QUIMERAS VISIONARIAS — Primera Parte — Capítulo 7 (Prototipo): Revelaciones en la catedral


Sate debía de estar surcando los cielos por medio de la aéreomoto que previamente había creado con el fin de escapar una vez realizada la intervención que Wakus le había pedido realizar, pero, en vez de eso, había activado su CTO para darle una sorpresa al AST en el momento en que llegara éste a la parroquia. Pensando en que tal vez podría usar aquella situación como una ventaja para secuestrar a la novia del AST, motivo por el que les informó de esto a los otros shoorts. Sabía que era una tontería tratar de escapar del agente, éste le perseguiría probablemente hasta los confines del mundo y, tal y como le dijo Sanu, tampoco quería tenerlo siguiéndole por toda la ciudad, así que optó por enfrentarlo. Lo que le dejaba con dos opciones: ganarle al Pishtaco o morir bajo sus manos. Rendirse no era una posibilidad, pues la IA de su GIN se encargaría de silenciarlo si intentaba esa alternativa, lo quisiera o no. Por lo que se dispuso a enfrentarlo con el fusil. Y si fallaba, al menos se aseguraría de cumplir con su deber con honor, haciendo además que el agente cayera en la trampa de los Selknams.

***

Kein se extrañó al ver que le señal lo llevaba al mismo lugar donde había visto al francotirador: la Catedral Basílica de la Virgen de la Asunción. La sobrevoló y, en eso, un disparo muy acertado le dio a la aéreomoto. De la que saltó, antes de que estallara en una explosión de fuego y metal. Cayendo sobre la azotea del templo. Estando ahí vió que, en uno de los campanarios, aparecía el shoort, al quitarse el camuflaje que lo ocultaba, puesto que ya no le seria de utilidad al saber él donde estaba. El cual brincó hacia la terraza, se puso frente a frente contra el agente y, sin necesidad de iniciar una conversación, con el gran rifle de francotirador preparado, comprendieron que sólo uno de ellos saldría vivo de ese encuentro. Creó una espada-sierra y corrió hacia el Shoort, que comenzó a dispararle sin cesar. Partió las balas, reconstruyó el arma y le lanzó una doble-espada-sierra, como si se tratara de un gran búmeran, que no se detuvo pese a los disparos del Shoort que logró evadirla, dando una voltereta hacia atrás, contraatacando con proyectiles que ahora se enfrentaban al escudo que creó para defenderse de éstas y del potente laser calorífico de color azul que el terrorista le lanzó luego de juntar una enorme cantidad de poder en aquel fusil. Mas el terruco no reparó en que el arma volvería hacia Kein; obligándole, al percatarse de esto, a darse media vuelta e intentar protegerse con la carabina la cual fue partida en dos por el arma giratoria que además le causó un fuerte corte en el hombro que lo tiró al suelo provocando chispas que fueron acompañadas por un torrente de sangre que se esparció en el aire. Momento que aprovechó el AST, con el Shoort gimiendo en el suelo, para recuperar el búmeran y saltar hacia el terrorista con el fin de atravesarle con la espada-doble. Pero, por desgracia, éste logro esquivar al agente, rodando hacia uno de los lados, y crear, tras ponerse de pie (ya recuperado), un contundente látigo de metal en cuya punta había una masa de hierro de la que salían púas, que parecía sacado de Castlevania y que tenía toda la intención de usar contra él. Asiendo eso, precisamente. Obligando a Kein a estar a la defensiva, ya que no podía dejar de esquivar los incesantes ataques del Shoort, que culminaron cuando, al aumentar la fuerza en los músculos, de un espadazo rompió la cabeza con pinchos de esa arma a la que inmediatamente sujetó, pudiendo generar fuertes descargas eléctricas, usó como conducto de dicha electricidad la cual se encargó de electrocutar al terrorista que fue arrojado hacia atrás. El cual, pese al dolor, logró ponerse de pie, y, al ver como Kein se le acercaba, tras botar lo que quedaba del látigo bien lejos, creó una pistola que fue pulverizada por la bala del revólver del AST que, siendo más rápido y precavido (pese a que el Shoort había levantado las manos en son de rendición luego de agarrarse la mano adolorida por el disparo), le dio siete certeros disparos en el pecho cuyas balas atravesaron tanto el blindaje rojizo como la carne suave del terrorista. Que se derrumbó y se quedó arrodillado cubierto en sangre, viendo como él se le acercaba.

