QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Prólogo (Prototipo): Sueños de otro mundo
En
su sueño, se encontraba en la inmensidad del espacio-tiempo; las estrellas y
los planetas danzaban a su alrededor en un movimiento que parecía infinito. De
pronto, vio abrirse un portal por el que emergía un gran monolito que se
acercaba al sol. El monolito se fusionó con el astro rey y formó una gran masa
de lava que absorbió a todos los planetas del sistema solar; estos se redujeron
y explotaron. La mayoría de los fragmentos de esta explosión contribuyeron a la
formación de nuevos planetas. Ella fue testigo de la evolución de estos
planetas que, en conjunto, dibujaron un nuevo sistema solar. Solo dos llamaron
su atención: el tercero y el cuarto. Los otros planetas solo poseían polvo
estelar, en cambio, esos dos, que estaban ni muy lejos ni muy cerca al sol,
habían generado vida. El cuarto planeta fue habitado por criaturas amorfas y
muy extrañas, bastaba con verlas para considerarlas hostiles; el tercero
albergaba criaturas dóciles y sociables que, si bien eran salvajes, en su
mayoría no eran agresivas. Se dejó absorber por aquel hermoso mundo y fue
llevada a la superficie del mismo.
Al
llegar al tercer planeta, observó una preciosa vegetación y a más de aquellos
seres fantásticos. No pudo terminar de contemplar la belleza de aquel lugar, la
caída de un cometa llenó todo el paisaje de tierra y fuego. Al disiparse el
polvo, vio con horror que todas aquellas criaturas yacían muertas, y entendió
que ese meteorito gigante había sido uno de los trozos que quedaron de la gran
explosión primigenia. El tiempo pasó a una enorme velocidad frente a sus ojos y
nuevas formas de vida germinaron de ese mundo. Los nuevos nativos formaron
grandes culturas. Mas, en la zona del impacto, un gran insecto emergió y, luego
de hacer un enorme alarido, hizo brotar por los poros de su cuerpo a un sinnúmero
de bichos mutantes, los cuales fueron en todas direcciones. Ella dedujo que
aquel parásito surgió del meteorito que se había estrellado hacia siglos atrás.
Por medio de sus manos, como si fueran un par de hologramas, pudo ver como esas
asquerosas criaturas atacaban a los habitantes de ese planeta. Entonces, algo
increíble ocurrió: cientos de portales que se formaron sobre el cielo
expulsaron bombas que masacraron a gran parte de los insectos. Lejos de acabar
esta batalla, se formaron portales en la tierra de donde salieron individuos
vestidos de pies a cabeza con armaduras oscuras que seguían las órdenes de uno
que sobresalía por poseer una gema anaranjada y rojiza en el pecho. Fueron por
los insectos y no pararon de atacar hasta matar a todos los que quedaban,
incluyendo al insecto madre de los mismos. Tras todo eso, los defensores
desaparecían en el aire salvo el líder que, para su sorpresa, la miró, sonrió y
la saludó. Luego hizo una señal hacia arriba. Fue entonces cuando se percató de
la inmensa nave que descendía en el firmamento.
Miró
por última vez al líder de los caballeros y despertó, Dika estaba en el cuarto
que le correspondía dentro de las instalaciones de TRONES ubicadas en Lima,
Perú. Cómodamente acostada en la cama. Entre los brazos de Rayen. El general
del ejército del Perú con quien mantenía una relación desde ya varios años. Al
que había conocido durante el “Día Rojo”. Evento en el que, al apoyarse
mutuamente, se gustaron. Estando juntos desde entonces, teniendo como base una
relación sincera en la que no se guardaban secretos. Una condición muy
específica que pensaba cumplir. Optó por levantarse e ir al baño a lavarse el
rostro, creía que esto le ayudaría a calmarse. Una vez adentro, tras mojarse la
cara, observó el reflejo del espejo y sonrió. Pese a ser una señora de edad
madura, se veía y se sentía como una mujer que tan solo pasaba por los 40. Y
todo gracias a las nanos de la pequeña gema ubicada en ese pecho, no arrugado
aun por los años de trabajo que éstas le dieron. Claro, por un lapso de tiempo,
era posible rejuvenecer por medio de éstas, pero las suyas, a diferencia del
resto, le permitieron, al igual que a los otros AST, vivir durante varios años,
de forma prolongada, ya que éstas eran capaces de detener el envejecimiento.
