QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 1 (Prototipo): Sangre y lágrimas

En una de las casas de la urbanización del Cuadro, ubicada en el distrito de Chaclacayo, dentro de un cuarto grande y ventilado, estaba un despacho bien amoblado con dos sillones, una amplia mesa, un minibar y cuadros en los cuales había o bien pinturas originales o fotos de eventos importantes. Lo que le daba al lugar un aire de lujo e importancia. Algo cierto, porque la persona que estaba sentada en el cómodo asiento del escritorio no era cualquier persona. Sino Állitos, el Ministro de defensa del Perú, que estaba a punto de tomar la decisión más importante de su vida: dar inicio con el complot para que el Perú entre en guerra una vez más contra Chile. La razón, simple: limpiar una mancha en la historia del país que tanto amaba. Para lo que tenía en mente comenzar con la reunión ya programa con el presidente de aquel país, la dueña de la corporación FECEDI y un empresario teatral que en secreto gobernaba una gran parte del crimen organizado. Todos para él, gente despreciable, pero necesaria para llevar a cabo sus planes. La GIN de su pecho vibró, alertándole que ya era hora, por lo que aceptó la llamada grupal, que también era confidencial, y tres pantallas virtuales, con tres siluetas en blanco, aparecieron frente a él, a las que sin más les comenzó a hablar.

—Buenas noches —les dijo solemnemente. Escogiendo con cuidado sus palabras—. ¿Todo está bien? ¿tomaron las medidas de precaución que les dijimos?

—Sí. —respondieron ellos.

—En ese caso comencemos y vayamos al grano. —se aclaró la garganta— Como ustedes dos ya saben el señor Čénuke y yo Temáukel, nos hemos estado reuniendo virtualmente y en privado, claro está, debido a ambos tenemos intereses comunes. Él desea mantenerse en el poder y yo quiero una guerra con la que mi nación pueda limpiarse y tener una historia de la que estar orgullosa. Por ello estamos haciendo esta estratagema para llevar a cabo nuestros objetivos. No obtente, para cumplirlos, también los necesitamos a los dos y, si nos ayudan, no solo serán ampliamente recompensados, sino que les ayudaremos con cualquier problema u obstáculo que tengan. ¿Tienen alguna pregunta o inquietud que nos quieran dar? ¿No? Entonces prosigamos… —les relató detalladamente que esperaba de ellos y lo que tenían que hacer cada uno respectivamente— …confío en que no tengan ninguno tipo de problema en realizar estas tareas.

—Yo, estaré bien. —afirmo Kwányip— Tengo varios proveedores para distribuir esta enfermedad. ¿Qué tal tú, Kenos?

—Dispongo del equipo y de los recursos necesarios, pero me será algo difícil encontrar a un buen científico que, además de útil, sea amoral.

—Por eso no te preocupes. —dijo Temáukel— Čénuke, te enviará uno muy bueno para que trabaje para ti y te de los resultados que buscas.

—Ahora le envío sus datos… —mencionó Čénuke que hasta ese momento había guardado silencio—. Le aseguro que para mañana estará pisando su oficina a primera hora.

—Gracias, ¿cómo le llamaremos?

Xalpen.

—¿Y es tan bueno como asegura?

—Con decirle que está al nivel de Dika, ya le hemos dicho todo. —sentencio Temáukel queriendo concluir de una vez con el asunto—. Y, si no hay nada más que hablar, creo que ya podemos dar por finalizada la reunión, ¿todos de acuerdo?

—Sí. —dijeron y cortaron la llamada dejándolo solo en su soledad, algo que de hecho le agradaba mucho porque le gustaba meditar y analizar las cosas con calma y sin apuro, para llegar a una respuesta sobre todo lo que vendría después. Llegando a la conclusión que sería descubierto y (muy probablemente) ejecutado; no obstante, eso no le importó porque sabía que aun así su objetivo se cumpliría. Y eso no podría hacerlo más feliz.

***

Era un día como cualquier otro en la estación subterránea Mesdos, una de las más grandes y concurridas del metro de Lima. Los peatones esperaban con ansias a los trenes y los miembros del personal hacían todo lo posible para que su estadía fuera placentera; lo propio hacían los guardias de seguridad que destacaban no por su labor ni por las GIN que tenían en el centro del pecho, al igual que todos los presentes, sino por vestir NAR blancas. Aquello llamó la atención de un pequeño que estaba sentado, junto a sus padres, en una de las tantas hileras de asientos del metro.