—Maldito hijo de... —le comenzó a decir al tenerlo a solo un paso apuntándole con el revólver— …¿Por qué…? Si yo…

—Lo siento, pero mi mentor me enseñó a no tener ningún tipo de contemplaciones con gente como tú. —sacó la aguja para comenzar— Ahora vas a decírmelo todo, lo quieras o no.

—Espera, solo… escúchame un momento AST. Te lo dire. ¿Quieres saber lo que robamos del banco? ¿No es así? —el criminal escogía con cuidado sus palabras rogando con las manos— Pues escucha, si quieres saber… —empezó a decirle el shoort, con las manos ahora en el suelo— toda la verdad que se oculta detrás de los ataques recientes… —tenía la mirada había abajo—  …busca a los mendigos que consumen Enzo en Idonia, ya que ellos te llevarán a los almacenes de Camilos.

—¿Qué quieres decir con eso?

—¡Esto! —grito el shoort para luego tratar de acuchillarle, usando dos dagas que creo en ambas manos. Pero el AST le sujetó las extremidades y por medio de la fuerza bruta se las arranco para luego darle un uppercut tan fuerte que, además de tirarlo al aire, le arrancó la cabeza que salió y cayó junto con lo que quedaba del terrorista. Vio a lo lejos la llegada de la policía que de seguro notó la explosión de los vehículos a lo lejos y descendió para recibirlos, esperándoles sentado en las escaleras que conducían a la puerta de la catedral. Llegaron y los primeros en verle fueron Valeria y Damián.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Valeria, acercándose a Kein al instante.

—Sí, me encuentro bien. ¿Y ustedes? No están lastimados, ¿verdad?

—No, todos estamos bien. Gracias a ti — afirmó Damián con seriedad—. Pero, dime, ¿Pudiste averiguar algo del shoort?

—Sí. Antes de rematarlo me dijo que si quería descubrir la verdad que se oculta detrás de los ataques que han estado ocurriendo tenía que buscar a los mendigos que consumen Enzo en Idonia, ya que ellos me llevarían a los almacenes Camilos.

—¿Qué? —exclamó Valeria, percatándose de algo increíble—. ¡Kein, es posible que este caso esté relacionado con otro que tenemos!

Los tres se miraron asombrados por la enorme coincidencia. Mientras tanto el cielo atormentado por los acontecimientos, envolvió a todos bajo una fría lluvia.

***

—Y bien… —empezó a decir el presidiario, mirando a los otros seis reclusos—, ¿nadie sabe quién nos trajo aquí?

Él, como los demás, había sido condenado a la pena de muerte por sus crímenes. Pero, el día de su ejecución, en vez de inyectarles el veneno que debía de acabar con sus vidas, los durmieron y, en secreto, fueron trasportados a la sala en donde se encontraban ahora. No podían moverse o irse porque estaban encadenados a sus respectivos asientos alrededor de una mesa circular. Finalmente, fueron recibidos por un misterioso individuo que apareció en un cubo de PV proyectado desde el techo, en el que vieron el escudo de la nación chilena y se oyó la voz distorsionada de una persona.

—Bienvenidos, yo soy Temáukel. Los he elegido para que peleen en la guerra que está por venir…

Les explicó sus intenciones y todos aceptaron formar parte de esa organización terrorista para obtener su libertad y porque, simplemente, no tenían otra opción. Les dieron nuevas identidades y los pusieron a trabajar.

***

Ailen se sentía bastante bien. Tanto ella como Damián acababan de dejarse llevar por sus pasiones en la oficina de él, aunque en el fondo se sentía un poco decepcionada consigo misma. Sentía que debía haberle comunicado lo que había descubierto acerca de Joro, pero al ser un día especial para ambos, decidió darle la felicidad que correspondía a la fecha; por ello optó por informárselo a la mañana siguiente. Ahora, se encontraba rumbo al estacionamiento de la Comisaría para subir a su auto e irse a casa. Repentinamente, cuando iba a hacerlo, sintió que algo se le clavaba en el cuello inyectándole alguna sustancia. Esto, al instante, le hizo perder el equilibrio y cayó al suelo sin poder moverse.

