo ver cómo su madre era asesinada, una de estas bestias le arrancaba parte del cuello, salpicando el pasto con su sangre.

—¡¡¡Madre!!! —gritó Trunul, intentando llegar a su lado, sin importarle que esos engendros la pudieran asesinar; pero fue detenida por su padre. Él, con lágrimas en los ojos, la agarró del brazo.

—Ven conmigo —dijo, ahora sujetándola de la mano—. Ya no hay nada que podamos hacer por ella.

Ambos trataron de correr hacia la aldea; pero, por el camino, fueron detenidos por uno de los humanoides que cayó, desde un árbol cercano, frente a los dos.

—¡Trunul, escóndete! —le ordenó, soltándole la mano y sacando su machete de la cintura. Ella, obedeció en seguida, se escondió detrás de un árbol y vio como su padre se enfrentaba a la bestia; para, después, ser atacado por otro ser que cayó encima de él, lo tiró al suelo y le arrancó la cabeza; mientras que su compañero saltaba sobre su cuerpo para comérselo. La joven sintió como se le encogía el corazón y, con lágrimas en los ojos, huyó a la aldea. Esperaba poder encontrar ayuda, pero su sorpresa fue mayúscula cuando la encontró destruida y en llamas, hechos generados por esas criaturas que al verla comenzaron a perseguirla.

***

— …con que eso pasó —dijo Naiyomi, viendo a la chica con pena—. ¿Y a dónde pensabas huir?

—A ningún lugar en especifico, solo quería escapar de esas cosas.

—Pero, ¿cómo pudiste huir de ellas? —pregunto Kein que (al igual que los demás) podía entender a la nativa, gracias a las GIN, quien le miró con extrañesa— Estas criaturas son muy rápidas, asi que me cuesta un poco creer que no pudieran seguirte el paso y menos atraparte, teniéndote tan cerca.

—Bueno, yo… —la cara de la joven adoptó un tono siniestro— …ahora lo recuerdo… no escapé… me dejaron huir… —se pudo la mano en la boca con asco— …pero antes me hicieron tragar algo… yo…

Todos retrocedieron al ver como de pronto el cuerpo de la nativa comenzaba a hincharse y a convulsionar; convirtiendose, al terminar con esa horrorosa metamorfosis, en una criatura cuya mejor descripción seria el de un humanoide con cuerpo de cangrejo que dió un mensaje por medio de las fauces babosas que ahora tenía:

—Escúchenme: soy el que buscan y los estoy esperando en mi castillo, ahí, en el centro del bosque. Solo vengan si tienen el valor de enfrentarme, por que si no… —miro a Prisca que se quedó inmóvil— …terminarán como ella, la primera en morir.

El cangrejo mutante se avalanzó sobre la sargento, más ella se salvó gracias a que Naiyomi, anticipandose, se interpuso entre el ser y la soldado, logrando salvarla, al introducir la lanza que creó dentro de las mandíbulas del monstruo (rompiéndole algunos dientes), para luego hacerla explotar al generar fuertes llamaradas dentro del cuerpo de la criatura que se hinchó hasta reventar. Esparciendo sus restos carbonisados por todos lados.

—Ah… gracias… Naiyomi… —le agradeció Prisca recuperando el aliento—. Muchas gracias.

—Cuando quiera.

—¿Estás bien, Naiyomi? —le pregunto Kein acercándosele y tomándola de la mano—. No te lastimaste, ¿verdad?

—Estoy bien, pero ahora entiendo porqué nuestros tótems nos guiaron hasta aquí. —indicó señalando la zona— Fue para hacernos ver las atrocidades cometidas por ese humúnculo. No podemos tenerle contemplaciones. Ninguna.

—Opino igual. Ni una sola.

***

Se encontraron frente a un paisaje desolador: tanto las tiendas como las aeronaves estaban destruidas y por la zona había un montón de cadáveres humanos y de quimeras pudriéndose al sol.

—No tuvieron ni la más mínima oportunidad. —dijo Kein que dejó de mirarlos para luego enfocarse en las instalaciones de adelante, de donde seguía saliendo esa misteriosa luz rojiza— Andando, tenemos que entrar.

Como tenían los códigos de acceso, gracias a Ferol, pudieron ingresar sin problemas. Ya adentro, se dirigieron, orientados por el mapa brindado por el mandatario, hacia el cuarto en donde debía de estar el homúnculo, no sin antes pasar por varios pasillos y habitaciones cerradas por puertas automáticas.