—Mamá, ¿por qué esas personas se visten así? —preguntó, señalando a los guardias de seguridad que se veían espléndidos al portar armaduras creadas por nanomáquinas—. ¿Acaso nuestras GIN pueden crearnos también esa ropa?

—No señales con el dedo, Dylan —lo corrigió la madre, recordando que aún no le había explicado al detalle el funcionamiento de las gemas, por no decir que era la primera vez que veía a individuos engalanados de esa manera. Además, en la escuela, recién se le estaba instruyendo acerca de las GIN—. Es de mala educación. Y no, las nuestras no pueden crearnos esa vestimenta.

—¿Por qué no?

—Porque poseen unos CS específicamente creados para el tipo de trabajo que tienen y que pueden… —comenzó, pero se detuvo creyendo que ya era hora de que su hijo supiera mucho más acerca de esos dos increíbles aparatos electrónicos que habían revolucionado el mundo— mejor te lo explico de esta forma.

Usando la mente, le ordenó a la GIN que proyectara dos PV entre ella y Dylan; con una ilustraría sus enseñanzas, la otra serviría para dirigir lo que se propuso proyectar.

—¿Has escuchado hablar de TRONES en la escuela? ¿O recuerdas lo que te comentamos acerca de ellos? —le preguntó la madre, después de ingresar en la red para ubicar con el buscador de imágenes de Inti Explore, fotografías que correspondieran con esas iniciales (optó por fotos de un bloque de edificios bien estructurados entre sí).

—Sí, es el nombre de la megacorporación de ciencia y tecnología más importante del país y del mundo —respondió Dylan, mirando los edificios en cuya estructura resaltaba el símbolo de la empresa: El Valknut, tres triángulos entrelazados.

—Correcto —le dijo la madre, satisfecha con la respuesta de su hijo—. Fue fundada en el año 2219, aquí, en Lima. Y su fundadora, —pensó en la creadora de la empresa, y seleccionó la fotografía de Dika— que es esta de aquí, es la inventora de la gran mayoría de los aparatos tecnológicos que usamos todos hoy en día, como por ejemplo los tachos de basura que automáticamente, al llegar al límite de su capacidad, desintegran los desperdicios que albergan en su interior para volver a estar limpios y reutilizables.

—¿Y sigue inventando cosas así?

—No, se retiró hace mucho tiempo —le respondió la madre, al tiempo que seleccionó otra imagen que reemplazó el rostro de la creadora de TRONES. Se trataba de un fornido afroperuano de cabello negro y ojos dorados que aparentaba tener solo 31 años de edad—. Ahora la persona de aquí, Loan, es el actual dueño de esa megacorporación.

—¿Es… su descendiente?

—No. Pero se ganó el derecho de liderar esa empresa que se ha mantenido como la mejor en su campo, gracias a que constantemente sacan nuevos inventos al mercado, como nuestras GIN y los CS. ¿Me sigues hasta ahora? —Dylan afirmó con la cabeza y ella le ordenó a la gema que desvaneciera las PV que estaban entre los dos—. Muy bien. Debes de saber que, además de ellos, existen otras corporaciones, de otros países, que han sacado sus propias versiones de estas, pero para nosotros, los peruanos, nuestros productos son los mejores. Y como ya tienes edad suficiente para entender algunas cosas, te explicaré ciertos aspectos sobre las gemas y sobre los chips que no te dije antes. —Se detuvo para pensar en lo que le iba a decir y continuó— Pero si hay algo que no entiendes, solo pregúntame, ¿de acuerdo?

—¡Sí, mamá!

—Bien. Para empezar, las gemas, o como las llamamos, GIN, son pequeños aparatos circulares que se colocan en el centro del pecho —señaló su área y la gema—; desde ahí, con la ayuda de pequeñísimos hilos que se pegan a la piel, se expanden hasta llegar al cerebro, fusionándose con él y con todos los órganos y huesos de nuestro cuerpo. Ocurrido esto, las GIN se convierten en parte de nosotros y podemos darles órdenes sin ningún tipo de problema o de riesgo. —Vio la fascinación en la cara de Dylan y continuó más animada que antes—. Las gemas pueden crear cualquier cosa en cuestión de segundos, excepto comida; pues en su interior hay una gran cantidad de nanomáquinas que emergen de unos pequeños orificios ubicados a su alrededor para producir lo que sea, siguiendo la información que hayan extraído de algún CS específico. —Hizo una pequeña pausa para tomar aire—. Y los CS son, como su nombre lo indica, chips especiales que se dividen en diferentes categorías y que pueden comprarse en cualquier tienda de TRONES. ¿Me dejo entender?