—Muy mal, Ailen —le dijo la voz de una persona, a quien reconoció como Joro, el cual apareció frente a ella tras deshacerse de su CTO, quitándole el objeto del cuello que resultó ser un pequeño dardo—. No debiste haberte inmiscuido en mis asuntos, y mucho menos compartirlos con Damián. Dime, ¿qué le dijiste?, ¿qué le contaste acerca de mí?

—No le dije nada, me lo guardé todo para mí.

—¿En serio? ¿No me estás mintiendo?

—Te estoy diciendo la verdad.

—Bueno, supongo que tendré que creerte. Después de todo te he suministrado un potente suero de la verdad, que además paraliza a la persona a la cual se le inyecta. Ahora, cuéntame que sabes de mí.

—Que tu identidad es falsa y que no eres quien dices ser. No eres ningún policía que viene de otra jefatura por recomendación. Todo es mentira. Es lo único que pude descubrir, nada más.

—Muy bien, ¿y sabes lo que voy a hacerte ahora?

—Supongo que vas a matarme, aunque te va a ser muy difícil modificar lo grabado por las cámaras de seguridad. Y, aunque lo logres, tendrás que ocuparte también del guardia del estacionamiento.

—Estás en lo correcto, pero ya tomé medidas. Antes de que llegaras, les disparé a las cámaras pequeños chips que modificarán la grabación con lo que yo quiera. Y, en lo que respecta al vigilante, él te verá salir de aquí conduciendo tu auto porque mis órdenes no son matarte, sino suplantarte con esta perfecta copia tuya… —se quedó en shock al ver a una mujer idéntica a ella caminar hacia ellos para quedárseles viendo— …que será nuestro segundo infiltrado dentro de la policía, gracias a que constantemente extraerá tus recuerdos con la ayuda de una máquina muy especial. Al tratarse de un robot suplatador.

—¿Por qué? ¿Quién eres y por qué haces esto? ¿Para quién trabajas?

—Te lo resumiré… —lo hizo y ella se quedó espantada—. ¿Qué piensas de todo esto?

—¡Pienso que tú y tu gente son unos bastardos, y que pagarán por esto con sus vidas!

—Ya lo veremos.

***

Era de noche en la ciudad del Cusco y un vago yacía descansando, en el suelo de un edifico abandonado, junto a otros indigentes como él, rodeados de pequeños frascos que contenían los restos de una droga plateada muy popular de nombre «Enzo», que les permitía vivir en un mundo de fantasías. Cuando los efectos de ese veneno comenzaron a desparecer, y empezó a despertar de su mundo de ensueños, se molestó y se enfureció al ver a dos policías que les ponían esposas a él y a los demás. Esta acción le hizo deducir que esos agentes no venían a echarlos del lugar, sino a arrestarlos por consumo de drogas, así que se armó de valor y se propuso escapar. Ya era malo que tanto a él como a la mayoría de los otros, por sus crímenes, no les permitieran usar más las GIN y por ello les obligaran a instalarse chips de bloqueo perpetuos. Y que, por eso, se hubiera convertido en lo que eran ahora. Pero esa no era razón para ponérselas fácil. Iba a huir a como dé lugar.

***

Valeria estaba persiguiendo a un ladrón que había hurtado unas manzanas a un señor comercienta, quien manejaba una tienda de frutas en la calle Adelicia, hasta que llegaron a una vía desierta en la que el malhechor trató de atacarla con un cuchillo. Ella lo evadió, lo noqueó y lo tiró al suelo. Luego lo esposó y se dio cuenta de que estaban frente a un callejón oscuro, bloqueado por un camión de la policía que se encontraba junto a un edificio abandonado del que salían gritos. Esto le permitió ver cómo un indigente salía volando de la puerta auxiliar de la construcción completamente herido, con muchos disparos en el pecho y golpes en la cara. Estaba agonizando. Sin pensarlo dos veces, ocultó al criminal, se agazapó tras la pared y observó salir del edifico a un policía en cuya placa decía “Pawus 127”. Este sujetó del polo al mendigo asesinado, que fue detenido por una mujer policía de placa “Sanu 521”, que salió también del edificio.