Como si se trataran de los elfos de los cuentos de hadas. Por no decir que las
nanomáquinas, además de sus otros usos, podían fortalecer los órganos, los
huesos y los músculos de los usuarios. E incluso, si compartían su sangre con
alguien, como ella hacía con Rayen, y Loan con Naira, esta rejuvenecía de
acuerdo a la cantidad suministrada. Pero lo que realmente importaba era que
había empleado todo ese tiempo para construir un medio que le permitiría a la
humanidad sobrevivir tras el fin de todas las guerras, y pronto llegaría el
momento de usarla. Salió del baño, fue a la cocina, se preparó un Nescafé, se
sentó en el comedor en donde comenzó a beberlo y meditó acerca del inusual
sueño que tuvo. La presencia de Hiroi la despabiló.
—Buenos
días, Dika —le dijo la muy avanzada inteligencia artificial, que también era
creación suya, en una pantalla virtual frente a ella—. Te informo que todo está
listo para el experimento de esta tarde. ¿Todo bien? Te veo algo tensa.
—Sí,
estoy bien —contestó tomando un poco de su café—, es solo que tuve un sueño o,
mejor dicho, una premonición de lo que pasará cientos de años en el futuro.
—¿En
serio? ¿Quieres contármelo?
—Tal
vez no debería hacerlo, puede que algunas cosas no te gusten.
—No,
hazlo. Así te sentirás mejor. Cuéntamelo.
—Bueno,
si de verdad quieres saberlo, soñé que me encontraba en el espacio y fui
testigo de la creación… —le relató todo al detalle rascándose la cabeza— …y fue
ahí cuando me desperté. ¿Qué opinas de eso?
—Opino
que quizá eres muy poderosa, o tienes demasiada imaginación.
—Sí,
y a mí me gustaría que fuera lo segundo, pero eso que vi es la razón por la
cual estoy construyendo Atlantis. Para salvar nuestro futuro y pasado.
—Construyéndolo,
junto con nosotros—aclaró Hiroi que no quería sentirse excluida—. Sabes, al
crearme, me enseñaste muchas cosas, sobre el bien, el mal y sobre la historia
de la humanidad; pero hasta al momento no me has contado nada sobre la guerra
que lo destruirá todo. Y no te pedí los detalles porque supuse que eso era algo
muy difícil de manejar y no quería presionarte. Más cuando sé que, como la
primera de nosotros, tienes una gran responsabilidad sobre tus hombros. Pero
ahora no puedo evitar sentir curiosidad y preguntarte: ¿cómo es que llegamos a
ese punto?
—A
mí también me gustaría saberlo. —dijo Rayen que apareció apoyado contra la
pared de la sala.
—Rayen,
lo siento. ¿Te desperté?
—No,
está bien. Hoy pensaba despertarme temprano. Pero, lo que realmente me intriga
es el futuro —se sentó frente a ella tras darle un beso de buenos días—. ¿Puedes contárnoslo, Dika?
—¿Realmente
quieres que lo haga?
—Sí,
por favor, y no omitas nada. Y mejor usa a Hiroi para gravar tu historia, tal
vez así, más adelante, encuentres una forma de evitar la catástrofe. Escuchándote
a ti misma.
—Esa
es una buena idea. —concordó la I.A.
—Muy
bien, pero antes prepárate una taza de café caliente porque hay mucho que
contar.
—Ya
regreso.
Minutos
después, Rayen regresó con una taza de café Colcafé y un plato de galletas Pícaras.
—Estoy
listo.
—Cuando
quieras, estoy preparada para grabar.
—Mmmm…
¿por dónde empezar? ¿Qué tal si comienzo haciendo un recuento por la guerra con
Chile?
—¿Por
lo que pasamos hace meses atrás? ¿Eso está relacionado?
—Sí
lo está, y creo que es la mejor manera de iniciar con la historia.
—Me
parece bien.
—Comencemos
entonces. Veamos, te acuerdas de lo que ocurrió el año 2327, ¿verdad?
—Claro,
ese fue el día en que le declaramos la guerra a Chile luego de que ellos
intentaran invadirnos. Ahí, se inició todo. Y también fue el día en que nos
conocimos, ¿te acuerdas?
—Por
supuesto, y de la cara que pusiste cuando salí del portal que creé con el fin
de ir a tu encuentro y ayudarte a distribuir a las tropas para que repelieran a
los invasores. Pero, nos estamos desviando. Luego de la invasión, ellos
esparcieron la infección gris, usando agentes chilenos encubiertos que nos
eludían al cambiar continuamente de identidad. Lo que aumentó más los ánimos de
la guerra. Y así ya nadie se negó a no ir a la batalla.
—Si
no me equivoco, eran siete y todos fueron…
—No
nos adelantemos. La guerra se prolongó durante dieciocho años y nuestra
presidenta buscaba un estado de paz que fuera beneficioso para nosotros, pero
ella no se imaginaba que eso revelaría las verdaderas causas de la Segunda
Guerra del Pacífico…
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