—Sí, mamá. Pero, ¿qué hay de los CS de los guardias de seguridad? Esos no los podemos comprar, ¿verdad?

—Me temo que no, Dylan. Verás, cuando obtienes un empleo te dan un CS con los datos del uniforme y de los implementos necesarios para el puesto. Por ejemplo, esos guardias visten esas armaduras y yo, que soy pianista, un vestido de gala. Ellos usan armas como herramientas de trabajo; en cambio, yo utilizo partituras electrónicas.

—Pero… ¿qué pasaría si se rompiera mi GIN? ¿Me moriría y me quedaría desnudo en la calle, perdiendo toda la información de mi CS?

—Dylan, las GIN son indestructibles, pero en el remoto caso de que eso ocurriera, y mira que muy pocos podrían lograr algo así, como máximo quedarías desorientado durante algunas horas. Y en cuanto a la información perdida, como TRONES guarda los datos de los CS que compras, te darían otro chip especial con todo lo perdido, siempre y cuando pagues el precio.

—¿Y quién sería capaz de romper una GIN?

—Bueno, las únicas personas que me imagino que podrían hacer algo así serían los AST.

—¿Los AST?

—Ah, aún no has oído hablar de ellos, ¿verdad? Verás, TRONES tiene el privilegio de tener entre sus filas a una unidad de agentes especiales paramilitar que se encargan de ayudar a la Policía y al Ejército a lidiar con situaciones que se les escapa de las manos, por ejemplo, múltiples atentados terroristas o escenarios en donde es necesario actuar fuera de la ley. Y por lo que sé, son increíblemente fuertes y poderosos, tanto que pueden destruir un tanque con las manos desnudas.

—¿Crees que pueda convertirme en un AST? —preguntó Dylan ilusionado por lo que su madre le acababa de decir.

—¿En serio quieres ser uno de ellos? —le preguntó la madre, mirándolo fijamente—. Porque déjame decirte algo, por lo que he oído, ellos solo reclutan a huérfanos. Así que, ¿eso es lo quieres?

—No —se apresuró a decir Dylan—. Claro que no.

—Entonces recemos para que eso nunca pase. —Le acarició la cabeza y le volvió a sonreír. A lo lejos, se escuchó el sonido del ferrocarril—. ¡Oh, es el tren! Hablaremos más durante el camino.

Los tres se levantaron y se dirigieron al encuentro del tren, con toda la ilusión de tener un día gratificante, pero, como los demás pasajeros, se sorprendieron al percatarse que las puertas no abrían y que los vagones estaban totalmente a oscuras y en silencio. Pudieron ver, tras el inexplicable parpadeo de las luces del trasporte, a unos extraños seres humanoides; durante unos segundos sus mentes quedaron en shock.

***

En una buena escuela de la ciudad del Cusco un maestro robot de tipo C daba clases de primaria bajo la atenta mirada de varios de sus jóvenes estudiantes, salvo algunos como la pequeña y bella niña negra que miraba hacia el exterior de la ventana al costado suyo, como si fuera una enamorada pensando en el amor del que tuvo que despedirse. Siendo eso precisamente el caso y la razón por la que estaba tan distraída, sin escuchar con que lo que aquel ser de metal y tuercas decía:

— …deben de saber que nuestras GIN tienen varias funcionalidades, como: tener almacenado nuestro DNI, un hilo pequeño de nombre CNC con el que se puede conectar a cualquier puerto de conección o a la gema de otro usuario, el poder hacer o recibir llamadas de tres clases distintas, realizar escaneos, e incluso evitar que te escuchen a lo largo de un metro solo activando una pequeña antena que saldrá del aparato para insonorizar el área a tu arededor, y hay muchas más funciones, seguidos de un largo etcétera. Pero, si bien es cierto que necesitamos de los CS para que podamos usar las GIN, también existen chips capaces de bloquear las gemas. Estos se instalan en momentos y circunstancias especiales, como, por ejemplo, cuando un nuevo recluso va a ingresar a la prisión y los guardias buscan que no se escapa de su control, que no se puedan comunicar con el exterior. Buscando ese fin, ellos…