—Déjalo ya, Pawus —le ordenó Sanu—. Los necesitamos vivos, no muertos.

—Como digas —respondió Pawus, alejándose y caminando hacia el vehículo de policía que bloqueaba la salida del callejón—. Abriré las puertas traseras del camión.

—Hazlo —dijo Sanu, que volvió a ingresar al edifico para salir unos minutos después y ponerse a un costado de la entrada—. ¡Vamos! —Golpeó la pared y unos diez indigentes, con las manos y los pies esposados, salieron de la construcción—. ¡Diríjanse al camión y entren!

Así lo hicieron y no intentaron nada ante la atenta mirada de Pawus que los observaba ingresar en el transporte de Sanu, que les cuidaba la retaguardia y de Valeria, que, activando su CTO, se les aproximó un poco, con mucho cuidado de no hacer demasiado ruido, pasando cerca del indigente muerto, para anotar en su memoria el número de la matrícula del vehículo, “Perú 3048”. Los vio irse, una vez que los presos terminaron de entrar en el camión, no sin antes crear una pequeñísima bola rastreadora de metal que lanzó dentro del vehículo para saber hacia dónde llevaban a los indigentes. Decidió regresar y mirar el cuerpo del cadáver, que tenía leves mutaciones, no solo por su piel blanca y pálida, sino por las ligeras deformaciones que se podían apreciar con mucha claridad. Buscó entre las ropas del pordiosero alguna clase de identificación y encontró una pequeña botella que contenía un líquido plateado fluorescente. Entró en el edificio y vió tirados en el suelo pequeños frascos con restos de la plateada sustancia. Regresó por donde había venido y le devolvió las manzanas, en su empaque, al dueño de la tienda.

Más tarde, cuando se reunió con Damián, le informó lo ocurrido, a la vez que se desencadenaron una serie de sucesos: para empezar, perdieron la señal dentro de los almacenes Camilos, no encontraron en los archivos a los oficiales que ella había visto ni la placa del auto que había mencionado, y además comprobaron que las cámaras de seguridad no habían detectado ningún vehículo policial que hubiera entrado en los almacenes, salvo algunos camiones. A Ailen se le ordenó que trabajara en una orden para ingresar a los ciento veintiséis depósitos con los que contaba esa corporación. Porque de lo contrario los guardias les negarían el ingreso si se presentaban sin más. Dos oficiales fueron designados para vigilar los almacenes con la esperanza de volver a ver el supuesto camión de la policía. En cuanto al líquido que encontró, se trataba de la nueva droga llamada «Enzo» que estaban distribuyendo exclusivamente entre los indigentes desde hacía meses atrás; según los análisis, esa sustancia era capaz de causar mutaciones mucho peores que las que había visto en ese pobre mendigo. Respecto a ella, por su buena actuación, fue promovida y dejó de ser una oficial de parquímetros para convertirse en el tipo de policía que siempre quiso ser.

***

En el edificio Zures, una construcción de dieciséis pisos de altura que se ubica en la calle Emanuel, en la oficina de Medardo —el empresario teatral que en “secreto” controlaba todo el crimen organizado de la metrópoli cusqueña—, se encontraba el líder del Hampa revisando documentos confidenciales por medio de la GIN cuando recibió la llamada de uno de sus subordinados.

—¿Qué ocurre? —le preguntó, viéndolo con sus ojos amarillos y acomodándose el pelo blanco.

—Perdone que lo interrumpa, señor, pero Yoisik ya está aquí con la nueva dosis que nos prometió.

Eso hizo que se animara. Él (sumando al otro arreglo) recibia grandes sumas de cibersoles para distribuir ese veneno entre los indigentes de la ciudad y no le molestaba en lo más mínimo que Yoisik estuviera ahí siempre. A fin de cuentas, era uno de los subordinados que trabajaban para sus amigos conspiradores, los cuales le apodaron Kwányip. Hubiera preferido un nombre más fácil de pronunciar y más peruano, pero servía de todas formas.