—Alto —ordenó Kein. Al momento de llegar a una puerta que se abrió, revelando un gran ambiente semioscuro—. Déjenme revisar —entró y las luces se prendieron para mostrarle grandes cilindros en los que yacían las quimeras especiales de las que Ferol les había advertido. Monstruos que eran mucho más fuertes, rápidos e inteligentes que todos los demás combinados. Y que representaban el verdadero peligro—. ¡Todos atrás!

Quiso irse con los demás, pero la puerta se cerró y se quedó solo con las criaturas que se reanimaron y salieron de los tubos rompiéndolos, no dejándole más opción que entablar pelea contra los mismos.

***

El homúnculo se sentía complacido. Por fin habían venido las personas que eran realmente merecedoras de su atención y que le ayudarían a cumplir con su único deseo. Los había puesto a prueba durante el camino hasta su guarida por medio de sus sirvientes a los que mandó usando túneles que construyeron bajo tierra y ahora los probaría solo una vez más para comprobar si en verdad eran dignos de liberarlo de su miseria. En cuanto a los demás, no eran merecedores de nada, por lo que decidió deshacerse de ellos inmediatamente, excepto de esa tal Prisca. Luego de leer su mente, su objetivo secreto le llamó mucho la atención y decidió darle una pequeña ayuda para ver si era capaz de cumplir con esa misión pese a las adversidades.

***

Las dos caminaban por laberínticos pasajes, afortunadamente gracias al mapa que tenían sabían más o menos por donde estaban, luego de que las puertas automáticas de ambos lados del pasillo se cerraran y, como si se tratara de un ascensor, las dejó en esa zona, alejadas del resto.

—Esto no puede ser bueno. —dijo Naiyomi escuchando ruidos de bestias que se estaban acercando.

—Sí, eso no puede ser nada bueno. —corroboró Prisca que se encontraba detrás de ella, presionó un botón y una pesada puerta bajó y las separó.

—¡Prisca! ¿Pero qué haces? —le pregunto Naiyomi, golpeando la puerta, mirándola a través de la ventana de la misma.

—Mi trabajo, lo siento, Naiyomi; pero así son las cosas. —contestó, retirándose, no sin antes ver a todo un grupo de quimeras detrás de la AST.

***

Por medio de la increíble velocidad que poseían, trataron de atacarlo usando diferentes armas de corto alcance; más él, al ser mucho más rápido, pudo contraatacar dando estocadas mortales a las criaturas cuyos cuerpos se juntaron, como si fueran de plastilina, hasta formar a un gigante que usó el único ojo que tenía para dispararle un potente rayo calorífico del que se protegió, tras hacer unas volteretas hacia atrás, con un escudo que también empleó para redirigir el láser hacia la abominación, quemándole incluso el órgano. Ya libre, le lanzó la protección que creó y ésta cortó la cabeza del ser tirándola al suelo. De forma inmediata. Tanto la extremidad cortada como el resto se volvieron a mesclar y, en esa ocasión, nació un gran jaguar de cuernos y cola parecida a la de un escorpión, que al usarla le disparó un poderoso ácido sulfúrico que desintegró las paredes y el suelo del recinto al intentar atinarle; algo que terminó cuando Kein le disparó a la cola a fin de destruirla. Lo cual motivó al mutante a saltar en todas las direcciones, a una velocidad asombrosa, y lanzarle zarpazos tan veloces que lograban atinarle. Se recuperó y le introdujo dos pistolas en el hocico con las que lo hizo estallar al dispararle, sin cesar, balas explosivas. Aunque ese no fue el fin. De nuevo los restos se juntaros y esta vez dieron a luz a lo que parecía ser una masa oscura y gelatinosa de la que salió la cabeza de una gran serpiente que, con las mandíbulas abiertas, fue a atacarlo. Él la sostuvo, pero salieron dos más que, al embestirlo, no le dieron tiempo de reaccionar. Lo aprisionaron con las quijadas, lo subieron y lo lanzaron al aire para que una de ellas se lo tragara entero. Fin que no lograron, pues usó una espada-sierra para cortar a la serpiente por la mitad. Después se enfrascó en una lucha constante contra todas las demás que volvían a regenerarse tras ser cercenadas hasta que se dio cuenta de lo que tenía que hacer para terminar de una buena vez con esa aberración. Aprovechando las alas que creó para la ocasión, esquivó a las serpientes hasta llegar a la aglomeración de donde habían salido y teniendo el arma lista la clavo con todas sus fuerzas en la misma tras lo cual generó una enorme descarga eléctrica para quemar al engendro hasta desintegrarlo. Fue ahí cuando la puerta automática que se había cerrado se volvió a abrir y él se vio obligado a entrar en la habitación y dejarse llevar por ella.