Y el robot seguía y seguía, pero a ella no le importaba nada de lo que tuviera que decir, porque lo único que quería era que la clase terminara pronto, para poder así subir al autobús escolar e irse a casa, llamar al chico que le hacía suspirar y ponerse a conversar con él de lo que sea. Y su deseo se cumplió. Toco el timbre, el robot dió la clase por terminada y todos se fueron sin perder el tiempo. No hubo necesidad de que guardaran cuadernos o libros con los apuntes de esa lección, todos los datos estaban guardados en las GIN de todos los niños que prestaron atención. Aunque los más listos, como esa niña, se las ingeniaron para almacenar toda esa información al hacer que las gemas registraran todo lo dicho por el maestro sin tener que escucharle al ponerlas en altavoz. Teniendo eso en cuenta, se retiró totalmente calmada del aula, sin tener que cargar (como los demás) con alguna mochila, se fue al autobús escolar, que la dejo en casa tras media hora de viaje, se despidió de sus amigos, entró en su hogar y el mundo se le vino abajo, frente a ella, en medio de la sala, yacía su padre colgado, con una soga en el cuello, sin vida, con una nota bajo sus pies escrito en una hoja de PS, que decía: “Te espero junto con tu madre, Valeria. Apresúrate a venir”. No supo que hacer salvo arrodillase y llorar hasta que sus ojos se pusieron rojos por el llanto. Por horas. Hasta que Damián, el mejor amigo y compañero de su progenitor, la encontró y la consoló.

***

—Mamá, papá, ¡¿qué son esas cosas?! —quiso saber Dylan. Asustado, pedía explicaciones a sus padres.

—Síganme la corriente y vámonos de aquí —sentenció el esposo, que cargó al hijo en uno de sus brazos y tomó a la mujer de la mano para darse media vuelta y dirigirse hacia la salida. Algo en él intuía que tenían que irse de ahí lo más pronto posible, y no pensaba ignorar esa advertencia.

—¡Papá, mamá, miren! —dijo Dylan, señalando el metro—. Se están abriendo las puertas del tren.

Ambos giraron y vieron que, en efecto, era cierto: las puertas del tren se abrían y de ellas salieron los humanoides, estos eran grandes seres sin pelo, de color hueso y de ojos rojos, poderosas garras, enormes colmillos, genitales de ambos sexos y gemas blancas. Ellos, al percibir a la multitud, lanzaron un potente grito de furia para correr hacia ellos, con la única intención de matarlos, usando su armamento corporal sumamente eficiente. Cubrieron el suelo y las paredes de vísceras y miembros cortados de los civiles que trataban de escapar y de los guardias, que valientemente, intentaban protegerlos de ellos, sin poder lograrlo, a pesar de emplear armas de fuego y bastones eléctricos que, por desgracia, no eran lo suficientemente poderosos como para hacerles frente. A uno le cortaron la cabeza, a otro lo partieron por la mitad, al siguiente le arrancaron los brazos y a los demás los despedazaron. Convirtieron el metro en un matadero humano.

En cuanto a los padres y el niño, al tener al pequeño en brazos, pudieron correr sin problemas junto con los otros civiles hacia la salida del metro. Sin embargo, los humanoides les apuntaron con la palma de sus zarpas, y en cada garra se formó un agujero de donde salieron lanzas que atravesaron a todas las personas que estaban en su camino, salvo a ellos tres, gracias a que el papá, anticipándose, se abalanzó llevándolos consigo hacia la puerta de los servicios higiénicos. Estando ahí, la mamá se encargó de poner a salvo al hijo de ambos, mientras que el padre bloqueaba la puerta del baño con el fin de que los monstruos no entraran.

—Dylan, escóndete aquí —le ordenó, al abrir una rejilla de aire acondicionado que estaba contra la pared, cerca del suelo, luego de que su esposo, que era ingeniero, creara y le diera la herramienta necesaria para hacerlo.

—¿Y qué hay de ti y papá, mamá? —preguntó él, adentro del conducto de aire con la rejilla en su posición original.