—Que pase. —dijo colocando los documentos aun lado.

—Sí, señor.

Entró a la oficina un hombre de cabello azul y ojos plateados que no era otro más que Yoisik.

—Bienvenido de nuevo a mi humilde hogar, Yoisik. ¿Me has traído, como acordamos, la nueva versión del Enzo?

—Sí, señor —le respondió este, alzando el maletín que tenía en la mano—. Aquí tengo los dos mil frascos con la nueva y mejorada dosis de Enzo, y me han dicho que ésta promete darnos mejores resultados que la anterior.

—Enséñamelos —le ordenó Kwányip y Yoisik puso el maletín sobre la mesa para abrirlo, darle la vuelta y mostrarle los frasquitos con la fluorescente droga. Agarró uno de los frascos y lo miró fijamente—. Maravilloso.

***

Sanu, la segunda ladrona del MIRU, al saber sobre los rastreadores en el suelo, gracias al otro espía de la jefatura, pudo entrar en la bóveda del banco, sin tener que preocuparse de ser luego rastreada por el AST, solo al tener que pasar por encima de las nanos, dando un gran salto, una vez ya con la puerta abierta a la que manipuló durante la lucha que tuvo Keyaisl contra el AST, por lo que pudo abrirla sin activar las alarmas. Y allí, en una de las casillas de almacenamiento, encontró la caja metálica por la que habían hecho todo ese desastre. Usó la GIN, de la que salió un pequeño laser que envolvió al paquete, para teletrasportar el objeto hacia Xalpen, que a su vez se encargaría de dárselo a Temáukel. Dejó todo como estaba y salió del MIRU, satisfecha. Pero la verdad, a Sanu solo le importaba una cosa: su hermano gemelo Pawus, quien solo sabía acatar órdenes. Razón por la que hacían una buena pareja. Más cuando se acostaban. Motivo por el que deseaba que ambos fueran libres y pudieran irse de ese país, sin llegar a sospechar que la providencia tenía otros planes para ellos.  

***

Xalpen era en realidad Dalos, el científico principal de FECEDI que ocultaba su identidad por medio de una máscara. En esta oportunidad, analizaba las grabaciones que le había mandado Sate sobre lo acontecido en el hospital Baldin con la grata satisfacción de ver que todo estaba ocurriendo según lo planeado. Sanu ya le había dado lo que tenían que robar del banco, y si tenían suerte, el AST podría seguir las pistas que le diera ese hombre desechable e intentaría venir hacia su guarida, más aún cuando secuestraran a la amante del mismo. Ahí lo usaría para poner a prueba las versiones definitivas de los humanoides (o como él los solía llamar: Traucos) que nada tenían que ver con los usados en contra de él en la masacre de los metros y en esa clínica. Los cuales sí eran capaces de vencer al Pishtaco (junto con su carta maestra), serían la próxima arma a usar contra el ejército peruano, pero sobre todo contra los agentes de TRONES. Por que él, en realidad, no trabajaba para ese sindicato ni para los de Chile. No, Dalos era miembro de una organización mucho más poderosa que usaba a esos países para un propósito que iba más lejos que el de causar una guerra entre ambos u otras naciones. Un grupo cuyos objetivos no eran ni la dominación o el enriquecimiento, sino la destrucción. Dicha asociación tenia influencias en varias partes del mundo y estaba bien financiada. Conocida, por los pocos que sabían de la existencia de la misma, bajo el nombre de Hellmute. Una entidad muy peligrosa, llena de gente aún más temible. Y solo los tontos creían que les ayudaban, cuando solo los usaban. Ingenuos como la jefa de esa corporación farmacéutica que creía, en su inocencia, que ese experimento serviría para crear a sus propios agentes, que reemplazarían a los de TRONES, con la financiación del Gobierno. Algo que sería muy beneficioso para la empresa en la que trabajaba. Pero que no estaba en los planes de Dalos. Ni pensaba cumplir. Súbitamente, sus sensores le avisaron del deceso del convicto, cuya señal se perdió. No le dió importancia, en vez de eso, se propuso experimentar con los nuevos especímenes que le habían traído ese día, buscando, como siempre, la perfección en todo lo que hacía.

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