***

Los diez soldados por fin llegaron a su destino: una habitación llena de sacos de carne que colgaban del techo, que a simple vista parecien inmóviles. Pero, cuando éstas se abrieron, revelando su contenido, se vieron rodeados y a merced de quimeras ensangrentadas, recién nacidas y hambrientas. No es necesario decir que fueron despedazados por éstas.

***

Fue fácil, un humano ordinario hubiera muerto sin duda alguna. Pero ella no era una persona ordinaria. Como prueba de eso, solo bastaba ver la enorme cantidad de cadáveres de quimeras incineradas que estaban a su alrededor. Todos monstruos muy fuertes, pero débiles frente a ella que perecieron a manos de sus mortales llamaradas. Ahora solo tenía que ir tras Prisca. Para llegar a ella, derritió la puerta y, usando un rastreador que le había colocado en secreto (al igual que a los demás), fue por ella.

***

Prisca lo consiguió, había llegado al cuarto privado de Dalos, en él había guardado todos los datos secretos de su investigación. Sustrajo la información, se la mandó al Hellmute y eliminó todo lo demás para que ninguno de los AST pudiera acceder a ella. Se preparó para irse, pero Naiyomi apareció y, sin compartir palabras, la sometió, sin titubear.

—Fuiste tú la que saboteó las turbinas de la aeronave, ¿verdad? —le interrogó e hizo presión en el brazo—. Querías entorpecer nuestro viaje para en algún momento, separarte y hacer esto. Usaste todas las oportunidades que se te ofrecieron y jugaste muy bien tus cartas, pero no contaste con que te colocara un rastreador secreto e indetectable, como al resto, en caso de que nos separáramos. Vas a decirme todo sobre tu operación, ¿me has oído? 

—¿Crees que será así de fácil?

—No, no lo será. —contestó colocándole su mano en su nuca— Será mortal y muy doloroso para ti.

Y así lo fue.

***

Kein estaba cansado de seguir en ese ascensor que no paraba de moverse, pero cuando se detuvo y la puerta automática de atrás se abrió fue muy grato reencontrarse con Naiyomi. Ambos se abrazaron al verse.

—Naiyomi, ¿estás bien?, ¿dónde están Prisca y los otros?

—No lo sé, pero Prisca era una traidora.

—¿Una traidora?

—Sí, en realidad era una espía que trabajaba para el gobierno chileno. Fue ella la que saboteó las turbinas de la aeronave y nos usó para llegar hasta aquí.

—¿Qué es lo que buscaba?

—Los datos de la investigación de un tal Dalos, que dejó en su habitación.

—¿Qué le hiciste?

—Le absorbí la memoria, lo que obtuve no es mucho, pero es algo.

—¿Pero te encuentras bien? La primera vez siempre es la más difícil.

—Estoy bien. —respondió y Kein notó que le temblaban las manos, lo que no era una buena señal.

—Mmmm… bien, y me imagino que con la información que obtuviste de ella podemos afirmar con certeza que las tablillas nunca estuvieron aquí, ¿no es así? —ella le afirmó con la cabeza—. Si ese es el caso, Naiyomi, tu misión ya terminó, pero la mía aún no. Sin embargo, podríamos irnos y llamar a Loan y decirle lo ocurrido para que lance una bomba y destruya todo este lugar, ¿tú qué opinas?

—Creo que deberíamos de enfrentarnos de todas maneras a ese homúnculo. Las quimeras pueden ser destruidas por la bomba, pero esa criatura podría sobrevivir y escapar, y eso no lo podemos permitir. Tenemos que detenerla. Por eso, creo que debemos matarla personalmente y asegurarnos de que muera.

—Tienes razón. —afirmó Kein tras meditar— No podemos correr el riesgo de que sobreviva. Tenemos que matarla. —La puerta automática de adelante se abrió—. ¿Lista?

—Lista

Entraron, la puerta se cerró y vieron al homúnculo en el centro de la sala. Estaba esperándolos, sentado en el suelo sin decir o hacer nada. Se le acercaron, pero mantuvieron las distancias.

—Ya era hora, comenzaba a preguntarme si iban a entrar o no. —les dijo, cosa que les sorprendió un poco. No esperaban que pudiera pronunciar palabras sin tener una boca a la vista y la criatura se dio cuenta de eso—. Vaya, ¿tanto les sorprende que pueda hablar? Aunque si son inteligentes se darán cuanta de cierto detalle.