—No te preocupes por nosotros, estaremos bien. Solo tenemos que… —Guardó silencio al escuchar cómo los humanoides golpeaban y rompían la puerta, su esposo apenas podía contenerlos—. Dylan, pase lo que pase, no debes pronunciar ningún sonido, ¿de acuerdo? ¡Ningún sonido!

—¡Pero, mamá…!

—No digas nada y recuerda… —la puerta comenzó a romperse y ella le dio una última sonrisa— que te amamos.

El padre, que ya no podía contener más a los humanoides, se apartó de la puerta y ellos la atravesaron. Dylan vio con desesperación e impotencia cómo mataban a sus padres, que no pudieron hacer nada para defenderse.

***

Nadie en ese momento lo sabía, pero horas antes, al tren habían subido doce personas encapuchadas que seguían a una tercera. Estos se sentaron en diferentes vagones del ferrocarril esperando que el tercer individuo, por medio de la GIN, les mandara la señal de actuar, y no tuvieron que esperan demasiado. Se quitaron las capuchas y revelaron ante todos que eran robots tipo B. Los cuales vomitaron gusanos blancos que atacaron a los civiles del transporte, metiéndose en sus orificios, con el fin de convertirlos en sanguinarios humanoides que mataron a los que no se trasformaron y que estaban bajo las órdenes del único de todos que seguía sentado indiferente ante lo ocurrido, su líder. Quien, al ver que llegaron a la estación Mesdos, les ordenó que matarán a todos. Acto seguido se quitó la capucha, revelando un rosto lleno de maldad, y salió del tren a continuar con la misión que le habían encomendado: dejar un sobreviviente que esparciera la palabra. Vio la oportunidad cuando oyó un llanto proveniendo de uno de los baños del corredor repleto de cadáveres ensangrentados empalados.

***

Después de observar durante mucho tiempo los restos de sus padres, salió del escondite y se arrodilló ante lo único que quedaba de ellos: la cabeza de su madre. No le importaba si los monstruos lo encontraban y lo mataran, pero ninguno de ellos fue a su encuentro, estaban en el exterior para continuar con la terrible matanza. Derramó lágrimas de dolor y, en eso, entró un misterioso individuo rubio, de ojos oscuros, al baño que se le acercó.

—Vaya, ¿Qué tenemos aquí? —pregunto arrodillándose para estar a la misma altura que él—. Un niño que llora como un bebe. Y me imagino que esta de aquí es tú madre, ¿no? —dicho esto se paró y aplastó la cabeza de su madre con el pie— Escúchame, chico, te voy a perdonar la vida para que expongas ante los demás peruanos que si no quieren terminar como esta mujer —siguió aplastando los restos de su mamá— tendrán que rendirse incondicionalmente ante nosotros. —se inclinó para verlo a los ojos—. Recuerda mi mensaje, chico, y procura esparcirlo.

Se fue entre risas, dejando solo al chico, para salir al exterior y encontrase en un ambiente caótico y destructivo. Las criaturas seguían con la carnicería, dejando cadáveres en todas las direcciones, y, en el cielo, aparecían grandes naves portando el escudo chileno que, como si se quitaran un manto de invisibilidad, comenzaron a atacar con láseres los edificios que estaban a su alcance. El rubio sonrió de felicidad. Y, en lo que respecta al niño, ahora huérfano de padre y madre, no supo que hacer, salvo ver impotente lo que quedaba de sus progenitores durante muchas horas, hasta que la policía finalmente lo encontró. Le informaron que matanzas similares se habían producido también en seis de los metros subterráneos más grandes y concurridos del país, y que los chilenos los invadían porque deseaban apoderarse del “Anta”, un metal precioso que el Perú tenía en gran cantidad y que servía para crear las GIN. Lo que los convertía en uno los mayores productores de gemas que existían. Algunos días después, sabría que los responsables de aquella matanza introdujeron robots en los trenes, estos expulsaron gusanos hechos de nanos que hicieron mutar a los pasajeros del metro en los horribles humanoides que provocaron todo ese caos. Años más tarde, aquel evento sería conocido como “El día rojo”. En cuanto a él, le darían la oportunidad de convertirse en un AST y aceptaría el reto, con la única intención de vengarse del hombre que había destruido su vida, ahora rota y marchita.

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