—Tú mente se comunica con la nuestra, estás usando la telepatía. —acertó Naiyomi sin tener que pensarlo demasiado— Y me imagino que, además de esa habilidad, tienes otras facultades psíquicas, ¿verdad?

—En efecto, y tengo muchas más, pero no las usaré en la pelea que tendré contra ustedes dos. No, será una lucha en la que solo usaré mis habilidades físicas y espero lo mismo de vosotros. Una pelea justa y limpia.

—Espera, antes de eso, dime, ¿Qué es esa luz rojiza que se alza sobre las instalaciones? —pregunto Kein mirando con precaución—. Y, si eres capaz de saber las intenciones de la gente y de comunicarte, ¿porque has buscado ser enemigo de todo el mundo?

—¿Qué importancia tiene eso? De lo único que tienes que preocuparte es de esto: si no me matan, atravesándome el corazón —con su afilado dedo se rajó la carne y se hizo una equis sangrante en el lado izquierdo del pecho—, la luz que mencionaste no se detendrá y, si no para, terminará por cubrir toda la capa de ozono y, si lo hace, soltará en el aire un virus que hará mutar a los humanos en quimeras. Por lo que la única opción que tienen es destruirme.

—¿Pero por qué haces esto? —preguntó Naiyomi tan confundida como Kein—. No tiene…

—Basta. Solo tienen una opción. —dijo el homúnculo sacando de la palma de sus manos dos largas y afiladas espinas que empleó a modo de espadas— Matarme o morir junto con el resto de la humanidad. La elección es suya.

Kein y Naiyomi se miraron y estuvieron de acuerdo, no podían permitir que eso pasara. Crearon sus respectivas armas; pero, en vez de ir los dos en contra del homúnculo, Kein la detuvo pues tenía la intención de hacerle frente él solo.

—No, Naiyomi. Déjame esto a mí. Es mi misión después de todo. Y, si va a ser una pelea limpia, debe ser uno contra uno.

***

A muchos kilómetros de las instalaciones chilenas del Amazonas, un helicóptero militar surcaba el cielo. Albergaba un AST, que no era otro que Zoe, que había sido llamado y traído hasta ahí con el fin de ayudar a los chicos en todo lo posible. No tenía otra idea en mente.

***

Los dos, Kein y el homúnculo, corrieron hasta estar frente a frente; Kein logró esquivar su ataque al igual que los que sucedieron. La bestia estiró sus miembros, usó también las espinas con las que intentó cortarlo en varias ocasiones. Llegó incluso a usar una plancha metálica que sacó del suelo, para luego cortarla en muchos pedazos y lanzárselos mediante una patada voladora. Kein se protegió de los trozos al cortarlos con su espada-sierra, pero el homúnculo se aprovechó de eso para atacarlo por sorpresa a una velocidad tan impresionante que se vió obligado a retroceder y defenderse. La bestia hacía presión con sus espinas, mientras que Kein se protegía con su arma. Al ver esto, Naiyomi pensó en ir a ayudarle, pero cambió de idea cuando vio como Kein revertía la situación al hacer también la suficiente presión como para agrietar el suelo y sacarse de encima al mutante que no tuvo otra alternativa que esquivar sus ataques. De pronto, se vió indefenso cuando Kein cortó sus espinas. Este momento fue aprovechado por Kein que trató de darle un corte mortal en la cabeza. Pero el ser incumplió con su palabra y usó sus poderes psíquicos para hacer retroceder a Kein que lo miró sorprendido.

—Creí que sería una pelea en la que solo usarías tus habilidades físicas.

—Por favor, no puedo ponértelo tan fácil. —respondió, a la vez que creaba otro par de espinas y se ponía en posición de pelea— Tienes que esforzarte más.

—En ese caso daré todo de mí. —Clavó la espada-sierra en el suelo y lanzó relámpagos directamente hacia la criatura, pero solo destruyeron el área alrededor del homúnculo debido a que el ser se protegió con un campo de fuerza mental circular. Kein, viendo esto, comenzó a acumular una enorme cantidad de aire en la palma de la mano que alzó a lo alto hasta convertirlo en un aplastante torbellino horizontal que dirigió hacia el campo del homúnculo con tanta fuerza que logro romperlo y, de paso, dañar al monstruo que comprendió, al recuperarse, que aquel campo era ahora completamente inútil. Volvieron a pelear, uno frente al otro, fieramente hasta que llegó un momento en que ambos se dieron la espalda y mediante un rápido movimiento se atacaron mutuamente. Sin embargo, solo Kein pudo atravesar al homúnculo, perforándole tanto el pecho como el corazón, justo en el lugar en donde se marcó con la equis. Así terminó la lucha. El homúnculo cayó de rodillas al suelo.

—Ahora, dinos, ¿por qué has hecho todo esto? —le preguntó Naiyomi, luego de caminar hacia ellos.

—¿Acaso no es obvio? —Cuestionó mirándola a los ojos y, al hacerlo, ella comprendió.

—¿Tú…?

—Esa luz, ¿realmente haría lo que tú dijiste? —interrogó Kein que también lo había comprendido—. O solo era una mentira más.

—Solo era un elemento motivador y funcionó. —Inclinó la cabeza hacia abajo mostrando el cuello— Vamos, termina de una vez.

Kein miro a Naiyomi, ella asintió con la cabeza y Kein decapitó al homúnculo. Privándolo de toda vida. Ambos miraron a la criatura y Naiyomi fue la primera en hablar:

—Kein, ¿el homúnculo quería…?

—Sí, quería morir e hizo todo esto para conseguirlo.

—¿Tienes alguna idea de por qué?

—Tal vez porque estaba solo.

—¿Solo?

—Bueno, ¿qué tal suena esto? Esta criatura no tenía a nadie en el mundo, solo estaba él y obviamente nadie iba a crearle una compañera. Puede que se haya dado cuenta de su soledad y la sola idea de permanecer así haya sido tan terrible que deseara no seguir viviendo. Todos, incluso los más solitarios, necesitan la compañía de alguien de vez en cuando. Un amigo, un familiar o, simplemente, otro ser humano; pero esta criatura no tenía absolutamente a nadie y eso la descontroló. Y como no podía matarse con sus propias manos, nos usó a nosotros. ¿Qué te parece mi teoría?

—Me parece algo sacado de Frankenstein, pero creo que tienes razón. ¿Ahora qué hacemos?

—Creo que lo mejor será averiguar que les pasó a esos diez soldados, crees que puedas…

—Déjame ver… —dijo ella viendo la información en una PV—, están muertos. Activé los rastreados que les coloqué y no recibo señales de vida. El homúnculo debió de haberlos dejado a disposición de un grupo de quimeras.

—En ese caso, ya nada tenemos que hacer acá. Vámonos.

Durante el camino de regreso, recibieron una llamada de Zoe, que les dijo:

—Hola, chicos. ¿Cómo están? Miren, Loan me envió para ayudarles y me encuentro en un helicóptero estacionado afuera de las instalaciones. Necesito saber cuál es la situación para poder ayudarlos.

—Todo está bien, Zoe. Ahora salimos a recibirte. —le explicó Kein caminado junto con Naiyomi por los vacíos pasadizos del complejo. Sabiendo que después ese lugar seriá destruido. Eliminando cualquier quimera que aun quedara con vida.

—De acuerdo, aquí los espero.

Salieron y se encontraron con Zoe esperándolos pacientemente, quien a verlos venir fue a su encuentro.

—¿Y bien chicos? ¿Cómo les fue?

—Bien, pero las tablillas no están aquí. —contestó Kein— Ferol nos engañó.

—Eso no tendría por qué sorprendernos. —dijo Zoe de forma despectiva— Miren, han hecho un excelente trabajo ahí dentro, pero la verdadera batalla está más al sur. Así pues, ¿qué me dicen? ¿Están listos?

Kein y Naiyomi se miraron sonriendo antes de darle una respuesta.

***

—¿Ya puedo verlos? —preguntó Ferol a Dalos, ambos se encontraban en la base científica Titec ubicada en la isla artificial de Pomu.

—Sí, señor. —respondió el científico haciendo una pequeña inclinación a modo de respeto— Sígame por favor.

Lo siguió por los pasillos de las instalaciones de la amplia base científica y militar hacia a un cuarto en donde, al ingresar, pudo ver cómo por las ventanas y en el interior una gran cantidad de cilindros de vidrio, allí crecían a una enorme velocidad, un montón de fetos de quimeras.

—Gracias a la información que nos dio Prisca, pronto tendremos a su ejército, señor. —dijo Dalos sonriendo con satisfacción— Muy pronto.

Eso hizo que Ferol se pusiera feliz, ya que todo estaba marchando según lo planeado. Porque, demás de las tablillas, tenía la información que necesitaba para construir un ejército de quimeras que le obedecerían a él y solo a él, sin la necesidad de un homúnculo. Y, si con eso ganaban la guerra, nada más importaría. Absolutamente, nada.

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